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Gonzalo Fernández de la Mora y Mon

Biografía

Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. Barcelona, 30.IV.1924 – Madrid, 10.II.2002. Político, diplomático y pensador.

Nació en el seno de una familia profundamente católica y monárquica. Su padre, Gonzalo Fernández de la Mora y de Azcué, coronel del Cuerpo Jurídico Militar y gentilhombre de Cámara de Alfonso XIII, había sido destinado, en aquel momento, a Barcelona como auditor de división. La madre, María de las Mercedes Mon y Landa, procedía de una antigua familia gallega que había dado dirigentes políticos, como Alejandro Mon, ministro de Hacienda con Isabel II y Alejandro Pidal y Mon, líder de la Unión Católica, ministro de Alfonso XII y embajador español ante la Santa Sede.

En 1926, la familia se trasladó a Madrid y, poco después, Gonzalo inició sus estudios en el colegio del Pilar y hubo de concluirlos en Poyo (Pontevedra), donde la familia residió al estallar la Guerra Civil, concretamente en el colegio del Apóstol Santiago, regido por la Compañía de Jesús.

En esos momentos, le llegaron las primeras noticias de la existencia de la revista Acción Española y de su proyecto monárquico-tradicional, del que siempre se consideró continuador. Terminada la contienda y acabado el bachillerato con los jesuitas, afrontó, en la Universidad de Santiago de Compostela, el examen de Estado, que superó con Premio Extraordinario.

Luego se matriculó en la Universidad Complutense de Madrid en Derecho y Filosofía, donde contó entre sus profesores favoritos a Federico de Castro, Francisco Javier Conde, Juan Zaragüeta, Leopoldo-Eulogio Palacios y José Camón Aznar. En 1945, se licenció en ambas carreras, con premio extraordinario, y escribió su primer libro, Paradoja, obra intimista, esteticista y de inequívocos perfiles autobiográficos.

En la universidad entró en contacto con las Juventudes Monárquicas, dirigidas por Joaquín Satrústegui, y con los supervivientes de Acción Española. Pronto se integró en los círculos políticos e intelectuales que propiciaron el retorno de la monarquía tradicional.

A mediados de 1945, impartió una conferencia en el domicilio de Ignacio Satrústegui sobre “La soberanía y el Super-Estado”, donde defendió la unidad europea y la superación del Estado-nación; y a la que asistieron, entre otros, Jesús Pabón, Alfonso García Valdecasas, el marqués de Valdeiglesias, Jorge Vigón, Juan José López-Ibor, el marqués de Quintanar y Julio Palacio. Desde entonces, fue conocido como “el delfín de Acción Española”. El 4 de febrero fue detenido por la policía nacional, junto a Alfonso Bullón de Mendoza, por repartir unas hojas volanderas en la Gran Vía cuyo texto era “El rey se acerca, viva el rey”.

Fernández de la Mora fue retenido durante setenta y dos horas en la Dirección General de Seguridad y se le impuso una multa de 25.000 pesetas.

Admirador de José Ortega y Gasset, se entrevistó con el filósofo, pero su encuentro resultó decepcionante.

A pesar de ello, Fernández de la Mora no dudó en valorar positivamente el legado orteguiano. Su elitismo, su espíritu conservador, su aversión al socialismo y a la democracia encontrarán en Fernández de la Mora un ferviente admirador. Igualmente, se interesó por la figura y la obra de Xavier Zubiri, a cuyos cursos privados de Filosofía asistió. Estos cursos le familiarizaron con las ideas de Comte y con los teóricos de la “nueva física”.

En 1946 ingresó en la Escuela Diplomática y comenzó a colaborar en el diario ABC, con el que mantuvo, hasta 1980, una fecunda relación. Recibió los premios Mariano de Cavia, Luca de Tena, Julio Camba y Gibraltar Español. Cuatro años después, se casó con Isabel Varela Uña, con quien tuvo cuatro hijos: Isabel, Gonzalo, Juan Luis y Sandra. Fue destinado a Alemania como secretario de embajada en el Consulado General de Frankfurt, a las órdenes del ministro plenipotenciario Eduardo García Comín. Allí pudo completar su formación filosófica, estudiando a Husserl y a Heidegger. Conoció igualmente al constitucionalista Carl Schmitt, asistió a las clases de Curtius, Benn y Rothacker en la Universidad de Bonn y profundizó en Kant y en la lectura de Max Weber.

En 1948 conoció a Rafael Calvo Serer y comenzó a colaborar en la revista Arbor, órgano del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de cuyo departamento de Culturas Modernas fue nombrado vicesecretario en 1952. Fue uno de los fundadores de la revista Ateneo. Calvo Serer se sirvió de Arbor y Ateneo, junto a los diarios Informaciones y ABC y de la Biblioteca del Pensamiento Actual, de editorial Rialp, para aglutinar a los intelectuales monárquicos y tradicionalistas en un proyecto político coherente, alternativo tanto a los falangistas como a los representantes del catolicismo político. Aparte de Fernández de la Mora y Calvo Serer, los grandes animadores de este proyecto fueron Vicente Marrero, Ángel López- Amo y Florentino Pérez-Embid. Herederos de Acción Española, se mostraban defensores de una concepción política que pretendía mantener la tradición, al tiempo que eran partidarios de la modernización de las estructuras económicas y administrativas sin poner en cuestión la estabilidad del régimen nacido de la guerra civil. Partidarios de un entendimiento entre Franco y don Juan de Borbón, su alternativa institucional era la monarquía tradicional. En el ámbito cultural defendían la articulación de la “conciencia nacional unitaria”, basada en los supuestos del tradicionalismo menéndezpelayista, y desde un punto de vista socioeconómico, conciliar la ineludible modernización capitalista con la mentalidad católico-tradicional.

Como diría Pérez Embid: “la españolización de los fines y la europeización de los medios”.

Ferviente europeísta, Fernández de la Mora fue uno de los promotores más entusiastas del Centro Europeo de Documentación e Información, plataforma del europeísmo conservador defendido por el régimen de Franco. En 1953 cesó en sus cargos en el CSIC y en sus colaboraciones de Arbor.

Tras la crisis de 1956 y el cambio de gobierno del año siguiente se inició un giro radical en la política económica autárquica seguida hasta entonces por el régimen de Franco. A instancias de Luis Carrero Blanco, Fernández de la Mora se reunió con Laureano López Rodó, en El Escorial, para elaborar las primeras bases de la Ley de Principios del Movimiento Nacional y de lo que luego sería la Ley Orgánica del Estado, es decir, dos de las leyes fundamentales de la España franquista. En ambos proyectos, se establecía como forma política la monarquía tradicional, se garantizaba la confesionalidad del Estado y hacía suya la doctrina social de la Iglesia. En la segunda de estas leyes, Fernández de la Mora influyó sobre todo en el modo de designación del jefe de Gobierno: introdujo la fórmula del Consejo del Reino como institución que sometía al Rey una terna de candidatos. Colaboró igualmente en la fundación de la Asociación de Amigos de Maeztu, cuyo objetivo era promover el conocimiento general de las ideas del pensador vasco, y escribió en las revistas Reino y Círculo.

En 1956 fue nombrado miembro del Consejo privado del conde de Barcelona, mientras acercaba sus posiciones ideológicas y personales a la de los grupos del Opus Dei próximos al poder con quienes colaboró, en 1965, en la preparación de la Ley Orgánica del Estado.

En 1961 publicó su primera gran obra de crítica intelectual, Ortega y el 98, en la que contrapone la obra del filósofo madrileño al llamado “espíritu del 98”.

Comparado con los escritores noventayochistas, la obra de Ortega, a quien Fernández de la Mora describe como un filósofo políticamente conservador, aparece como “una verdadera avalancha de razón pura”. La obra recibió el Premio Nacional de Literatura.

Dos años después, tras una corta etapa como consejero cultural en la embajada española en Atenas, presidida por Juan Ignacio Luca de Tena, con motivo de la boda del príncipe Juan Carlos con la princesa Sofía de Grecia, Fernández de la Mora fue encargado de la dirección de las páginas bibliográficas de ABC y de la crítica de los libros de pensamiento. Sus críticas fueron publicadas posteriormente por la editorial Rialp en siete tomos bajo el título de Pensamiento español.

En 1965 publica su libro más conocido y polémico, El crepúsculo de las ideologías, donde sostiene la obsolescencia de las ideologías políticas tradicionales —liberalismo, socialismo marxista, nacionalismo, democracia cristiana, etc.— en las sociedades económica y tecnológicamente desarrolladas de Occidente por haberse concluido su misión histórica. Colaboró igualmente en la revista Atlántida, fundada en 1963 por Florentino Pérez Embid. En 1969 abandonó el Consejo privado del conde de Barcelona por su desacuerdo con la línea de actuación desarrollada por José María de Areilza. Ese mismo año fue nombrado subsecretario de Política Exterior y de Asuntos Exteriores, en el ministerio presidido por Gregorio López Bravo.

Su progresivo acercamiento a los tecnócratas del régimen franquista y el consiguiente distanciamiento de los sectores políticos afines al conde de Barcelona, le llevó, el 14 de abril de 1970, a ser nombrado ministro de Obras Públicas por Franco. Días antes (el 17 de marzo) había sido elegido académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, para ocupar el sillón del fallecido José Ibáñez Martín. Su discurso de ingreso, leído el 29 de febrero de 1972, llevó por título Del Estado ideal al Estado de razón, en el que defendió, en la línea ya desarrollada en El crepúsculo de las ideologías, una teoría funcional del Estado, cuya legitimidad se basa en la eficacia, es decir, en su capacidad para garantizar el orden, la justicia y el desarrollo.

En ese sentido, el régimen de Franco, al que denominará “Estado de obras”, se legitimaba por su probada eficacia a la hora de lograr el desarrollo económico y la modernización de la sociedad española.

En la docta casa, llegó a ser bibliotecario desde 1990, fue responsable de la reforma de su sede y donó a ella su amplísima biblioteca.

Confirmado en el Ministerio por el almirante Carrero Blanco el 11 de junio de 1973, permaneció en el cargo hasta el 3 de enero de 1974 en que se constituyó el Gobierno de Arias Navarro, tras el asesinato del almirante en diciembre anterior. Desde el Ministerio, Fernández de la Mora completó y amplió la política seguida por su antecesor Federico Silva Muñoz.

Destacan, en ese sentido, su Plan de Accesos a Galicia, el Plan de Autopistas y luego la Ley de Autopistas de agosto de 1972. Durante su mandato, se abrieron al tráfico casi quinientos kilómetros de autopistas, se terminaron sesenta presas (algunas de la mayor capacidad) y Renfe obtuvo en 1973, por primera vez, un margen de explotación positivo.

Fue procurador en las Cortes Legislativas IX y X, y consejero nacional del Movimiento por designación directa del general Franco. Ascendió a embajador, fue nombrado director de la Escuela Diplomática, cargo del que fue relevado por el primer Gobierno de Adolfo Suárez.

Durante la transición democrática fue uno de los promotores —junto a Antonio María Oriol, José Luis Zamanillo y José María Valiente— y presidente (1976) de la Unión Nacional Española (UNE), partido de derechas que propugnaba la continuidad de los esquemas políticos del franquismo y que, posteriormente, gracias a su iniciativa, se integró en la coalición Alianza Popular (AP). Como miembro de la Federación de Alianza Popular, dio su voto positivo a la Ley de Reforma Política. Fue elegido diputado de AP por Pontevedra y ejerció como consejero de la Xunta preautonómica de Galicia. Pero cuando, en 1977, Alianza Popular mostró su apoyo al proyecto constitucional de 1978, Fernández de la Mora no sólo abandonó esta coalición política, sino que dimitió de la presidencia de la UNE en noviembre de 1977 y, en contra de la posición defendida por Fraga, votó negativamente la Constitución de 1978. Al año siguiente, en 1979, retomó la carrera política y, junto a Silva Muñoz, fundó el Partido de la Derecha Democrática Española (PDDE) con el propósito de reformar la Constitución desde la legalidad vigente. La nueva formación no prosperó, acabó disolviéndose, al no encontrar un espacio político propio, tras las elecciones de 1982 y, apartado de la política, Gonzalo Fernández de la Mora se dedicó de lleno a la vida intelectual.

En este ámbito, cabe destacar la fundación de la revista de pensamiento Razón Española, de la que fue director, cuyo primer número salió a la luz en octubre de 1983 y desde cuyas páginas defendió la concepción humanista del mundo. En 1995, recibió el Premio Espejo de España, de la editorial Planeta, por su libro autobiográfico Río arriba.

Víctima de un infarto de miocardio, falleció en su domicilio de Madrid a los setenta y siete años de edad. Donó al Museo de Pontevedra su valiosa colección de plata antigua.

 

Obras de ~: La quiebra de la razón de Estado, Madrid, Editora Nacional, 1952 (Madrid, Rialp, 1971); Frente a la República, Madrid, Rialp, 1956; Maeztu y la teoría de la revolución, Madrid, Rialp, 1956; con T. Luca de Tena y J. M.ª Pemán, La monarquía del futuro, Madrid, Amigos de Maeztu, 1960; Ortega y el 98, Madrid, Rialp, 1961 (2.ª ed. 1962; 3.ª ed. 1979); El crepúsculo de las ideologías, Madrid, Rialp, 1965; Barcelona, Salvat Editores, 1971; El pensamiento español, Madrid, Rialp, 1964-1970; Del Estado ideal al Estado de razón, Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 1972; El Estado de obras, Madrid, Doncel, 1976; La partitocracia, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1977; D’Ors ante el Estado, Madrid, Instituto de España, 1981; La envidia igualitaria, Barcelona, Planeta, 1984; Los teóricos izquierdistas de la democracia orgánica, Barcelona, Plaza y Janés, 1985; Los errores del cambio, Barcelona, Plaza y Janés, 1987; Filósofos españoles del siglo XX, Barcelona, Planeta, 1987; Joaquín Costa, Madrid, Instituto de España, 1987; Río arriba (Memorias), Barcelona, Planeta, 1995; El hombre en desazón, Oviedo, Nobel, 1997; La construcción de la ciencia, Madrid, Newbook Ediciones, 1997; con J. Velarde Fuentes y S. del Campo, Cánovas del Castillo; Homenaje y memoria, Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 1997; Sobre la felicidad, Oviedo, Nobel, 2001.

 

Bibl.: Equipo Mundo, Los noventa ministros de Franco, Barcelona, Dopesa, 1970; J. Bardavío, Políticos para una crisis, Madrid, Sedmay, 1975; J. L. Martínez y S. Gallego, “Gonzalo Fernández de la Mora”, en Los 7 Magníficos, Madrid, Cambio 16, 1977, págs. 135-175; R. Abella, E. Carr, P. Preston, M. Tuñón de Lara, J. Tusell y A. Viñas, Historia del franquismo, Madrid, Grupo 16, 1985; VV. AA., Razonalismo: homenaje a Fernández de la Mora, Madrid, Fundación Balmes, 1995; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda García, El poder y sus hombres ¿por quiénes hemos sido gobernados los españoles (1705-1998), Madrid, Actas, 1998, págs. 510-513; P. C. González Cuevas, Historia de las derechas españolas. De la Ilustración a nuestros días, Madrid, Biblioteca Nueva, 2000; VV. AA., “Homenaje a Fernández de la Mora”, en Razón Española, n.º 114 (julio-agosto de 2002); L. Sánchez de Movellán de la Riva, El “razonalismo” político de Gonzalo Fernández de la Mora y Mon, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2004; “La Aufklärung conservadora: Pensamiento español de Gonzalo Fernández de la Mora”, en Revista de Estudios Políticos, n.º 138 (octubre-diciembre de 2007), págs. 11-65.

 

María del Pilar Queralt del Hierro y Pedro Carlos González Cuevas