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José Manuel Gallegos Rocafull

Biografía

Gallegos Rocafull, José Manuel. Cádiz, 21.VIII.1895 – Guadalajara (México), 12.VI.1963. Teólogo, ensayista e historiador de la Filosofía.

Canónigo lectoral de la catedral de Córdoba desde 1921, prefecto del seminario mayor San Pelagio, discípulo de Ortega y Gasset y profesor auxiliar en la Universidad Central de Madrid, fue un activo propagandista del sindicalismo católico-agrario cordobés, en cuyo órgano de prensa, La Tierra, publicó una serie de artículos que serían la base de su libro Una causa justa: los obreros de los campos andaluces (1929).

En él expone las dificultades que tienen los sindicatos agrarios católicos para implantarse y arraigar en Andalucía, sobre todo en los pueblos grandes: “Nuestros sindicatos no nacen, como los socialistas, para atacar a los patronos, sino para promover el mejoramiento de los obreros. No quieren hacer la guerra a los patronos, sino entenderse con ellos” (pág. 99); los dos problemas más urgentes que hay que solucionar son: la miseria económica, que se agrava en los meses de paro forzoso, y la miseria espiritual de los obreros del campo.

En junio de 1931 se presentó a las Cortes Constituyentes de la Segunda República como candidato de Acción Nacional por Córdoba, obtuvo algo más de quince mil votos y no resultó elegido. Cuando empezó la Guerra Civil formó parte del sector del clero que se mantuvo activamente fiel a la República.

El 12 de octubre de 1936 se repartió profusamente por las calles de Madrid “Palabras cristianas”, un extenso texto redactado por Gallegos Rocafull y firmado por él y por otros dos sacerdotes, Leocadio Lobo y Enrique Monter. Apoyándose en León XIII y Pío XI, sostenía que la religión no puede someterse a los intereses de los partidos políticos y pedía, a su vez, que se humanizara la guerra y se evitara la violencia sobre la población civil. En diciembre de 1936 el diario jiennense La Mañana publicó “Por qué estoy al lado del pueblo”, artículo que tuvo mucha difusión y fue reproducido en el periódico barcelonés La Noche y en El Nacional de México. Resumía en él “las razones de una actitud católica” para oponerse a los generales sublevados: éstos “han partido de un hecho incontestable: la rebelión contra el gobierno legítimo que España se ha dado”. León XIII “dio a los católicos y especialmente a los sacerdotes, la orden categórica de ir al pueblo, y ¿qué es ir al pueblo sino vivir su vida, penetrarse de sus ideas, servir su causa en todo lo que tiene de justa, abogar por sus derechos, cuidar de su bienestar, perdonar sus faltas, formar las conciencias y santificar las almas?” (págs. 20 y 22). El papa Pío XI había promulgado en 1937 dos encíclicas, condenando el marxismo —Divini Redemptoris— y el nacionalsocialismo —Mit brennender Sorge, cuya publicación fue prohibida por Franco—; la Iglesia, pues, nunca puede subordinarse a un Estado despótico y exageradamente nacionalista como es el fascismo.

En conferencias y artículos defendió estas y otras razones, en Bruselas y en París, ciudad donde estableció contacto con el grupo de la revista Esprit —que dirigía su amigo E. Mounier— y con otros intelectuales favorables a la causa republicana: Jacques Maritain, Nicolás Berdiaeff, François Mauriac, Marcel Bataillon...

En febrero de 1937 fue desposeído de su canonjía y se le prohibió ejercer los ministerios sacerdotales, orden dada por el obispo de Córdoba y motivada por las presiones y quejas del general Queipo de Llano.

Intentó infructuosamente conseguir una suspensión o demora de la sanción pidiendo al cardenal Verdier que mediara ante Roma, donde se encontraba refugiado el cardenal Vidal y Barraquer, de quien recibió palabras de aliento y consuelo. Al regresar a Valencia se esforzó en conseguir que se restableciera el culto en la zona republicana y la representación diplomática ante el Vaticano, para lo cual hizo gestiones ante el católico Irujo, ministro de Justicia del Gobierno republicano.

Esas gestiones quedaron paralizadas cuando apareció, en julio de 1937, la pastoral colectiva en apoyo de Franco, firmada por cuarenta y tres obispos españoles y redactada por el cardenal Gomá, arzobispo primado de Toledo, que intentaba convencer a Pío XI y a su secretario de Estado, el cardenal Pacelli —futuro Pío XII—, para que el Vaticano reconociera oficialmente a Franco. Gallegos hizo pública su firme oposición al "espíritu de cruzada" y a la justificación de la violencia defendidas por Gomá, tan opuestos al amor y caridad cristianos. Las reflexiones autobiográficas sobre estos hechos las redactó en manuscritos de 1936 a 1939, editados en el año 2005 con el título La pequeña grey, por ir encabezados con la cita evangélica “No temáis, pequeña grey, porque plugo a Vuestro Padre daros el reino” (Lucas, 12, 32), refiriéndose así a la incomprensión y dificultades con que se encontraron los católicos como él en la zona republicana.

Acabada la guerra se exilió a México, adonde llegó en agosto de 1939. En la década de 1940 desarrolló en la capital mexicana una intensa labor intelectual: colaboró como secretario en la dirección de la editorial Séneca, identificándose plenamente con el utopismo católico de su fundador, José Bergamín; escribió numerosos artículos para revistas, entre otras España Peregrina, Filosofía y Letras y Las Españas; dio clases de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana; publicó más de diez libros sobre teología, filosofía de la historia y crítica de la cultura. En El hombre y el mundo de los teólogos españoles de los Siglos de Oro estudió las ideas de los neoescolásticos españoles del siglo xvi —el padre Mariana, Domingo Báñez, Luis de Molina, Suárez, Melchor Cano y Francisco de Vitoria—, quienes reivindicaron la oposición de España a una modernidad basada exclusivamente en la razón.

Como José Gaos y otros filósofos del exilio, descubrió la aportación original de las tierras conquistadas en América. En una de sus obras más influyentes para el desarrollo de la filosofía en México —El pensamiento mexicano en los siglos xvi y xvii— cuestionó la validez de los conceptos y de los valores de la cultura europea.

Y en Personas y masas, Crisis de Occidente y otros ensayos se opuso a los sistemas políticos, totalitarios o democráticos, que hacen del ser humano una mercancía o un sujeto de consumo, pues “falla la ciencia y, en general, la cultura, cuando en vez de servir al hombre le esclaviza” (“Ideas del Fausto...”, 1949: 41). Para solventar la crisis que vive Occidente había que superar los aspectos parciales de raza, nacionalidad, profesión y otros semejantes, fundando la cultura en una actitud prerreflexiva y prefilosófica del mundo, como la fe y la creencia, que permita realizarse al hombre en todas sus dimensiones.

En 1950 Roma le devolvió sus ministerios sacerdotales por medio del obispo de México. Aunque siguió dando clases de Filosofía, dedicó gran parte de su tiempo a la labor sacerdotal, ofició como párroco en el templo de la Coronación de la capital mexicana y adquirió fama como predicador y director espiritual.

Falleció de un infarto al corazón en Guadalajara (México), mientras impartía una clase.

 

Obras de ~: Una causa justa. Los obreros de los campos andaluces, Córdoba, Imprenta La Española, 1929 (ed. facs., Valladolid, Maxtor, 2001); El orden social según la doctrina de Santo Tomás de Aquino, Madrid, Fax, 1935; con Á. Ossorio y Gallardo y L. Lobo, “Tres grandes católicos os hablan”, en España Leal (Santiago de Chile), 2 (¿1936?); Por qué estoy al lado del pueblo. Las razones de una actitud católica, 1936 (ed. con introd. de A. Enríquez Perea, Córdoba, Diputación, 2001); “Semana Santa. 1937”, en España Peregrina, 2 (marzo de 1940), págs. 61-63; S. J. de la Cruz, Obras, ed. e introd. de ~, México, Séneca, 1942; La allendidad cristiana, México, Isidoriana, 1943; La figura de este mundo, México, Del Valle, 1943; La nueva criatura. Humanismo a lo divino, México, Del Valle, 1943; Un aspecto del orden cristiano. Aprecio y distribución de las riquezas, México, Del Valle, 1943; El don de Dios. La gran aventura humana, México, Del Valle, 1944; Personas y masas. En torno al problema de nuestro tiempo, México, Del Valle, 1944; La experiencia de Dios en los místicos españoles, México, Central, 1945; Los designios de Dios, vistos a través de “El condenado por desconfiado” y otras comedias españolas, México, Isla, 1945; El hombre y el mundo de los teólogos españoles de los siglos de oro, México, Stylo, 1946; Séneca, Tratados morales, introd., vers. esp. y notas de ~, México, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 1946; El pensamiento mexicano en los siglos xvi y xvii, México, UNAM, 1947; La agonía de un mundo, México, Séneca, 1947; La doctrina política del P. Suárez, México, Jus, 1948; “Ideas del Fausto para una filosofía de la historia”, en Filosofía y Letras, 35 (1949), págs. 27-46; Crisis de Occidente, México, Centro de Estudios Filosóficos, 1950; La visión cristiana del mundo económico, Madrid, Taurus, 1959; La pequeña grey (1936-1939), pról. H. Hiriart, México, Jus, 2005 [contiene: “Palabras cristianas” y “Semana Santa. 1937”] (Madrid, Península, 2007).

 

Bibl.: L. Benítez, “Gaos y Gallegos Rocafull en torno al tema de nuestro tiempo”, en Estudios (México), 13 (1988); E. C. Frost, “El concepto del hombre en José M. Gallegos Rocafull”, en S. García (comp.), Humanismo mexicano del siglo xx, vol. I, Toluca (México), Universidad Autónoma Estado de México, 2004, págs. 249-257; J. Meyer, “Con la iglesia, hemos topado, Sancho”, en Istor (México), 25 (2006), págs. 99-112.

 

José María Piñero Valverde