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Eugenio de Ochoa y Montel

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Biografía

Ochoa y Montel, Eugenio de. Lezo (Guipúzcoa), 19.IV.1815 – Madrid, 27.II.1872. Escritor y traductor del período romántico.

Aunque en su partida de bautismo figura como descendiente de José Cristóbal de Ochoa, se ha creído desde antiguo que fue hijo natural del abate Sebastián de Miñano, con quien se crió en la casa materna de Bayona (Francia), y del que redactó una biografía para el Museo de las Familias, XVII, 1859. Su infancia transcurrió primero en la mencionada Bayona y luego en Madrid, a partir de 1816. Fue alumno de Alberto Lista, en el Colegio de San Mateo, y de la Escuela de Dominicos de Santo Tomás, estudios que remataría en París, en donde se le ubica en 1828, como pensionado de Fernando VII (que lo protegió por su amistad con Miñano). Allí permaneció hasta 1834, ejercitándose en el aprendizaje de la pintura con Antoine- Jean Gros, actividad que abandonó por problemas oculares.

En París conectó con no pocos intelectuales españoles emigrados y escribió repetidos artículos, interesándose especialmente por el teatro. Esta experiencia del exilio le dio los suficientes conocimientos para trazar luego, dentro de la colección de tipos costumbristas Los españoles pintados por sí mismos (1843-1844), los artículos correspondientes a “El Emigrado” y a “El español fuera de España”.

A su regreso Ochoa pasó a ser redactor de la Gaceta de Madrid, hasta 1837, al tiempo que fundaba y codirigía con Federico Madrazo una de las revistas literarias más importantes del Romanticismo, El Artista (1835-1836), publicación para la que preparó más de ochenta colaboraciones. Se casó con la hermana de su colaborador, con la que tuvo diez hijos. Paralelamente, y hasta 1838, Ochoa llevó a cabo una intensa labor como traductor de textos preferentemente franceses al español, empezando por Víctor Hugo, de quien vertió al castellano Nuestra Señora de París y el drama Hernani, ambas en 1836, como así mismo el influyente drama de Dumas Anthony, traducciones enjuiciadas y elogiadas por Larra, además de traducir una de las mejores colecciones de cuentos europeos del xix, Horas de invierno (1837), lo que demuestra su excelente conocimiento de la literatura extranjera del momento. Europeísta liberal se mostró este autor en varias de sus colaboraciones periodísticas, si bien sucesos como el Motín de La Granja o la declaración de la Primera Guerra Carlista y la desunión de Partido Liberal le hicieron ver con desconfianza y pesimismo el entronque modernizador de España en el concierto europeo. Se fue orientando, así, hacia una postura más conservadora.

En 1837 Ochoa volvió a París, en donde permaneció durante siete años, con la finalidad de difundir la literatura española en los mejores cenáculos franceses y europeos. Empezó a colaborar en la “Colección de los mejores autores españoles” que promovía el editor Baudry y, para tan magna obra, elaboró, además de los importantes Apuntes para una biblioteca de escritores españoles contemporáneos en prosa y verso (1840), un utilísimo y trascendente Catálogo razonado de los manuscritos españoles existentes en la Biblioteca Real de París (1844) además de la compilación, entre otras varias, titulada Tesoro de los romanceros y cancioneros españoles, históricos, caballerescos, moriscos (1840), obra en la que dio a conocer al público francés el Cantar de Mío Cid. A través de todas estas recopilaciones y ediciones, Ochoa llevó a cabo una impagable tarea filológica e histórica de la difusión de nuestro patrimonio literario, pues no sólo se limitaba a recoger textos, sino también a anotarlos, a redactar introducciones y noticias biográficas acerca de los mismos y de sus autores. En 1842 editó la obra de Quevedo y, dos años después, anotó una edición del Quijote. Y, por supuesto, procuró la difusión de las obras de sus coetáneos como Martínez de la Rosa, Zorrilla, Espronceda, Larra, Campoamor, Hartzenbusch o Gil y Zárate. Su colaboración fue decisiva en la localización y edición de El Cancionero de Baena, en 1851.

Junto a su labor de compilador de textos españoles Ochoa prolongó su actividad como traductor, sobre todo de las novelas de Walter Scott, lo que supuso una notable contribución a la evolución del Romanticismo español. El regreso a Madrid de la reina madre María Cristina, proclamada la mayoría de Isabel II, facilitó el regreso también de Eugenio de Ochoa, que se aposentó de nuevo en la capital del Estado en 1844, y tres años después sería nombrado académico de la Real Academia Española. Inició entonces una nueva etapa como periodista en las páginas de La España, para la que escribió diversos artículos sobre teatro (género que le interesó especialmente), poesía y narrativa. En 1852 fue nombrado censor de teatros, y por su pluma, como crítico, pasó buena parte del teatro español estrenado durante el período 1848-1855, y se ocupó igualmente de los libros poéticos de Selgas, García de Quevedo, Rivas y José J. de Mora, y hasta del relato de Navarro Villoslada Doña Blanca de Navarra, al tiempo que saludaba con elogios La gaviota de Fernán Caballero, autora con la que mantuvo una abundante correspondencia.

Sufrió un nuevo destierro en 1854, y, a su vuelta, el político y funcionario le ganaron la partida al escritor, pues en este último período sólo un libro interesante salió de su pluma —París, Londres y Madrid, de 1861—, ya que el resto de su obra, como traductor, fue, aparte de algunas versiones de clásicos latinos, de temática muy variada (política, física, artes plásticas, ensayos de historia y hasta guías de aprendizaje de idiomas). Antes de su muerte alcanzó destacados destinos (además de haber sido dos veces diputado a Cortes), como el de director general de Instrucción Pública, consejero de Estado (hasta el destronamiento de Isabel II en 1868). Todavía tuvo tiempo de conocer las primeras novelas de Galdós y de publicar uno de los primeros textos laudatorios sobre el incipiente novelista canario.

También Ochoa cosechó una obra literaria original de cierta consideración. Escribió dos dramas en 1835 (Incertidumbre y amor y Un día del año 1823); una recopilación de sus poesías diseminadas por varios periódicos y revistas en el volumen Ecos del alma (1841) y dos novelas (Los Guerrilleros —serie que quedó inconclusa tras la primera entrega— y El Auto de Fé, acerca de las conflictivas relaciones entre Felipe II y el príncipe Carlos), junto a una docena de cuentos plagados de asuntos tenebrosos, lúgubres o sobrenaturales, con finales impactantes, que hoy resultan excesivamente pueriles.

 

Obras de ~: Un día del año 1823 (teatro), Madrid, Sancha, 1835; Incertidumbre y amor (teatro), Madrid, Repullés, 1835; L. Gozlan, F. Soulié, V. Hugo et al., Horas de invierno, trad. de ~, Madrid, Imprenta de I. Sancha e Imprenta de D. T. Jordan, 1836-1837 (3 vols.); El auto de fe (novela), Madrid, Sancha, 1837; Ecos del alma (poesías), París, Rosa, 1841; Catálogo razonado de los manuscritos españoles existentes en la Biblioteca Real de París, París, Imprenta Real, 1844; con P. J. Pidal (eds.), El Cancionero de Juan Alfonso de Baena (siglo xv), ahora por primera vez dado a luz, con notas y comentarios, Madrid, Imprenta de la Publicidad, a cargo de M. Rivadeneyra, 1851; Los Guerrilleros (novela), en Revista Española de Ambos Mundos, III (1855), págs. 77-103, 213-240, 349-378 y 511- 524; París, Londres, Madrid, París, Baudry, 1861; Miscelánea de literatura, viajes y modas, París, Baillière, 1867; P. Virgilio Marón, P. Virgilii Maronis opera omnia = Obras Completas de P. Virgilio Marón, trad. al cast. por don ~ de la Academia Española, Madrid, Rivadeneyra, 1869 (ed. bilingüe) (ed., pról. y notas de M. Dolç, Barcelona, Vergara, 1959).

 

Bibl.: D. Allen Randolph, Eugenio de Ochoa y el romanticismo español, Berkeley, Los Angeles, University of California Press, 1966; J. L. Alborg, Historia de la Literatura Española, vol. IV, Madrid, Gredos, 1980, págs. 168-185; P. Menarini, “Eugenio de Ochoa e il teatro francese: ‘Anthony’, ‘Hernani’ e alcuni nuovi dati”, en Francofonia (Cádiz), n.º 2 (1982), págs. 131-142; “Il teatro di Ochoa all’epoca de El Artista”, en VV. AA., Critica testuale de esegesi del testo. Studi in onore di Marco Boni, Bolonia, Pàtron, 1983, págs. 317-334; R. Dengler Gassin, “Algunas consideraciones a propósito de Hernani, drama de Víctor Hugo (1830), versión castellana de Eugenio de Ochoa (1836)”, en M.ª L. Donaire y F. Lafarga (eds.), Traducción y adaptación cultural: España-Francia, Oviedo, Universidad, 1991, págs. 337-346; S. Beser, “En torno a ‘Hilda’, cuento de Eugenio de Ochoa”, en J. Pont (ed.), Narrativa fantástica en el siglo xix (España e Hispanoamérica), Lérida, Milenio, 1997, págs. 249-266; V. Cantero García, “Una aproximación a la figura literaria de Eugenio de Ochoa: estudio de su práctica dramática y análisis de su actividad como crítico teatral”, en Epos (Madrid), XVI (2000), págs. 177-196; M.ª R. Ozaeta, “Eugenio de Ochoa, traductor de Hugo”, en F. Lafarga, C. Palacios Bernal y A. Saura Sánchez (eds.), Neoclásicos y románticos ante la traducción, Murcia, Universidad, 2002, págs. 419-436; B. Rodríguez Gutiérrez, Historia del cuento español, Madrid, Iberoamericana, 2004, págs. 293-295; R. Sánchez, Mediaciones y transferencias culturales en la España de Isabel II. Eugenio de Ochoa y las letras europeas, Madrid, Iberoamericana Vervuert, 2017.

 

Gregorio Torres Nebrera