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José Sarmiento Valladares

Biografía

Sarmiento Valladares, José. Duque de Atlixco (I). San Román de Saxamonde, Redondela (Pontevedra), 4.V.1643 – Madrid, 10.IX.1708. Virrey de la Nueva España.

Nacido en la parroquia de San Román de Saxamonde, perteneciente al concejo de Redondela, era el segundo hijo de Gregorio Sarmiento y de Juana Sarmiento, señores de Saxamonde. Era pariente de Diego Sarmiento Valladares, quien fue presidente del Consejo de Castilla, inquisidor general y obispo de Oviedo y Plasencia. Después de estudiar Leyes, José Sarmiento Valladares fue oidor de la Audiencia de Granada y, posteriormente, miembro del Consejo de Órdenes.

Hacia 1688 casó con la III condesa de Moctezuma, María Jerónima de Moctezuma, cuarta nieta del jefe azteca Moctezuma II, matrimonio del que nacieron dos hijas, Fausta (fallecida en México el 16 julio 1697) y Melchora Sarmiento Moctezuma. Al enviudar, contrajo segundas nupcias a principios de 1694 con María Andrea de Guzmán y Dávila, viuda del VIII duque de Sessa, Francisco Fernández de Córdoba, de quien tuvo un hijo. Del nuevo matrimonio nació Bernarda Dominica Sarmiento Guzmán.

Fue nombrado virrey de Nueva España el 9 de abril de 1696 para sustituir al conde de Galve, Gaspar de la Cerda Silva y Guzmán, recibiendo poco después, el 10 mayo, las instrucciones de gobierno (Archivo General de Indias, Indiferente 514, libro 2; en L. Hanke, 1978, t. V: 188-205 y en E. de la Torre Villar, 1991, t. II: 747-768). Realizado el viaje a México en compañía de su segunda esposa y los hijos de ambos, recibió el mando el 18 diciembre de dicho año de manos del virrey interino y entonces obispo de Michoacán, Juan Ortega Montañés.

Al frente del Gobierno, el conde de Moctezuma hubo de hacer frente a múltiples problemas. De un prolijo informe enviado a Madrid y fechado a 31 de octubre de 1697 (Archivo General de Indias, México 1255; en Hanke V, págs. 206-213) se deduce que enseguida fue consciente de que el abasto de granos, el orden público y la falta de azogue eran los tres grandes problemas del virreinato.

En cuanto al primero, la situación era crítica en 1697 y podría fácilmente derivar en una sublevación popular similar a la ocurrida tan sólo cinco años antes (motín de 8 de junio de 1692). La carestía de los comestibles se debía a las sucesivas malas cosechas que azotaban México desde 1690. Para evitar un estallido social, el conde de Moctezuma combinó un aumento de la oferta con una reducción de la demanda: en cuanto a lo primero, ordenó a los labradores enviar semillas a la capital y castigó severamente el acaparamiento, para lo cual decretó el envío a la alhóndiga de trescientas cincuenta fanegas diarias; para lo segundo, mandó que los indios vagabundos abandonasen la capital. Con estas estrategias, a las que hay que sumar su intervención en la postura del pan, el virrey consiguió que la carga de maíz se estabilizase en 8 pesos; además, la buena cosecha de 1697 hizo caer aún más los precios.

Una consecuencia de la carestía y falta de víveres en la capital fue el aumento de la inseguridad pública.

Para atajar este problema, el conde de Moctezuma usó de una fuerte represión, que comprendía los ahorcamientos, el destierro a los presidios y las penas corporales, que incluían el desorejamiento y el sellado de las espaldas con un hierro candente. Sin embargo, estas últimas fueron desaprobadas por el Monarca (Real Cédula, Madrid, 31 de octubre de 1698) por ser algo ajeno a las entonces vigentes leyes de Castilla.

A estas medidas, hay que añadir la continuación de las rondas nocturnas, que realizaban los oidores de la Audiencia desde el tiempo del motín de 1692, la unidad de acción entre los fiscales civiles y eclesiásticos, que permitió apresar a delincuentes refugiados en sagrado, y el escarmiento dado a dos personas de las más señaladas de la capital, una de ellas el IV conde de Santiago de Calimaya, Juan Altamirano y Velasco, cuya elevada posición social hacía que sus conductas dieran un mal ejemplo a la plebe.

Junto al desabastecimiento de granos y el orden público, el otro gran problema del México finisecular que hubo que afrontar el conde de Moctezuma nada más tomar posesión de su gobierno fue el de la falta de azogues, debido a la negativa repercusión que la consecuente escasez de plata adquiría en el comercio y la Hacienda, la cual —hundidos sus ramos de quintos reales por falta azogue, las alcabalas por cese del comercio y los tributos por la mortalidad y huida de los indios— no podía hacer frente a sus múltiples necesidades.

Para remediarlo, el conde de Moctezuma encargó su compra en China vía Filipinas y propuso al Consulado de México formalizar un crédito de 300.000 pesos a favor de Sevilla que permitiese conducir del Perú, de España o de Alemania la mayor cantidad posible.

Esos problemas no impidieron al conde de Moctezuma dedicar su atención a otros que se arrastraban desde tiempo atrás. Uno de ellos era la colonización de California. Sarmiento Valladares continuó apoyando los planes de los jesuitas para su evangelización.

Reunidos por éstos cerca de 14.000 pesos en limosnas, el virrey les concedió licencia para comenzar la expedición. El 5 de febrero de 1697 autorizó a los PP. Juan Salvatierra y Francisco Eusebio Kino a entrar en California con la condición de no librar cantidad alguna contra la Real Hacienda sin orden expresa del Rey. Sin embargo, los superiores jesuitas enviaron al padre de origen italiano Francisco María Piccolo en lugar del P. Kino, al considerar a éste indispensable en la Pimería Alta, en la contracosta de California. Destacan los viajes de Kino en busca de una ruta terrestre que comunicase ambas regiones, cosa que logró en 1699, determinándose finalmente que California era una península y no una isla. Dos años más tarde, el primer monarca Borbón, Felipe V, ordenaba (Real Cédula de 17 de julio de 1701) que la empresa jesuítica se fomentase, para lo cual mandaba subsidiarla con 6000 pesos anuales; pero esta orden ya la recibió su sucesor interino en el mando, el arzobispo de México Juan Ortega Montañés.

En cuanto a la frontera norte, en los primeros meses de 1697 el gobernador de Nuevo México, Diego de Vargas, sometió los pocos indios rebeldes que restaban.

A pesar de la estabilidad política que llevó a Nuevo México, a su cese (2 de julio de 1697) se desató un alud de acusaciones cuando se abrió su juicio de residencia: malversación de fondos, ejecución de indios en masa, etc. El nuevo gobernador, Pedro Rodríguez Cubero, lo declaró culpable, siendo condenado el 2 de octubre de 1697 a arresto domiciliario, confiscación de propiedades y multa de 4000 pesos.

Absuelto en Madrid, Rodríguez Cubero interpuso, sin embargo, una causa contra Vargas en la Audiencia de México. Aquí también fue absuelto y, obedeciendo órdenes de la Corte, se le restituyó en el gobierno de Nuevo México en noviembre de 1703.

En cuanto a la región de los Texas, y a pesar de la fundación a fines de 1696 del fuerte San Carlos de Austria en la bahía de Santa María de Galve (antes bahía de Panzacola), los franceses enviaron una nueva expedición al área al mando de Pierre LeMoyne, señor de Iberville, quien partió de la Rochela el 24 de octubre de 1698 al mando de dos mil hombres. Prevenido de esta expedición por Real Cédula de 14 julio 1698, el conde de Moctezuma nombró al entonces alcalde mayor de Guanajuato, Andrés de Arriola, gobernador del citado presidio, con fuerzas suficientes para esperar a los franceses. Cuando éstos —entre los que parece iba el pirata Lorencillo— llegaron allá en los últimos días de enero de 1699 y toparon con los españoles, optaron por dirigirse al río de la Mobila.

Convencido de la difícil defensa del presidio y de su mala situación geoestratégica, pues se hallaba establecido en una bahía donde no desembocaba ningún sistema fluvial que pudiera servir de ruta comercial, Arriola se dirigió a México para proponer al virrey su abandono. Sin embargo, ante la opinión contraria del erudito Carlos de Sigüenza y Góngora, que intervino años antes en su erección (1693) y no quiso reconocer su equivocación, se resolvió en Junta de Guerra y Hacienda de 18 de mayo de 1699 que la fortaleza San Carlos de Austria no se abandonara y que Arriola regresara a él inmediatamente. Mientras esto sucedía en la capital, los franceses no sólo llegaron a la Mobila sino que levantaron un fuerte en la bahía de Biloxi (Fort Maurepas, 1699) y otro cerca de la desembocadura del Misisipi (Fort Misisipi, 1700). Además del control de la navegación por el citado río, tales establecimientos marcaron el inicio de la hegemonía francesa de la Luisiana y el fin de la pretensión hispana al dominio exclusivo de la costa norte del golfo. A partir de entonces, los franceses intentarán extenderse hacia Texas y Nuevo México; para vigilarlos, se fundaría el año de 1718 en Texas el presidio de San Antonio de Béjar, así como diversas misiones.

Otro foco de problemas para el virrey conde de Moctezuma fueron las costas de Yucatán y Guatemala, ya que los ingleses estaban establecidos en Zacatán o Belice y en la isla de Términos. Destaca el encuentro que la Armada de Barlovento tuvo con otra francesa sobre las costas de Santo Domingo el 29 de diciembre de 1696, del cual resultó la pérdida de la almiranta y capitana y la fuga desordenada del resto.

Por este motivo, los mandos de la Armada, el general Andrés de Pez y el almirante Guillermo Morfi, fueron detenidos. Por si los problemas eran pocos, a fines de 1698 los españoles tuvieron noticias de que los escoceses habían fundado una colonia en el Darién; aprestada la Armada de Barlovento —de nuevo al mando de Andrés de Pez—, se desistió de su envío al tener conocimiento de que los escoceses se habían retirado a Nueva Inglaterra.

Por otra parte, el conde de Moctezuma alentó la continuación de los trabajos encaminados a la apertura de un camino que uniera las jurisdicciones de Yucatán y Guatemala, entorpecidos desde su inicio en 1695 por problemas internos de la primera de ellas entre el gobernador Roque Soberanis y el encargado de la expedición y su futuro sucesor Martín de Ursúa y Arizmendi. Solucionados dichos problemas, el 24 enero de 1697 salía Ursúa para el Petén Itzá, adonde llegó el 14 de marzo, tomando posesión y atrayéndose a los indios de la comarca, enlazando así con la expedición que venía de Guatemala.

Erigido un fuerte en la Isla Grande, Ursúa dejó en él cincuenta hombres al mando de José Fernández de Estenós y regresó con el resto a Campeche, comenzando de nuevo los problemas con el gobernador Soberanis.

Noticias poco halagüeñas de lo que estaba sucediendo en El Petén obligaron de nuevo a Ursúa a volver allá; al poco, también llegaba una columna desde Guatemala comandada por Melchor de Mencos.

La falta de provisiones y la llegada del invierno hizo que tanto Ursúa como Mencos se retirasen respectivamente a Campeche y Guatemala en mayo de 1699, dejando una guarnición de setenta soldados al mando del capitán Juan Francisco Cortés, así como varios misioneros.

A representación de Ursúa, el conde de Moctezuma hizo peticiones ante el comisario general de la Orden de San Francisco, fray Manuel de Monzábal, para que enviara misioneros al Petén. Asimismo, ordenó al corregidor de Oaxaca que recogiera toda la plebe ociosa de aquella ciudad y su entorno y la remitiese a Veracruz con el fin de enviarla como refuerzo al presidio fundado por Ursúa, quien a la muerte de Roque Soberanis (Mérida, 25 de septiembre de 1699) ocupó el gobierno de Yucatán.

Durante el gobierno de Sarmiento Valladares, quien el 25 mayo de 1699 volvió a residir de nuevo en el reconstruido palacio virreinal después de su quema en el motín de 1692, tuvo lugar el fallecimiento del profesor de matemáticas de la Universidad de México y renombrado erudito por sus estudios de Astronomía, Arqueología, Historia y Filosofía Natural Carlos de Sigüenza y Góngora (22 de agosto de 1700); poco después lo hacía en Madrid el monarca Carlos II (1 de noviembre de 1700). Le correspondió, por tanto, al conde de Moctezuma jurar en México al primer monarca español de la dinastía de los Borbones, Felipe V, el 4 de abril de 1701, después de haber solemnizado el pésame, lutos y honras por la muerte del último Habsburgo español.

Ese mismo año, el 4 de noviembre, dejó el mando en manos del arzobispo de México Juan Ortega Montañés, de quien lo había recibido cuatro años antes.

Después de sufrir el correspondiente juicio de residencia, del que se han conservado varios documentos, incluyendo los cargos, descargos y sentencia (L. Hanke, 1978, t V: 214-242), el conde de Moctezuma se embarcó en la flota que, al mando de su general Manuel de Velasco y escoltada por navíos franceses, salió de Veracruz el 12 de junio de 1702 rumbo a España. Al estar el puerto de Cádiz bloqueado por una escuadra angloholandesa, la flota española se dirigió a Vigo, optando por verificar la descarga de sus mercancías en la ensenada de Rande; la posterior llegada a ella de los enemigos y el consecuente enfrentamiento naval (23 de octubre) acabó con el hundimiento de gran parte de la flota hispana, aunque el conde de Moctezuma logró conservar la mayor parte de sus pertenencias.

A su regreso a la Península en plena Guerra de Sucesión, Sarmiento de Valladares supo lograr que Felipe V le colmara de privilegios: duque de Atlixco (25 de noviembre 1704), perpetuidad para sus sucesores por vía de mayorazgo de todas sus encomiendas más los 4000 pesos de pensión que se le habían comenzado a situar en las de Campeche (25 de agosto de 1705), presidente del Consejo de Indias (31 de agosto de 1705) y merced perpetua a él y sus sucesores en el mayorazgo de nombrar los alcaldes mayores de las jurisdicciones de Atlixco, Tepeaca, Guachinango, Ixtipexi y Tula (3 de febrero de 1706). No pocos ni baladíes privilegios para quien fuese tachado, por cierta historiografía mexicana, de austracista por no haber participado un par de veces en la fiesta del pendón (12 de agosto, día de San Bartolomé) en conmemoración de la conquista de México y ser el líder de la casa de los Moctezuma. Sin embargo, su encumbramiento al regreso a España desmiente la afirmación de muchos historiadores de haber sido cesado en el virreinato por sus tendencias austracistas.

 

Bibl.: M. Rivera Cambas, Los gobernantes de México, t. I, México, 1872-1873, págs. 284-292; J. I. Rubio Mañé, Introducción al estudio de los virreyes, México, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 1959, 4 vols.; L. Hanke (ed.), Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la Casa de Austria: México, t. V, Madrid, Atlas, 1978, págs. 187- 242; L. Navarro García, “El cambio de dinastía en Nueva España”, en Anuario de Estudios Americanos, 36 (1979), págs. 111-168; E. de la Torre Villar, Instrucciones y memorias de los virreyes novohispanos, t. II, México, Porrúa, 1991, págs. 747-768. J. R. Barreiro Fernández, “Os Moctezuma e Galicia (I). Sarmiento de Valladares, Conde de Moctezuma, vicerrei de Nueva España (1696-1701)”, en Estudios Migratorios (EM), 3 (1997), págs. 35-63; “Os Moctezuma e Galicia (II). Orixe e evolución do condado de Moctezuma”, en EM, 4 (1997), págs. 9-39. A. de Valle Arizpe, Virreyes y virreinas de la Nueva España, México, Porrúa, 2000, págs. 108-118; P. Hidalgo Nuchera, “El temor al motín: orden, granos y azogues en la estrategia política del virrey Moctezuma (1696- 1701)”, en Crisol, 5 (2001), págs. 161-187.

 

Patricio Hidalgo Nuchera