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Manuel Fernández Silvestre

Biografía

Fernández Silvestre, Manuel. Caney (Cuba), 16.XII.1871 – Annual (Marruecos), 22.VII.1921. General de división, comandante general de Melilla.

Nació en Caney (Cuba) y era hijo de un militar retirado; como la familia se trasladó a Madrid, en esta ciudad obtuvo el grado de bachiller en el Instituto Cardenal Cisneros. A los dieciocho años ingresó en la Academia General Militar, luego pasó a la de Aplicación de Caballería en Valladolid, y salió de 2.º teniente (el n.º 28 de 77) en 1893. Con sus 1,72 metros de estatura, en aquella época era considerado un hombre corpulento.

Su primer destino fue en el Regimiento de Cazadores de María Cristina n.º 27 de Caballería, de guarnición en Madrid; en mayo de 1895 se incorporó al Escuadrón Expedicionario de Cuba del Regimiento Tetuán 17 y en agosto tuvo su bautismo de fuego.

En noviembre ascendió por antigüedad a teniente y en febrero, con el escuadrón, se integró en el Regimiento de Caballería Expedicionario del Príncipe n.º 3. En esa unidad, Fernández Silvestre destacó por su valor y su temperamento, participando en treinta y un combates, amén de numerosas escaramuzas, reconocimientos, patrullas, etc.

Condecorado repetidas veces, le hirieron el 2 de diciembre de 1888 en la Sábana de Maíz; ascendió a capitán por servicios en campaña y a comandante por los méritos adquiridos el 11 de enero de 1898 en el combate del Potrero la Caridad, donde cargó con el escuadrón en vanguardia recibiendo dos heridas de bala, volvió a cargar y recibió tres heridas más y varias de machete.

Además le mataron el caballo. Salió con vida y en agosto regresó a la Península; las heridas producidas le dejaron una severa incapacidad en el brazo izquierdo.

En diciembre de 1899 casó con Elvira Duarte y Oteiza. El matrimonio tuvo dos hijos, Elvira y Manuel.

Con el Ejército en plena reorganización, en los años siguientes estuvo en Zaragoza, Guadalajara y Alcalá de Henares, hasta que, en 1904, destinado a Melilla, se trasladó allí con su familia para mandar el Escuadrón de Cazadores y al año siguiente cesó como jefe por haberse elevado la categoría del mismo.

En enero de 1907 falleció repentinamente su esposa; la desgracia propició que Fernández Silvestre se refugiara en la práctica de la profesión y el estudio. Algún tiempo después le calificaron de sobresaliente en el examen de intérprete del idioma árabe; casualmente el examinador fue Mohamed Abd el Krim, hijo de uno de los más influyentes notables de la tribu de los Beni Urriaguel, El Jatabi.

En julio de 1908, nombrado jefe superior instructor de la Policía Xerifiana tuvo que marchar a Marruecos y al mes siguiente, en pleno proceso de intervención franco-española, le confiaron el mando de las fuerzas españolas desembarcadas en Casablanca; entre esa ciudad, Fez, Marraquech, Tánger, Tetuán, Larache y Ceuta pasó los años siguientes colaborando y asesorando en la formación de tabores indígenas.

Fue ascendido a teniente coronel y recibió, entre otras recompensas, de la presidencia de la República francesa, la Cruz de la Legión de Honor, y le nombraron Gentilhombre de Cámara con ejercicio de Su Majestad.

En 1911, el acuerdo sobre el Protectorado estaba casi ultimado y cuando Francia anunció el propósito de llevar tropas a Fez, por descomposición del imperio marroquí, España recabó libertad de acción en su zona.

En la noche del 8 de junio desembarcaron en Larache unidades del 1.er batallón de Infantería de Marina y posteriormente otras del Ejército de Tierra. El 19 cumpliendo orden telegráfica del Ministerio de Estado, Silvestre marchó a Larache para tomar el mando de las fuerzas españolas y se entrevistó con el Raisuni, amigo de España y cabecilla de la zona, con quien congenió.

Simultaneando ese cometido con el de la Policía Xerifiana, en febrero de 1912 ascendió por méritos a coronel. La expulsión en Arcila del destacamento francés que tendía una línea telefónica con Tánger provocó tensión diplomática con nuestros vecinos y Canalejas estuvo a punto de cesarle.

En diciembre se desplazó a Madrid, entre otras cosas, para proponer el nombramiento del Raisuni como jalifa del Protectorado: no lo consiguió.

Ese fracaso y ciertos roces provocaron la ruptura de relaciones amistosas con el Raisuni. La crisis estalló en enero de 1913: familiares y sirvientes del cabecilla detenidos por orden de Silvestre quedaron en libertad, pues el Gobierno revocó lo dispuesto por el coronel, que dimitió. En Madrid, no dándose por enterados, prepararon una conferencia entre ambos en Tánger, que resultó tumultuosa y sin arreglo.

Pese a los hechos, continuó en su puesto, mientras el Raisuni se trasladaba al Zinat para acaudillar la rebeldía contra España. Establecido oficialmente el Protectorado, en marzo nombraron a Silvestre comandante general de Larache en comisión.

A partir de junio el ataque rebelde fue general en toda la Yebala. Silvestre, que gozó de gran libertad de acción, dirigió magistralmente sus fuerzas rechazando y derrotando al enemigo, operó incesantemente para no darle descanso y consolidó las comunicaciones con Tánger, siendo ascendido a general de brigada por méritos de guerra.

La Comandancia general de Larache fue obra suya.

Con escasos medios la creó y amplió demostrando una excepcional valía militar. En 1914, el territorio ocupado de su zona era de seis a siete veces más extenso que el de Ceuta.

En 1915, estando los rebeldes en claro retroceso, desanimados por las continuas derrotas, el Gobierno dio la orden de suspender toda operación militar y establecer conversaciones con el Raisuni. Silvestre protestó y fue cesado. También el alto comisario general de Marina dimitió. En julio Silvestre fue nombrado ayudante de campo de Su Majestad, cargo que ocupó durante cuatro años.

Ascendido a general de división en 1918, en noviembre, cuando falleció el alto comisario, general Jordana, aspiró a sucederle, pero Romanones quería poner a un civil en ese cargo. Como ningún político lo aceptó, el 25 de enero de 1919 nombró a su ministro de Defensa, Dámaso Berenguer, compañero de promoción y un puesto más moderno que él. En julio le nombraron comandante general de Ceuta y en enero de 1920, propuesto por Berenguer, de Melilla.

Estaba en el ánimo de todos los mandos, que para dominar el Protectorado había que ocupar Xauen en la Yebala y la bahía de Alhucemas en el Rif. Berenguer ideó un plan muy sencillo con los escasos medios que tenía y los graves defectos del Ejército africano, después de años de inacción. Lo primero era solucionar el problema en la Yebala, luego volcar el esfuerzo en el Rif, entonces más pacífico.

Con las fuerzas de Ceuta, en octubre de 1920 Berenguer ocupó Xauen, disponiéndose para terminar con el Raisuni a lo largo de 1921. Mientras Silvestre, desde enero en Melilla, aprovechando la libertad de acción que le daba su compañero, decidió no dejar pasiva a su Comandancia. Su plan de campaña, con el visto bueno de Berenguer, se envió al Gobierno, que lo aprobó para su ejecución. El objetivo era aislar a los Beni Urriaguel; ocupó algunas posiciones, como Dar Drius, pero los medios no daban para más.

Después del éxito de Xauen en la otra zona, en 1921 presentó un nuevo plan que consistía en seguir avanzando hasta llegar al territorio de los Beni Urriaguel para conquistar Alhucemas. En marzo el Gobierno lo aprobó, autorizándole a rebasar el río Amekran, cuya divisoria occidental era la antesala de la bahía. Con esa aprobación Silvestre inició los avances y primero ocupó Sidi Dris, pero tardó más de un mes en avanzar sólo 25 kilómetros.

En abril estuvo en Valladolid con motivo de la entrega del mando del Regimiento de Cazadores Victoria Eugenia, del que era coronel honorario, a Su Majestad la Reina. Allí conversó a solas con el Rey, y esa entrevista es la que ha dado pábulo a que muchos historiadores den como cierta la promesa de que el día de Santiago estaría en Alhucemas. Quizás fue así, dada su irresponsable forma de actuar en cuando volvió a Melilla, pero no hay pruebas documentales.

En abril ocupó una posición en Annual. El plan iba realizándose paso a paso, quedaba la divisoria entre los ríos Amekran y Necor, para desde allí organizar las columnas que tomarían Alhucemas. El 1 de julio ordenó ocupar una posición inmediata al cabo Quilates; se tomó, pero los rifeños a las pocas horas la reconquistaron, y murieron todos los defensores.

En su obsesión por Alhucemas ni Silvestre ni Berenguer, que se entrevistaron el día 5, supieron interpretar el hecho, considerándolo como un simple revés aislado.

Con obcecación, Silvestre siguió su plan y ordenó la construcción de un fortín situado cerca de Annual, Igueriben. El 17 de julio los rifeños iniciaron el ataque a la posición, que al día siguiente empezó a ceder.

La retirada sobre Annual resultó trágica, el 19 se dio cuenta Silvestre de la gravedad de la situación, mas no supo, pese a su experiencia guerrera, qué medidas adoptar, pero lo más inconcebible es que todo un comandante general se situase en primera línea (Annual) con su Estado Mayor.

El general, en sus mensajes radiofónicos a Tetuán y Ceuta, el día 21 comunicó que ordenaba la evacuación con la consigna de reunirse en Dar Drius y envió a su hijo Manolo, que estaba en la posición, con su coche oficial a Melilla. Dirigió personalmente el repliegue de las últimas unidades y, aunque le indicaron que se uniera a ellas, se negó.

Un capitán, que fue el último en romper el cerco y también el último en verle con vida, contó que le rodeaban jefes y oficiales de su Estado Mayor mientras disparaban con las pistolas a los marroquíes. A las 4,55 horas del día 22 se recibió el último telegrama de Silvestre, en el cual anunciaba que se replegaba hacia Ben-Tieb, si le era posible.

Hay dudas sobre si murió en el combate o se suicidó en su tienda, incluso existe la leyenda de que sobrevivió.

Lo más seguro es que, de una u otra forma, pereció el militar con la carrera más brillante de su generación hasta que, por una promesa o por intentar emular los éxitos de Berenguer, o ambas cosas a la vez, no advirtió el sentido de la realidad. Esto le hizo perder la vida y, lo que es peor, la de muchos españoles.

En el Expediente Picasso se calificó de temeraria su actuación y negligente la de Berenguer.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar (Segovia), Hoja de Servicios de Manuel Fernández Silvestre.

F. Hernández Mir, Del desastre al fracaso. Un mando funesto, Madrid, Pueyo, 1921; R. López Rienda, Frente al Fracaso. Raisuni. De Silvestre a Burguete, Madrid, Sociedad General Española de Libreros, 1923; T. García Figueras, Marruecos (La acción de España en el Norte de África), Nacional de Artes Gráficas, 1927; Hernández de Herrera y García Figueras, Acción de España en Marruecos, Madrid, Imprenta Municipal, 1929; D. Berenguer, Campañas del Rif y Yebala, ts. I y II, Madrid, Ares, 1948; VV. AA., Historia de las Campañas de Marruecos, ts. II y III, Madrid, Servicio Histórico Militar, 1951 y 1981 reapect.; V. Ruiz Albéniz, España en el Rif (1908-1921), Melilla, Ayuntamiento, 1994 (ed. facs.); VV. AA., Desastre de Annual, Madrid, Escuela de Estado Mayor, 1988; M. Leguineche, Annual-1921, Madrid, Alfaguara, 1996; R. Muñoz, Las campañas de Marruecos (1909-1927), Madrid, Almena, 2001; A. Carrasco (pról.), Expediente Picasso, Madrid, Almena, 2003.

 

Manuel del Barrio Jala