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'Anbasa b. Suhaym al-Kalbí

Biografía

 

ANBASA B. SUAYM AL-KALBŪ. ?, s. m. s. VII – España, šabān 107/I.726. Sexto emir de al-Andalus.

Cuando al-Sam [s.v.] cayó frente a Eudo de Aquitania, en 102/721, los andalusíes eligieron a Abd al-Ramān b. Abd Allāh al-Gāfiqī [s.v.]. Designación que podía tomarse como una muestra de autonomía y autogestión por parte de los andalusíes o reducirse a una simple ‘interinidad en funciones’, que es como lo entendió Yazīd b. Abī Muslim, gobernador de Ifrīqiya. Porque lo cierto es que, tras la muerte del califa Umar b. Abd al-Azīz, al-Andalus ha dejado de ser autónomo y ha vuelto a depender del Norte de África. Dicho Yazīd era un liberto de al-aŶŶāŶ, del que había sido secretario o zabalsorta, y se había formado en la ‘escuela de gobierno’ del implacable virrey del Irāq, el representante más señalado de la política qaysí. Naturalmente Yazīd aplicará aquel modelo de apartheid de los indígenas, imponiendo a los neomusulmanes el pago de la capitación, tomando medidas discriminatorias e inclusive vejatorias, que terminaran provocando la gran rebelión bereber del 122/740.

El que un qaysí nombre a un kalbí como Anbasa b. Suaym al-Kalbī [llamado Ambiza por Hª Arabum y Homar el fijo de Jayr segun Moro Rasis] implica que: 1) éste hubo previamente de comprometerse a aplicar el programa del partido en el poder 2) la mayoría de la población andalusí debe pertenecer al grupo yamaní-kalbí. Anbasa tomó posesión de su gobierno peninsular en afar 103/agosto 721, rigiéndolo firmemente, “principatum Spanie aucte retemtat.” Dado que Yazīd está siguiendo una política de mano dura —para con los indígenas norteafricanos— la actuación de Anbasa debe constituir una replica local de la de su nombrante. Ahora bien, en al-Andalus existen dos etnias no árabes: la población autóctona y los beréberes (aquellos que constituyeron más de la mitad de las tropas invasoras, amen de los atraídos por las ofertas de Abd al-Azīz b. Mūsà [s.v.]). Ambos grupos se resintieron de la aplicación de esta nueva línea política.

Por lo pronto, se reanudaron las campañas expansivas. Sobre este extremo coinciden tanto las fuentes latinas como las árabes. Ibn Iārī señala que, en el 105, Anbasa salió en campaña contra / al-Rūm bi-l-Andalus. Expediciones que no sólo van dirigidas contra tierras hispanas sino también “por tierras francas, haciendo amplio botín”. Fueron capitaneadas personalmente por el gobernador, utilizando todos los recursos de los que puede disponer, “Ambiza per se expeditionem Francorum ingeminat, cum omni mano publica incursionatem illorum ilico meditat”. Son campañas populares, “[le siguen] los andalusíes que eran entonces hombres de bien y de mérito, gentes movidas por el propósito del Ŷihād, ansiosos de la [divina] recompensa”. Efectivos con los cuales “abrumó a los Rūm con combates y asedios hasta que pidieron la paz”. Durante el transcurso de sus ataques transpirenaicos, “asedió la ciudad de Carcasona. Los habitantes [no obtuvieron] la paz hasta entregar la mitad de sus bienes, cuantos cautivos musulmanes y botín [hecho a] éstos hubiera en la ciudad, pagar la Ŷizya y someterse a las obligaciones del [contrato de] protección/ imma en lo tocante a combatir a aquellos que luchasen contra los musulmanes y estar en paz con quienes lo estuvieran con éstos.” Se trata de campañas muy profundas pues también consiguieron ocupar Nimes y Autun como reconoce Crónica de Moissac “Ambisa rex Sarracenorum cum ingente exercitu post quintum annum Gallias aggreditur, Carcassonam expugnat et capit, et usque Noemauso pace conquisivit, et obsides eorum Barchinona transmitit. Anno DCCXXV, Sarraceni Augustudunum civitatem destruxerunt, IV. feria, XI. Calendas Septembris, thesaurumque civitatis illius capientes, cum praeda magna Spania redeunt.” Expedición correspondiente al quinto año de gobierno de Anbasa y correctamente fechado en 107/ 725. “Falleciendo de muerte natural al regresar de aquella campaña” para el Fat o, si se prefiere, “morte propria vite terminum parat”.

Esto en cuanto a actividad exterior, veamos las consecuencias que, en la Península, tuvo la política qaysí. Programa que no responde a irracional racismo discriminatorio sino a motivos fiscales. Aquellos que no son arabo-musulmanes pagan más. En consecuencia, se estorbará la ‘nacionalizacion’ y se mantendrá que las conversiones no son sino intentos de ‘defraudación tributaria’, porque lo esencial es mantener —y si posible incrementar— los ingresos en una época durante la cual los gastos del aparato de estado están creciendo. Avidez fiscal que repercute también en al-Andalus donde los principales sujetos pasivos eran los autóctonos. Los afectados no fueron exclusivamente los moradores de Septimania y Gallia Gotica sino todos los indígenas no-musulmanes de al-Andalus, que vieron doblarse el monto de sus impuestos/“vectigalia Xpianis duplicata”. Aquello no gustó y, para ‘convencerlos’, fue preciso reprimirlos duramente/ “nonnullas civitates vel castella dimutilando stimulat.” El malestar podía manifestarse más claramente en aquellas zonas periféricas, de difícil acceso y alejadas del poder central. Es en este contexto donde hay que ubicar un incipiente descontento, mejor o peor encubierto, atribuido a Pelayo, recogido por el Fat e Ibn ayyān, apud al-Maqqarī. Pero sin que reconocer dicho descontento implique en absoluto admitir que “Pelagius… [un desconocido] Alkama/Alchamam, principem militiae, cum maximum multitudine Arabum interfecit”. La contemporánea Crónica 754 afirma claramente que “[Anbasa], cargado de honores, triunfalmente gobierna España”. Así mismo, fechaba inequívocamente el primer fracaso árabe en “anno…Arabum CXVIº”. Es decir en 734, durante el gobierno de Abd al-Malik b. Qaan [s.v.], cuando se proponía “subvertere nititur Pirinaica inhabitantium iuga”. Las fuentes árabes lo localizaban también en territorio vasco/ “ar al-Baškunis” y la Crónica del Moro Rasis afirmaba que “et destruyo la tierra de los Bacazos et de los Viscares”. Por tanto, desplácese y retrásese correctamente el mito de ‘Covadonga’... Tanto si persistimos en colocar aquel primer descontento en Galicia como si lo ubicamos en los Pirineos, resulta evidente que aquello debió verse facilitado por la pasividad benevolente de los beréberes vecinos. Los mismos que poco después se marginarán y desguarnecerán las frías tierras norteñas, o inclusive provocarán sublevaciones (y alianzas con los cristianos) como la de Munūsa circa 729, en tiempos del segundo gobierno de Abd al-Ramān al-Gāfiqī [s.v.]. Incidentalmente, el Munnuza/Monnuza que Crónica Alfonso III y Crónica Albeldense, movidas por su empeño por asturianizar ‘Covadonga’, ascendían a “super Astures procurante / Asturiensium prefectus” no es otro que el siempre pirenaico bereber, yerno de Eudo de Aquitania, muerto en 731. Debía ir oculto dentro de los “Pirinaica inhabitantium” cuando la mudanza desde aquellas montañas/ “Pirinaica iuga” hasta el “montem magnum, cui nomen es Aseuva” y los “loca angosta…per dubia/deva” son cristianizados en “ripam fluminis cui nomen es Devae”.

El gobernador, siempre mirando por las arcas públicas, tampoco había de desaprovechar la ocasión que le brindaba el movimiento de abandono de sus bienes, preconizado por Sereno a sus seguidores judíos, incautándose de éstos “omnia que amiserant fisco adsociat”.

Anbasa, antes de extinguirse en šabān 107/ enero 726 (aunque alguna fuente se empeña en hacerle morir mártir por la fe), tuvo la precaución de designar sucesor. “Hodera /Ura [s.v.] consulem patrie sibi comisse vel principem exercitus repedantis…in extremo vite positus ordenat”. Las crónicas dan un abanico para la duración del gobierno de Anbasa. Imāma lo reducía a dos años y nueve meses, mientras las otras fuentes le asignaban cuatro años y cuatro, cinco, seis, siete, ocho meses; la cifra correcta es la de cuatro años y cinco-seis meses.

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Pedro Chalmeta Gendrón