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Tomás Cámara y Castro

Biografía

Cámara y Castro, Tomás. Padre Cámara. Torrecilla en Cameros (La Rioja), 19.IX.1847 – Villaharta de San Juan (Córdoba), 17.V.1904. Agustino (OSA), obispo, escritor y senador.

Hijo de Leonardo Cámara, “cirujano titular” de la villa, y de Tiburcia Castro. Cuando tenía siete años, la familia se trasladó a Quintanadueñas (Burgos). El 4 de octubre de 1863 profesó en el convento agustino de Valladolid, de la provincia de Filipinas, donde inició los estudios eclesiásticos, que continuó, a partir de 1866, en el monasterio de La Vid (Burgos). Al concluir la carrera eclesiástica, enseñó en Valladolid Filosofía, Ciencias Naturales y Matemáticas. Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1870, con veintidós años y medio, continuó su labor docente, liderando un significativo movimiento a favor de los estudios en la provincia. Para conocer nuevos adelantos científicos y enriquecer los laboratorios de ciencias empíricas del convento, visitó en 1876 la Exposición Universal de París. Hitos importantes del movimiento intelectual fueron un nuevo plan de estudios en 1877, que alargaba la carrera sacerdotal e introducía materias científicas y experimentales, y la fundación en 1881 de la Revista Agustiniana (llamada La Ciudad de Dios a partir de 1887), de la que fue promotor y primer director. En ella publicó buen número de artículos y trabajos en los años 1881 a 1883. La bonanza política de la Restauración alfonsina y el incremento vocacional fueron aprovechados por Cámara y los superiores de la provincia para dar un fuerte impulso intelectual a la Orden en España. El interés por el estudio y el afán de elevar la preparación intelectual del clero fue un objetivo que el padre Cámara persiguió toda su vida.

En 1879 escribió una refutación a la Historia del conflicto entre la Religión y la Ciencia de J. G. Draper, que alcanzó pronto varias ediciones. Fue vicepostulador de la causa de canonización de Alonso de Orozco, del que publicó una documentada biografía. En 1883 fue nombrado obispo auxiliar de Toledo, con residencia en Madrid, pues la capital formaba aún parte de la diócesis de Toledo. Tuvieron gran eco sus conferencias cuaresmales sobre las relaciones entre la libertad humana y la fe y entre la razón y la fe. Al morir el cardenal Moreno, fue preconizado para la diócesis de Salamanca el 27 de marzo de 1885. Los múltiples contactos y amistades entablados durante su estancia en Madrid, y los adquiridos posteriormente como senador, le fueron de gran utilidad para llevar adelante sus iniciativas en Salamanca.

Entró en su diócesis el 12 de octubre, mientras que una epidemia de cólera producía centenares de muertos en algunas poblaciones de la provincia. El obispo visitó a los enfermos en sus casas y promovió la construcción de un hospital en Macotera, uno de los pueblos más afectados. Esta atención a las necesidades espirituales y materiales del pueblo marcó todo su pontificado y constituyó otra de las constantes de su biografía. Promovió la mejora de las condiciones higiénicas y la salubridad de la diócesis e insistió reiteradamente en la plantación de árboles, comprometiendo para ello a su clero. Fundó, también con la colaboración de los sacerdotes, gran número de escuelas para adultos, para combatir el analfabetismo.

Restauró infinidad de templos y casas parroquiales y construyó algunos edificios de nueva planta, como el templo de San Juan de Sahagún y el palacio episcopal en Salamanca, o la basílica de Santa Teresa en Alba de Tormes, que quedó inconclusa a su muerte. Con estas obras buscaba el decoro urbano, la consolidación del patrimonio arquitectónico de la diócesis y la ciudad, la promoción de la fe y, muy significativamente, la creación de puestos de trabajo para las clases más necesitadas. En esta misma línea reclamó al Gobierno proyectos de obras públicas, para mejorar las comunicaciones en la provincia y crear trabajo. En situaciones de hambruna hizo instalar cocinas económicas en diversas poblaciones de la diócesis, que distribuyeron miles de raciones entre los pobres. Intervino como patrono en la caja de ahorros Crespo Rascón para velar por sus fines fundacionales, y en el hospital de la Santísima Trinidad de Salamanca para sanear la economía del hospital, lo que permitió la construcción de un nuevo edificio. Favoreció el protectorado de industriales jóvenes y fundó en 1896 un círculo de obreros que, además de alcanzar rápidamente un gran número de socios, realizó múltiples actividades sociales y religiosas y sobrevivió pujante algunos años tras la muerte del obispo. La cercanía con la clase obrera y los pobres y su especial solicitud por los débiles y sus muchas gestiones en favor de la gente y de la diócesis le hizo muy popular y querido entre sus diocesanos.

Prueba de ello es que nació de los obreros la iniciativa de erigirle una estatua para perpetuar su memoria.

Protegió las artes, restaurando monumentos, obteniendo la calificación de monumentos histórico- artísticos para las dos catedrales, el convento de San Esteban y la iglesia de Sancti Spiritus. Dio particular apoyo al poeta José María Gabriel y Galán, que conservó siempre agradecimiento y respeto filial por el obispo que lanzó su nombre en el ámbito eclesial y publicó entusiasta alguna de sus obras. Cedió edificios eclesiásticos ruinosos para mejorar la habitabilidad y ornato de la ciudad. Fue académico correspondiente de las Reales Academias Española, de la Historia y de Bellas Artes.

Trabajó intensamente en la organización diocesana: realizó en 1887 el arreglo parroquial, con la consiguiente reestructuración de parroquias, celebró un sínodo diocesano en 1889 y visitó casi tres veces toda la diócesis (la primera visita, de 1886 a 1889; la segunda, de 1891 a 1897, y la tercera —inacabada—, de 1898 a 1903). La documentación de estas actuaciones, así como la crónica detallada de las visitas, puede consultarse en el Boletín Eclesiástico del Obispado de Salamanca (BEOS) de los años correspondientes. Organizó además misiones en los pueblos para despertar y mantener el fervor en sus diocesanos. Mantuvo muy buenas relaciones con el cabildo catedral y con el clero, de quienes recibió apoyo en momentos de controversia con los católicos más conservadores.

Aunque las actividades de su cargo le impedían la dedicación plena al estudio, nunca abandonó su cultivo. Siguió escribiendo, ahora al servicio de su actividad pastoral, a través de pastorales y documentos.

También siguió cultivando el género biográfico, con nuevas biografías sobre san Juan de Sahagún y la venerable Sacramento. Consciente de la exigencia de una buena formación para responder a las objeciones levantadas contra la fe, inculcó en el clero el amor al estudio, estimuló a los sacerdotes a que escribieran y se esforzó por mejorar su formación, enriqueciendo el plan de estudios del seminario, que quiso ampliar desde su entrada misma en la diócesis y promoviendo la actualización permanente a través de las conferencias morales. Fundó en 1894 un centro de estudios superiores en Calatrava y recibió de Roma en 1897 el derecho a conferir grados en el seminario conciliar. Inició trámites en 1900 para la fundación de una universidad católica en Madrid, posible gracias al testamento de su amigo y protector, el conde del Val, pero que fue denegada por el Gobierno.

Cámara estaba muy convencido de la importancia de los medios de comunicación para la evangelización.

Por ello estableció una imprenta, fundó dos revistas (La Semana Católica y La Basílica Teresiana) y dos periódicos locales (El Criterio y El Lábaro). Colaboró además en la financiación de dos periódicos nacionales, El Movimiento Católico y El Universo, nacidos de los congresos católicos, en buena parte gracias a su impulso, con la intención de promover la unión de los católicos. En ese foro luchó por la causa de la unidad, con gran tesón pero escaso fruto. García Cortázar considera a Cámara el alma de los congresos católicos. Junto con la mayoría del episcopado, pretendía la unidad transversal de los católicos al margen de las afiliaciones partidistas, para defender los valores religiosos y los derechos de la Iglesia en los medios de comunicación y en la vida política. Al constatar el escaso resultado de esta fórmula, Cámara llegó a pensar, anticipándose a su tiempo, que los católicos podrían sólo unirse en una acción social conjunta.

La valoración dada a los medios de comunicación puede señalarse como otra característica de su ministerio no sólo por las iniciativas que promovió, sino también por el pulso que sostuvo todo su pontificado en su diócesis con la prensa católica más conservadora, cerrada a cualquier signo de apertura al régimen liberal, y con la prensa librepensadora o republicana, muy agresiva contra la Iglesia y el obispo. Sufrió, en efecto, una oposición muy persistente de los carlistas e integristas, que le consideraban liberal, por aceptar la posibilidad de colaborar los católicos con el régimen de la Restauración. En esa lucha se significaron el periodista Manuel Sánchez Asensio, quien llegó a fundar y cerrar cuatro periódicos, a causa de las censuras o condenas del obispo, y el catedrático Enrique Gil Robles. La documentación sobre estos conflictos puede consultarse en el BEOS del año 1886 para los periódicos La Tesis y La Tradición, de los años 1890-1892 para La Región, y 1892, 1896, 1897 y 1901 para La Información. Por el lado opuesto, los republicanos y liberales también le atacaron con dureza desde la prensa, por considerarle antiliberal. En este campo, las polémicas más sonadas las tuvo en 1891 a causa del entierro civil de Mariano Arés, en 1897 por las enseñanzas deterministas del catedrático Pedro Dorado Montero, y en 1903 por las manifestaciones anticatólicas en una revista anarquista del rector Miguel de Unamuno. La postura del obispo era antiliberal en cuanto a los principios por fidelidad al magisterio pontificio, pero supo encontrar una vía de apertura para aceptar la colaboración con el régimen, restando importancia a la denominación de liberal utilizada por los partidos que se alternaban en el poder, obteniendo la aprobación de sus planteamientos por parte del cardenal Rampolla, como fruto de una consulta elevada a Roma.

Nombrado repetidamente senador por la provincia eclesiástica de Valladolid entre los años 1888 y 1896 y, posteriormente en 1901 y 1903, intervino activamente en defensa del punto de vista de la Iglesia en temas como el matrimonio en el Código Civil, la construcción y reparación de templos, o los derechos de la Iglesia en la legislación y en el presupuesto nacional.

Denunció la construcción de una capilla protestante en Madrid como lesiva de la Constitución, así como el anarquismo y sus causas, o la inconformidad de la enseñanza oficial con la religión del Estado.

Encabezó una propuesta de ley, suscrita también por los otros obispos senadores, en favor del descanso dominical.

Otras intervenciones fueron más localistas, dirigiendo interpelaciones específicas al Gobierno en defensa de Salamanca, interesándole por sus monumentos, u oponiéndose al traslado de la Audiencia de Salamanca a Ciudad Rodrigo, haciéndose con ello eco de una huelga de los abogados de la ciudad salmantina.

La defensa de los intereses de Salamanca no estuvo limitada a sus actuaciones en el Senado, sino que intervino frecuentemente ante la Administración civil.

Mantuvo siempre una estrecha relación con la Orden de San Agustín, de la que también formaba parte su hermano Manuel. Influyó decisivamente en algunas iniciativas concretas, como la designación de un superior en España favorable a los estudios, la cesión del monasterio de El Escorial a la provincia de Filipinas, o la unión de la rama española con el resto de la Orden, separada con régimen especial desde 1804, al igual que otras órdenes, como fruto del regalismo borbónico. Su intervención en este tema suscitó malestar en el Gobierno y la Corona, por considerar lesionado el patronato regio, y le costó su promoción en la jerarquía eclesiástica, a pesar de ser uno de los obispos más significativos de su tiempo.

Su labor como prelado en los campos intelectual, social, político y restauracionista de la Iglesia y de España se inscribe en el esfuerzo de recuperación realizado por la Iglesia en España durante el período de la Restauración, donde desarrolló un destacado protagonismo, gracias a su reiterada elección como senador y a su presencia en los congresos católicos.

Contribuyó positivamente a la apertura de la Iglesia al régimen liberal.

Enfermo de diabetes, falleció a los cincuenta y seis años en el balneario de Villaharta de San Juan. El cabildo catedral registró en su libro de actas: “No hay memoria en Salamanca de otra expresión de duelo tan general, tan severa y tan respetuosa”. Los elogios sobre el obispo fueron unánimes y muy sentidos, tanto en el momento del entierro como en la inauguración en 1910 de la estatua que le dedicó el pueblo, promovida por los obreros y erigida por suscripción popular.

El BEOS de 1904 y 1910, así como La Semana Católica de Salamanca, La Basílica Teresiana, La Ciudad de Dios o El Buen Consejo, dedicaron en ambas ocasiones amplio espacio a su memoria.

 

Obras de ~: Las misiones católicas, Madrid, Imprenta A. Gómez Fuentenebro, 1877; Contestación a la Historia del conflicto entre la Religión y la Ciencia de Juan Guillermo Draper, Valladolid, Imprenta Gaviria y Zapatero, 1879; “Nuestra revista”, en Revista Agustiniana (RA), 1 (1881), págs. 1-4; Vida y escritos del beato Alonso de Orozco, del Orden de San Agustín, predicador de Felipe II, Valladolid, Imprenta y Librería Viuda de Cuesta e Hijos, 1882; Conferencias acerca de las relaciones sobre la libertad humana y la fe católica, pronunciadas en esta Corte en los domingos de cuaresma del año 1884, Madrid, Tipografía de los Huérfanos, 1884; Oración fúnebre del Excmo. y Rmo. Dr. D. Juan Ignacio Moreno y Maisonave, Madrid, 1884; Conferencias acerca de las relaciones entre la razón humana y la fe católica pronunciadas en la iglesia de San Ginés de esta Corte en los domingos de cuaresma del año 1885, Madrid, José del Ojo y Gómez, ed., 1885; “Carta pastoral” [con motivo de la entrada en la diócesis de Salamanca], en Boletín Eclesiástico del Obispado de Salamanca (BEOS), 32 (1885), págs. 271-285; “Los concilios provinciales en España”, en La Ciudad de Dios (CD), 14 (1887), págs. 77-85, 257-263 y 460-465; “Pastoral” [con motivo de la cuaresma], en BEOS, 35 (1888), págs. 65- 74; Acta et constitutiones synodi dioecesanae Salmantinae, in alma cathedrali basilica celebratae diebus XXIV, XXV et XXVI septembris anni Domini 1889, Salamanca, Typis Hyacinthi Hidalgo Acera, 1889; La libertad y el liberalismo. Instrucción pastoral que el obispo de Salamanca dirige a sus diocesanos en vista de la encíclica de Su Santidad León XIII acerca de la libertad humana, Valladolid, Imprenta Luis N. de Gaviria, 1889; “Carta pastoral” [acerca de la situación del Papado], en BEOS, 37 (1890), págs. 9-18; “Discurso pronunciado por el Excmo. e Ilmo. Sr. D. Fr. Tomás Cámara y Castro en la función celebrada para la clausura del congreso católico de Zaragoza”, en Crónica del congreso católico de Zaragoza, Zaragoza, 1891, págs. 645-662; Conferencias y demás discursos hasta hoy publicados del Ilmo. P. Tomás Cámara y Castro, obispo de Salamanca, Madrid, Librería religiosa de E. Hernández, 1890; Vida de San Juan de Sahagún, del Orden de San Agustín, patrono de Salamanca, Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1891 (ed. facs., Salamanca, Ayuntamiento, 1996); Carta pastoral [con motivo de la colocación de la primera piedra del templo de San Juan de Sahagún], Salamanca, Imprenta de Oliva, 1891; [Consulta elevada a Roma sobre los que se llaman liberales], en BEOS, 38 (1891), págs. 117-131; “Carta pastoral” [de cuaresma], en BEOS, 39 (1892), págs. 73-86; Dotación del Culto y Clero, Salamanca, Imprenta Calatrava, 1892; María Madre del Buen Consejo, Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1893; El Decálogo, Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1893; La adoración al Sacramento. Modo de hacerla suave y provechosa. Dedicado a las señoras (y señores) de la Adoración continua, Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1894; Los sacramentos [carta pastoral], Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1894; Constitutiones collegii studiorum superiorum salmanticensis, Salmanticae, Typis nostri collegii Calatravae, 1895; Los mandamientos de la santa Madre Iglesia [carta pastoral], Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1895; Oración pronunciada por ~ en la inhumación de los restos del gran duque de Alba [...] el día 8 de junio de 1895, Madrid, 1896; De la fe católica. Vida y corona del justo [carta pastoral], Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1896; Determinismo. La antropología criminal jurídica y la libertad humana [carta pastoral], Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1897; Cervantes y la eucaristía, Madrid, 1897; De la oración [carta pastoral], Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1898; [Carta abierta al ministro de Ultramar], en BEOS, 46 (1899), págs. 63-69; “Carta pastoral” [de cuaresma, sobre reforma de las costumbres], en BEOS, 46 (1899), págs. 73-88; Fundación de una universidad católica en España por los Excmos. señores condes del Val, Madrid, Imprenta Fuentenebro [1900]; “Carta pastoral” [de cuaresma, exhortando a permanecer firmes en la fe], en BEOS, 47 (1900), págs. 73-82; [Extracto del discurso del P. Tomás Cámara y Castro el 27 de septiembre de 1900], en E. Nacar, “El quinto congreso científico internacional de católicos”, en CD, 55 (1901), págs. 37-41; [Carta pastoral de cuaresma], en BEOS, 48 (1901), págs. 81-87; La venerable Sacramento vizcondesa de Jorbalán, fundadora de las señoras Adoratrices, Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1902, 2 vols. (2.ª ed. de M. Fraile Miguélez, Madrid, 1908); “A quien leyere” [prólogo], en J. M.ª Gabriel y Galán, Poesías, Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1902, págs. I-XI; Las obras de misericordia, Salamanca, Imprenta de Calatrava, 1903; para listado completo de las obras de Tomás Cámara y Castro, cfr. M. A. Orcasitas (OSA), “Bibliografía de Tomás Cámara y Castro”, en CD, 217 (2004), págs. 1271-1299.

 

Bibl.: C. Muíños Sáenz (OSA), “El Ilmo. Sr. D. Fr. Tomás Cámara y Castro ~, obispo titular de Tranópolis y auxiliar de Madrid”, en RA, 6 (1883), págs. 311-314; “Las conferencias del Ilmo. P. Tomás Cámara y Castro y la prensa”, en RA, 7 (1884), págs. 359-367; Héteros [M. de Unamuno], “El Obispo en la Academia”, I, en La Libertad, 2 de noviembre de 1891 y II, 6 de noviembre de 1891; Unusquisque [M. de Unamuno], “La condena de La Región. A S.I. el Sr. Obispo”, en La Libertad, 7 de noviembre de 1891; Unusquisque, “La condena de La Región. A los redactores, colaboradores, inspiradores y protectores de ésta”, en La Libertad, 10 de noviembre de 1891; Unusquisque, “Variaciones sobre la última arenga de S.E.I.”, en La Libertad, 8 de diciembre de 1891; Héteros, “Oratoria episcopal”, en La Democracia, 19 de marzo de 1892; B. Moral (OSA), El Exmo. e Ilmo. Sr. D. Fr. Tomás Cámara y Castro del Orden de San Agustín. Apuntes Bio-bibliográficos, Madrid, Imprenta L. Aguado, 1897; E. Jorde Pérez, “Ilmo. D. Fr. Tomás Cámara y Castro”, en Catálogo bio-bibliográfico de los religiosos agustinos de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de las Islas Filipinas, Manila, 1901, págs. 728-735; G. Martínez, OSA, “El P. Tomás Cámara y Castro y la basílica de Santa Teresa”, en España y América, 3 (1903), págs. 370- 379; C. Muíños, OSA, “El P. Tomás Cámara y Castro”, en CD, 64 (1904), págs. 179-220; M. Menéndez y Pelayo, “Del P. Tomás Cámara y Castro”, en La Basílica Teresiana (LBT), 7 (1904), págs. 204-205; J. M. Gabriel y Galán, “Almas” (poesía), en CD, 64 (1904), lámina s.n. tras pág. 220; Anónimo, “La propaganda arbórea del Excmo. Sr. Obispo de Salamanca”, en Revista de Montes, 28 (1904), págs. 180-181; M. de Azcárraga, [Elogio fúnebre de Tomás Cámara y Castro, 30 de mayo de 1904 y J. Sánchez de Toca, [Elogio fúnebre de Tomás Cámara y Castro, 30 de mayo de 1904], en Diario de Sesionres de la Cámara de Senadores (1903-1904), págs. 2738 y 2738-2739, respectivamente; M. Rodríguez, OSA, “Rmus. D. Fr. Thomas Cámara et Castro (+17 Maii an. 1904)”, en Analecta Augustiniana, 1 (1905-1906), págs. 100-103; M. Miguélez, “El P. Tomás Cámara y Castro y Tamayo”, en LBT, 1, 2.ª ep. (1906), págs. 179-182 y 365-371; C. Muíños, “El P. Tomás Cámara y Castro y el obispo de Salamanca”, en CD, 82 (1910), págs. 266-276; Anónimo, “El P. Tomás Cámara y Castro, obispo de Salamanca. Anales de un pontificado”, en LSCS, 25 (1910), págs. 298-301, 312-315, 328-330, 344-347 y 375-377; B. Hernando, OSA, Historia del Real Colegio Seminario de PP. Agustinos Filipinos de Valladolid, vol. I, Valladolid, Tipografía Cuesta, 1912, págs. 282-298; G. de Santiago Vela, Biblioteca Ibero-Americana de la Orden de San Agustín, vol. I, Madrid, Imprenta del Asilo de Huérfanos del S. C. de Jesús, 1913, págs. 509-539; J. Zarco Cuevas, Escritores agustinos de El Escorial (1885-1916). Catálogo biobibliográfico, Madrid, Imprenta Helénica, 1917, págs. 17, 62-64, 66, 109-110 y 246; E. Esperabé, Efemérides salmantinas. 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Tomás Cámara y Castro y la acción social en Salamanca, 1885-1904”, págs. 805-837; M. Sánchez Rodríguez, “La ‘acción social’ del P. Tomás Cámara y Castro, obispo de Salamanca (1885-1904)”, págs. 839- 921; R. Román Sánchez, “Intervenciones del P. Tomás Cámara y Castro en el Senado, en la elaboración del Código Civil español (21 y 22 de febrero de 1889)”, págs. 923-951; D. Natal, OSA, “La contestación a Draper en España y la obra del P. Tomás Cámara y Castro”, págs. 955-1002; M. A. Orcasitas, “Tensiones del obispo Tomás Cámara con el integrismo salmantino”, págs. 1003-1065; R. Albares Albares, “Guerra de ideas en Salamanca a finales del siglo xix: El P. Tomás Cámara y Castro y la ‘cuestión Arés’”, págs. 1067-1124; L. Robles, “El P. Tomás Cámara y Castro y Unamuno”, págs. 1125-1173; F. Gómez, “El P. Tomás Cámara y Castro y las tonadas del diocesano. El padrinazgo poético de Gabriel y Galán”, págs. 1177-1208; J. M. Sánchez Gómez, “El P. 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Miguel Ángel Orcasitas , OSA

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