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Juan Boscán Almogáver

Biografía

Boscán Almogáver, Juan. Barcelona, 1487-1492 – 21.IX.1542. Poeta y prosista.

Boscán debió de nacer en Barcelona entre los años 1487 y 1492, probablemente en la calle Lledó. El rastro de sus ascendientes barceloneses ha quedado en la documentación histórica, por cuanto se trató de una rancia familia de Barcelona y que, además, estuvo en contra del partido del condestable Pedro de Portugal y a favor de Juan II. Así, por ejemplo, en 1365 consta un Ioacubos Boscani entre los parroquianos de la iglesia de los Santos Justo y Pastor. Por otra parte, los ascendientes inmediatos del poeta aparecen en documentos de 1464 como desterrados a Valencia y desposeídos de sus tierras, y, en forma complementaria, en documentos de 1471, en premio a sus servicios, Juan II concede al padre del poeta, Juan Valentín Boscán, todos los diversos beneficios que hubieran cobrado su abuelo, Juan Brígido Boscán, y sus padres, Juan Francisco Boscán, racional de la Diputación fallecido en 1480, y su esposa Elionor. Además, se le ceden al padre del poeta todas las rentas de los bienes confiscados por actos de rebeldía a ciudadanos de Barcelona y Perpiñán. Sin embargo, la relación entre la familia del poeta y la Corte castellana venía de años anteriores, por cuanto se ha conservado una Orden Real del 30 de octubre de 1459 por la que el Rey ordenó la restauración del castillo de Cubelles para la protección de Juan Brígido Boscán y su familia, edificio que Mariana, hija del poeta, vendió a finales del siglo XVI. Esa relación no se rompió con Juan Boscán ni con sus padres, a quien tanto Fernando el Católico como Carlos I premiaron en varias ocasiones con concesiones y pleitos. Así, por ejemplo, se han conservado documentos de 1492 y de 1496 en los que Fernando el Católico concede beneficios censales a Violante Almogáver, madre del poeta. Del padre, Juan Valentín Boscán, se sabe que fue oidor de cuentas y atarazanero de la Generalitat de Catalunya. En 1480 contrajo matrimonio con Violante Almogáver y murió en 1492, por lo que ante la falta de constatación documental debe concederse que el poeta nació con anterioridad a ese año. Los capítulos matrimoniales nos detallan las donaciones que Juan Brígido Boscán, abuelo del padre del poeta, hace a su nieto de la castellanía de Cubelles y de una casa de la calle Lledó, cerca de la iglesia de San Justo. De esta forma, debe suponerse que ahí nació Boscán, puesto que la casa todavía era de titularidad de su madre en un censo de hogares de 1516.

Aparte del propio Juan, el matrimonio tuvo dos hijas: Violante, que casó con Felipe de Ferrera, y Leonor, que se casó con Bernardo de So. En un documento de 25 de mayo de 1493 ya aparece Juan Boscán como “impúber” y en documentos del año 1506 aparece también Boscán al servicio del rey Fernando como doncel de menos de veinte años, mientras que en 1514 sigue siendo parte de la Corte y en 1512 se afirma que tiene una edad que oscila entre veinte y veinticinco años (“et quia ego, dictum Iones Bosche sum minor viginti quinque annis, mayor vero viginti”). Ya en 1514, en el Epistolarium liber de Marianeo Sículo aparece Boscán como instruido cortesano a las órdenes de Fernando y hombre interesado en las letras (“Aunque siempre te amé mucho, Boscán mío, no sólo por la nobleza de tu linaje y por el grande ingenio de que estás dotado, sino porque a ninguno he visto adornado de mayores virtudes y más dedicado al estudio excelente de las buenas letras”). Por las cartas cruzadas entre Boscán y Marianeo Sículo y publicadas en 1514, se sabe que Boscán estuvo al servicio de Fernando el Católico hasta la muerte de éste. Probablemente después pasó a ser ayo de la familia Alba como instructor de Fernando Álvarez de Toledo. Se sabe por las referencias de carácter biográfico de Boscán que se encuentran en la obra de Garcilaso. Así, en la “Égloga II”, versos 1328-1351, nos dice: “Miraba otra figura de un mancebo, / el cual venía con Febo mano a mano, / al modo cortesano. En su manera, / lo juzgara cualquiera viendo el gesto / lleno de un sabio, honesto y dulce afecto, / por un hombre perfecto en la alta parte / de la difícil arte cortesana, / muestra de la humana y dulce vida. / Luego fue conocida de Severo / la imagen por entero fácilmente / deste que allí presente era pintado./ Vio que era el que había dado a don Fernando / su ánimo formando en luenga usanza, / el trato, la crianza y gentileza, / la dulzura y llaneza acomodada / la virtud apartada y generosa / y en fin, cualquier cosa que se vía / en la cortesanía, de que lleno / Fernando tuvo el seno y bastecido. / Después de conocido, leyó el nombre / Severo de aqueste hombre que se llama / Boscán, de cuya llama clara y pura / sale el fuego que apura sus escritos, / que en siglos infinitos tendrán vida”. El elogio de Garcilaso vale por una estampa del poeta, pero el dato de su relación con la casa de Alba lo recuerda también Francesillo de Zúñiga en su Crónica burlesca del Emperador Carlo V (“Diréis al duque de Alba que su nieto me ha hecho media copla, y como el marqués de Villafranca la oyó, dijo a grandes voces a Boscán: ¡Cuánto os debemos la Casa de Alba, pues a nuestro mayorazgo habéis hecho trovador!”).

Por esas citas literarias de época, se sabe también que Boscán debió embarcarse en Barcelona y acompañar al prior de San Juan para el supuesto socorro de Rodas enviado en 1522 por Carlos I, puesto que entre los caballeros citados para tal empresa aparece en el Carlo famoso de Luis de Zapata, si bien se acuerda de él por ser principal protagonista de un hecho trascendental para la poesía española: “Boscán, que fue el primero / que este verso toscano [es decir, el endecasílabo] truxo a España”. En efecto, Boscán acudió a Granada en 1526 a los esponsales de Carlos I con Isabel de Portugal.

Allí tuvo lugar el famoso encuentro con el nuncio del papa Clemente VII, Baltasar Castiglione, y con el embajador de Venecia, Andrea Navagero. Tal como cuenta Boscán en su Carta a la duquesa de Soma, que incluyó como pórtico al libro segundo de sus obras poéticas, en ese encuentro reflexionó sobre la posibilidad de escribir endecasílabos en castellano al estilo de los italianos. En los años siguientes, al parecer, se instaló en Barcelona definitivamente, y sólo realizó algunas salidas, tanto para acompañar al duque de Alba como a Carlos I. En 1529 estaba en Barcelona, puesto que Garcilaso de la Vega se detiene en Barcelona, procedente de Francia, para otorgar testamento, y actúa Boscán como uno de los testigos. Por entonces, parte de la obra de Boscán, posiblemente su parte más tradicional, era conocida en la Corte, tal como asegura la citada Crónica de Francesillo de Zúñiga, donde en un burlesco Conjuro que hizo el conde don Francés a la galera capitana en que va el emperador a Italia dice: “Conjúrote, galera, con las tres partes de España, que vuelvas a ella con [...] los amores y cartas de Boscán”.

Se sabe también, por varios documentos del Archivo de la Casa de Alba que fueron extractados por Riquer, que por los años de 1529 a 1533 seguía Boscán en estrecha relación con la Casa de Alba. Así, por ejemplo, consta por un documento fechado el 15 de diciembre de 1529 que se le concedieron a Juan Boscán seiscientos ducados de oro, pagaderos a los quince días de casarse y velarse, según voluntad del duque, con Isabel Malla, hija de Moceen Perot Malla, vecino de Barcelona.

Este proyecto de boda, sin embargo, no pasó adelante. En otro documento del 5 de julio de 1533 el duque Fernando da la siguiente orden: “Que por los muchos servicios que Juan Boscán, vecino de Barcelona, le hizo y espera le hará, y porque las mercedes que el Duque, mi señor, difunto, y yo le hicimos no tuvieron efecto, ni otra merced que yo le fize estando en mi ciudad de Coria el año pasado, que fue antes que yo sucediera en mi estado [...] le hago merced de 2500 ducados para ayuda de su casamiento. El tesorero Francisco de Cárdenas le dé 1000 ducados en la feria de Madrid”. En 1532 se le encuentra acompañando al Emperador en la defensa de Viena, en 1532, lo que se sabe por dos documentos: por el poema burlesco de Garcilaso titulado “A Boscán, porque estando en Alemania danzó en unas bodas” y por la cita de Boscán en las Historias e conquistes dels excellentíssims Catholichs reys de Aragó de Martín de Ibarra, cuya edición de 1534 recuerda a Juan Boscán como uno de los “egregis e heroics cavallers qui de aquesta insigne ciutat anaren en Viena, e arribaren quasi tant punt com lo invicte Emperador ab catholics animos de veurese ab los turcs”. Sin embargo, ya el 14 de junio de 1532 se encuentra en Barcelona, donde firma un documento a su nombre como ciudadano de la localidad.

Se trata del documento más antiguo en que aparece también ostentando el apellido “Almugáver”. Por lo que parece, Boscán cambió de apellidos por entonces, pasando a firmar “Juan Almugáver olim Boscán”, si bien su propia mujer editó su obra poética a nombre de “Juan Boscán”. Como indicó Riquer, la causa debe de buscarse en la necesidad de usar el apellido Almugáver para recibir la herencia de su abuelo materno Juan Almugáver. Al año siguiente, el 30 de agosto de 1533, firmó los contratos de impresión de El cortesano.

La obra, una de las principales muestras, junto con el Diálogo de la lengua, de la prosa renacentista española, se imprimió en el taller de Pedro de Montpezat en Barcelona, y vio la luz en el año 1534. Por los documentos legales que acompañan la edición, se sabe de la vida y situación de Boscán en esos años; por ejemplo, que vive en Barcelona, pero sigue vinculado a la Corte de Carlos I. En efecto, en las Cortes de Monzón, Carlos I, al firmar el privilegio de impresión que acompaña a la obra, nombra a Boscán como criado de su casa (“nos ha sido hecha relación que Joan Boscán, criado de nuestra casa”), mientras que en 1534 cuenta que el librero Montpezat le entrega el privilegio a su traductor, es decir, Boscán, mediador en la concesión del privilegio y beneficiario del mismo.

En septiembre de 1534, Garcilaso fue enviado a Nápoles por el Emperador y debió pasar por Barcelona.

El toledano correspondió a Boscán a mediados de octubre con el envío desde Aviñón de su estupenda Epístola Boscán en endecasílabos libres, primera epístola horaciana de la literatura española (“Doze del mes de octubre, de la tierra / do nació el claro fuego del Petrarca / y donde están del fuego las cenizas”). En ella recuerda detalles chistosos de sus amistades barcelonesas (“A mi señor Durall estrechamente / abraçá de mi parte, si pudierdes”). Por esas mismas referencias garcilasianas, se sabe que Boscán no se embarcó para Túnez, puesto que Garcilaso lo describe lejos a su vuelta en su segunda elegía (vv. 45-146, “Tú, que en la patria entre quien bien te quiere / la deleitosa playa estás mirando”).

Ha de llegarse al 7 de agosto de 1539 para encontrar más documentación sobre su vida. En ese día firmó los capítulos matrimoniales para su boda con Ana Girón de Rebolledo, y en documentos del 9 de septiembre y de octubre de ese mismo año ya se refiere a ella como su esposa (“eius sponsa per verba”).

Boscán vivió tres años más y dejó tres hijas: Mariana, casada con Martín de Bardají, Violante y Beatriz. El matrimonio debió de vivir en Barcelona y como tal consta Boscán en dos documentos de 26 de octubre de 1541 y de 27 de enero de 1542. En el verano de 1542 acompañó al duque de Alba a Perpiñán, donde su familia, como se ha visto antes, tenía ciertos intereses.

De Perpiñán volvió ya enfermo a Barcelona, donde murió el 21 de septiembre de 1542, tal como consta en documento exhumado por Riquer (“In vicessimum primum diem mensis septembris anni nativitatis Domini millesimi quingentessimi quadragessimi secundi inclusive quo die idem dictus vir meus ab hac vita migravit”). Un año después, y al cuidado de su viuda, apareció la edición príncipe de sus Obras, acompañando las de Garcilaso, y de esta forma fueron impresas por Carles Andrés Amorós hasta 1597, se reeditaron en veintiuna ocasiones. Entre los últimos documentos relacionados con su viuda, se sabe que el 8 de agosto de 1565 se vendieron en subasta los muebles de la viuda de Boscán y que, a finales del siglo XVI, Mariana Díaz de Guevara, hija mayor de Juan Boscán, vendió el castillo de Cubelles.

El volumen de sus Obras poéticas se divide en cuatro libros. El primero recoge la poesía cancioneril. En el segundo, que se abre con la Carta a la duquesa de Soma, constituye el ensayo de metros italianos, mientras que el tercero, de extraordinaria importancia para la historia de la poesía renacentista, constituye una recopilación de obras poéticas largas, entre las que destaca el uso de endecasílabos sueltos para la traducción y refundición de la historia de Leandro y Hera, la extraordinaria epístola poética a Diego Hurtado de Mendoza y la buena traducción de Bembo en el poema en octava rima. En ese volumen, constituye una pieza de extraordinario interés para la historia de la poesía castellana la Carta a la duquesa de Soma con que se inicia el segundo libro y explica parcialmente la estructura de su recopilación poética y el camino que le llevó a escribir versos endecasílabos imitando a los italianos. La iniciativa de escribir endecasílabos arrancó de una conversación mantenida en Granada con Navaggero, embajador de Venecia, en los esponsales del Emperador (1526) tal como cuenta con detalle y complacencia (“estando un día en Granada con el Navagero, el cual, por haber sido varón tan celebrado en nuestros días he querido aquí nombralle a vuestra señoría, tratando con él en cosas de ingenio y de letras y especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dijo que por qué no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de trovar usadas por los buenos autores de Italia”). Esa petición llevó a Boscán a comenzar a escribir en endecasílabos (“fui poco a poco metiéndome con calor en ello”), si bien fue decisiva por completo la intervención de Garcilaso (“Mas esto no bastara a hacerme pasar muy adelante si Garcilaso, con su juicio [...] no me confirmara en esta mi demanda [...] porque quiso él también llevar este camino”). La importancia del endecasílabo reside en su flexibilidad (“una disposición muy capaz para recibir cualquier materia: o grave o sotil, o dificultosa o fácil”), capaz de recoger tonos y temas tratados por autores de la antigüedad (“y asimismo para ayuntarse con cualquier estilo de los que hallamos entre los autores antiguos aprobados”). En fin, su misma tradición en vulgar no deja de ser venerable, comenzando por Petrarca, junto a Dante, los autores provenzales y Ausias March. Junto a esas notas históricas recuerda la dificultad de introducir una nueva forma poética para quienes están acostumbrados a componer en consonantes (“Los unos se quejaban que en las trobas de esta arte los consonantes no andaban tan descubiertos ni sonaban tanto como en las castellanas; otros dezían que no se sabía si era verso o si era prosa”).

Boscán no fue probablemente mejor prosista que poeta. Sí fue, sin duda, un escritor cuya poesía fue muy apreciada, y no sólo en la Corte. Sus piezas poéticas forman parte ya del Cancionero general de 1514 y aparecen con gran facilidad y frecuencia en los pliegos sueltos de la época, recopilaciones poéticas y cancioneros musicales. Su protagonismo en el nacimiento de la nueva poesía italianista es indudable, tal como él mismo nos cuenta, con cierta complacencia, en su Carta a la Duquesa de Soma, y demostró una extraordinaria sensibilidad en su traducción de El cortesano de Baltasar Castiglione, protagonizando, junto a Juan de Valdés, el nacimiento de una prosa castellana renovada dentro de los cánones que marcaba la nueva sensibilidad del humanismo. Su misma perseverancia en la consecución del endecasílabo castellano y su extraordinaria calidad como prosista, invitan a revisar su aportación al Renacimiento español y a la Literatura del siglo XVI para superar definitivamente su encasillamiento como actor secundario al lado de Garcilaso.

Sin duda, leyó con acierto las fuentes en las que se basa su obra poética. Ausias March y Petrarca son visibles con facilidad en sus versos, aparte de sus propias declaraciones al respecto, como también un conocimiento de primera mano de los poetas italianos contemporáneos. Entre los autores clásicos, es muy importante la presencia del Hero y Leandro de Museo, de las Geórgicas de Virgilio, de la poesía de Ovidio, e incluso la Ifigenia de Eurípides están presentes en su obra. De esta última, se afirma en el privilegio de impresión, redactado por su viuda, que ha realizado la traducción de una tragedia de Eurípides, que últimamente se ha querido identificar con algunos de sus fragmentos poéticos.

 

Obras de ~: Los cuatro libros del Cortesano, compuestos en italiano por el conde Baltasar Castellón y agora nuevamente traducidos en lengua castellana por Boscán, Barcelona, Pedro Mompezat, 1534 (El cortesano, ed. de A. M. Fabié, Madrid, Librería de los Bibliófilos, 1873; ed. de A. F. de Avilés, Madrid, Compañía Iberoamericana de Publicaciones, 1930; ed. de A. González Palencia, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas [CSIC], 1942; ed. de T. Suero Roca, Barcelona, Bruguera, 1972; ed. de R. Reyes Cano, Madrid, Espasa Calpe, 1984; ed de M. Pozzi, Barcelona, Planeta, 1994); Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso repartidas en cuatro libros, Barcelona, Carles Amorós, 20 de marzo de 1543 (Poetas líricos de los siglos XVI y XVII, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1854; Cancionero y Romancero Sagrados, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1872; Garcilaso y Boscán, Obras poéticas, ed. de E. Díez-Canedo, Madrid, Calleja, 1917; J. Boscán, Obras, ed. de M. Artigas, San Sebastián, Biblioteca Nueva, 1936; Poesías, ed. de J. Campos, Valencia, Tipografía Moderna, 1940; Coplas, ed. de E. Nadal, Barcelona, Yunque, 1940; M. de Riquer, Juan Boscán y su cancionero barcelonés, Barcelona, 1945; J. Boscán, Coplas, sonetos y otras poesías, ed. de M. de Montoliu, Barcelona, Montaner y Simón, 1946; Poesía, ed. de M. Fernández Nieto, Barcelona, Orbis, 1983; Las obras de Boscán de nuevo puestas al día [...], ed. de C. Clavería, Barcelona, Promociones y Publicaciones Universitarias, Barcelona, 1993; Obras completas, ed. de M. de Riquer, A. Comas y J. Molas, Barcelona, Facultad de Filología, 1957; J. Boscán y Garcilaso de la Vega, Obras completas, ed. de C. Clavería, Madrid, Turner-Biblioteca Castro, 1995; J. Boscán, Obra Completa, ed. de C. Clavería, Cátedra, Madrid, 1999).

 

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Carlos Clavería