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Arnau de Vilanova

Biografía

Vilanova, Arnau de. ¿Villanueva de Jiloca (Aragón)?, c. 1240 – ¿Génova (Italia)?, ¿6.X.1311?. Médico escolástico y reformista religioso.

Sobre la fecha y el lugar del nacimiento de Arnau de Vilanova, se carece de datos precisos, pero sí que se tienen conjeturas estimables. En una declaración suya, hecha en 1305, se referiría a cierta costumbre universitaria que él había observado en Montpellier cuarenta y cinco años atrás. Esto lleva a 1260, cuando sería estudiante, con lo que cabe presumir que naciera en torno a 1240. Varios lugares de Cataluña y de Provenza se precian de haber sido cuna de Arnau; últimamente ha surgido una noticia —que parece digna de crédito— que lo haría natural de Villanueva de Jiloca, en Aragón. Lo que sí se tiene como dato seguro es su condición de catalán, desechando la idea, predominante durante siglos, de que hubiera sido provenzal.

Como tal se le nombra —“ Arnaldus cathalanus”— en el encabezamiento de algunas de sus obras y en las referencias de diversos documentos coetáneos; de él dirá el Papa Bonifacio VIII —en conflicto con la Casa de Aragón— que es el único catalán de bien que conoce; y en lengua catalana están redactados los pocos textos no latinos que de él se conservan. También es patente el hecho de la vinculación de Arnau de Vilanova a la ciudad de Valencia: allí tenía parientes próximos, allí se registran diversas operaciones mercantiles que revelan que poseía varios predios y censales; allí serían inventariados los más de sus bienes muebles y, entre ellos, una rica biblioteca; allí profesó como monja dominica su hija, María; y, a poco de su muerte, el Papa Clemente V se referiría a él como “clericus Valentinae dioecesis”. Al ser entonces Valencia una ciudad periférica de la Cristiandad, a la que sólo en 1238 se había incorporado, esta vinculación de Arnau de Vilanova, que tantos datos revelan, no pudo ser debida a atractivos políticos ni académicos, sino a los meramente afectivos. Con todo ello, bien se podría llamarle valenciano, ya lo fuera por nacimiento, ya por ulterior integración.

Ciertamente, la documentación arnaldiana sólo cubre los treinta últimos años de su vida, pero los datos que proporciona iluminan sectores anteriores de su existencia. Ante todo, consta que poseía el máximo grado de la facultad de medicina: siempre que se le menciona, su nombre va precedido del título de magister, y con frecuencia se le añade el apelativo de physicus; se sabe también que, al ser nombrado médico de cámara por Pedro III, en 1282, había prestado ya buenos servicios a la Casa Real y que era a la sazón un práctico prestigioso. Este nombramiento le obligaba a fijar su residencia en Barcelona, junto con su familia: Arnau estaba casado con una provenzal de ascendencia judía, Agnès Blasi, de cuya unión sólo consta la existencia de una hija. Al establecerse en Barcelona, no tendría el maestro Arnau mucho que hacer como médico de cámara, pues la Familia Real se hallaba implicada en la empresa de Sicilia; así que tuvo tiempo para realizar la traducción del árabe al latín de algunos libros de medicina, allí fechados; entre ellos, el De viribus cordis de Avicena que tantas veces sería impreso, junto con el Canon a lo largo del Renacimiento. Según su propia declaración, Arnau conocía bien la lengua arábiga, y en Barcelona comenzó a aprender la hebrea, junto al dominico Ramón Martí.

Pero poco iba a durar este período. Al morir el rey Pedro, asistido por él en Vilafranca del Penedès, en 1285, su hijo y sucesor, Alfonso III, le mantuvo el rango y el sueldo, pero le dispensó del deber de residencia.

Seguramente, regresaría a Valencia y allí le llegaría un encargo aún más importante: el de regir una Cátedra de Medicina en la Universidad de Montpellier, en la que años atrás había cursado su carrera.

Hay que borrar de su biografía un pretendido período escolar en Nápoles. Se desconoce la fecha de su traslado que pudo haber sido progresivo, pues los documentos mercantiles que se conservan en la Catedral de Valencia revelan una tendencia a disminuir sus adquisiciones en la ciudad levantina —que desde 1292 se hacen por medio de procuradores— y aumentarlas en la languedociana. Hasta que llegara a ser, con pleno derecho, “habitator montispessulanus”.

En todo caso, esta regencia docente hubo de ser larga y bien integrada; pues cuando, en 1309, el Papa Clemente V prepare el nuevo ordenamiento de la enseñanza médica en Montpellier, se apoyará en la experiencia del maestro Arnau de Vilanova, del que dirá que, anteriormente, había enseñado allí por largo tiempo: “olim diu rexit”.

En estos años de profesorado, habría de elaborar el maestro Arnau de Vilanova su valiosa producción de escritos médicos; muchos de los cuales parecen ser fruto de su docencia: desde acabados tratados doctrinales, hasta apuntes recogidos en clase y ordenados por algún alumno; desde el escrito De intentione medicorum, tempranamente redactado —pues se ve citado por los demás—, en el que hace ver los diferentes puntos de vista del médico y del filósofo, hasta el extenso y bien estructurado Speculum medicinae que probablemente cierra el ciclo de “la obra de Montpellier”. Entre otras cuestiones, hay que destacar la aportación arnaldiana al problema de la cuantificación medicamentosa expresada en Aphorismi de gradibus; el sentido pedagógico que expresan sus Medicationis parabolae y otras series aforísticas; los comentarios de los textos de autores clásicos que en las aulas se exigían, de los que varios se ha perdido, aunque es bien expresivo el dedicado al galénico De malitia complexionis diversae. También redactó sendas explanaciones sugeridas por el primer aforismo hipocrático. El tratado De considerationibus operis medicinae da base teórica a la extendida práctica de la sangría; el De simplicibus sistematiza el conocimiento de los remedios vegetales; la Practica summaria y el Liber de parte operativa llevan la doctrina médica a su debida aplicación... Ya el escolar de 1260 se había encontrado en Montpellier con el abundante caudal científico del “nuevo Galeno”: de esa recuperación de los libros del gran médico de Pérgamo que, escritos en griego en el siglo ii y perdidos para el Occidente europeo, volvían ahora a través de las versiones que los habían conservado en lengua árabe; libros que, desde ella, iban pasando al latín, sobre todo en la llamada “Escuela” de Toledo, a lo largo del siglo xii. Ahora el maestro Arnau promovía la asimilación de estos saberes del helenismo, incrementados por las aportaciones de los grandes médicos del Islam. Hay que superar la imagen desenfocada de Arnau de Vilanova que han difundido algunos biógrafos, sobre la base de escritos apócrifos como el Breviarum practice o el Thesaurus pauperum, en los que aparece como un sanador itinerante que acoge en su práctica toda clase de creencias populares. Bien puede ser calificado, en cambio, como “médico escolástico” porque fue un hombre de la “Escuela de Medicina”, integrada en el Studium Generale. Un médico que fundamentaría su prestigiosa práctica clínica en los sólidos principios doctrinales del más acendrado galenismo greco-arábigo. Sigue la línea de Hipócrates y Galeno, de Razés, Alí Abbas y Avicena —aunque por lo que hace a este último, prevenga a los estudiantes frente al exclusivismo del Canon—. Pero se enfrenta duramente con Averroes, cuyo Colliget había llegado a Montpellier al mismo tiempo que Arnau, y al que él, en varias de sus obras, dedica los peores dicterios.

Pero no será tan sólo la elaboración, la enseñanza y la práctica de la medicina lo que habrá de constituir el campo de la atención del maestro Arnau en Montpellier: no menos le interesan las cuestiones religiosas que hierven en aquel ambiente universitario donde también enseñaba fray Pedro Juan Olivi, jefe de los franciscanos “espirituales”, que revivían las ideas escatológicas del abad Joaquín de Fiore, atisbando el ya próximo fin del mundo y propugnando una radical reforma de las estructuras eclesiales. En julio de 1292, redacta Arnau una original interpretación del significado de las cuatro letras hebreas del nombre sagrado, comenta un escrito tenido por joaquinita y va elaborando un tratado sobre el Anticristo en cuyo texto cifra grandes esperanzas y que será determinante de un fuerte cambio en su vida.

Desde 1292, el nuevo rey de Aragón, Jaime II, le ha llamado varias veces para que fuera a Barcelona o a Valencia y cuidara de su propia salud y de la de los suyos; y ha llegado a poner en él gran confianza: suele referirse a Arnau como “physicus, familiaris et consiliarius noster”, al mencionarlo en varios documentos.

En el verano de 1300, lo envía a París, formando parte de una embajada que ha de tratar con Felipe IV de algunos problemas fronterizos. Aprovecha Arnau su estancia en la capital de la ciencia teológica, para difundir su De adventu Antichristi et fine mundi, cuyas ideas se ven rechazadas por la Sorbona y llevan a su autor a una breve detención. Arnau de Vilanova reacciona con altiva firmeza: protesta ante el rey de Francia “no como Arnau sino como representante del ínclito rey de Aragón”; y emplaza a sus acusadores ante la Santa Sede, en un alegato, ante el Canciller y el claustro de la Universidad que tuvo lugar el 12 de octubre de 1300.

Pero sólo él se presentaría ante el Papa, en Anagni, en mayo de 1301. Bonifacio VIII le reprendió diciéndole: “Intromitte te de medicina et non de teología”. Pero el médico Arnau consiguió la curación de los cólicos nefríticos que el Papa padecía, con lo que se ganó su aprecio y le invitó a pasar el verano en la villa papal de La Sgurgola. Allí continuaría Arnau con su afán teológico, escribiendo un nuevo tratado: De mysterium cymbalorum Ecclesiae que habría de remitir, en noviembre de aquel año, con sendas epístolas, a los reyes de Francia y de Aragón, a varios obispos y a seis comunidades de religiosos. Al año siguiente, un nuevo opúsculo: Philosophia catholica sería enviado, con sendas cartas, al propio papa y al colegio cardenalicio.

Le llegan entonces noticias de la campaña que los dominicos promueven, en Gerona, contra sus ideas apocalípticas, e, inmediatamente, reacciona con un escrito polémico —Eulogium...

— y con tres protestas públicas en la sede episcopal, en el tránsito del año 1302 al 1303. Lo mismo habrá de ocurrir en Marsella, y allí va a producir dos opúsculos y otras tres apelaciones al obispo. Entre una y otra polémica ha tenido el maestro Arnau la ocasión de leer ante una asamblea de eclesiásticos, en Lérida, un fuerte alegato contra las inmundicias —“ spurcitiis”— de los que llama pseudo-teólogos: es la Confessio Ilerdensis.

Poco después, el 11 de octubre de 1303, colmado de ultrajes, muere el Papa Bonifacio, y, en carta dirigida a su sucesor, achaca Arnau tan triste fin al hecho de no haber recogido sus reivindicaciones; actitud que aconseja cambiar a Benedicto XI. Al fallecer éste, días después, el infatigable polemista acude al largo y complicado cónclave de Perusa, y tal es el tono de su protesta que lleva al camarlengo a recluirle en una prisión de la que habría de sacarle la decidida intervención de Jaime II. Allí, el obispo de Mallorca le había comunicado el texto publicado contra él por el propio confesor real. Lo rechaza con el opúsculo que titula: Antídoto contra el veneno vertido por fray Martín de Ateca. Es total su enfrentamiento con la Orden de Predicadores de la que había sido tan amigo. Se opone a toda estructuración de la teología sobre base filosófica y especialmente al tomismo. En este campo, ciertamente, Arnau es antiescolástico.

Desde allí, va el maestro a Sicilia, cuyo rey Federico, hermano menor del de Aragón, lo acoge con un afecto filial; y para el cual escribe una exhortación —Allocutio ...— a la vida cristiana. En la primavera de 1304, se halla de nuevo a Arnau de Vilanova en Montpellier, dispuesto a pasar a Cataluña para atender al rey Jaime en una grave afección que el sobrino de Arnau, Ermengol Blasi, no se atreve a tratar. Allí redacta un comentario al poema elaborado por Jaime II en el que lamenta las tribulaciones que sufre la Iglesia, y un escrito defendiendo, contra los dominicos, la absoluta abstinencia de carne que observan los cartujos.

Ya en Barcelona, proclamará en catalán un resumen de sus criterios reformistas, ante el Rey y su Corte: la Confessió de Barcelona hecha el 11 de julio de 1305.

Mientras tanto, la sede romana, tras dilatada vacancia, se ha visto ocupada por un buen amigo de Arnau: el obispo de Burdeos, Bertrand de Got, que habrá de llamarse Clemente V. Ante él comparece, el 24 de agosto de 1305, y le presenta para su aprobación una completa colección de sus escritos. El nuevo Papa lo acoge afectuosamente, pero dilata su juicio al respecto, mientras que le confía el cuidado de su salud. Cesan entonces los ataques de sus contradictores y el propio Arnau, libre ya de la incitación a la polémica y desengañado de la actitud de los eclesiásticos, se dirige a los seglares: a las comunidades de beguinos, por medio de pláticas en lengua corriente y cartas de exhortación para que traten de imitar a Cristo en la humildad y en la pobreza. Muy copiada parece haber sido la llamada Lliçó de Narbona; algunos de estos textos, que se han perdido en catalán, se conservan en versiones italianas, castellanas y griegas, lo que sugiere una apreciable difusión. También interviene en la crisis de los templarios con sendas cartas al Papa y al Rey.

En aquellos cinco años de sosiego, bien pudo el maestro Arnau de Vilanova haber reanudado sus cursos en Montpellier: pero esa dedicación a su propaganda espiritual que se derrama por diversos lugares, con especial apoyo en Marsella, no parece compatible con la docencia regular. Sí que prosiguió el médico con su práctica profesional y con la redacción de algunos escritos para el mantenimiento de la salud de sus egregios pacientes. Ya, en 1301, había alabado Bonifacio VIII el opúsculo que, para su beneficio personal, acababa de elaborar Arnau. Y, en el verano de 1308, respondiendo a insistentes demandas de Jaime II, redactaría un Regimen sanitatis adaptado a la peculiar complexión del Rey, pero que iba a tener amplia difusión. Ya, al año siguiente, la reina Blanca lo hizo traducir al catalán, para que todos pudieran aprovecharlo; en 1327 sería vertido al hebreo, y aún en 1606, un traductor consideró conveniente su edición en castellano. No llegó a entregar, en cambio, un texto similar que había prometido al Papa y que, tras la muerte del médico, Clemente V haría buscar por todo el ámbito eclesial.

El de 1309 fue un año bastante movido para el anciano médico. En enero, estaba en Sicilia, en marzo en Roma, en junio en Barcelona y en julio en Aviñón, donde se había asentado la Corte pontificia. Allí presentará al Papa al que a la sazón era cabeza de los franciscanos espirituales, fray Urbertino de Casale, y gestionará la calificación de Cruzada para la empresa que el rey de Aragón, junto con el de Castilla, promovía contra el de Granada. Entusiasmado con sus planes reformistas y con el apoyo que veía en los reyes hermanos de la Casa de Aragón, en un Consistorio presidido por Clemente V, en octubre de 1309, expone de modo imprudente las confidencias que éstos le habían hecho en apoyo a sus criterios reformistas y proféticos; lo cual desagradó a algunos de los presentes que lo denunciaron a Jaime II. Éste se inquieta y exige al médico que vaya por mar, desde Sicilia a su campamento frente a los muros de Almería. Allí expone en catalán lo que en latín habría dicho en el famoso Consistorio y regresa a Mesina. Jaime sigue receloso y logra hacerse con el texto original de tal alegato. Al apreciar la discordancia entre ambas redacciones se irrita vivamente, acusa a Arnau ante el Papa de “mentiroso probado” y pide a su hermano que rompa con él; pero no lo hará así el fiel Federico, sino que lo apoyará sin fisura y aceptará su dictado al preparar nuevas constituciones para su reino. Pasará el maestro Arnau los últimos meses de su vida entre Sicilia, Nápoles y Aviñón, tratando de concordar los intereses de Federico y de Roberto de Anjou. En una carta, fechada el 6 de diciembre de 1311, se le comunica al rey de Aragón el fracaso del “projecte de paz perpetual” entre el soberano efectivo y el titular de Sicilia, producido por la muerte de Arnau de Vilanova que era su promotor. Esta es la primera noticia documental que se tiene del fin de sus días; pero cabe aceptar cierta referencia que sitúa el fallecimiento del Maestro el 6 de octubre de aquel año y su sepultura en la ciudad de Génova.

Arnau de Vilanova, había dejado al morir una discreta fortuna material, repartida entre Valencia y Montpellier, y un rico legado espiritual y científico, recogido en un buen número de escritos de diferentes portes —desde cartas a tratados— en los que se expresan las dos vertientes de los intereses que movieron a su autor. Los escritos de contenido religioso —apocalíptico, reformista, polémico o exhortativo— gozarían de cierta difusión inmediata por Cataluña, Provenza y las tierras colindantes del Mediterráneo.

Pero la sentencia condenatoria de 1316 y la ulterior marginación del franciscanismo espiritual, cortarían bien pronto esta difusión. En cambio, los que tratan de temas médicos y de otros contenidos más o menos similares, se verían constantemente copiados en todo el espacio europeo, a lo largo de los siglos XIV y XV y repetidamente impresos, desde los últimos años del XV a los primeros del XVII.

De la serie de escritos que se llaman espirituales, casi nada se sabía hasta que Menéndez Pelayo dio a conocer, en 1879, el códice Vaticano latino 3824, que contiene aquella colección de cuarenta y dos textos que el propio Arnau de Vilanova presentara a Clemente V, en 1305. Sucesivos hallazgos han proporcionado copias de algunas de las obras allí contenidas y de las que habría de producir su autor en los cinco últimos años de su vida. Con todo ello, se tenía buena base para una edición crítica de toda la producción espiritual arnaldiana; el proyecto se fraguó en el seno del Institut d’Estudis Catalans, y fue presentado en 1952.

Pero sólo había de cuajar en un volumen dedicado a la Expositio super Apocalypsis, el más extenso de los textos de esta serie; que es también el único cuya autenticidad se ve hoy seriamente contestada. A falta de tan útil instrumento, se ha de recurrir a las ediciones que se han hecho de cada una de estas obras —a veces, de modo fragmentario— las cuales se encuentran dispersas en múltiples publicaciones. Pero, en fin, con ello se tiene una referencia exacta de todo lo que Arnau escribiera en esta línea hasta 1305 y bastante aproximada de lo producido por él después de esa fecha; de ella se dará aquí la lista de obras latinas y catalanas y de las traducciones medievales que de algunas se hicieron.

En contraste con tan sobria y precisa información acerca del legado espiritual arnaldiano, existe una desconcertante profusión de escritos que llevan su nombre en el campo de la medicina y de otros saberes también tenidos por científicos. No se tiene en esta línea una colección de textos elaborada por su autor; las copias que llevan su nombre carecen de fecha y de datos que las autentifiquen; los textos se hallan dispersos en diferentes códices manuscritos y las agrupaciones de unos cuantos que a veces se encuentran en ellos, no son coincidentes entre sí. En algunos casos, la escasez de las copias que han llegado es algo que recorta la base que apoyaría su autenticidad; en otros, la abundancia de testigos hace compleja la labor de establecer su texto genuino. Pero aún más difícil que la depuración del trigo auténtico es su separación de la paja apócrifa. Desde muy temprano, el enorme prestigio de este médico hizo que los copistas cobijaran bajo la sombra de su nombre producciones de otros autores menos notorios, y, después, los editores renacentistas serían poco escrupulosos al imprimir escritos tenidos por arnaldianos. Por otra parte, esa aura de misterio que pronto esfumaría la nitidez de su figura, entre el fulgor de lo místico y la oscuridad de lo esotérico, abriría la puerta para la adscripción de gran cantidad de producciones en las líneas de la alquimia, de la astrología o de la magia. A pesar de estas dificultades, y gracias a la unanimidad de la atribución manuscrita, a las referencias internas de sus textos y a la similitud de los criterios en ellos contenidos, ha podido establecerse un elenco de obras médicas indudablemente auténticas, mientras que otros han de ser analizadas más a fondo.

Por lo que hace a los libros que se pueden calificar de paramédicos, hay que decir que claramente había expresado el propio Arnau de Vilanova su firme oposición a la magia negra, en un temprano escrito dirigido al obispo Jazperto de Valencia —muerto en 1288—, en el que demuestra racionalmente —con un impecable encadenamiento de silogismos— la imposibilidad de un dominio del hombre sobre los demonios. Aunque nada se opone a la posibilidad —eventualmente expresada en sus obras médicas— de la utilización terapéutica de las fuerzas naturales —las “propiedades ocultas”— que mutuamente se influyen en el mundo físico y especialmente de las emitidas por la esfera de los astros. Pero su actitud es siempre muy prudente en este aspecto, y en modo alguno pueden ser suyos los fantásticos tratados que se le atribuyen en tantos manuscritos que, por lo demás, son siempre de elaboración tardía.

Cuestión especial es la que plantean los escritos de alquimia. La calificación de alquimista acompaña a la de médico en casi todas las biografías del autor, el cual ha sido tenido por uno de los máximos exponentes de la alquimia medieval. Sin embargo, en su obra médica, no se atisba en modo alguno al presunto alquimista; más bien se advierten signos de rechazo de esta práctica. Y siempre que se ha aplicado el análisis crítico a la fronda de las producciones que se le atribuyen en esta línea, se ha ido desmochando su ramaje, sin que se haya logrado confirmar un tronco genuino.

Aún es pronto para formular una recusación a este frente de la producción arnaldiana. Es posible que la labor de los especialistas que de ello actualmente se ocupan proporcione algún dato positivo en este sentido.

Pero también puede ser que la figura del Arnau de Vilanova alquimista resulte tan inane como en su coetáneo Ramón Llul. En todo caso, en la relación de escritos arnaldianos que aquí se hace, quedan excluidos los de contenido alquímico.

Hasta hace cosa de medio siglo, los estudiosos de la obra científica de Arnau de Vilanova se basaron en las páginas de los gruesos infolios, repetidamente editados en el siglo XVI, que pretenden contenerla. Pero la labor crítica de los últimos años ha demostrado la falsedad de tal atribución en buena parte de su contenido, y aún queda mucho por podar. Hay que excluir textos tan extensos como el Regimen sanitatis de Maino o el Commentum super Regimen salernitanun, o tan característicos del perfil aceptado de Arnau como son el Breviarium practice, el Liber de conservanda iuventute, el De sterilitate o el Rosarium philosophorum.

Con ello, la parte utilizable de estas colecciones de impresos queda reducida casi a la mitad. Desde 1973, está en marcha la edición crítica la obra médica del autor que va cuajando en los sucesivos volúmenes de las Arnaldi de Vilanova Opera Medica Omnia (AVOMO), cada uno de los cuales contiene el texto genuino de alguna de sus producciones, junto con su oportuno estudio. Pero, mientras esta tarea no toque a su fin, es preciso continuar sirviéndose de los volúmenes renacentistas de Opera Arnaldi, una vez depurados de su ganga adventicia. Por ello, la lista de las obras de esta vertiente se expresa aquí de diferente modo que la de las religiosas: se seleccionan las ciertamente auténticas y se apuntan algunas que bien podrían serlo, dejando sin mencionar las reconocidamente falsas atribuciones y las que resultan altamente improbables. Se ha procurado ordenar esta serie de escritos de modo cronológico, aprovechando sus mutuas referencias y los pocos datos disponibles en cuanto a su fecha de composición.

 

Obras de ~: Obras espirituales: En latín: In librum Ioachim de semine scripturarum [...], c. 1292 (ed. R. Manselli, 1951, págs. 43-59); Super significatione nominis tetragrámaton, 1292 (ed. J. Carreras, 1949, págs. 75-105); Dyalogus de elementis catholicae fidei [...], c. 1296 (ed. W. Burger, 1907, págs. 163- 197); De prudentia catholicorum scholarium [...], c. 1296 (ed. G. de Santa Teresa, 1967, págs. 821-844); De tempore adventu Antichristi et fine mundi, 1297-1300 (ed. J. Perarnau, 1988-1989, págs. 134-168); Appelatio ad apostolicam sedem [...], Protestatio facta coram domino rege Francorum, c. 1300 (ed. J. Perarnau, 2001, págs. 377-382); De mysterio cymbalorum, 1301 (ed. J. Perarnau, 1991, págs. 53-107); Tractatus epistolarum [...], 1302 (ed. J. Carreras, 1948, págs. 392- 406); Philosophia catholica [...], 1302 (ed. J. Perarnau, 1991, págs. 7-196); Epistola domino Bonifacio [...], Epistola dominis cardinalibus, 1302 (ed. J. Perarnau, 1991, págs. 197-200); Apologia de versutiis [...] religiosorum, 1302 (ed. J. Perarnau, 2001, págs. 57-151); Eulogium de notitia verorum et pseudoapostolorum, Tres denuntiationes Gerundenses, 1302-1303 (ed. J. Carreras, 1950, págs. 33-58); Confessio Ilerdensis [...], 1303 (ed. parcial de H. Finke, 1902, págs. 122-123); Tres denuntiationes factae Massiliae, Gladius veritatis adversus Thomatistas, 1304 (ed. parcial de F. Ehrle, 1920, págs. 484-501); Carpinatio poetrie theologi deviantis, Antidotum contra venenum effussum [...], 1304 (ed. parcial de H. Finke, 1902, págs. 123- 126); Epistola “Reverendissime [...]” ad Benedictum XI, Protestatio facta Perusii, 1304 (ed. J. Perarnau, 1991, págs. 201- 218); De esu carnium [...], c. 1304 (ed. D. M. Bazelli, 1999, págs. 109-141); Allocutio christiani [...], 1305 (ed. J. Perarnau, 1992, págs. 75-117); Dancia [...] regis Aragonum cum commento, 1305 (ed. C. de Lollis, 1887, págs. 289-295); Presentatio facta Burdegaliis [...], 1305 (ed. parcial de H. Finke, 1902, págs. 201-211); Expositio super Apocalypsis [...], c. 1305 (ed. J. Carreras, 1971); De zona pellicea, c. 1305 (ed. O. Cartaregia y J. Perarnau, 1993, págs. 508-512); Interpretatio de visionibus in sommiis dominorum Iacobi II [...] et Friderici III [...], 1309 (ed. M. Ménendez Pelayo, 1879, págs. 91-127). En catalán: Confessió de Barcelona, 1305, Lliçó de Narbona, c. 1306, Raonament d’Avinyó, 1310, Informació espiritua [...], 1310 (ed. M. Batllori, 1947, págs. 101-243). Traducciones: al italiano: Informatio beguinorum, Ad priorissam de charitate, “Per ciò che molti [...]”, ed. M. Batllori, 1951, págs. 395-462; al castellano: De elementis catholicae fidei, De helemosina et sacrificio, ed. J. Perarnau, 1975-1976, págs. 554-630; al griego: nueve escritos en la Biblioteca Pública de San Petersburgo, CXIII (inéd.).

Obras médicas: Ediciones generales del siglo xvi: Lyon, 1504; Venecia, 1505; Lyon, 1509 y 1520; Venecia, 1527; Lyon, 1532; Basilea, 1585 y Lyon, 1586. Volúmenes aparecidos en la ed. crítica Arnaldi de Vilanova Opera Medica Omnia (AVOMO): II (1975, 19922), III (1985), IV (1988), V (2000), VI1 (1990), VI2 (1993), VII (en prensa), X1 (1996), X2 (1998), XI (1999), XV (1985), XVI (1981), XVII (2003) (cuando la obra que se cita no está aún en AVOMO, se da la referencia de los folios que ocupa en cualquiera de las ediciones de Lyon de 1509, 1520 y 1532). Obras auténticas: Traslatio libri Galieni de rigore et tremore et iectigatione et spasmo, 1282 (ed. de M. McVaugh, AVOMO , XVI); Liber Avicene de viribus cordis, ed. Padua, 1476, etc.; Traslatio libri Albuzale de medicinis simplicibus, s. f. (ed. de J. Martín Gázquez y M. McVaugh, AVOMO , XVII); Doctrina Galieni de interioribus, 1985 (ed. de R. Durling, AVOMO , XV); De amore heroico, s. f. (ed. de M. McVaugh, AVOMO , III); De reprobatione nigromantice fictionis, c. 1287 (ed. de S. Giralt, AVOMO , VII); Tractatus de intentionem medicorum, s. f. (ed. de M. McVaugh, AVOMO , V1); De humido radicale, Opera, fols. 38v.-42; Commentum supra tractatum Galieni de malicia complexionis diverse, s. f. (ed. de L. García Ballester y J. E. Sánchez Salord, AVOMO , XV); Repetitio super canone “Vita brevis”, Opera, fols. 275v.-281; Tabula super “Vita brevis”, Opera, fols. 281v.- 284v.; Regimenti acutorum, Opera, fols. 208r.-v.; Tractatus de considerationibus operis medicine sive de flebotomia (ed. de L. Demaitre, AVOMO, IV); Aphorismi de gradibus (ed. de M. McVaugh, AVOMO , II); De dosi tyriacalium medicinarum (ed. de M. McVaugh, AVOMO , III); De parte operativa, Opera, fols. 123-130; Practica summaria, Opera, fols. 205-207v.; De simplicibus, Opera, fols. 233v.-243v.; Medicationis parabole, 1300 (ed. de J. A. Paniagua, con el texto hebreo, ed. L. Ferre y E. Feliu, AVOMO , VI1); Speculum medicine, Opera, fols. 1-36; Commentum in quasdam parabolas et alias aphorismorum series (ed. de J. A. Paniagua y P. Gil-Sotres AVOMO , VI2); De esu carnium, 1305 (ed. de D. M. Bazell, AVOMO , XI); Regimen sanitatis ad regem Aragonum, 1308 (ed. de L. García Ballester y M. McVaugh, AVOMO , X1) (trad. catalana, 1309, ed. M. Batllori, 1947, vol. II, págs. 99-200; castellana, 1606, facs., 1980); Regimen Almarie, 1309 (ed. de M. McVaugh), AVOMO , X2. Obras posiblemente auténticas: Expositio super aphorismo “In morbis minus”, Opera, fols. 284v.-287v.; Antidotarium, Opera, fols. 243v.-262; De arte cognoscendi venena, Opera, fols. 221v.-222; De conceptione, Opera, fols. 213v.-214; De astronomia, Opera, fol. 292v.-295; Experimenta, ed. parcial de M. McVaugh, 1997.

Bibl.: M. Menéndez Pelayo, Arnaldo de Vilanova, médico catalán del siglo xiv, Madrid, 1879; B. Hauréau, “Arnauld de Villeneuve, médecin et chimiste”, en Histoire littéraire de la France, 28, 1881, págs. 26-126; C. de Lollis, “Arnau de Vilanova Dancia [...] regis Aragonum cum commento”, en Revue de langues romanes, 31, 1887, págs. 289-295; H. Finke, Aus den Tagen Bonifaz VIII, Münster, 1902; R. Chabás, “Inventario de los libros, ropas y demás efectos de Arnaldo de Villanueva”, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 9, 1903, págs. 189- 203; W. Burger, “Bëitrage zur Geschichte der Katechese im Mittelalter”, en Römische Quartalschrift, 4, 1907, págs. 163- 197; R. D’Alòs-Moner, “Collecció de documents relatius a Arnau de Vilanova”, en Estudis Universitaris Catalans, 3 (1909), 4 (1910) y 6 (1912); F. Ehrle, “Arnaldo de Villanova ed i Thomatiste”, en Gregorianum, 1, 1920, págs. 475-501; J. M. 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Carreras, “L’Allocutio super Tetragrammaton de Arnaldo de Vilanova”, en Sefarad, 9, 1949, págs. 75-105; “La polémica gerundense sobre el Anticristo entre Arnau de Vilanova y los dominicos”, en Anales del Instituto de Estudios Gerundenses, 5, 1950, págs. 5-58; M. Batllori, “Les versions italianes medievals d’obres religioses de mestre Arnau de Vilanova”, en Archivio per la Storia della Pietá, 1, 1951, págs. 397-464; R. Manselli, “La religiosità di Arnaldo de Villanova”, en Bulletino dell’Istituto Storico Italiano per il Medio Evo, 63, 1951, págs. 1-100; J. A. Paniagua, “Vida de Arnaldo de Vilanova”, en Archivo Iberoamericano de Historia de la Medicina (AIHM), 3 (1951), págs. 3-83; J. Carreras, Relaciones de Arnau de Vilanova con los reyes de la Casa de Aragón, Barcelona, Real Academia de Buenas Letras, 1955; J. A. 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Juan Antonio Paniagua Arellano