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Abraham Bar-Hiyya

Biografía

Bar iyya, Abraham. Ha-Nasi, “el Príncipe”, Savasorda. Aragón, c. 1063 o 1070 – Provenza (Francia), c. 1136 o 1145. Filósofo, teólogo, matemático, astrónomo, traductor.

De su biografía se conocen muy pocos datos, provenientes en su mayor parte de sus propias obras. Fue uno de los más notables representantes de la ciencia en el mundo hebreo medieval. No se sabe con certeza su lugar de nacimiento, aunque se supone que debió ser en algún lugar de la Corona de Aragón, quizá en Huesca, de donde era originario Moëeh Sefardí, en cuya catedral se conserva un documento, fechado en agosto de 1137, en el que se alude a una heredad “quae fuit de Xabaxorda iudeo”, dato que es interpretado por Millás Vallicrosa en el sentido de que se formó en la cultura árabe en el reino de los Banñ Hñd de Zaragoza. También se ha sostenido que nació en Barcelona, precisamente porque algunos autores posteriores le llaman ha-Bargeloní. En esta ciudad vivió y ocupó un elevado cargo público en la corte de los Condes de Barcelona: fue îªÊib al-ëurða, “jefe de la policía”, expresión árabe cuya deformación dio el sobrenombre por el que es conocido, Savasorda. Fue nombrado “príncipe” (“Nasí”) de las aljamas judías, probablemente con funciones judiciales. Y en esa ciudad están datas casi todas sus obras.

Antes de llegar a Barcelona había enseñado en diversos lugares de la España cristiana así como en el sur de Francia. Fue astrónomo y matemático en la corte de Alfonso I el Batallador de Aragón y parece que ayudó a los Condes de Barcelona a dividir territorios, según parece deducirse de un tratado suyo de agrimensura, el ibbur ha-mĕëiÊah wĕ-ha-tiëboret («Tratado de geometría y medición»), traducido al latín por Platón de Tívoli en 1145 con el título de Liber embadorum, el más antiguo libro de álgebra árabe escrito en Europa, en el que se ofrece por vez primera una solución a las ecuaciones cuadráticas, y del que se ha dicho que sirvió para que Europa aprendiera geometría y trigonometría. Es una obra en la que afirma lo siguiente: “Quien desee aprender el método para medir las superficies y dividirlas correctamente, debe entender de manera necesaria y correctamente los teoremas generales de la geometría y de la aritmética en los que descansa la enseñanza de la medida. Si ha dominado estos teoremas completamente, nunca se desviará de la verdad”.

En Barcelona trabajó también con el mismo Platón de Tívoli en la traducción de varias obras científicas árabes al latín, creando entre ambos un vocabulario preciso y específico para expresar los conceptos científicos. Parece que tradujeron en torno a once obras científicas, consagradas a la astrología, a la astronomía y a la geometría. Sin embargo, existen serias dudas sobre este particular, porque se conoce de la existencia de varios traductores judíos de nombre Abraham, que trabajaron en el siglo XII, por lo que algunas de ellas pudieron ser realizadas por otro personaje del mismo nombre, ya que no siempre ha sido posible hacer la completa identificación del intérprete. A esta labor de traductor alude en alguna ocasión en sus obras, en este caso a la traducción del árabe al hebreo: “No he entrado en esta materia por mi propia voluntad ni para conseguir gloria, sino que muchos personajes ilustres de mi generación, cuyo consejo estoy obligado a seguir, porque no hay en toda la tierra de Safrat ningún libro en hebreo que trate de estas ciencias y por ello lo he traducido de los libros árabes en la medida de mis posibilidades”. Por tierra de Safrat parece que debe entenderse la parte francesa al norte de la Provenza. Pudo vivir, según este testimonio, en el sur de Francia, donde las comunidades judías que desconocían la lengua árabe tenían necesidad de textos científicos escritos en hebreo.

En cuanto a la fecha de su muerte hay discusión entre los especialistas. Tradicionalmente se ha aceptado la fecha de 1136, basándose en dos datos. En primer lugar, la existencia de un manuscrito, fechado en 1136, en el que el copista añade al nombre de Abraham bar iyya la fórmula usual empleada cuando alguien ha muerto “virtuoso cuya memoria sea honrada”. Además, Platón de Tívoli completó la traducción del Quadripartitum de Ptolomeo en 1138 y no menciona ya a Abraham como colaborador suyo en la versión de la obra. Sin embargo, otros datos apuntan a que la colaboración con Platón de Tívoli todavía se producía en 1145, por lo que otros estudiosos retrasan la fecha de su muerte hasta después de este año. Se apoyan además en la identificación de Abraham bar iyya con el Maestro Abraham que en 1143 terminó de dictar en Toulouse el De Astrolabio a Rodolfo de Brujas.

Su labor científica, caracterizada por su conocimiento de la ciencia greco-árabe, estuvo dirigida tanto hacia la comunidad judía como hacia los cristianos que se interesaron por la ciencia. Fue así uno de los principales intermediarios entre la ciencia que se había desarrollado en el mundo árabe y la Europa cristiana, habiendo sido uno de los primeros autores que se ocuparon de la ciencia en la Europa latina. Además, su conocimiento de la ciencia tenía como fin el poder aplicarla con fines religiosos y positivos. Señala el gran estudioso de este autor, Millás Vallicrosa, que el científico no borra al biblista, puesto que siempre muestra que la ciencia se apoya en el texto bíblico, del que ofrece un notable conocimiento en sus obras. La finalidad científica ha de estar subordinada siempre a los fines de la religión revelada, de manera que las ciencias son fundamentos sobre los que descansa el edificio o torre de la creencia. Tal es lo que muestra Abraham bar iyya en su obra Yĕsode ha-tĕbunah u-migdal ha-’ĕmunah (“Fundamentos de la inteligencia y fortaleza de la creencia”), que es una especie de enciclopedia científica, puesto que es un tratado completo de matemáticas, astronomía, óptica y música, en donde se aprecia el conocimiento que tuvo de Euclides, las matemáticas árabes y de al-FªrªbÌ, cuyo Catálogo de las ciencias sigue temática y metodológicamente, en la parte referente a la óptica.

También fue el primer judío hispano que escribió sus obras en hebreo y no en árabe como se ha pensado, precisamente porque fue el primer judío en escribir en la España cristiana, donde el uso de la lengua árabe no era tan frecuente como a veces se supone, aunque sí se utilizaba. A partir de ahora, el hebreo se convertiría en la lengua literaria usada por los judíos de la Europa latina. Abraham bar iyya llega incluso a lamentarse del hecho de que no existiera en hebreo ninguna obra científica: “Habiendo buscado durante tiempo un tratado en nuestra lengua que explicara metódicamente la citada ciencia (la astronomía), y no habiendo podido hallarlo, me creí obligado, en mi interior, a redactarlo, a la medida de mis posibilidades; pero me resistía y retardaba en hacer dicha obra, pues no me veía con títulos y capacidad para ello hasta que llegaron a mis manos unos escritos muy notables de cierto personaje de nuestra generación, luz de la inteligencia y sol esplendoroso del saber, y me aconsejó componer un tratado acerca de la ciencia que sus palabras halagüeñas y su invitación eran acertadas, e inmediatamente me ocupé en cumplimentar su consejo, dado el ascendiente que tenía sobre mí”.

Fue autor de otras obras científicas, como Surat ha-’areî (“La forma de la tierra”) y ĕëbon mahălakot ha-kokabim (“Cálculo de los movimientos de las estrellas”), que constituyen las dos partes de una obra dedicada a la cosmografía y en la que expone el sistema tolemaico siguiendo a al-FargªnÌ. Un compendio de la primera obra es el LuÊot («Tablas astronómicas»), conocido por el nombre de Tablas de Savasorda. El Sefer ha-‘ibbur (“Libro del cómputo del calendario”) es una obra dedicada a problemas del calendario. Mantuvo una disputa con Yĕhudah ben Barzilay acerca de la conveniencia de posponer la fecha de una boda por razones astrológicas, cuestión de la que se ocupó en una Epístola sobre la astrología, escrita en un tono conciliatorio y apologético.

Además de su tarea como autor y traductor de obras científicas cabe destacar también su importancia como filósofo. Escribió en hebreo un texto de carácter filosófico, Hegyon ha-nefeë ha-‘aîubah (“Meditación del alma triste”), donde realiza una síntesis de elementos neoplatónicos y aristotélicos y donde propone una base racional para la religión, afirmando la validez del conocimiento científico, aunque el saber procede de la herencia de Israel, de donde toman sus principios los filósofos. Es una obra de marcado carácter ético, exhortando al lector a llevar una vida de pureza y devoción, pero no exenta de reflexiones de tipo cosmológico en las que analiza los conceptos de materia y forma, como principios no eternos que dan lugar a la creación, que no es sino la unión de aquéllos por la voluntad del Creador, por lo que la creación no es un acto necesario sino voluntario y lleno de amor.

Una segunda obra suya en la que hay elementos de su pensamiento filosófico es la titulada Megil-lat ha-megal-leh («Libro del revelador»), obra de carácter mesiánico, al estar dedicada al cómputo de sobre la venida del Mesías, pero en donde esboza una visión de la historia basada en la astrología: el sistema del mundo está ordenado a la existencia de Israel; su fin último no es el hombre en general, sino el pueblo de Israel; por tanto, lo que da sentido a la historia es la historia de Israel. De aquí que analice la nación judía y señale la existencia de tres categorías de creyentes según sea su conducta ante las leyes reveladas, en una elaboración de las reflexiones de al-FªrªbÌ sobre las diversas clases de ciudades. Rechaza la transmigración de las almas, que no había descartado en la obra anterior y señala que el destino del alma depende de la justicia divina, formulando así una antropología más teológica que filosófica.

 

Obras de ~: ibbur ha-mĕëiÊah wĕ-ha-tiëboret («Tratado sobre la medida y el cálculo»); Yĕsode ha-tĕbunah u-migdal ha-’ĕmunah («Fundamentos de la inteligencia y fortaleza de la creencia»); Surat ha-’areî («La forma de la tierra»); ĕëbon mahălakot ha-kokabim («Cálculo de los movimientos de las estrellas»); LuÊot («Tablas astronómicas»); Hegyon ha-nefeë ha-‘aîubah («Meditación del alma triste»); Megil-lat ha-megal-leh («Libro del revelador»). Epístola sobre la astrología.

 

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Rafael Ramón Guerrero