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Jaime Piniés Rubio

Biografía

Piniés y Rubio, Jaime. Madrid, 18.XI.1917 – 29.XII.2003. Diplomático.

Llevado desde joven de su vocación por la carrera diplomática —era sobrino del también diplomático Mario Piniés y Bayona—, que su padre le contrariaba, ingresó en la Escuela Naval, hasta que ésta fue cerrada por el Gobierno de la República en 1931.

Pasó entonces a cursar estudios de Derecho en la Universidad de Madrid, que la Guerra Civil le forzó a interrumpir en 1936. Obligado a servir en el Ejército, pasó a la zona nacional en 1938.

Concluida la guerra, pudo finalizar sus estudios universitarios y en 1944 ingresó en la Escuela Diplomática.

Su primer puesto fue en 1945 el de secretario de embajada en La Habana; siguió el de Londres en 1947, el de Washington en 1948 y el de Manila en 1954.

Su principal actividad diplomática se desarrolló en la representación española ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, donde transcurrió la mayor parte de su vida profesional. Fue allí testigo de importantes acontecimientos de la relación internacional. Como miembro de la delegación española o como relator de comisiones, le correspondió hallarse en el centro de los sucesos que repercutieron, con su incidencia, en los trabajos de la ONU: el conflicto de la nacionalización egipcia del Canal de Suez en 1956, la invasión soviética de Hungría o las crisis del Medio Oriente.

Después de su traslado a Madrid en 1957, ocupó en el Ministerio de Asuntos Exteriores el puesto de director general de Asuntos Políticos de América del Norte, teniendo, pues, a su cargo las relaciones con los Estados Unidos en la época en que se produjo el viaje oficial del presidente Eisenhower a Madrid, donde fue clamorosamente recibido. Ello, sin embargo, no le impedía acudir regularmente a Nueva York para seguir interviniendo en los debates de las Naciones Unidas, especialmente en los temas relativos a la descolonización.

En 1963 ejerció la presidencia de la Comisión de Información de Territorios no autónomos. Con ello, Piniés desempeñó un importante papel en las deliberaciones de la ONU sobre un asunto tan delicado y que a España concernía en dos frentes: de un lado, la reivindicación española de Gibraltar (para la que la ONU exigió se respetase el principio de la integridad territorial) y de otro, la soberanía española sobre los territorios africanos de Guinea Ecuatorial (Fernando Poo y Río Muni) y Sáhara Occidental (Río de Oro), sobre los que la ONU reclamaba información, considerándolos como territorios no autónomos.

La reseña y documentación de los debates en los que sobre esos temas le tocó participar fueron recogidas por el propio Piniés en sendas publicaciones más tarde aparecidas en 1999 y 2001.

Correspondió a Piniés participar en las subsiguientes Asambleas Generales anuales de la ONU formando parte de la delegación española, a la sazón regida por los embajadores José Félix de Lequerica (1956-1963) y Manuel Aznar (1964-1967). Para suceder a éste, fue Piniés nombrado embajador representante permanente de España ante las Naciones Unidas el 28 de septiembre de 1968, corroborándose con esta designación el aprecio que en Madrid había justamente merecido Piniés a causa de su experiencia y conocimiento del ámbito de la ONU.

Ejerció Piniés la representación permanente hasta 1971, año en que fue trasladado a la embajada de España en Londres, para reemplazar allí al embajador marqués de Santa Cruz, pero su misión en el Reino Unido fue de corta duración. En 1973, Piniés fue de nuevo reintegrado a su anterior sede, nombrándosele otra vez representante en Nueva York, donde sucedió al embajador Jaime Alba Delibes, que había sido su sucesor y así se convirtió también en su antecesor.

El ministro de Asuntos Exteriores, que era a la sazón Laureano López Rodó, explicó en sus Memorias la reiteración del envío de Piniés a Nueva York, “pues nadie mejor que él conocía los entresijos de aquella Organización”, a la vez que nombraba en Londres a Manuel Fraga, “cuyo probado dinamismo y tesón serían muy útiles para presionar en favor de la reivindicación de Gibraltar”.

Efectivamente, del valor de la permanencia de Piniés en la representación española en la ONU da cuenta el hecho, reseñado por el propio López Rodó, de que en la década de 1970 no quedaban allí de las antiguas figuras más que el soviético Gromyko y el español Piniés entre los protagonistas de las Asambleas.

Así, pues, la larga experiencia de Piniés en la Organización, en cuyos más importantes debates le tocó participar, así como sus dotes personales y de negociación lo hicieron personaje conocido y estimado en el ámbito de la ONU. Lo fue especialmente de los representantes de Europa Occidental, así como de los de los países árabes y los de las repúblicas hispanoamericanas, con las que mantuvo un trato preferente. A la ductilidad de su comportamiento, demostrado en difíciles debates, no se oponía una irreductible energía, como se probó en un famoso incidente en que se opuso verbalmente a la insolencia del soviético Khruschev en el seno de la XV Asamblea General en 1960.

El bien ganado prestigio de Piniés se puso de manifiesto con su elección a presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas para 1985-1986. Fue en la ocasión en que se conmemoraba el XL aniversario de la fundación de la ONU.

Como quiera que Piniés había alcanzado, entre tanto, la edad de la jubilación, el Gobierno español lo nombró embajador especial en Naciones Unidas para que pudiese desempañar la presidencia sin menoscabo de su representación.

El propio Piniés se enorgulleció justamente en sus Memorias de haber servido más de treinta años en la delegación española en la ONU, haber asistido a treinta asambleas y haber sido el único español que ocupara el puesto de presidente de la Asamblea General.

Ya terminada allí su función, fue durante otros cuatro años asesor del secretario general, lo que le permitió estar presente en otras cuatro asambleas generales.

Profesional de probadas cualidades en la diplomacia bilateral y multilateral, conversador infatigable y excelente narrador de los acontecimientos que hubo de vivir, sus libros son una documentada crónica de la política exterior de España en su tiempo, especialmente en el complejo desarrollo de la descolonización.

Tuvo oportunidad de hallarse en el centro del escenario de los tratos, tanto en Nueva York para los temas de las posesiones de España en África y la controversia de Gibraltar, así como en las negociaciones bilaterales sobre este último asunto en Londres.

 

Obras de ~: Intervención del Ministro Consejero de la Delegación española en las Naciones Unidas, Sr. Piniés ante el Comité de los 24 sobre el tema de Gibraltar. La descolonización del Sahara. Un tema sin concluir, Madrid, Espasa Calpe, 1990; The single market, economies of sale, external finance and the new protectionism from Southern European Countries, Madrid, Fundación de Estudios de Economía Aplicada, 1992; Episodios de un diplomático, Burgos, Dossoles, 2000 (col. La Valija Diplomática); Las descolonizaciones españolas en las Naciones Unidas: Guinea Ecuatorial (Fernando Poo y Río Muni), Ifni, Sahara Occidental, Gibraltar y las Naciones Unidas, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2001.

 

Bibl.: Extracto de las hojas de servicio del personal de la carrera diplomática: hasta el 31 de agosto de 1989, Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores, 1989; J. P. Alzina, Embajadores de España en Londres. Una guía de retratos de la Embajada de España, Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores, 2001, págs. 306-307.

 

Miguel Ángel Ochoa Brun