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Ángela Figuera Aymerich

Biografía

Figuera Aymerich, Ángela. Bilbao (Vizcaya), 30.X.1902 – Madrid, 2.IV.1984. Poeta.

El padre, Jesús Ángel Figuera Figuera, natural de La Habana, era catedrático de la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao y había casado con Amelia Aymerich en 1901. El matrimonio tuvo nueve hijos, de los que la poeta era la mayor. Familia acomodada, tuvieron una vida apacible. Ángela estudió en el Sacré Coeur, un colegio de monjas francesas. El padre, aficionado a la pintura, a la música y a la ópera, desde muy pronto se hizo acompañar por su hija a esas y otras actividades culturales, hasta que murió, en 1926. En un poema de 1953, lo recuerda “Mi padre era ingeniero y amaba los paisajes. / Quería capturarlos en rectángulos breves / y llevarlos consigo. / Cuando íbamos al campo o al mar, en vacaciones, / meticulosamente, sabiamente pintaba”. Ángela fue una de las primeras mujeres en conseguir el bachillerato en Bilbao. Posteriormente, estudió Filosofía y Letras, primero en Valladolid y luego en Madrid, a donde se trasladó a vivir la familia en 1930. Obtuvo cátedra de Enseñanza Media en 1933 y se casó al año siguiente con su primo, Julio Figuera. Depurada tras la guerra civil, que pasó entre Madrid y Alicante, consiguió trabajar en la Biblioteca Nacional a partir de 1952. Siempre manifestó su carácter de escritora vasca y mantuvo estrecha amistad con poetas también vascos como Gabriel Celaya, Blas de Otero o Gabriel Aresti.

Ángela Figuera Aymerich es, con Carmen Conde, la más importante poeta de la segunda mitad del siglo XX. En su primer libro, Mujer de barro (1948), se trata el tema del hijo, como lo hicieran tantos poetas de la postguerra, así como el de la mujer. En el segundo, Soria pura (1949), que le editó su amigo el también poeta Leopoldo de Luis en la colección Mensajes, entra en el tema del paisaje. En Vencida por el ángel (1950) aparece una poesía existencial que se centra ya en el feminismo y en el sentido social cuando publica El grito inútil (1952); en este libro se encuentran el poema antibelicista “Rebelión” y su famoso “Mujeres del mercado”, uno de los mayores ejemplos de la poesía social española de postguerra, donde el verso alejandrino permite suavizar la dureza temática: “Son de sal y salmuera. Viejas ya desde siempre. / Armadura oxidada con relleno de escombros”.  Los días duros, que publica en 1953 (incluyendo Vencida por el ángel y Víspera de la vida, un libro inédito), insiste en la escritura de compromiso (“No. Ya no puedo estar, como solía, / oculta en matorral de madreselvas”). En 1958 publica en México Belleza Cruel, con un prólogo de León Felipe en el que el poeta del exilio se desdice generosamente de cuando escribió que, al salir de España, se había llevado la canción: “Dámaso, Otero, Celaya, Hierro, Crémer, Nora, de Luis, Ángela Figuera Aymerich… los que os quedasteis en la casa paterna, en la vieja heredad acorralada… Vuestros son el salmo y la canción”. Al fin y al cabo, Ángela Figuera había incluido en Víspera de la vida un poema titulado “Postguerra” que pudiera haber servido de respuesta a León Felipe: “Alegraos, hermanos, porque vivos seguimos. / Verticales, calientes sobre tierra segura / persistente al estruendo y a la dura piqueta”. Su último libro publicado, Toco la tierra. Letanías (1962) resume su sentido de la existencia. Entre los numerosos poemas solamente incorporados a sus Obras completas, merece destacarse el que dedicara a Carmen Conde, “Exhortación impertinente a mis hermanas poetisas” que es una llamada a la responsabilidad de la nueva poesía femenina: “Levantaos, hermanas. Desnudaos la túnica. / Dad al viento el cabello. Requemaos la carne / con el fuego y la escarcha de los días violentos / y las noches hostiles aguzadas de enigmas. / No os quedéis en el margen…”. Su poesía, claramente realista, ha mantenido un tono personal, gracias a la ternura que supera todo prosaísmo. La crítica ha destacado su mirada tierna sobre la realidad, pese a la crudeza de muchos de los poemas. Hay siempre un sentimiento maternal que le llevó a escribir también poesía para niños como Cuentos tontos para niños listos (1979) o el póstumo Canciones para todo el año (1984).

Obras de ~: J. Figuera y R. Quance (eds.), Obras completas, Madrid, Hiperión, 1986.

Bibl.: R. Bosch, “La poesía de Ángela Figuera y el tema de la maternidad”, en Ínsula 186, Madrid, 1962; J. G. Manrique de Lara, “Prosaísmo árido y ardiente humanidad en la poesía de Ángela Figuera”, en Poetas sociales españoles, Madrid, EPESA, 1974; L. de Luis, “Ángela Figuera”, en La poesía aprendida, Valencia, Bello, 1975; VV.AA., “Recordando a Ángela Figuera”, en Zurgai, [núm. monográf.], Bilbao, diciembre de 1987; J. R. Zabala Aguirre, Ángela Figuera, una poesía en la encrucijada, San Sebastián, Universidad de Deusto, 1994; A. M. Fagundo, “Ángel Figuera: lo recio femenino”, en A. López de Martínez (ed.), Discurso femenino actual, Puerto Rico, Universidad de Puerto Rico, 1995; J. Evans, Moving Reflections: Gender, Faith and Esthetics in the Work of Ángela Figuera Aymerich, Londres, Tamesis Books, 1996; M. Bengoa, La poeta Ángela Figuera (1902-1984), Bilbao, BBK (Temas Vizcaínos), 2002; P. González de Langarica y J. R. Zabala, Ángela Figuera Aymerich. Poesía entre la sombra y el barro, Bilbao, Muelle de Uribitarte, 2012.

Jorge Urrutia