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Pere Bosch Gimpera

Biografía

Bosch Gimpera, Pere. Barcelona, 22.III.1891 – Ciudad de México, 9.IX.1974. Prehistoriador y arqueólogo.

Pedro Bosch Gimpera es una de las más importantes figuras de la arqueología española, pero también de las más difíciles de historiar por su complejidad y por las interpretaciones historiográficas del nacionalismo catalán, que lo han convertido en una figura casi mítica.

Era hijo único del matrimonio formado por Pedro Bosch Padró, de familia payesa acomodada dedicada a los seguros, y de Dolores Gimpera Juncá, maestra de bordados, personas cultas de ideas liberales y nacionalistas.

Recibió una educación de calidad en el Liceo Políglota de Barcelona y cursó el bachillerato en los Institutos de Barcelona y Figueras, al tiempo que aprendía inglés, francés y alemán. Su relación con el poeta y helenista J. Maragall le llevó a estudiar griego en la Facultad de Filología Clásica de la Universidad de Barcelona. Se licenció en Filosofía y Letras (1910) y en Derecho (1910), mientras asistía a los Estudis Universitaris Catalans, donde conoció a A. Rubió y Lluch y formó parte de la llamada generación del 17, junto a F. Valls Taberner, A. Durán i Sanpere, F. Soldevila, etc. Pasó a la Universidad Central de Madrid para cursar el doctorado en Derecho y Filosofía. En la capital se le abrieron nuevos horizontes (1910-1911), pues conoció a F. Giner, a E. Tormo, quien le apoyó académicamente, y, en Derecho, a E. Hinojosa y A. Sánchez Moguel, que dirigió su tesis doctoral, El derecho de la guerra en Grecia (1911), mientras que en Filosofía su tesis versó sobre Los poemas de Baquílides, traducción al castellano y estudio (1911).

de Estudios con el apoyo de M. Menéndez Pelayo y E. de Hinojosa para estudiar griego y Arqueología clásica en la Universidad de Berlín (1911-1914), donde, por consejo de Ulrich von Wilamowitz-Moellendorf, yerno de Theodor Mommsen, se orientó hacia la Prehistoria, aunque con interpretaciones enriquecidas por su formación clásica. Siguiendo sus enseñanzas, escribió La civilización crético-micénica (1912), cuyas huellas creyó percibir en El problema de la cerámica ibérica (1913), tesis doctoral presentada en la Universidad de Madrid ante un tribunal formado por J. R. Mélida, E. de Hinojosa, A. Vives y Escudero y A. Ballesteros.

Preparada durante su estancia en Alemania tras cursar Arqueología y Numismática en la Sección de Historia de Barcelona, evidencia su formación clásica y arqueológica, esencial para comprender su obra científica. En Alemania tuvo de maestros a grandes arqueólogos clásicos, como A. Frickenhaus, E. Meyer, G. Rodenwalt y S. Loeschcke, pero los prehistoriadores aún le influirían más. Acompañó a H. Schmidt por España y fue su asistente en la sección de Prehistoria del Museum für Völkerkunde, y las interpretaciones de Gustaf Kossinna reforzaron sus ideales nacionalistas. Además, en la Universidad de Erlangen trabó amistad con Adolf Schulten, discípulo de Theodor Mommsen, que trabajaba sobre la Península Ibérica, con quien editó las Fontes Hispaniae Antiquae (1922-1937), después continuadas por Luis Pericot.

Viajó por Escandinavia, Inglaterra e Italia para ver museos arqueológicos y yacimientos y volvió a España, que en esos años se recuperaba del aislacionismo y el retraso del siglo xix mientras en Europa estallaba la Primera Guerra Mundial, respecto a la que fue germanófilo. En este contexto, importantes acontecimientos marcan su vida profesional. Tras la nueva Ley de Excavaciones de 1913, se había creado la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas de la Junta para Ampliación de Estudios (1914), de la que fue nombrado miembro (1915), y en Barcelona, Enric Prat de la Riba y Josep Puig y Cadafalch creaban el Servei d’excavacions arqueologiques en el Institut d’Estudis Catalans (1915), ambiente propicio que le permitió ser el renovador de la Prehistoria de la Península Ibérica, junto a Hugo Obermaier en Madrid, con el que mantuvo siempre óptimas relaciones.

Pere Bosch Gimpera se presentó en 1913, sin éxito, al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos y en 1915, a una cátedra de Historia Universal Antigua y Media en Barcelona, que tampoco logró. Pero la ganó al año siguiente (1916) con ayuda de A. Ballesteros y del general Altolaguirre, aunque desde 1915 era profesor de Prehistoria de Cataluña de los Estudis Universitaris Catalans (1915- 1917). Fue impulsor de la reforma universitaria en el Congrés Universitari Catalá (1919), presidido por A.

Pi Suñer, que propugnaba el uso del catalán.

En 1917 se casó con Josefina García, hija de un diputado provincial, director de la Escuela Normal de Huelva, José García, y de Trinidad Díaz y Franco de Llanos, de familia aristocrática malagueña con negocios de importación, con quien tuvo cuatro hijos, uno fallecido muy pronto; los otros fueron Carlos, profesor de Historia en la Universidad de México, Pedro, economista, y María, museógrafa, que se casó con un arquitecto mexicano.

En ese mismo año creó el Seminario de Prehistoria, donde, desde sus primeras clases, atrajo discípulos hacia la nueva ciencia, entre los que pronto destacó L. Pericot, que fue su principal discípulo y continuador y con quien mantuvo una estrecha relación epistolar toda la vida. Algo después se sumaron otros, como A. del Castillo, J. de C. Serra Ráfols, E. Serra Ráfols y J. Colominas, que constituyeron la inicial Escuela de Barcelona, como, en parte, J. Martínez Santa-Olalla, J. Maluquer y J. Vicens Vives. Con el patrocinio del Institut d’Estudis Catalans iniciaron en 1914 excavaciones en Cataluña y, también, en el Bajo Aragón, Castellón (Valltorta), Valencia (Oliva) y Alicante (Orihuela) y controlaba asimismo las excavaciones de Mallorca con J. Colominas y, en especial, las de Ampurias (1932-1936). Los hallazgos iban todos a Barcelona, ya que había creado en 1915 el Servei d’Investigacions Arqueológiques para excavar y formar colecciones con una clara visión nacionalista pancatalanista. Esta labor, interrumpida durante la dictadura de M. Primo de Rivera (1923) y reanudada en 1931, la reorganizó Bosch Gimpera en 1937 como Servei d’Excavacions i Arqueología. Al servicio de estas ideas inició el Museo Arqueológico de Barcelona en un antiguo pabellón de la Exposición de 1929, pero, aunque inaugurado en 1935, fue su sucesor, M. Almagro-Basch, quien lo terminó tras la Guerra Civil y lo convirtió en un gran centro científico.

Lo más destacado de sus investigaciones en esos años fue el descubrimiento de los primeros Campos de Urnas en Tarrasa (1920), que le llevaron a proponer una entonces novedosa interpretación sobre el origen de los celtas en la Península Ibérica, aunando arqueología y lingüística. También en esos años publicó sobre vascos e íberos y estableció relaciones con T. Aranzadi, ambos nacionalistas formados con G. Kossina en Alemania; con Aranzadi de presidente y él de vicepresidente, fundó la Associació Catalana d’Antropología, Etnografía y Prehistoria (1923) y su efímero Butlletí (1923-1926), a imitación de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria (1922). En 1921 fue profesor invitado por E. Meyer en la Universidad de Berlín e impartió conferencias en numerosas ciudades de Europa. También en esa fructífera etapa abordó sus primeras síntesis sobre Cataluña y la Península Ibérica, en las cuales se traslucen interpretaciones etno-nacionalistas que culminaron en su obra magna, Etnología de la Península Ibérica (1932), que representa el gran colofón de esos años de máxima dedicación científica.

A partir del decenio de 1930, la vida de Bosch Gimpera se orienta cada vez más hacia la política, cambio que repercutió profundamente en su obra científica e incluso, a la larga, en su propia trayectoria vital.

Su creciente dedicación a la gestión administrativa se dirigió primero a la Universidad de Barcelona, tras cambiar de denominación su cátedra por la de Prehistoria e Historia Antigua (1930) al ser ministro de Instrucción Pública E. Tormo, de quien era amigo. Fue nombrado decano de la Facultad de Filosofía y Letras al proclamarse la República (1931-1933) y participó en un crucero por el Mediterráneo (1933), con Pericot y Maluquer de Motes, pero sus publicaciones y su presencia en congresos decrecieron a un tercio de las del decenio anterior. Además, L. Pericot había ganado la cátedra de Historia Antigua y Media de España en la Universidad de Santiago de Compostela (1925), de donde pasó a la de Historia Moderna y Contemporánea de España en la Universidad de Valencia (1927-1933), contra el parecer de su maestro, pues suponía la diáspora de la “Escuela de Barcelona”, al quedar sin cabeza por la creciente dedicación a la política de P. Bosch Gimpera, aunque con efectos positivos para las universidades receptoras.

En 1933 pasó a ser rector de la Universidad Autónoma de Barcelona (1933-1939), reformó los planes de estudio como deseaba hacer desde su juventud y, ya en plena Guerra Civil, como miembro de Acció Catalana Republicana, fue consejero de Justicia del Gobierno de la Generalidad de Cataluña de L. Companys (1937-1939), además de director de los Servicios de Arqueología y vocal de la Comisión del Patrimonio Histórico, Artístico y Científico de la Generalidad de Cataluña y comisario general de los Museos Arqueológicos. Estos cargos políticos, poco a poco, le apartaban del trabajo científico, al tiempo que se sentía atraído hacia la política cada vez más nacionalista de aquellos años, por lo que fue encarcelado en el barco Uruguay con varios compañeros (1934), donde coincidió con M. Azaña. Aunque dictó disposiciones protectoras sobre archivos históricos, yacimientos y colecciones arqueológicas, no había seguridad para personas ni propiedades, como evidencian los arrestos, depuraciones y expolios de museos e iglesias y la incautación de colecciones particulares que acabaron en Francia y Suiza, incluidas las de algunos colaboradores como S. Vilaseca, por lo que, aun salvando su honestidad personal, se explica mal que mantuviera esa responsabilidad política, que tantas consecuencias tuvo y le llevó al exilio.

Al finalizar la Guerra Civil, muy comprometido con las actuaciones del gobierno republicano y nacionalista hasta el último momento, tuvo que exiliarse y fue expedientado, condenado a muerte por la Comisión de Responsabilidades Políticas. Se le separó de la cátedra, se le retiró la nacionalidad española y fueron incautados sus bienes (1939), que recuperó en 1954.

Tras pasar por París se refugió en Inglaterra, donde participó en el Conseil Nacional de Catalunya y colaboró en la Revista de Catalunya publicada por P. Fabra en París (1939). En Inglaterra permaneció un año como profesor de Prehistoria, volvió a investigar en la Society of Science y en la British Academy e impartió en Oxford un curso en la Sir John Rhys Memorial Lecture on Celtic Archaeology (1939-1940).

Pero, como tantos exiliados españoles, buscó futuro en América, hacia donde embarcó con su familia en 1940 en un convoy en plena Guerra Mundial.

Tras pasar por Panamá y Colombia, a partir de 1941, llamado por la Casa de España, se instaló definitivamente en México, donde fue profesor de la Facultad de Filosofía de la UNAM, de la Escuela Nacional de Antropología y del México City College, y aunque también fue profesor de Historia antigua en 1a Facultad de Humanidades de Guatemala (1945-1947), donde organizó los estudios de Historia, e impartió otro curso en la Universidad de San Salvador en 1947, regresó a México, que había de acogerle definitivamente (en 1942 adoptó la ciudadanía mexicana).

Impartió cursos en la Escuela Nacional de Antropología y en otras universidades, fue nombrado profesor emérito de la UNAM (1967) y formó una escuela en la que destacó su discípulo J. Comas.

En los primeros años de exilio bajó su producción científica, aunque tradujo al castellano La formación de los pueblos de España y reeditó su Historia de Oriente. Pero al incorporarse definitivamente a la vida universitaria, creció de nuevo su actividad y su figura volvió a estar presente en congresos y reuniones internacionales.

En esta nueva etapa destacó su interés por la Prehistoria americana, inexistente en el primer tercio del siglo xx al estar en manos de aficionados.

Bosch Gimpera aportó la experiencia de la Prehistoria europea, con problemas idénticos, como las técnicas de la talla de la piedra o el estudio del glaciarismo y las costas para datar la llegada humana desde el nordeste asiático, de modo que impulsó una Arqueología Americana similar a las de Europa y África, en la que alcanzó una indiscutible autoridad, en especial en el arte rupestre, uno de los aspectos más “internacionales” de la misma, que contó con su experiencia, inteligencia y capacidad de gestión y con su presencia en congresos especializados hasta sus últimos años (México, 1971, Río de Janeiro, 1973).

De 1948 a 1952 volvió a París como director de la División de Filosofía y Humanidades de la Unesco, en la que participó en la fundación del Consejo Internacional de Filosofía y Ciencias Humanas.

Esa estancia en París le permitió restablecer el contacto con sus antiguos discípulos, como L. Pericot y J. C. Serra Ráfols, a quien ayudó a publicar con la Unesco el Corpus Vasorum Antiquorum del Museo de Barcelona, y pudo conocer a las nuevas generaciones nacionalistas, como M. Tarradell, pues nunca perdió su interés por España.

Participó en numerosas reuniones científicas en París, Estambul, Bruselas, Moscú, Filadelfia, Florencia, Belgrado, Argel, Lisboa, Nueva York, etc., e impartió conferencias por múltiples universidades e instituciones de Francia, Italia, Austria, Portugal, Suiza, Estados Unidos, Brasil, Polonia, Checoslovaquia, Cuba, Panamá, Colombia, etc. La intensa y brillante vida científica y académica de Bosch Gimpera está llena de cargos y distinciones. Fue organizador y secretario general del IV Congreso Internacional de Arqueología celebrado en Barcelona (1929), presidido por J. R. Mélida, organizó la Conferencia Internacional de Prehistoria Mediterránea (Barcelona, 1935), fue miembro de Comité de los Congresos Internacionales de Arqueología (1931), organizó los congresos de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas en su forma actual, fue secretario general de la Unión de Ciencias Antropológicas y Etnológicas (1953-1966), vicepresidente del Comité Internacional de Prehistoria y Protohistoria Mediterráneas (1950), presidente del Consejo Mexicano de Instituciones Humanísticas (1961), presidente de honor perpetuo de la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas (1974), etcétera.

Fue distinguido como “Ehrenfördeber” del Römisch- Germanisches Zentralmuseum de Maguncia (1927), miembro de honor del Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland (1933) y de la Society of Antiquaries of London (1933) y de la Sociedad Catalana d’Estudis Historics de Barcelona, y vicepresidente de honor de la Société Préhistorique de France (1951); miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona (1921), de la Sociedad Mexicana de Estudios Antropológicos (1941), de la Academia del Mediterráneo (1958) y miembro fundador de la Academia de Investigación Científica de México; correspondiente (1920) y miembro (1922) del Instituto Arqueológico Alemán, de la Hispanic Society of America, Nueva York (1936 y 1947) y del Istituto di Studi Etruschi, de Florencia (1926 y 1933); miembro de número del Institut d’Estudis Catalans, Barcelona (1935); correspondiente de la Sociedade Portuguesa de Ciencias Naturales (1917); la Wiener Prähistoriche Gesellschaft (1922); la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba (1922); la Berliner Gesellschaft für Anthropologie, Ethnologie und Urgeschichte (1923); la Wiener Anthropologische Gesellschaft (1923); la Pontificia Academia Romana di Archaeologia (1924); la Société Royale d’Anthropologie de Bruselas (1925); del Istituto Italiano di Paletnologia de Florencia (1925); de la Sociedade Portuguesa de Antropología e Etnología (1926); la Associaçáo dos Archeologos Portugueses (1926); la Académie des Inscriptions et Belles Lettres de Toulouse (1927); la Frankfurter Gesellschaft für Anthropologie (1927); del Frobenius Institut de Frankfurt am Main (1927); de la Real Academia de la Historia de Madrid (1928* o 1930); la Associazione Internacionale di Studi Mediterrani, Roma (1930) y la Società Romana di Antropologia (1931), de l’Académie des Inscripciones et Belles Lettres, de París; de la Sociedad de Antropología e Historia de Honduras (1946); de la Sociedad Coahuilense de Historia (1947); de la Jutland Archeological Society (1956); del Istituto Italiano di Paletnologia Umana de Roma (1955); del Instituto Italiano di Preistoria e Protostoria de Florencia (1956) y de la Sociedade de Geografía de Lisboa (1961); Foreign Fellow de la American Anthropological Association (1954); etc. También obtuvo el Premio Raoul Dusseigneur de l’Académie des Inscripciones et Belles Lettres (1926) y la Medalla de Oro de la Universidad de Barcelona (1973) y fue officier de l’Instruction Publique de Francia (1929) y doctor honoris causa por la Universidad de Heidelberg (1936, renovado en 1967).

Prehistoriador y arqueólogo con sólida formación clásica, es considerado el español de mayor proyección internacional en su época, excluido H. Obermeier, y el fundador de la llamada “Escuela Catalana” de arqueología, aunque, como se ha señalado, esa supuesta escuela, si existió, fue por M. Almagro Basch, sucesor de P. Bosch Gimpera en la Universidad y el Museo Arqueològico de Barcelona tras la Guerra Civil.

Su campo de estudio fue la Protohistoria de la Península Ibérica, de Europa Occidental y del Mediterráneo y, a partir de 1948, la Prehistoria Americana, en la que hizo escuela y que compatibilizó con sus trabajos europeos, y también, en el exilio, se ocupó de la España moderna y contemporánea. Es difícil referir en breves líneas sus aportaciones científicas sin caer en anacronismos. Sistematizó la Prehistoria Española para explicar la formación étnica de España siguiendo la línea de G. Kossina, resaltando, como buen nacionalista periférico, su diversidad. Aportó importantes reconstrucciones teóricas de los movimientos célticos en Europa y sobre los indoeuropeos, ya no mantenidas. Apoyó la cronología paleolítica del Arte Levantino, como H. Breuil y H. Obermaier, contra la opinión de J. Cabré, E. Hernández Pacheco y M. Almagro Basch sobre su fecha holocena. También mantuvo su hoy superada cronología de la cerámica ibérica (1958) y su teoría del origen africano del paleolítico y de los iberos, pero acertó en el origen en Occidente del megalitismo y aún se discuten temas como el origen del vaso campaniforme, la relación entre iberos y vascos, la validez de Avieno, etc. En pocas palabras, junto a H. Obermeier, dio un empuje definitivo en España a la Prehistoria científica, aunque, como él, sufrió las terribles consecuencias de la Guerra Civil fratricida, que tantos esfuerzos arruinó.

 

Obras de ~: Grecia y la civilización crético-micénica, Barcelona, Estudio, 1914; “El problema de la cerámica ibérica”, en Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, 7 (1915); L’Edat de Pedra, Barcelona, Minerva, 1916; Prehistoria catalana. Edats de la pedra dels Metalls. Colonització grega. Etnografía, Barcelona, Editorial Catalana, 1919; “La arqueología prerromana hispánica”, en A. Schulten, Hispania (Geografía, Etnología, Historia), Barcelona, 1920, págs. 133-205; con J. Colominas, “La necrópolis de “Can Misert” (Terrasa)”, en Anales del Institut d’Estudis Catalans, VI (1915-1920), págs. 582-586; “Los Celtas y la civilización céltica en la Península Ibérica”, en Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, XXIX (1921), págs. 248-301; Ensayo de una reconstrucción de la Etnología prehistórica de la Península Ibérica, Santander, Biblioteca Menéndez Pelayo, 1922; Assaig de reconstitució de l’Etnologia de Catalunya (Discurso leído en la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona en el acto de recepción pública, el día 16 de junio de 1922, contestación de Don Ferrán Valls i Taberner), Barcelona, 1922; Historia de la Antigüedad, I e Historia de Oriente, I-II, en E. Ibarra y Rodríguez (dir.), Historia Universal, Barcelona, Sucesores de Juan Gil, 1927-1928; con G. Kraft, “Zur Keltenfrage”, Mannus, 20 (1928), págs. 258- 270; Etnología de la Península Ibérica, Barcelona, Alpha, 1932; con A. Schulten (eds.), Fontes Hispania Antiquae, I-IV, Barcelona, Bosch, 1925-1937; “El Problema etnológico vasco y la Arqueología”, en Sociedad de Estudios Vascos, XIV, 4 (1923), págs. 3-74; “Basken”, en M. Weber (ed.), Reallexikon der Vorgeschichte, vol. I, Berlin, Walter de Gruyter, 1924, págs. 351- 352; “La prehistoria de los iberos y la etnología vasca”, id., XVI, 1926, págs. 3-34; “Los celtas y el País Vasco”, id., 1933, págs. 3-32; Las razas humanas. Su vida. Sus costumbres. Su historia. Su arte, I-II, Barcelona, Instituto Gallach, 1928; Edad Antigua, vols. I-II, en P. Bosch Gimpera, F. Valls i Taberner y M. Revente Bordoy (dirs.), Historia Universal. Novísimo estudio de la Humanidad, Barcelona, Instituto Gallach, 1931-1932; Etnología de la Península Ibérica, 1932 (1.ª ed.) (ed. de J. Cortadella, Pamplona, Urgoiti Editores, 2003), “El problema de los cántabros y de su origen”, en Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pelayo (1933), págs. 3-18; con P. Aguado Bleye, España romana (218 a. de J. C.-414 d. de J. C.), en R. Menéndez Pidal (dir.), Historia de España, t. I, Madrid, Espasa Calpe, 1935; Two Celtic Waves in Spain, Proceedings of the British Academy, XXVI (1942), págs. 4-126; El poblamiento antiguo y la formación de los pueblos de España, México, Imprenta Universitaria, 1945 (reed. 1973); “E1 Problema de los orígenes vascos”, Eusko-Jakintza III,1 (1949), págs. 39- 45; Historia de Oriente, Guatemala, Tipografía Nacional, 1951 (reed., México, UNAM, 1970); “Les mouvements celtiques”, en Études celtiques, V y VI (1951 y 1953), págs. 352- 355 y págs. 147-183; “Les derniers mouvements celtiques en Europe”, en Paletnología de la Península Ibérica. Colección de trabajos sobre los Celtas, Iberos, Vascos, Griegos y Fenicios, Graz, Akademische Druck, 1974, págs. 645-658; “Ibéres, Basques, Celtes”, Orbis. Bulletin Internacional de Documentation Linguistique, V, 2 (1956), págs. 329-338; VI (1957), págs. 126- 134; “Arqueología y lingüística en el problema de los orígenes vascos”, en VV. AA., Homenaje a D. José Miguel de Barandiarán I (Anales de Antropología II), Bilbao, 1964, págs. 97-120; “Sobre el planteamiento del problema vasco”, en VV. AA., IV Symposium de Prehistoria Peninsular, Pamplona, 1966, págs. 3-6; “Los Iberos”, en Cuadernos de Historia de España, IX (1948), págs. 5-93; “Problemas de la historia fenicia en el extremo Occidente”, en Zephyrus, III (1952), págs. 15-30; “Le rayonnement des civilisations grecque et romaine sur les cultures périphériques”, VV. AA., 8e Congrés International d’Archéologie Classique, Paris-1963, Paris, E. Boccard, 1965, págs. 111-118; “Paralelismos ejemplares en la evolución histórica: Roma y los iberos”, en Cuadernos americanos, 4 (1964), págs. 135-148; “The chronology of the rocks-paintings of the Spanish Levant”, en L. Pericot y E. Ripoll (eds.), Prehistoric Art of the Western Mediterranean and the Sahara (Burg Wartenstein Symposium, Viena 1960), New York, Wenner Gren Foundation for Anthropological Research, 1964, págs. 125- 132; Cataluña, Castilla, España, México, Las Españas, 1960; El Próximo Oriente en la Antigüedad, México, Pormaca, 1964; L’Amérique avant Christophe Colomb, Paris, Payot, 1967; L’America precolombina, Torino, 1970 (trad. fr. y esp. con el tít. La América prehispánica, Barcelona, Ariel, 1975); La Universitat i Catalunya, Barcelona, Ediciones 62, 1971; El mundo rupestre en las distintas regiones del Mundo, Cuadernos americanos (México), 6 (1973); Paletnología de la Península Ibérica, Graz, Akademische Druck, 1974; Prehistoria de Europa: Las raíces prehistóricas de las culturas de Europa, Madrid, Istmo, 1975; La España de todos, Madrid, Seminarios y Ediciones, 1976; Mémories, Barcelona, Edicions 62, 1979; con R. Olivar- Bertrand, Correspondencia 1969-1974, Barcelona, Proa, 1978; El problema de las Españas, México, UNAM, 1981 (reprod., Málaga, Algaza, 1996).

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de la Administración, Sección de Educación y Ciencia, leg. 205-27 (expediente personal de Catedrático de Universidad); “Orden de 22 de febrero de 1939”, en Boletín Oficial del Estado, 25 de febrero de 1939, pág. 1093.

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Martín Almagro Gorbea