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Felipe de Aragón y de Navarra

Biografía

Aragón y de Navarra, Felipe de. Conde de Beaufort. ?, 1457 – Baza (Granada), 10.VII.1488. Décimo maestre de la orden de Montesa.

Felipe fue uno de los tres hijos naturales habidos de la unión del príncipe Carlos de Viana, heredero de Navarra y Aragón, con una dama italiana, Brianda Vaca, a la que conoció en Nápoles cuando era ya viudo de su mujer, Inés de Clêve, y se hallaba en plena disputa con su padre, Juan II. Sus hermanos fueron Ana, que sería duquesa consorte de Medinaceli por su matrimonio con Luis de la Cerda, y Juan Alfonso, futuro abad de San Juan de la Peña y más tarde obispo de Huesca.

A la muerte de su padre en 1461, Felipe era conde de Beaufort y canciller del reino de Sicilia. Sirvió fielmente a su abuelo Juan II en la armada de la Corona de Aragón y más tarde en la guerra del Ampurdán.

Por eso, el rey quiso recompensarle, en 1476, con el arzobispado de Palermo. Sixto IV, dada la juventud del candidato —diecinueve años—, accedió únicamente a entregarle la administración de la archidiócesis, de la que pasaría a ser titular cuando cumpliera los veintisiete.

Poco después de acceder al trono aragonés, el rey Fernando II el Católico decidió entregar a su sobrino Felipe el maestrazgo de la orden de Montesa. Éste, desde el 10 de octubre de 1482, se hallaba ocupado por Felipe Vivas de Cañamas. El papa Sixto IV, a instancias de Fernando II, se había reservado la provisión del maestrazgo, pero renunció a dicha reserva posibilitando la elección canónica de 1482. Ahora el monarca aragonés exigía la revocación de la elección y solicitaba del Papa la provisión en favor de su sobrino Felipe de Aragón. La negativa del pontífice y la confirmación de Felipe Vivas de Cañamas abrieron todo un proceso negociador que hizo finalmente cambiar de opinión al Papa. En efecto, Sixto IV concedía el hábito al candidato regio y lo convertía en maestre el 8 de abril de 1484, después de renunciar al arzobispado de Palermo. Se intentó compensar el forzado cese del maestre legítimo mediante la promesa de un capelo cardenalicio que, al volver a ocupar en un corto período de tiempo la dignidad maestral, no llegaría a recibir.

En efecto, el gobierno maestral de Felipe de Aragón fue, pese a su juventud, bastante breve. Apenas le dio tiempo a obtener en 1485 una sentencia favorable por la que recuperaba para la orden el castillo de Ulldecona, del que se habían apoderado los sanjuanistas, y a pasar a la historia por su heroica muerte frente al infiel tres años después. Y es que ya no era frecuente que los maestres perdieran la vida en actividades reconquistadoras.

Felipe y los caballeros montesianos estuvieron presentes en las decisivas operaciones diseñadas por los Reyes Católicos destinadas a poner fin a la presencia musulmana en la Península. Desde luego, acompañaron a la hueste real en las campañas malagueñas de 1487, y un año después el propio maestre desempeñó un papel importante en la ofensiva que, desde la frontera murciana, acabó incorporando Vera, Las Cuevas, Mojácar, el valle de Almanzora, Vélez Blanco y Vélez Rubio, Tabernas y Níjar. Fue entonces, al pasar por orden del rey Fernando a talar la vega de Baza, cuando el 10 de julio de 1488 moría a los treinta y un años como consecuencia de la herida sufrida por un disparo de fuego enemigo. Su cuerpo sería trasladado al sacro convento de Montesa y allí sepultado en la capilla capitular de la Santa Cruz.

 

Bibl.: H. Samper, Montesa Ilustrada, vol. II, Valencia, Real Colegio de la Orden de Montesa, por Geronymo Vilagrasa, 1669, págs. 510-513; J. Villarroya, Real Maestrazgo de Montesa. Tratado de todos los derechos, bienes y pertenencias del patrimonio y maestrazgo de la real y militar Orden de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama, vol. II, Valencia, Oficina de Benito Monfort, 1787, págs. 146-147; A. L. Javierre Mur, Privilegios reales de la Orden de Montesa en la Edad Media. Catálogo de la serie existente en el Archivo Histórico Nacional, Madrid, ¿1946?, págs. 49-50; M. del Pulgar, Crónica de los Señores Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel de Castilla y de Aragón escrita por su cronista Hernando del Pulgar, en C. Rosell (ed.), Crónicas de los Reyes de Castilla, vol. III, Madrid, Atlas, 1953 (Biblioteca de Autores Españoles, LXX), pág. 477; L. Dailliez, L’Ordre de Montesa, successeur des Templiers, Nice, 1977, págs. 49-50; J. Zurita, Anales de la Corona de Aragón, ed. de A. Canellas López, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1976-1980, lib. XVII, cap. 12 y lib. XX, caps. 2, 55, 70, 72 y 76.

 

Carlos de Ayala Martínez

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