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José Bullejos Sánchez

Biografía

Bullejos Sánchez, José. Romilla (Granada), 7.XII.1899 – Ciudad de México, V.1974. Político comunista y socialista.

Con diecisiete años formó parte de la Junta de Defensa de Telégrafos, que con las de Correos y Hacienda trató de extender a los funcionarios civiles el movimiento de las juntas militares, iniciado en junio de 1917. Los empleados de telégrafos consiguieron desencadenar sendos paros en 1918 y 1919 en los que participó Bullejos. Ingresó en la Unión General de Trabajadores (UGT) en 1920. Vinculado desde el principio al Partido Comunista de España (PCE), desplazó de la secretaría del sindicato minero de Vizcaya al socialista Turiel, en junio de 1921. Formó parte también del Secretariado de la Casa del Pueblo de Bilbao. Desde dichos puestos participó activamente en la política de huelgas y violencia que los comunistas desplegaron en aquella provincia, acaudillados por Óscar Pérez Solís, que culminó en la huelga revolucionaria de agosto de 1923 en la cuenca minera de Vizcaya y en Bilbao.

La implantación de la dictadura de Primo de Rivera, a la que contribuyó positivamente la actividad revolucionaria de los comunistas vizcaínos, les despejó el camino para asaltar la dirección del PCE. El acuerdo alcanzado durante el primer congreso del partido, en marzo de 1922, resultó efímero. Jules Humbert Droz, el delegado suizo de la Internacional Comunista, consiguió entonces fusionar en una sola organización a los jóvenes radicales del Partido Comunista español, provenientes de las Juventudes Socialistas, y a los veteranos terceristas del Partido Comunista Obrero Español (PCOE), escindidos del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Confrontados con la represión de la dictadura de Primo de Rivera desde finales de 1923, la dirección predominantemente tercerista del PCE, encabezada por César Rodríguez González, fue acusada de pasividad desde los núcleos comunistas vizcaíno y catalán, encabezados por Pérez Solís y Bullejos, el primero, y por Joaquín Maurín, el segundo. Los dirigentes terceristas del PCE se limitaban, en realidad, a aprovechar la relativa tolerancia del régimen militar con las organizaciones obreras socialista y comunista, siempre que éstas adoptaran una actitud pasiva. Tolerancia que no se extendió a la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) ni, finalmente, tampoco a los comunistas. Así las cosas, la presión de la Internacional Comunista para que su Sección española combatiera activamente la presencia hispano-francesa en Marruecos vino a proporcionar a los sectores más radicales del partido el argumento que necesitaban para abatir a la dirección tercerista del PCE. Una conferencia nacional reunida en octubre de 1924 destituyó al comité central, elegido por el II Congreso del PCE en junio de 1923. A éste, que mantenía el equilibrio fundacional entre terceristas e izquierdistas y tenía su sede en Madrid, lo sustituyó una nueva dirección, encabezada por Pérez Solís y Maurín, quienes trasladaron la sede a Barcelona.

Ambos venían de asistir en Moscú, durante el verano de 1924, al V Congreso de la Internacional Comunista y al III de la Internacional Sindical Roja. Allí habían recibido las instrucciones y obtenido los poderes pertinentes para llevar a cabo su iniciativa. Pero su triunfo resultó efímero, pues, entre finales de 1924 y comienzos de 1925, la nueva dirección del PCE y otros muchos cuadros fueron detenidos.

Bullejos, quien ya contaba con un destacado historial de violencia revolucionaria y pistolerismo, ganado, sobre todo, durante los sucesos de la huelga revolucionaria de agosto de 1923, en Bilbao, surgió como nuevo aspirante a la Secretaría General del PCE. Por eso, prefirió aceptar la invitación de las autoridades de la dictadura y exiliarse en París, mejor que prolongar indefinidamente su prisión gubernativa.

Allí entró en contacto con el Grupo Comunista español y con el Partido Comunista francés, el cual le remitió a Moscú, vía Berlín y Hamburgo, para recibir instrucciones. En la sede del comunismo mundial, adonde llegó en octubre de 1924, se compenetró con el giro radical impreso a la política de “frente único” con los socialistas, que sólo podía ser ya “por la base” y con fines revolucionarios. Andrés Nin, alto responsable de la Internacional Sindical Roja, le puso al día de los detalles del choque entre Trotsky y Zinoviev (presidente de la Internacional) y el resto de la dirección soviética, encabezada por Stalin y Bujarin. Nombrado por el ejecutivo de la Internacional secretario general del PCE, le encargaron reconstruirlo. Bullejos retornó a París para llevar a cabo su misión. Montó un aparato clandestino para garantizar las relaciones entre la dirección en París y los comunistas de la Península, siendo Gabriel León Trilla, Luis Portela y Juan Andrade algunos de sus principales colaboradores, a los que se sumó Julián Gorkín al frente del Grupo Comunista español en Francia. Desde la cárcel de Barcelona, Pérez Solís respaldó la nueva dirección de Bullejos. Se esfumó así la expectativa de la Federación Comunista catalana-balear, con Maurín también detenido, de dirigir de hecho el PCE.

Una de las iniciativas de Bullejos, en el verano de 1925, consistió en asociarse con el Estat catalá, de Maciá y la CNT en un comité revolucionario, que negoció en Moscú el posible apoyo soviético a una “invasión” de Cataluña desde Francia. Los nacionalistas y los cenetistas creían que eso bastaría para desencadenar la insurrección en Cataluña y en toda España.

La aventura terminó en los patéticos sucesos de Prat de Molló, de primeros de noviembre de 1926. También se zambulló de lleno el nuevo secretario general en la movilización comunista hispano-francesa contra el Protectorado de ambos países en Marruecos y a favor de Abd el Krim. Este empeño pasó a segundo plano tras el éxito del desembarco de Alhucemas y la consolidación del Protectorado. En realidad, lo único positivo para el PCE en los años finales de la dictadura fue la adhesión inesperada de los principales sindicatos de la CNT de Sevilla y su provincia, lo cual vino a compensar la escisión paralela de la Federación Comunista catalano-balear (consumada en julio de 1930) y que daría lugar al Bloc Obrer i Camperol.

Durante 1926 y 1927, Bullejos, además, eliminó del partido a los principales dirigentes, tanto del antiguo tercerismo, como de los jóvenes que constituyeron el primer Partido Comunista español.

Proclamada la República, y durante el primer bienio, el social-azañista, la trayectoria de Bullejos y del PCE consistió en un rosario de desacuerdos y de creciente tensión con la Internacional Comunista y sus sucesivos delegados en España. Aquél se esforzó en aplicar las consignas que recibía de Moscú, fundamentalmente, las de exigir un “gobierno obrero y campesino”, opuesto al “social-fascista de Azaña y Largo Caballero” y repetir una y otra vez la necesidad de “organizar sóviets”, desde los que asaltar el poder de la “República burguesa”. Siempre que podían, los comunistas buscaban convertir en insurrección cualquiera de las huelgas que promovían, sobre todo allí donde mayor era su fuerza, como en Vizcaya, en Asturias o en Sevilla. Pero los siete mil efectivos del PCE, sus apenas cuatrocientos mil votos y la propia situación española no permitían reproducir el proceso habido en Rusia, entre febrero y octubre de 1917, que la Internacional Comunista tenía sacralizado como canon revolucionario a aplicar en todas partes.

Ante ese fracaso, Bullejos y sus principales colaboradores en el Buró político —Gabriel León Trilla (destacado en Moscú), Etelvino Vega y Manuel Adame— se resistieron a extraer todas las consecuencias que el modelo ultra centralizado de la Comintern implicaba para sus diferentes “secciones nacionales”; sobre todo después de la “bolchevización” decretada por el V Congreso de la Internacional en 1924, y la progresiva consolidación del poder de Stalin en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) desde 1927.

Hasta en tres ocasiones fue convocado el secretario general del PCE a Moscú, entre 1931 y 1932, para dar cuenta de su política ante el Secretariado (sección latina) de la Internacional Comunista, en especial, ante el ruso Manuilski y el búlgaro Stepanov (Stoian Meneev). Paralelamente, sus relaciones con delegados o instructores de la Internacional en España, como Humbert Droz y, sobre todo, el argentino Victorio Codovilla eran pésimas. Moscú aparentó contemporizar mientras conseguía un equipo de relevo lo bastante sumiso para situarlo al frente del PCE. La consigna lanzada por Bullejos de “defensa revolucionaria de la República” ante el golpe del general Sanjurjo, en agosto de 1932, proporcionó la ocasión. Codovilla, Manuilski, Stepanov lo descalificaron por oportunista y por no haber propagado la creación de sóviets. Codovilla buscó entre los miembros del Comité central y del Buró político elegidos en el IV Congreso del partido celebrado en Sevilla, en marzo de 1932, que había resultado, aparentemente, un éxito de Bullejos, aquellos nombres de las federaciones sevillana y vizcaína caracterizados por su obediencia absoluta a la Internacional Comunista. De este modo, cuando Bullejos rendía su tercera visita en un año a Moscú para dar cuenta de su política, y creía haber llegado a nuevo compromiso con Manuilski y Stepanov, comprobó que la prensa comunista española, bajo la dirección de Codovilla, había desencadenado una furibunda campaña contra él por “cacique”, “enemigo de la Internacional” y “contrarrevolucionario”. Al pedir el pasaporte para abandonar la URSS y regresar a España, Bullejos se ganó la expulsión automática del PCE y de la Internacional como “traidor” y “enemigo” del uno y de la otra. Años después, ingresó en el PSOE, integrándose en el sector largocaballerista, dentro del cual participó en la Guerra Civil española.

El PCE lo tenía por trotskista. Más tarde, vivió en México, donde llevó a cabo un trabajo universitario y falleció en mayo de 1974.

 

Obras de ~: Marruecos en la política imperialista, París, Bureau d’Editions [Imprenta Centrale], 1928; Europa entre dos guerras, México, Ed. Castilla, 1945; La Comintern en España. Recuerdos de mi vida, México, Impresiones Modernas, 1972.

 

Bibl.: J.A. Balbóntín, La España de mi experiencia, México, Aquelarre, 1952; F. Bonamusa, El Bloc obrer i camperol, Barcelona, Curial, 1974; A. Elorza y M. Bizcarrondo, Queridos camaradas, Barcelona, Planeta, 1999; S. G. Payne, Unión soviética, comunismo y revolución en España (1931-1939), Barcelona, Plaza y Janés, 2003; M. Aznar Soler y J.R. López García (eds.), Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, vol. 1, Sevilla, Renacimiento, 2016, págs. 427 – 428.

 

Luis Arranz Notario

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