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Pedro Segura y Sáenz

Biografía

Segura y Sáenz, Pedro. Carazo (Burgos), 4.XII.1880 – Sevilla, 8.IV.1957. Canonista, catedrático, obispo de Apollonia y Coria, arzobispo de Burgos, Toledo y Sevilla, cardenal de Santa María in Trastévere.

Hijo de un matrimonio de maestros rurales, a los once años pasó al colegio escolapio de San Pedro de Cardeña donde destacó por sus brillantes dotes que le conducirían al Seminario Pontificio de Comillas en 1894. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1906 y el mismo año consiguió el doctorado en Teología. Dos años después fue destinado como párroco a Salas de Bureba y alcanzó el doctorado en Derecho Canónico, y en 1911 obtuvo el de Filosofía. Pronto fue relevado de sus funciones pastorales para ocupar la Cátedra de Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Burgos.

En 1912 obtuvo por oposición la canonjía de doctoral en la Catedral de Valladolid y en esta ciudad impartió clases de Decretales en el seminario y ocupó diversos cargos hasta ser nombrado secretario de cámara y gobierno por el cardenal José María de Cos y Macho.

El 14 de marzo de 1916 fue nombrado obispo titular de Apollonia y auxiliar del mencionado cardenal, quien le confirió la consagración episcopal el 13 de junio sucesivo en la capilla de la Universidad Pontificia de Comillas. Tras cuatro años de ministerio en los que demostró dinamismo y tesón en la docencia, la vida capitular, la administración diocesana y la atención a humildes aldeanos, el 10 de julio de 1920 fue trasladado a la diócesis de Coria, considerada entonces como una de las más pobres y atrasadas de España, por lo que centró su atención en la comarca de las Hurdes, donde aplicó el apostolado en favor de aquellas gentes marginadas y abandonadas.

En 1922, el rey Alfonso XIII visitó dicha la comarca a instancias del doctor Marañón, que conocía el abandono y atraso en que vivían sus habitantes. Tras el viaje se creó un patronato regio y la figura del obispo quedó ornada como “apóstol de Las Hurdes”, ganándose el aprecio del Monarca, quien cuatro años más tarde lo presentó para la sede metropolitana de Burgos (1926- 1928), para la que fue preconizado por Pío XI el 20 de diciembre de 1926.

El 2 de febrero de 1927 tomó posesión de ella e impulsó un homenaje al Corazón de Jesús, al igual que había hecho en Coria, y habilitó un antiguo convento capuchino como Casa de Venerables para los sacerdotes desvalidos. La intervención del Rey hizo que el 19 de diciembre de 1927 Pío XI lo nombrase cardenal del título de Santa María in Trastevere y lo destinase a Toledo.

El día de Navidad recibió de Alfonso XIII la birreta cardenalicia y un mes después entraba solemnemente en la sede primada de España (1927-1931).

En 1930 convocó un concilio provincial que se clausuró con la presencia del Rey, que le consideraba como amigo personal. Cuando el 14 de abril de 1931 quedó proclamada la Segunda República, tras unas elecciones administrativas que dieron la victoria a los candidatos monárquicos, Segura defendió abiertamente a la Monarquía y al Rey en una pastoral que fue calificada como provocadora por las nuevas autoridades republicanas, ya que tanto la Santa Sede como la jerarquía y los católicos en general acataron inmediatamente el nuevo régimen, que se consolidó tras la huida del Rey.

Esta desafortunada intervención del cardenal primado concitó tales iras que Segura hubo de esconderse en Madrid, de donde salió (11 mayo) el mismo día de la quema de conventos para pasar la frontera francesa (13 mayo) a la espera de que los ánimos se calmasen. Tras una breve estancia en Lourdes, pasó a Roma donde fue recibido por Pío XI, pero como no quería vivir lejos de los acontecimientos, la noche del 11 de junio retornó a España pasando la frontera por el paso de Roncesvalles.

Presentó su pasaporte, no ocultó su personalidad y se presentó en Madrid el 13 de junio, precisamente el día que cumplía su XXV aniversario de ordenación sacerdotal y XV de su consagración episcopal. Al día siguiente, domingo, Segura quiso realizar la visita canónica al convento de las religiosas Adoratrices de Guadalajara, que entonces pertenecía a la archidiócesis de Toledo, y con tal motivo convocó a una reunión a los tres párrocos y demás sacerdotes de la ciudad. La llamada telefónica fue interceptada por los servicios policiales y cuando Segura se acercaba a aquella ciudad fue recibido por la Guardia Civil que lo detuvo e incomunicó por órdenes superiores. Invitado a salir por la frontera que eligiera, protestó que no saldría sino a la fuerza. Y así lo hicieron, por lo que fue acompañado hasta la frontera de Irún y expulsado de España.

El nuncio Tedeschini, con quien Segura había mantenido un contencioso años atrás por ciertas frivolidades del representante pontificio denunciadas por el purpurado a la Santa Sede, protestó ante el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, contra la expulsión del cardenal, pero dio a entender que no habría ruptura de relaciones entre el Vaticano y el Gobierno español.

Instalado inicialmente en los Pirineos franceses, Segura fue obligado a hospedarse más al norte de Francia, traspasada la línea del Loira, acusado de conspirar contra la República. Vivió algún tiempo en Paray-le-Monial y Lisieux y el 26 de septiembre de 1931 renunció a su sede de Toledo, presionado personalmente por el Papa, quien le pidió que se trasladase a Roma. Se trató de un destierro de hecho que duró cinco años y medio, viviendo en un piso del palacio del Santo Oficio con la misma austeridad de siempre. Los sábados practicaba la sabatina, como en Toledo y luego en Sevilla, en la iglesia de Santa María in Trastevere, que era su título cardenalicio. Pío XI le nombró el 14 de septiembre de 1935 arzobispo de Sevilla.

Desde el primer momento se enfrentó abiertamente con el régimen de Franco, pues rechazó la supresión de las organizaciones católicas, las misas de campaña en actos patrióticos y las lápidas en las iglesias para recordar a los “caídos en la Cruzada”, es decir a los asesinados por los republicanos. Se negó a recibir al general en varias visitas oficiales que hizo a Sevilla. Condenó las alianzas de España con los regímenes totalitarios de Alemania e Italia y eludió asistir a la gran ofrenda de 1945, en el Cerro de los Ángeles y al Congreso Eucarístico de Barcelona de 1952 para mostrar su abierta oposición al régimen. En este mismo sentido hay que entender su oposición a un documento colectivo del episcopado que los metropolitanos intentaron publicar en 1948 y también a la misma organización interna de la jerarquía, pues no creía necesarias ni convenientes las comisiones episcopales. El prelado también objetó el pacto entre Estados Unidos y España, pues, entre otros aspectos, se toleraba el culto protestante. Fue enérgico en sus numerosos escritos pastorales, y en sus intervenciones, oraciones con la censura oficial sobre la propaganda católica, y severo con las formas del vestir, los bailes y algunas tradiciones de los sevillanos. Todas estas actuaciones del cardenal crearon problemas en las relaciones Iglesia-Estado, sobre todo a raíz de la firma del Concordato de 1953, que consagró el entendimiento cordial entre la Santa Sede y el Estado español. Por ello, aquel mismo año, el nuevo nuncio, Ildebrando Antoniutti comenzó las gestiones para relevarle de sus funciones, con el pretexto de sus frecuentes ausencias de la diócesis hispalense.

En 1954, mientras Segura estaba en Roma, se le nombró un arzobispo coadjutor con derecho de sucesión y administrador apostólico sede plena, en la persona del obispo de Vitoria, José María Bueno Monreal, que él rechazó públicamente. Poco a poco quedó asilado en su palacio, casi ciego y enfermo y vivió amargamente sus últimos años. Su cuerpo fue enterrado en el monumento de San Juan de Aznalfarache, con grandes honores, de los que él había sido tan enemigo en vida. Fue una figura eminentemente eclesial, alejada de la vida palaciega, firme en sus convicciones, pero malogrado en su acción pastoral por las polémicas que sostuvo a lo largo de su vida, primero con la República y posteriormente con el régimen de Franco, pues creó problemas a la Iglesia y al Estado, que ambos trataron de resolver pacíficamente por respeto a la persona del incómodo cardenal.

 

Obras de ~: Horas de luz al cielo, Toledo, Editorial Católica Toledana (ECT), 1929; Horas de paz, Toledo, ECT, 1930; Oyendo al Maestro, Sevilla, Imp. de la Excelentísima Diputación, 1943; Yo soy la verdadera vid, Sevilla, Editorial Católica, 1948; En torno al VII centenario de la conquista de Sevilla, Sevilla, Editorial Católica, 1948; El culto a Nuestra Señora de la Merced y la esclavitud antigua, Sevilla, Edelce, 1950.

 

Bibl.: J. Requejo San Román, El cardenal Segura, Toledo, ECT, 1932, 2 vols.; Instituto Enrique Flórez, “Cardenales españoles”, en Q. Aldea Vaquero, J. Vives Gatell y T. Marín Martínez (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. I, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1972, pág. 351; I. Antoniutti, Memorie autobiografiche, Udine, 1975, págs. 54-56; R. Garriga, El cardenal Segura y el nacional-catolicismo, Barcelona, Planeta, 1977; M. M. Burgueño, El cardenal Segura y la prensa católica, Sevilla, Editorial Católica Sevillana, 1979; C. Ros, Los arzobispo de Sevilla, Granada, Anel, 1986, págs. 282-296; V. Cárcel Ortí, La persecución religiosa en España durante la Segunda República (1931-1939), Madrid, Rialp, 1990, págs. 115-126; “Benedicto XV y los obispos españoles. Los nombramientos episcopales en España desde 1914 hasta 1922”, en Archivum Historiae Pontificiae, 29 (1991), págs. 197-254 y 30; (1992), págs. 291-338; J. A. González Sáinz de la Maza, “El discurso religioso del cardenal Segura sobre la moralidad pública hispalense (1937-1954)”, en Isidorianum, 1 (1992), págs. 205- 231; V. Cárcel Ortí, Actas de las Conferencias de Metropolitanos Españoles (1921-1965), Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), 1994, págs. 686-688, 699-700 y 733-734; La gran persecución. España 1931-1939. Historia de cómo intentaron aniquilar a la Iglesia católica, Barcelona, Planeta, 2000, págs. 33-37, 47, 71, 127, 139 y 143; F. Gil Delgado, Pedro Segura. Un cardenal de fronteras, Madrid, BAC, 2001; J. M.ª Javierre, “La diócesis de Sevilla en el siglo XX”, en J. García Oro (coord.), Historia de las Diócesis Españolas, X. Iglesias de Sevilla, Huelva. Jerez y Cádiz y Ceuta, Madrid, BAC, 2002, págs. 421-467; Z. Pieta, Hierarchia catholica, vol. IX, Patavii, Il Messaggero di S. Antonio, 2002, págs. 60 y 120; A. Sainz-Pardo Moreno, Enrique Pla y Deniel. Un cardenal fiel y prudente, Madrid, Edibesa, 2008, págs. 35-39.

 

Vicente Cárcel Ortí