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Gabriel Bocángel y Unzueta

Biografía

Bocángel y Unzueta, Gabriel. Madrid, 24.III.1603 – 8.XII.1658. Poeta.

Gabriel Bocángel y Unzueta, como indica su primer apellido, era de origen italiano, nieto por línea paterna de Pietro Bocangelino, natural de la ciudad de Génova. Éste llegó a España en 1524, con no más de trece o catorce años, estableciéndose pronto en Toledo, ciudad con una fuerte colonia genovesa, dedicada en su mayoría al comercio de la lana. Con el tiempo Pedro Bocangelino llegaría a hacerse rico y respetado como mercader de lanas, pero también regentaba dos boticas, importaba papel de Génova, espadas de Milán y cochinilla de las Indias, comerciaba con cereales y actuaba de asentador y cambista.

Nicolás, primogénito de Pedro Bocangelino y su segunda mujer, Antonia Merelo —también genovesa—, estudió artes y luego medicina en las universidades de Toledo, Alcalá de Henares y Sigüenza, y se licenció en medicina en 1585. En 1588 se casó con Teresa de Unzueta y Ribera, también natural de Toledo, y pronto se trasladaron a Madrid para buscar empleo en la flamante corte del imperio español. Poco a poco Nicolás Bocángel fue ocupando diversos puestos médicos hasta conseguir en 1606 una de las dos plazas vacantes de médico de cámara de la Casa de Borgoña, éxito debido, sin duda ninguna, a su estudio sobre la peste —Libro de las enfermedades malignas y pestilentes (Madrid, 1600)— que afligió a Castilla desde 1596 hasta 1602, período en que ganó una valiosa experiencia práctica tratando a los enfermos. Desde 1606 hasta su muerte en 1622, Nicolás Bocángel sirvió a la familia real, llegando a ser nombrado médico de cámara de Felipe III (1620) y Felipe IV (1621).

Sin embargo, ninguno de sus muchos hijos, nacidos todos en Madrid, le siguió en la carrera de medicina. Todos fueron educados para servir al Estado y a la Iglesia, y por este motivo estudiaron Derecho Canónico y Civil o Teología en las universidades de Toledo y Alcalá. Tal fue la carrera de Gabriel Bocángel y Unzueta, octavo de los diez hijos nacidos a Nicolás y Teresa, que fue bautizado en la iglesia parroquial de San Martín el 24 de marzo de 1603. Se educó primero en la Escuela de Gramática de Toledo y, de allí, pasó, a la edad de diez años, a la universidad de la misma ciudad, donde estudió Cánones. Más tarde, para completar sus estudios, se fue a Alcalá de Henares, recibiendo en 1618 el grado de bachiller in iure canonico.

Durante los siguientes años Bocángel vivió en la casa paterna en Madrid, y asistió a las reuniones de la célebre Academia de Madrid, tomando parte en las diversas justas literarias que se ofrecían en estos años. Pero la muerte de su padre en 1622 le obligó a buscar empleo, ya que las finanzas familiares no permitían que viviera a expensas de su madre. Para un joven poeta, sin rentas o apoyo familiar, no había más salida que un puesto en la administración estatal o eclesiástica o el mecenazgo de algún noble, o, con suerte, ambas cosas a la vez. Y para conseguir esto, su pluma podía serle de enorme ayuda. Bocángel decidió pronto que su futuro estaba con el cardenal infante Fernando, hermano menor del rey Felipe IV. En septiembre de 1625 murió Francisco de Ribera, marqués de Malpica y mayordomo mayor del infante. Bocángel no tardó en componer una elegía a su muerte, en la que mencionó al cardenal infante con afecto y cierta adulación. Para subrayar aún más sus deseos de servir a este príncipe real, Bocángel dedicó las Rimas y prosas, su primera obra, impresa en 1627, al nuevo mayordomo mayor y sumiller Diego de Guzmán y Cobos, marqués de Camarasa, e incluyó en la obra varios poemas dedicados al cardenal infante. Rimas y prosas, libro marcadamente gongorino en su estilo, en especial la Fábula de Leandro y Hero, heredero directo de la Fábula de Polifemo y Galatea del cordobés, sin duda contribuyó a que poco después Bocángel encontrara empleo en la casa del infante.

En 1626, debido a las ausencias y enfermedades de Francisco Guajardo, Bocángel empezó a ejercer de bibliotecario del príncipe, aunque no recibió el nombramiento oficial hasta 1629. De todos sus puestos cortesanos o administrativos, fue éste el cargo que más le llenó de orgullo y alegría, pues utilizó insistemente el título al frente de sus obras, aun después de la muerte de Fernando de Austria. Bocángel no acompañó a su señor cuando éste fue enviado como gobernador a Flandes en 1634; se quedó en Madrid cuidando de sus libros, hasta que la biblioteca fue entregada al conde-duque de Olivares, con gran disgusto de su bibliotecario, quien tuvo que —son sus propias palabras— “contentarse con plaza de contador entretenido de la Contaduría Mayor de Cuentas”, puesto que juró el 31 de agosto de 1634. Sin embargo, no descuidó sus atenciones hacia la figura del príncipe lejano y los demás miembros de su cámara, y en 1637 publicó La lira de las Musas, obra dedicada al cardenal infante y que empieza con “El Fernando o Templo de su Fama”, poema laudatorio sobre las hazañas bélicas de Fernando de Austria en su camino de Italia a Bruselas en 1634, que culminó con su famosa victoria en la batalla de Nördlinguen. La lira de las Musas cimentó la reputación literaria de Bocángel: contenía las rimas de Rimas y prosas de 1627 —sin las prosas— pero revisadas y enmendadas, el Retrato panegírico —escrito en 1633 a la muerte del infante Carlos de Austria, hermano de Felipe IV—, también revisado, más ciento diez poemas nuevos.

La ausencia del cardenal infante en Bruselas obligó a Bocángel a concentrar sus esperanzas para el futuro en la promoción dentro de la burocracia estatal. A partir de 1637 empezó a titularse contador de resultas, aunque no juró el cargo oficialmente hasta 1639, y en 1638 fue nombrado, por las Cortes castellanas, cronista real, con lo que se vio enredado en la disputa sobre quién, entre tres aspirantes —Pellicer, Méndez Silva y el mismo Bocángel— tenía el derecho a llamarse de verdad cronista real. A pesar de los esfuerzos de Pellicer, quien apeló a una amistad de varios años, para que Bocángel desistiese de emplear el título, éste aceptó su nombramiento como válido y, por tanto, lo siguió utilizando en la portada de todas sus obras hasta su muerte.

Durante estos años, Bocángel no limitó sus elogios poéticos solamente al cardenal infante o a miembros de su cámara. Entre los nobles elogiados se hallan el duque de Medina de las Torres, sumiller del Rey, el marqués de Bedmar, el conde de Cantillana y el duque de Medinaceli. Luego, en 1638, escribió el Lauro cívico, en el que alababa al duque de Medina Sidonia el haber puesto fin a una pequeña insurrección portuguesa que tuvo lugar en Évora el año anterior. También por estas fechas compuso El retrato, silva nupcial en el desposorio de Jerónima de Maldonado, prima del autor, con Juan de Cetina, secretario del almirante de Castilla. Aunque ostensiblemente se trataba de un epitalamio, Bocángel utilizó la ocasión para elogiar al almirante su gran éxito de levantar el cerco francés de Fuenterrabía en septiembre de 1638. La última obra que Bocángel escribió antes de la muerte de Fernando de Austria en 1641, fecha que efectivamente cierra la primera (y lírica) etapa de su producción literaria, fueron las Declamaciones castellanas, publicadas en 1640. La primera declamación, La perfecta juventud, sirvió de ejercicio preliminar para su poema más popular, El cortesano español, extenso poema políticomoral sobre la formación del perfecto cortesano. Siete textos impresos y veintiséis manuscritos atestiguan su popularidad durante los siglos xvii y xviii.

La inesperada muerte de Fernando de Austria en Bruselas cambió profundamente el mundo relativamente cómodo y estable de Bocángel. Había perdido a su patrón y mecenas literario, y aunque conservaba sus cargos administrativos, en el siglo xvii para un poeta sin benefactor era muy difícil abrirse camino en la corte madrileña. Por eso, después de un corto período de semirretiro literario causado seguramente por la pérdida de su mecenas, Bocángel hizo un enorme esfuerzo durante la década de 1640 por ganar la protección, primero, de algún noble —como el duque de Sessa, a quien dedicó Quintiliano respondido en 1647, y con quien intercambió cartas durante varios años— y, luego, de la familia real. En efecto, su destino se unió al de su país, y fue precisamente la mala situación en la que se encontraba la monarquía en estos años lo que le hizo volver a escribir. A finales de 1643 compuso Triunfo de Amor y Marte, epitalamio para la boda del duque de Montalto con Catalina de Moncada que se celebró en enero de 1644. Sus preocupaciones sobre la situación política son evidentes al incluir un largo comentario político dentro de un poema de esta naturaleza: se lamenta de las guerras civiles que dividen la patria y critica veladamente la tolerancia que se tiene con los rebeldes. Pero la pérdida en 1640 de Cataluña y Portugual sólo fue el preludio de mayores desastres. En 1644, y con el rey en plena campaña contra los rebeldes catalanes, murió la reina Isabel de Borbón. Bocángel compuso inmediatamente un largo poema elogiando su vida y lamentando su temprana muerte, que tituló Templo christiano. Cinco meses después de su publicación, ganó la plaza de contador de libros que llevaba meses solicitando. De ahora en adelante, la triste realidad de su precaria situación económica se impuso sobre su estilo poético, y Bocángel abandonó casi por completo la vena lírica de su poesía anterior.

Muerta la reina Isabel de Borbón, dedicó ahora su pluma a la nueva reina Mariana de Austria: La piedra cándida (1648), relación en verso de la máscara para celebrar su trece cumpleaños; El nuevo Olimpo (1649), diversión en forma de máscara con música para celebrar su catorce cumpleaños y considerada una temprana manifestación de la zarzuela; La Perla de dos Orientes (1651), larga descripción en prosa del bautismo de la infanta Margarita María.

Como mayor estímulo para la práctica de este tipo de adulación poética, estaba el hecho de que para entonces Bocángel ya tenía varios hijos. Se había casado en primeras nupcias con Eugenia Bolero, de ascendencia genovesa como él, en abril de 1637. Catorce meses más tarde murió de sobreparto, dejándole al poeta una hija, Eugenia. Cuando Bocángel volvió a casarse en julio de 1641, con Luisa de Urbina Pimentel, tenía treinta y ocho años, mientras que la novia había cumplido solamente dieciocho años. Fruto de esta nueva unión fueron seis hijos, cinco de los cuales sobrevivieron a su padre.

Durante los últimos años de su vida, Bocángel padeció de una dolencia crónica de garganta que le hacía toser bastante; quizás esto, más el ambiente deprimente de la Corte de Felipe IV durante la década de 1650, hiciese que se dedicase casi exclusivamente a la composición de versos religiosos o a la descripción de acontecimientos religiosos (Relación panegírica, 1653, encargo de la Orden de Alcántara para celebrar su adopción de la doctrina de la Inmaculada Concepción). Uno de los pocos sucesos que alegró su existencia en estos años fue el casamiento en 1655 de su hija mayor Eugenia con el abogado José Pérez de Soto. El mismo año Bocángel dictó su testamento y última voluntad, temiendo tal vez su próxima muerte, ya que decía en él que estaba “agravado de algún achaque”.

A pesar de sus presentimientos, sobrevivió unos tres años más, muriendo en diciembre de 1658. Fue enterrado, como había dispuesto en su testamento, en el convento de las Carmelitas Descalzas de Santa Ana, en el panteón de su familia.

Sobre su personalidad hay pocos datos. El único retrato que pretende ser de él muestra un hombre recto, severo, con una mirada penetrante, un hombre algo fatigado quizá por sus cuidados y responsabilidades. Ciertamente, la impresión que se saca de su poesía es la de un hombre austero, poco dado a frivolidades, y los testimonios de sus contemporáneos no hacen más que confirmarla. Anastasio Pantaleón de Ribera y Juan de Orozco, en sendos vejámenes, hablan sin piedad de su apariencia física, en especial de unos pies enormes, y de sus esfuerzos por mantener una postura erguida. Ambos escritores aluden también a cierta afectación y satisfacción de sí mismo, pero hay al mismo tiempo en su descripción un grado de cariño y afecto que falta en el resto de los poetas satirizados. Está claro que Bocángel gozaba del cariño y estima personal de la mayoría de los escritores de su época, que no era poca cosa dado el nivel de animosidad y rencor que existía entre muchos literatos del siglo xvii.

Después de su muerte, Bocángel y su obra cayeron en el olvido que caracterizó a la mayoría de los escritores del siglo xvii, en particular a los llamados gongorinos. Y, de hecho, no fue hasta el rescate de la poesía y figura de Góngora llevado a cabo por los jóvenes poetas de la Generación del 27 que la poesía de Bocángel volvió a la luz del día. Junto con muchos otros poetas gongorinos, Bocángel apareció en la tan importante Antología poética en honor de Góngora recogida por Gerardo Diego en 1927. A partir de entonces, diversas obras suyas, en especial su Fábula de Hero y Leandro, fueron tema de análisis (Molinari, Cossío, Cotarelo y Mori, Orozco Díaz, Alda Tesán), hasta que en 1946 Rafael Benítez Claros publicó una edición paleográfica de su obra en dos tomos y luego, en 1950, el primer estudio a fondo y biografía del poeta, Vida y poesía de Bocángel. Varios artículos más durante la década de 1940 cimentaron la fama de Benítez Claros como el “bocangelista” de su generación. Después de estos esfuerzos iniciales, Bocángel volvió a caer en el olvido, aunque esta vez no total, hasta que en las décadas de 1970 y 1980 una nueva generación de filólogos empezó a estudiar y analizar su obra, buscar y reunir más datos biográficos que haría factible luego una biografía más detallada y extensa del poeta y su familia hispano-genovesa (Dadson, 1991), e iniciar la tarea de localizar e identificar obras suyas inéditas o perdidas. Últimamente, Bocángel ha sido objeto de diversos estudios sobre su formación literaria y su obra —de nuevo su Fábula de Hero y Leandro ha vuelto a captar la atención de críticos interesados en los problemas de imitatio y aemulatio en el Siglo de Oro—. Una reciente edición de su obra completa (Dadson, 2000) reúne por primera vez toda su obra en verso y prosa más sus cartas autógrafas.

 

Obras de ~: Rimas y prosas, junto con la Fabula de Leandro y Ero, Madrid, Iuan Gonçalez y Alonso Pérez, 1627; Retrato panegírico del Sereníssimo Señor Carlos de Austris [...], Madrid, Imprenta del Reino y Alonso Pérez, 1633; Al invicto y serenismo señor don Fernando de Austria [...] don Gabriel Bocangel y Vnçueta [...] dedica la Lira de las musas de humanas y sagradas vozes: junto con las demas obras poeticas antes divulgadas, Madrid, Carlos Sánchez Bravo y Antonio Ribero, c. 1637 (ed. con el tít. La lira de las Musas, selecc. y pról. por F. Salvá Miquel, Barcelona, Montaner y Simón, 1948; ed. de T. J. Dadson, Madrid, Cátedra, 1985); Lauro civico al [...] señor don Gaspar Alonso Perez de Guzman el Bueno [...], s. l., 1638; El retrato, silva nupcial, s. l., c. 1638-1639; Declamaciones castellanas: la 1. La perfecta iuventud hallada en la vida y en la muerte del conde de Ricla [...] la 2. contra la fortuna, Madrid, Roberto Lorenzo y Iuan Sanchez, 1640; Triunfo de Amor, y Marte [...], s. l., c. 1644; Templo christiano consagrado a la inmortal memoria de la [...] Señora Doña Isabel de Borbon [...], Madrid, Diego Díaz de la Carrera, 1645; Quintiliano respondido, 1647 (inéd.); Piedra cándida [...], Madrid, Diego Díaz, 1648; La fiesta real y votiua de toros que a honor de San Iuan Bautista celebró Madrid, a 6 de Iulio de 1648, Madrid, Vicente Aluarez de Mariz, 1648; El nuevo Olimpo, representacion real, y festiva mascara [...], Madrid, Diego Díaz de la Carrera [1649]; Fiesta real de toros, 1650 (inéd.); La Perla de dos Orientes, s. l., 1651 (inéd.); Relación panegírica [...], Madrid, Imprenta Real, 1653; El Cortesano español, México, 1655; Consexos Christianos, Morales, y Politicos, c. 1650-1658 (inéd.); El emperador fingido, Madrid, 1678; Obras de don Gabriel Bocángel y Unzueta, ed. de R. Benítez Claros, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1946, 2 vols.; Antología poética, ed. de L. A. de Cuenca, Madrid, Editora Nacional, 1982; Sonetos, ed. de E. Bartolomé Pons, Barcelona, Devenir, 1984; Sonetos completos, ed. de R. Andrés, Barcelona, Planeta, 1986; Obras completas, ed. de T. J. Dadson, Madrid-Frankfurt am Main, Iberoamericana-Vervuert, 2000, 2 vols.

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Trevor J. Dadson

Relación con otros personajes del DBE