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Al-Idrisi

Biografía

Al-Idrīsī: Abū ‘Abd Allāh Muḥammad b. Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. Idrīs, aṣ-Ṣiqillī, al-Idrīsī. Llamado aš-Šarīf al-Idrīsī, o simplemente al-Idrīsī, e, impropiamente, el Nubiense. ¿Ceuta?, p. s. XII – ¿Sicilia? u. t. s. XII. Geógrafo, botánico y polígrafo de origen andalusí.

En la biografía de al-Idrīsī pocos son los datos realmente indudables, porque no cita fuentes la mayoría de los autores que hablan de él y gran parte de las informaciones que circulan al respecto son conjeturas deducidas con mayor o menor fortuna de sus propios escritos, por lo que no es prudente aceptarlas todas sin reservas.

Suele admitirse su nacimiento en Ceuta [Sabtah] en 493/1099-1100. Lugar y fecha se remiten a una afirmación de Casiri en el siglo XVIII, sin especificar fuentes. La afirmación ha parecido aceptable a Quatremère, Dozy y de Goeje y Pons Boigues en el siglo XIX y se ha venido repitiendo hasta nuestros días. Un dato conexo, que parece, éste, ofrecer pocas dudas es el de su filiación dentro de la familia de los Ḥammūdíes, descendientes de los Idrīsíes de Marruecos, que habían detentado el Califato de Córdoba intermitentemente entre 1016 y 1026 y mantuvieron el control de las ciudades del Estrecho hasta la toma de Málaga en 1053 por los Ziríes de Granada y la de Algeciras en 1054 por los ‘Abbādíes de Sevilla. Así pues, su bisabuelo habría sido Idrīs II al-Ḥammūdī, soberano de la taifa de Málaga, que reivindicaba el título de Amīr al-muḥminīn (“Príncipe de los creyentes” o califa) y se atribuía el laqab o sobrenombre honorífico de al-‘Ālī bi-amr Allāh (“el Elevado por el poder de Dios”). De aquí proceden los adjetivos de nisba (patronímicos) que alguna vez acompañan a su nombre: al-Ḥasanī, probablemente referido a al-Ḥasan, hijo de ‘Alī y Fátima y bisabuelo de Idrīs I; al-Ḥammūdī, relativo a Ḥammūd, descendiente del mismo Idrīs I y fundador de la dinastía idrisí de los Ḥammūdíes de Ceuta y Málaga; y el que haría fortuna en la historia, al-Idrīsī, que remite al linaje del propio Idrīs I, la rama marroquí de los ˁalawĪes, es decir, la familia del Profeta, lo que le vale el título de jerife [Šarīf]. El nasab completo de al-Idrīsī sería pues, hasta llegar al yerno del profeta ‘Alī Ibn Abī Ṭālib, como sigue: Muḥammad b. Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. Idrīs b. Yaḥyā b. ‘Alī b. Ḥammūd b. Maymūn b. Aḥmad b. ‘Alī b. ‘Ubayd Allāh b. ‘Umar b. Idrīs b. Idrīs b. ‘Abd Allāh b. al-Ḥasan b. ‘Alī b. Abī Ṭālib.

El lugar atribuido de su nacimiento, por razón de su genealogía, no había suscitado hasta ahora demasiadas dudas, pues Ceuta se podía considerar, todavía en la época inmediata a la supuesta de su nacimiento, no ya un feudo de su familia, pero sí gobernada por una dinastía de antiguos servidores de ella, y no cae en manos de los almorávides hasta 1083. Sin embargo, recientemente, una observación de aṣ-Ṣafadī que había pasado desapercibida sugiere la posibilidad de que el geógrafo hubiera nacido en el sur de Italia. Ya León Africano había dicho que era siciliano, y G. Oman (“Osservazioni”, 1970) lo sospechaba, pero no tenía ninguna prueba. Lo que ahora Amara y Nef (2001) proponen es una hipótesis plausible: Según aṣ-Ṣafadī, los Ḥammūdíes de Málaga se dispersaron tras la toma de su ciudad a manos de BādĪs b. Habbūs aṣ-Ṣanhāğī, el rey de la taifa zīrí de Granada, en 449/1057. El padre de al-Idrīsī, Muḥammad b. ‘Abd Allāh, se refugia entonces en Sicilia. Cuando más tarde Roger I conquista la isla en 1092, había allí ya Ḥammūdíes, como muestran las crónicas latinas al hablar de la resistencia de un tal Chamutus [<Ḥammūd] que habría recibido un feudo en Calabria tras su rendición. Con respecto al padre de al-Idrīsī dice aṣ-Ṣafadī, en traducción de Amara y Nef “[à] la même époque, Roger le Franc a conquis la Sicile et lorsqu’on lui a rapporté que Muḥammad b. ‘Abd Allāh était issu de la famille du Prophète il s’est montré généreux à son égard. Son fils, Muḥammad b. Muḥammad b. ˁAbd Allāh, a vécu dans l’entourage de Roger. Il était à la fois lettré (Šarīf), poète, et passioné par la géographie. Il composa pour Roger le livre connu de tous comme celui de Roger”. Las dos hipótesis que avanzan Amara y Nef son que, o bien su padre ha abandonado Sicilia a resultas de la conquista normanda, por lo cual al-Idrīsī lo mismo puede haber nacido en la isla que en el lugar de exilio de su padre, presumiblemente Ifrīqiya (actual Túnez), o bien ha permanecido en el sur de Italia, quizá con el Chamutus de las crónicas, donde su hijo habría nacido. La contradicción de la hipótesis suditálica con el otro pasaje de aṣ-Ṣafadī, más conocido y hasta ahora el único tomado en consideración, el de la biografía de Roger II donde asegura que el rey lo hizo venir del norte de África, no es tal, afirman Amara y Nef, si se tiene en cuenta que, en el texto árabe, del lugar de donde se dice que lo hizo venir es de al-‘udwa, “la otra orilla”, lo que en Sicilia vale tanto para Ifrīqiya como para Calabria.

Han pasado también como noticias fidedignas las que no son sino meras deducciones de los comentarios que salpican su obra, como que su formación se llevó a cabo en Córdoba (alguna vez aparece también con la nisba de al-Qurṭubī), que viajó por al-Andalus y el Norte de África, incluso que llegó muy joven al Oriente donde se asegura que visitó la gruta de los Siete Durmientes de Éfeso (aṣḥāb al-kahf, Corán 18:9-26). Sin embargo, un atento examen, dice G. Oman (“Osservazioni”, 1970), desmonta la mayoría de estas suposiciones, que no cabe calificar de autobiográficas, pues están tomadas de diversos autores a los que no se cita pero cuyas apostillas personales, afirmando haber visitado personalmente ciertos lugares, se mantienen intactas. Un caso llamativo de falsedad biográfica parece ser la supuesta visita a Éfeso, que no es más que un error —acarreado durante algunos cientos de años— salido de la traducción apresurada del pasaje que narra su viaje a Loja. Además, en lo referente a las descripciones de ciudades y paisajes de al-Andalus cabría la posibilidad de que se debieran a relatos, incluso, de su propio entorno familiar.

Otra idea demasiado extendida sobre al-Idrīsī es que, si las fuentes árabes son muy escasas en noticias biográficas suyas, ello se debe a motivos exclusivamente ideológicos. Los principales autores que se han ocupado de su figura y su obra son, en el siglo XIII, Ibn Saˁīd (muerto en 685/1286) e Ibn Abī Uṣaybiˁa (596–688/1200–1289); en el siglo XIV, Abū l-Fidāˀ (muerto en 732/1331), aṣ-Ṣafadī (696–764/1297–1363) e Ibn Ḫaldūn (752–808/1351–1405-1406); y, en el siglo XVII, Ḥāğğī Ḫalīfah (1017–1067/1608-1609–1657). Hablan sobre todo de su obra, y no parece mucho, en verdad, lo que dicen sobre su vida. Quatremère (1843: 214-215) fue el primero en atribuir esta escasez de datos al propósito deliberado de callar su nombre como castigo de una supuesta traición que consistiría en haberse puesto todo un jerife al servicio de un rey no musulmán, elogiándolo inmoderadamente y manifestando una imparcialidad nada combativa de cara al cristianismo en una época en la que los normandos en Sicilia, los cruzados en Palestina y los hispanos en al-Andalus estaban destruyendo Dār al-Islām. Esta idea ha resultado aceptable a la mayoría de los autores europeos que han tratado el tema y la suelen repetir, desde Dozy o Pons Boigues, quien la encuentra “una explicación muy racional”, hasta G. Oman, que cita a éste último en EI2 (1970). En justicia, habría que comparar su caso con el de otros autores contemporáneos de los que, por diversas circunstancias, quizás haya menos datos —como parece ocurrir con Abū l-Ḫayr al-Išbīlī, valga como muestra—, sin que por ello haya que suponer ningún tipo de veto de los historiadores posteriores. El hecho de haber vivido y escrito en un estado que ha dejado de ser árabo-musulmán para incluirse en el ámbito de los estados cristiano-europeos parece suficiente para que, aunque trascienda la obra, pues está escrita en árabe, no lo hicieran los datos sobre la personalidad de su autor, al menos en grado suficiente para ser aprovechados por los historiadores que se ocupasen de su obra al otro lado de la frontera entre ambos espacios ideológico-culturales. En el caso de ser cierta la hipótesis de Amara y Nef de que al-Idrīsī, pese a su abolengo de jerife norteafricano, hubiese nacido en realidad en el exilio del sur de Italia, el motivo parece más justificado para explicar el desconocimiento o la escasez de informaciones de su biografía.

No es tampoco segura la fecha comúnmente citada de su muerte, que suele situarse entre la de su protector Roger II (1121-1154) y la del sucesor de éste, Guillermo I (1154-1166), concretamente en 560/1164-1165, aunque, según ˁImād ad-Dīn al-Iṣfahānī (Amara & Nef, pág. 125), podría estar vivo, sin embargo, todavía once años después, en 571/1175-1176.

Al cabo, lo único cierto que podemos saber de él es que aceptó la invitación del rey normando de Sicilia, Roger II, para establecerse en Palermo (c. 1135, según Dubler 1965) y redactar allí la obra geográfica que le ha valido la celebridad, Kitāb nuzhat al-muštāq fĪ ḫtirāq al-āfāq, y que a la muerte de Roger II habría continuado en la corte siciliana bajo la protección de su sucesor Guillermo I. Solamente este dato, y el de la autoría sus escritos, son indudables, aunque sobre éstos tampoco hay unanimidad. Las obras que se puede atribuir con absoluta certeza a al-Idrīsī son sólo dos, una de geografía y otra de materia médica. Una tercera, de tema literario, está perdida y sólo se conservan algunos poemas citados por ˁImād ad-Dīn al-Iṣfahānī (Oman, “Á propos”, 1970) cuya fuente es el poeta árabo-sículo Ibn Bišrūn, contemporáneo suyo. El problema se plantea cuando se presentan con el mismo título o similar la obra literaria perdida y una nueva obra geográfica atribuida.

La obra geográfica que no plantea la menor duda y que se convierte por su envergadura y sus méritos en la obra idrisiana por excelencia es el Kitāb nuzhat al-Muštāq fī ḫtirāq al-āfāq (“El libro del deleite del ansioso por traspasar los horizontes”), también llamado Kitāb Ruğār (“el libro de Roger”). Durante mucho tiempo se ha creído que fue terminado en Šawwāl 548/diciembre 1153-enero 1154, fecha que aparece en las anotaciones del final de los seis manuscritos que nos han llegado completos, pero, según G. Oman (“Notizie”, 1994), ésta sería más bien la fecha del comienzo de la redacción. Se puede considerar una labor de equipo: concebida por un rey de origen normando que aspira a convertir su reino de Sicilia en, si no el centro —que lo es del Mediterráneo—, sí al menos en el cruce de los caminos del mundo, nutrida de informaciones de viajeros de diversos países y culturas, y redactada por un sabio estudioso árabe, al-Idrīsī, un hombre culto que introdujo con espíritu científico numerosos pasajes tomados del despojo sistemático de los autores precedentes e intercaló algunas observaciones y experiencias personales en consonancia con las noticias venidas de los cuatro puntos cardinales.

La Nuzhat al-muštāq está organizada como explicación del planisferio en el que se grabaron todos los datos que se iban recogiendo. Este planisferio lo mandó fundir en plata el rey Roger II, razón probable de porqué no ha sobrevivido a la codicia de sus sucesores. No obstante, los mapas se han podido conservar. La realización práctica se ha llevado a cabo siguiendo en parte el método de Ptolomeo, con indicación parcial de los grados y abandonando las formas geométricas de mapas anteriores para acercarse a lo que serán los portulanos del final del medievo. La tierra está distribuida en siete climas (iqlīm, plural aqālīm), el primero incluye las zonas tórridas comprendidas al sur y al norte del Ecuador hasta el paralelo 23º ½, a partir de ahí los restantes climas comprenden seis grados cada uno hasta llegar al 59º ½ , en el límite de las tierras frías. Luego, mediante diez líneas meridianas de norte a sur se dividen los siete climas dando un total de 70 partes. Perdido el planisferio original es con los mapas de estas 70 partes como se ha podido reconstruir el conjunto, que publicó Miller en 1928. El texto escrito es una descripción de los paisajes, los núcleos de población, los cultivos, las distancias, que amplía la información del planisferio, incluyendo datos acarreados de los más diversos orígenes y por distintas personas, relatos librescos o reportes orales, informaciones unas veces exactas, otras inevitablemente fabulosas.

Los principales problemas que plantea el texto idrisiano son dos, la identificación de topónimos, que ponen a prueba la adaptabilidad de la grafía árabe para la transcripción de léxico extraño, y las medidas de longitud. Debido a la diversidad de fuentes en las que se ha basado, con datos expresados en escalas diferentes, al-Idrīsī se ha visto obligado a unificar las distancias en unas medidas elásticas pero que pueden salvar el escollo de la diversidad de origen, aunque, junto a ellas, con frecuencia cita las millas de distinta procedencia. Uno de los términos utilizados es el de marḥala, plural marāḥil, que equivale a “etapa”, tiene como sinónimo yawm, plural ayyām, “jornada”, ambos referidos a una etapa o jornada de camino, con toda la inconcreción que lleva consigo, y en las distancias marítimas mağrà, plural mağārin, “singladura”, que puede ser de cabotaje, ˁalà taqwīr al-ğawn (literalmente “bordeando golfo”), o de crucero, ruˀūsiyya (literalmente “de cabeza”, o sea, siguiendo una ruta en línea recta que se mete “de cabeza” en alta mar). A veces añade el adjetivo kabīra “grande”, para indicar que se trata de una jornada a marcha forzada. Este sistema de medición de distancias, probablemente tomado de los relatos de los comerciantes y los navieros, pese a la evidente inexactitud si se quisiera aplicar a rajatabla con una uniformidad que no posee, resulta un acierto, sin embargo, al dar coherencia a la representación aproximada de la tierra.

Se editó por vez primera en Roma en la Imprenta Medicea a finales del siglo XVI con el título de Kitāb nuzhat al-muštāq fī ḏikr al-amṣār wa-l-aqṭār wa-l-buldān wa-l-ğuzur wa-l-madāˀin wa-l-āfāq (“El libro del deleite del ansioso, que trata de la mención de las comarcas, las regiones, los países, las islas, las ciudades y los horizontes”), una versión muy mutilada y con erratas de bulto. Cuando, un cuarto de siglo después, los maronitas G. Sionita y J. Hesronita publicaron en París la traducción latina, una errata que hacía decir al texto que, en Egipto, el Nilo yašuqqu arḍa-nā (divide en dos nuestra tierra) la traducción secat terram nostram (Quatremère, pág. 205), en lugar de la lectura correcta yašuqqu arḍa-hā (divide en dos su tierra) que debían haber traducido secat illius terram, hizo creer a los maronitas que el autor era de allí, por lo cual no dudaron en llamarlo “el nubiense” y se imprimió con el nombre de Geographia Nubiensis, dándole a al-Idrīsī un nombre falso que ha tenido bastante circulación.

La edición crítica del “Libro de Roger” en toda su complejidad se había convertido ya en una carencia clamorosa, a pesar de la multiplicidad de los estudios parciales que se venían sucediendo a lo largo de los siglos XIX y XX. Por fin, el Istituto Universitario Orientale de Nápoles en colaboración con el Istituto Italiano per il Medio e l’Estremo Oriente de Roma, consiguieron llevar a cabo la edición completa del texto árabe, que se presentó en 8 fascículos con un total de 963 páginas, más un noveno de 127 páginas con tres índices: toponímico, histórico y temático. Comenzó el arduo trabajo en 1970 y se terminó en 1984. La autoría corresponde al concurso de un amplísimo elenco de 23 colaboradores especialistas que se dedicaron monográficamente a distintas partes del texto correspondientes a los diferentes países, y que son por orden alfabético: Alessandro Bausani, Alessio Bombaci, Rita di Meglio, César E. Dubler, D. M. Dunlop, Wilhelm Hoenerbach, H. J. Kissling, Tadeusz Lewicki, S. Maqbul Ahmad, Hussain Monès, V. Monteil, M. Nallino, Boris Nedkov, Giovanni Oman, Charles Pellat, M. T. Petti Suma, Lanfranco Ricci, Umberto Rizzitano, Roberto Rubinacci, Fuad Sayyid, Assayyd Abdalla at-Tilbani, Renato Traini y Laura Veccia Vaglieri.

La otra obra idrisiana cuya autenticidad no plantea dudas es el Kitāb al-ğāmi’ li-ṣifāt aštāt an-nabāt wa-ḍurūb anwā’ al-mufradāt (“Libro compendio de la descripción de diferentes plantas y las diversas especies de simples medicinales”), obra enciclopédica de farmacología donde, siguiendo la tradición andalusí de los libros de materia médica, hace incursiones regulares en la lexicografía ofreciendo gran número de sinónimos en diversas lenguas. Entre las fuentes y las autoridades de los predecesores en que se ha basado menciona explícitamente a Dioscórides, Isṭīfan (sic ¿b. BasĪl?), Galeno, Ḥunayn b. Isḥāq, Serapión, Ibn Ğulğul, Abulcasis, Ibn Buklāriš, Ibn al-Ğazzār, Abū Bakr b. Waḥšiyya, Ibn Samağūn, Ibn al-Kattānī, Ibn Wāfid y Abū l-Ḫayr al-Išbīlī. De este último menciona simplemente el kitāb Abī l-Ḫayr al-Išbīlī (“el libro de Abū l-Ḫayr al-Išbīlī”), pero no puede referirse más que a la ˁUmdat aṭ-ṭabīb (“El soporte del médico”). A su vez la obra suya fue ampliamente aprovechada por Ibn al-Bayṭār, que lo cita con frecuencia. La disposición es alfabética, siguiéndole al nombre del encabezado una descripción física del medicamento simple, que en el caso de las plantas, que son mayoría, implica una organización casi sistemática de la taxonomía, con referencias constantes al aspecto de otras plantas para establecer similitudes. A este apartado le suele seguir la mención de los sinónimos, generalmente el griego de Dioscórides, pero a menudo también persa, latín, siriaco, hindiyya e ifranğiyya, y como siciliano afina la distinción entre yunāniyya, griego clásico, e iġrīqiyya, griego vulgar medieval, sin dejar de mencionar los dialectos [luġāt] de Ifrīqiya, al-Andalus, Yemen o el Ḥiğāz. Por último, menciona los efectos terapéuticos de cada medicamento, con clara dependencia de Dioscórides y Galeno. Con frecuencia cita sus fuentes, tanto en el apartado taxonómico como en el terapéutico, no así en el lexicográfico.

Se conocía su existencia por referencias, pero se creía una obra perdida. Leclerc en su Histoire de la médecine arabe la menciona a partir de las numerosas citas que hace de ella Ibn al-Bayṭār. Pero no fue hasta 1928 cuando H. Ritter descubrió un ejemplar en la biblioteca Sultan Fateh de Estambul con el n.º 3610. Está incompleto, comprendiendo sólo 610 especies, desde la alif a la nūn. Max Meyerhof se apresuró a hacer notar la gran importancia de esta obra en 1929 y 1930 y había comenzado a hacer buen uso de ella en el aparato crítico de su inacabada edición y traducción del Ğāmi’ al-mufradāt de al-Ġāfiqī. Posteriormente parece haberse encontrado otra copia en la Biblioteca del Parlamento (Majlis al-Shura) Iraní, n.º 18120. Finalmente ha sido editada en 1995 una reproducción facsímil por Fuat Sezgin, M. Amawi y E. Neubauer en 3 tomos con el título de Kitâb al-Jâmi' li-sifât ashtât al-nabât wa-durûb anwâ' al-mufradât. Compendium of the Properties of Diverse Plants and Various Kinds of Simple Drugs. Es, pese a que, evidentemente, hay que considerarla en puridad siciliana, una de las obras clave, junto con las de sus predecesores, coetáneos y epígonos, para comprender en su conjunto la edad de oro de la farmacología y la botánica andalusíes.

De la tercera obra están discutidos tanto la autoría como el título. Parece ser, según Giovanni Oman (“Á propos”, 1970), que con el título de Kitāb rawḍ al-uns wa-nuzhat an-nafs (“Libro del jardín del solaz y el deleite del alma”) hubo un libro de poética de al-Idrīsī que el literato siciliano contemporáneo suyo Ibn Bišrūn alaba, y cita ˁImād ad-Dīn al-Iṣfahānī en su antología. Sin embargo, se ha dado este título, y todavía el de Kitāb uns al-muhağ wa-rawḍ al-furağ (“Libro del solaz de los corazones y jardín de la contemplación”) o bien Kitāb rawḍ al-furağ wa-nuzhat al-muhağ (“Libro del jardín de la contemplación y el deleite de los corazones”), a un compendio de la geografía de al-Idrīsī que podría ser una recensión o resumen de la Nuzhat al-muštāq, al que se ha denominado “Pequeño Idrīsī”. G. Oman, y también R. Rubinacci (“Intorno”, 1991), creen que el llamado Uns al-muhağ es un compendio de la Nuzhat al-muŠtāq refundido con datos procedentes del Kitāb al-badĪ de Ibn SaˁĪd, que se habría redactado en 588/1192 o ya en el siglo XIII por mano desconocida. Fuat Sezgin ha publicado en 1984 una reproducción fotográfica facsímil con introducción en árabe e inglés de los manuscritos Hekimoglu 688 y Hasan Hüsnü 1289 de la Biblioteca Süleimaniye de Estambul con el título de The Entertainment of Hearts and Meadows of Contemplation (Uns al-muhaj wa rawḍ al-furaj) by al-Idrīsī, y Jassim Abid Mizal ha editado, estudiado, anotado y traducido al español los pasajes relativos a la Península Ibérica con el título de Los caminos de al-Andalus en el siglo XII, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1989.

En resumen puede decirse que al-Idrīsī es una figura importantísima del siglo XII con un alto valor simbólico, pues no sólo es alguien cuya geografía ha abierto el camino para la ampliación de los horizontes que vendrá después, sino, más bien un verdadero polígrafo predecesor de la humanidad renacentista. Es precisamente su condición de fronterizo lo que le da un carácter de cosmopolitismo y modernidad, al estar un poco acá y un poco allá, aunando la tradición y la renovación, y nos aparece hoy en la distancia como un referente para las aspiraciones de interculturalidad y tolerancia del siglo XXI.

 

Obras de ~: Kitāb nuzhat al-muštāq fī ḫtirāq al-āfāq (“El libro del deleite del ansioso por traspasar los horizontes”), llamado Kitāb Ruğār (“el libro de Roger”). Geografía. Ed. abreviada en Roma 1592, y completa por el Istituto Universitario Orientale de Napoles, con el Istituto Italiano per il Medio e l’Estremo Oriente de Roma, a cargo de un equipo de 23 autores con el título de Opus Geographicum I-IX, 1970-1984; Kitāb rawḍ  al-uns wa-nuzhat an-nafs (“Libro del jardín del solaz y el deleite del alma”). Literatura. Perdido, conocido sólo por referencias y confundido por el título con el siguiente; Kitāb uns al-muhağ wa-rawḍ al-furağ (“Libro del solaz de los corazones y jardín de la contemplación”) o bien Kitāb rawḍ al-furağ wa-nuzhat al-muhağ (“Libro del jardín de la contemplación y el deleite de los corazones”). Geografía. Atribución discutida, ed. facs. por F. Sezgin, 1984; Kitāb al-Ǧāmiˁ li-ṣifāt aŠtāt an-nabāt wa-ḍurūb anwāˁ al-mufradāt. Farmacología y botánica. Ed. facs. por F. Sezgin, M. Amawi y E. Neubauer, 1995.

 

Bibl.: G. Sionita y J. Hesronita, Geographia Nubiensis, id est accuratissima totius orbis in septem climata divisi descriptio continens praesertim exactam universiae Asiae et Africae, rerumque in iis hactenus incognitarum explicatione, Paris, 1619; M. Casiri, Bibliotheca Arabico-Hispana Escurialensis, vol. II, Madrid, 1770, pág. 13 y ss.; J. A. Conde, Descripcion de España de Xerif Aledris, conocido por el Nubiense, Madrid, Imprenta Real, 1799 (ed. facs., Madrid, Guillermo Blázquez, 2003); A. Jaubert, Géographie d’Edrisi, traduite de l’arabe en français, d’après deux manuscrits de la Bibliothèque du Roi, et accompagnée de notes, Paris, Imprimerie Royale, 1836-1840 (2 vols.) [reed., Idrîsî, La première géographie de l’Occident, traduction du chevalier Jaubert, revue par Annliese Nef, présentation, notes, index, chronologie et bibliographie par Henri Bresc et Annliese Nef, Paris, Flammarion, 1999]; E. M. 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Blázquez y Delgado-Aguilera, Descripción de España, por Abu-Abd-Allah-Mohamad-al-Edrisí (obra del siglo XII), Madrid, Imprenta y Litografía del Depósito de la Guerra, 1901; K. Miller, Mappae Arabicae. Arabische Welt- und Länderkarten des 9-13 Jahrhunderts in arabischer Urschrift, lateinischer Transskription und Übertragung, in neuzeitliche Kartenskizze. Mit einleitenden Texten herausgegeben von Konrad Miller, Band I-VI, Stuttgart, Selbstverlag des Herausgebers, 1926-1927; Charta Rogeriana, Weltkarte des Idrisi vom Jahr 1154 n. Chr., wiederhergestellt und hg. von Konrad Miller, Stuttgart, 1928; M. Meyerhof, “Eine Arzneimittellehre des arabischen Geographen Edrisi”, en Forschungen und Fortschritte, V/28 (1929), págs. 388-390; “Über die Pharmakologie und Botanik des arabischen Geographen Edrisi”, en Archiv für Geschichte der Mathematik, der Naturwissenschaften und der Technik, Leipzig, 12 (1930), págs. 45-53 [reed. en F. 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Joaquín Bustamante Costa