Ayuda

August Pi i Sunyer

Biografía

Pi i Sunyer, August. Barcelona, 12.VIII.1879 – Ciudad de México (México), 12.I.1965. Fundador de la escuela fisiológica catalana, médico y político.

Nacido en el seno de una familia distinguida de la alta burguesía barcelonesa, su padre era Jaume Pi Suñer, médico y catedrático de Patología General de la Universidad de Barcelona que procedía de una conocida dinastía de médicos de Rosas (Gerona). August estudió Medicina en Barcelona y se licenció en 1899.

Ya durante su etapa de estudiante entró en contacto con uno de los grandes animadores de la actividad científica catalana, Ramón Turró. Con él colaboró en los trabajos del Laboratorio Municipal de Barcelona.

Turró fue quien le inició en la investigación y quien orientó sus trabajos de doctorado, que consistieron en una revisión acerca de la vida anaerobia. Con esa tesis se doctoró en Madrid, como era preceptivo, en 1900. En 1904 obtuvo la Cátedra de Fisiología de la Universidad de Sevilla, pero su estancia allí era ocasional, puesto que compatibilizó su Cátedra con actividades docentes y de investigación en Barcelona, organizadas por el Laboratorio Municipal. En 1916 obtuvo la Cátedra de Fisiología de la Universidad de Barcelona, donde sucedió a Ramón Coll y Pujol, una figura reconocida en la medicina clínica, pero de nula aportación a la investigación fisiológica. El acceso de Pi i Sunyer a la Cátedra de Fisiología de Barcelona marcó un punto de inflexión en la investigación de laboratorio y en el acercamiento a la ciencia europea.

Pi i Sunyer mantuvo una estrecha relación con el Institut d’Estudis Catalans (IEC) desde su fundación y participó activamente en la labor de promoción de la ciencia que el IEC desarrolló en Cataluña.

Creado en 1907, el IEC experimentó una reestructuración en 1911 a partir de la cual incorporaba a sus actividades la promoción de la investigación científica y su divulgación. A partir de entonces se creó la Sección de Ciencias, que abarcaba tanto las ciencias matemáticas, como las físico-químicas y las biológicas, sin olvidar la filosofía, la economía y otras ciencias sociales. Desde su creación, la Sección de Ciencias estuvo integrada por un médico dedicado a la clínica, Miquel A. Fargas, dos médicos consagrados preferentemente a la investigación básica, Ramón Turró y August Pi i Sunyer, un matemático, Esteve Terradas, un economista, Pere Coromines, un zoólogo, J. M. Bofill i Pichot, y un filósofo, Eugenio d’Ors.

Al propio tiempo, el Institut fue creando una serie de sociedades filiales, que consolidaron su inserción en el seno de la sociedad catalana e incrementaron su influencia en el cultivo de la investigación científica. Entre ellas estaba la Societat Catalana de Biologia (1912). Por lo que al cultivo de la fisiología se refiere, el núcleo de la investigación se configuró en torno a la figura de August Pi i Sunyer, quien desde su creación ostentó el cargo de director de esta Sociedad y de su órgano de expresión, los Treballs de la Societat Catalana de Biologia. La Societat y el Laboratorio de Fisiología significaron para Cataluña la consolidación y el impulso de una tradición de investigación en las ciencias de la vida que había iniciado a finales del siglo xix, Ramón Turró i Darder. Cuando Jaume Pi i Sunyer, el padre de August, accedió a la Cátedra de Patología General de la Universidad de Barcelona, pidió a Ramón Turró que fuera a trabajar con él a su laboratorio, pero la trayectoria inquieta y poco académica que había llevado hasta entonces no le había permitido alcanzar grado académico alguno, lo cual constituía un serio inconveniente para su plena incorporación a la vida docente e investigadora. No obstante, regresó a Barcelona en 1884 y en Santiago de Compostela obtuvo en tan sólo un año el título de veterinario. Al crearse poco después en la Ciudad Condal el Laboratorio Municipal, Turró pasó a formar parte del equipo que lo regentaba y con ocasión de ello coincidió con Jaime Ferrán, con el que pronto surgieron profundas diferencias que trascendieron más allá del ámbito científico al dominio público. El posterior deterioro de la imagen científica de Ferrán propició el acceso de Turró a la dirección del laboratorio, donde, en definitiva, desarrolló la parte más sustancial de su labor científica. Turró fue el maestro de Pi i Sunyer en su etapa de incorporación a la investigación experimental y una de las figuras más destacadas de la cultura catalana de principios de siglo; participó también en la fundación del Institut d’Estudis Catalans, fue socio honorario de la Societat Catalana de Biología, dirigida por Pi i Sunyer, y presidente de la Acadèmia i Laboratori de Ciències Mèdiques de Catalunya.

Después de su investigación de doctorado sobre la vida anaerobia, Pi i Sunyer compartió con Turró unos años de interés por alcanzar una nueva teoría de la inmunidad, entrando en discusión con las dos teorías entonces en debate, de Metchnikoff y Ehrlich.

Aunque sus iniciativas no obtuvieron unos resultados determinantes, a partir de esos trabajos Pi i Sunyer se interesó por los reflejos nerviosos de adaptación funcional, y esa orientación es la que le llevaría a su principal línea de investigación: la regulación orgánica de las funciones. En ese terreno obtuvo resultados de gran relieve, especialmente en el estudio de los mecanismos de regulación refleja de los movimientos respiratorios, que relacionó con la existencia de quimiorreceptores periféricos vinculados a la acción de los nervios vagos. Muchos de estos trabajos de investigación los llevó a cabo Pi i Sunyer merced a la colaboración de Jesús M. Bellido Golferichs y de su discípulo José Puche Álvarez. Al mismo tiempo, extendió ese interés por los mecanismos de regulación funcional de la glucemia. La constitución de una verdadera escuela fisiológica de la que formaron parte Jesús M. Bellido, R. Carrasco Formiguera, José Puche, Jaume Pi i Suner y otros, se consolidó con la creación, en 1921, del Instituto de Fisiología del Institut d’Estudis Catalans, dirigido por Pi i Sunyer. La escuela que allí se formó abrió las investigaciones del instituto catalán a estudios sobre la bioquímica de los hidratos de carbono, a la electrocardiografía, el metabolismo hepático, la fisiología renal o el estudio de la secreción urinaria. El grupo de investigación encabezado por August Pi i Sunyer mantenía unas relaciones de estrecha colaboración científica con la Académie des Sciences de París y con la Société de Biologie. Los Treballs de la Societat Catalana de Biología, que dirigió desde su aparición en 1913 hasta su desaparición en 1938, son buena muestra de la labor científica del grupo fisiológico catalán. En sus páginas se encuentra una magnífica síntesis de la producción científica de la escuela fisiológica catalana y de sus vínculos institucionales, puesto que también se publicaron trabajos de fisiólogos franceses, alemanes y de colegas españoles como Juan Negrín.

La aportación de August Pi i Sunyer a la investigación fisiológica fue reconocida en numerosas ocasiones, siendo nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Toulouse, en 1922, y por la de Caracas; fue miembro honorario de la Facultad de Medicina de Montevideo (Uruguay), académico de la Academia de Medicina de París, de la Kaiserlich Leopold Deutsche Akademie der Naturforscher, de Halle, en 1932, y de la de Coímbra (Portugal). Además de una notable obra de investigación, destacaron también sus trabajos de síntesis y sus manuales didácticos. Su permanente dedicación a la vida académica le llevó incluso a publicar un manual de fisiología destinado a servir para la docencia universitaria en 1962, cuando contaba más de setenta años de vida.

Su vida académica se vio rodeada también de una intensa actividad social y política. Esa múltiple proyección de su trayectoria no interfirió en modo alguno en su labor como investigador. Todo ello hizo de August Pi i Sunyer una de las personalidades más relevantes del mundo cultural catalán durante un período de gran efervescencia de la vida social, política y cultural. Su influencia favoreció también indirectamente las condiciones de trabajo de sus discípulos.

Llegó a ser temporalmente rector de la Universidad de Barcelona. Al igual que sucediera más tarde con tantas otras personalidades españolas de la época, Pi i Sunyer asoció a su labor científica y académica un manifiesto compromiso político, ya que participó activamente en la mayoría de las múltiples iniciativas médicas y científicas que se llevaron a cabo en Cataluña durante el primer tercio del siglo xx. Fue presidente de la comisión ejecutiva del Primer Congreso de Higiene de Cataluña y participó en los congresos universitarios catalanes que tuvieron lugar en 1918 y 1919. Promovió, junto con Jesús M. Bellido Golferichs, los congresos de médicos y biólogos de lengua catalana, de cuyo séptimo congreso llegó a ser presidente.

Fue miembro del patronato de gobierno de la Universidad Autónoma de Barcelona, prologó y colaboró en la redacción del Diccionari de Medicina dirigido por Manuel Corachán y publicó investigaciones en La Medicina Catalana y en los Treballs de la Societat Catalana de Biollogia. Vinculado al mundo académico y sanitario iberoamericano, Pi i Sunyer impartió cursos en diversas universidades sudamericanas y viajó con frecuencia a Buenos Aires y Montevideo.

Su exilio posterior se vio, sin duda, favorecido por la existencia de excelentes vínculos académicos con el mundo científico americano. Con su acceso a la presidencia de la Acadèmia de Ciències Mèdiques de Catalunya (1927-1939), la Acadèmia culminó un fructífero período en cuya presidencia se habían sucedido tres de las más grandes figuras de la investigación experimental catalana: Turró, Bellido y Pi i Sunyer.

Pi i Sunyer mantuvo siempre vivo el compromiso con la política catalana, alentado por los profundos cambios y las esperanzadoras circunstancias que atravesaba la sociedad española de su tiempo. Fue diputado a Cortes por Figueras en tres legislaturas como republicano federal y mantuvo una destacada actividad como vicepresidente del Consejo Nacional de Cultura y como subsecretario de Instrucción Pública.

No obstante, el trágico desenlace de la contienda civil truncó su trayectoria vital. Durante la Guerra Civil, la conflictiva situación de Barcelona le hizo atravesar situaciones personales y familiares muy difíciles. Finalmente tuvo que exiliarse y, tras un breve período de estancia en París, se marchó a Venezuela, donde fue nombrado profesor de Fisiología de la Universidad de Caracas. Allí alcanzó un gran prestigio científico y fundó en 1940 el Instituto de Medicina Experimental, vinculado a dicha Universidad, del que fue director durante veinticinco años, al tiempo que ejercía labores docentes como catedrático de Biología y Bioquímica. Allí fundó los Anales del Instituto de Medicina Experimental en 1942, que sirvieron de difusión de su labor científica. También en Venezuela, su labor se reveló extraordinariamente fructífera, hasta el punto de haberse convertido, en buena medida, en el punto de partida de la posterior escuela de investigación fisiológica venezolana.

Durante su larga etapa del exilio mantuvo una estrecha relación académica y de amistad con el círculo de científicos exiliados en México. Con frecuencia se trasladó a la capital azteca, participó en actividades sociales y científicas promovidas por la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Exilio, a cuya fundación contribuyó durante la etapa inicial de su exilio en París. Allí llegó a publicar algunos trabajos sobre alteraciones del metabolismo glucídico y en Caracas realizó en su primera etapa una labor de actualización científica, que le valió el Premio Kalinga, otorgado por la UNESCO y destinado a distinguir a aquellas personalidades que contribuyen excepcionalmente a la difusión del conocimiento científico. Entre sus obras se encuentra una monografía de 1943 sobre los fenómenos de oxidación en los seres vivientes. Acabó sus días en México, en la residencia de su segundo hijo, César, farmacéutico de profesión. Colaboró en las páginas de la revista Ciencia (México, 1940-1975), verdadero exponente de la ciencia española en el exilio. Pi i Sunyer recibió homenajes a su amplia y generosa labor científica de parte del profesorado venezolano (1945), recibió una monografía en la serie de clásicos de la biología que publicaba en inglés la editorial Pitman & Sons (1955) y en México sus colegas le brindaron otro homenaje en 1956 al celebrarse el cincuentenario de su acceso al profesorado. También en las páginas de la revista Ciencia se le rindió un homenaje póstumo por iniciativa de su discípulo José Puche Álvarez.

 

Obras de ~: La vida anaerobia, Barcelona, 1901; “Sur l’action inhibitoire du sang urémique, sur la secrétion urinaire”, en Comptes Rendues de la Société de Biologie, 58 (1905), págs. 775-778; con J. M. Bellido, “Demostració gràfica dels efectes renals de la sang urèmica”, en Treballs de la Societat Catalana de Biología, 5 (1917), págs. 81-83; La unidad funcional, Barcelona, 1918; con R. Carrasco Formiguera, “Noves observacions de descàrregues glucogèniques del fetge per fam local”, en Treballs de la Societat Catalana de Biología, 8 (1920), pág. 500; Los mecanismos de correlación fisiológica, adaptación interna y unificación de funciones, Barcelona, 1920; “Els reflexos tròfics glucemiants”, en Treballs de la Societat Catalana de Biología, 10 (1922), pág. 41; Les distròfies per retard, Barcelona, 1928; La sensibilidad trófica, México, Balmis, 1941; Principio y término de la biología, Caracas, Vargas, 1941; “Sobre el reflejo vago-supraóptico-hipofisario”, en Ciencia (México), 2 (1941), pág. 108; “Efectos de la respiración de anhídrido carbónico por el tronco separado de la cabeza y con el corazón desnervado”, en Ciencia (México), 2 (1941), pág. 345; Los fundamentos de la biología, Buenos Aires, Editorial Americalee, 1943; La oxidación en los seres vivientes, Caracas, Talleres de las Artes Gráficas de la Escuela Técnica Industrial, 1943; “Les effets de l’inhalation de CO2 par le tronc sur les mouvements respiratoires de la tête isolée aprés énervation du coeur”, en Revue Canadienne de Biologie, 2 (1943), pág. 7; El sistema neurovegetativo, México, Uteha, 1947; The Bridge of Life, New York, MacMillan, 1951; con S. Pi i Sunyer, Fisiologia humana, Madrid, Paz Montalvo, 1962.

 

Bibl.: Homenaje al Dr. Augusto Pi i Sunyer, México, 1956; August Pi i Sunyer. L’home i l’obra, Barcelona, Societat Catalana de Biologia, 1966; J. Puche, “Homenaje a August Pi i Sunyer”, en Ciencia (México), 29 (1975); O. Casassas, “August Pi i Sunyer”, en Gran Enciclopedia Catalana, Barcelona, 1978, vol. 11, pág. 560; Centenari de la naixença d’August Pi i Sunyer, Barcelona, Societat Catalana de Biología, 1979; F. Bujosa Homar, “Pi i Sunyer, August”, en Diccionario Histórico de la ciencia moderna en España, vol. II, Barcelona, Península, 1983; Institut d’Estudis Catalans, 1907-1986, Barcelona, Institut d’Estudis Catalans, 1986; J. M. Sánchez Ron, Ciencia y sociedad en España, Madrid, El Arquero/ CSIC, 1988; A. Roca Rosell, Història del Laboratori Municipal de Barcelona. De Ferrán a Turró, Barcelona, Ajuntament, 1988; J. L. Barona Vilar y J. Lloret Pastor, “La fisiología española en la época de Cajal”, en VV. AA., IX Congreso Nacional de Historia de la Medicina, Zaragoza, 1989; J. L. Barona Vilar, Fisiología: origen histórico de una ciencia experimental, Madrid, Akal, 1991; La doctrina y el laboratorio. Fisiología y experimentación en la sociedad española del siglo xix, Madrid, CSIC, 1992; F. Giral, Ciencia española en el exilio (1939-1989). El exilio de los científicos españoles, Madrid, Anthropos, 1995; “August Pi i Sunyer”, en Ciència i técnica als Països Catalans. Una aproximació biográfica, Barcelona, Fundació Catalana per la Recerca, 1995; J. L. Barona, “El exilio científico tras la guerra civil”, en Historia 16, 13 (277) (1999), págs. 88-99.

 

José Luis Barona Villar