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Juan de Ávalos García-Taborda

Biografía

Ávalos García-Taborda, Juan de. Mérida (Badajoz), 21.X.1911 – Madrid, 6.VII.2006. Escultor.

Artista de sólida formación, estudia en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado entre 1926 y 1931, acaparando los principales premios. En 1932 consigue el premio Aníbal Álvarez de la Academia y un año después expone con Bonifacio Lázaro en el Círculo de Bellas Artes. Disfruta de una beca de la Diputación de Badajoz, y entre 1933 y 1936 ejerce la docencia en la Escuela de Artes y Oficios de Mérida como profesor de modelado y vaciado. Entre 1935 y 1936 colabora en la organización de representaciones en el teatro romano de Mérida, participa en sus excavaciones y es nombrado subdirector del Museo Arqueológico de la ciudad, realizando una amplia labor de inventario. Tras la Guerra Civil, su Autorretrato obtiene Tercera Medalla en la Exposición Nacional de 1941, y entre 1942 y 1944 disfruta de la beca conde de Cartagena para estudios en el extranjero.

Emprende una nueva etapa al instalarse en Lisboa, donde mantiene intensos contactos con el ambiente artístico portugués; también pasa temporadas en Italia y Francia en 1948 y 1949. Destacan en este período diversos retratos de personajes y tipos portugueses, como el violinista Luis Silveira y la Mujer de Nazaré, además del retrato de su esposa Soledad, que obtuvo Primera Medalla en la Exposición Nacional de 1950.

En 1951, bajo la dirección del arquitecto Diego Méndez, se le adjudica la obra escultórica de la Cruz y Cripta del Valle de los Caídos, en Cuelgamuros, descomunal proyecto emprendido por el general Franco en recuerdo de la Guerra Civil española. Ávalos trabajó en la empresa durante casi cinco años y llegó a ejecutar, al frente de un equipo de ayudantes, setenta y cuatro obras entre bocetos, modelos y las figuras definitivas; las colosales dimensiones exigieron nuevas técnicas de ampliación, enormes armazones de madera para los modelos en barro, un complejo vaciado de escayolas y la construcción de las estatuas a partir de hiladas de sillares pétreos. El conjunto incluye la Piedad de la entrada; las Virtudes (Justicia, Prudencia, Templanza y Fortaleza), y los Evangelistas Juan, Lucas, Marcos y Mateo, además de los arcángeles en bronce para la cripta.

En 1957 realiza en alabastro el famoso mausoleo de los Amantes de Teruel, una alternativa poética e intimista al colosalismo anterior. De este espíritu participa también su Cristo yacente en mármol, que le supuso la Primera Medalla en la Exposición Nacional de ese año. No abandona, sin embargo, las pretensiones gigantescas; su obra en el Valle de los Caídos le proporciona un prestigio que traspasa fronteras y trasciende a tierras americanas. Así, en 1958 participa en el concurso para erigir en Guayaquil (Ecuador) un descomunal monumento al Sagrado Corazón de Jesús, con una altura de cincuenta y cinco metros, que no sería culminado. También se vieron paralizadas la iniciativa de erigir en Madrid un monumento a Cuba sufragado por la colonia española en la isla y otro en Caracas a Simón Bolívar, previsto con casi cien metros de altura.

Los años sesenta son de una gran intensidad. Relaciones estrechas con distintos países iberoamericanos generan reconocimientos, honores y conferencias, pero igualmente obras monumentales, como la estatua de Diego García de Paredes para Venezuela (1957), las de Gonzalo Jiménez de Quesada y Pedro de Heredia, además de catorce literatos para la Academia de la Lengua, en Colombia (1960-1961) y los monumentos a José Celso Barbosa y Román Baldorioty en Puerto Rico (1964-1966). Entre 1962 y 1964 desarrolla numerosas actividades en Estados Unidos.

También se suceden los monumentos en diversas ciudades españolas, a un ritmo febril, destacando el dedicado a la gesta del Alcázar en Toledo (1961), compuesto por esculturas y relieves de carácter alegórico; el Ángel de la Paz para Valdepeñas (1962-1964) y el Monumento a la Paz en Santa Cruz de Tenerife (1965); junto a los dedicados al pintor Adelardo Covarsí en Badajoz (1967-1968), al rey Fernando el Católico en Zaragoza (1969) o al doctor Jiménez Díaz en Madrid (1969).

La década de los setenta viene marcada por una interminable lista de premios, homenajes y distinciones en el ámbito nacional e internacional; cabe citar la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, la Gran Cruz de Isabel la Católica y las Medallas de Oro de Badajoz y Mérida. En 1974 es elegido académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en cuya recepción pronuncia el discurso Ocaso de los oficios auxiliares de la escultura. En el plano artístico, en 1971 realiza una estatua ecuestre del Sha de Persia, hoy desaparecida, y continúan los trabajos para América: la Fuente de la Poesía y el monumento a la Independencia de la República Dominicana (1971-1974) en Santo Domingo, junto a obras posteriores para Estados Unidos y Paraguay.

En 1975 y 1976, coincidiendo con el bimilenario de la ciudad, erige en Mérida los monumentos a los arqueólogos emeritenses y a los caídos en las guerras de España. En la escultura religiosa hay que destacar su paso procesional Glorificación de la Soledad para la Semana Santa malagueña (1975). Pero son años también de esculturas de pequeño formato, que le permiten trabajar con mayor libertad y recrear temas personales con un aliento delicado e intimista, predominando los desnudos femeninos. Surgen en este sentido exposiciones en Bilbao, Badajoz, Valencia y París e incluso, ya en los ochenta, realiza incursiones con gran éxito en el diseño de joyas.

En 1979 es elegido presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Un año después es invitado por la Academia de Artes de la Unión Soviética a viajar a este país y en 1981 ingresa en la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Es, asimismo, correspondiente de la Hispanic Society of America y las Reales Academias de Sevilla y Toledo. En los años ochenta se multiplican sus exposiciones y obras monumentales en Burgos, Badajoz, Marbella, Ronda, Ceuta, Benidorm, Mijas, Olivenza y Almendralejo, además de creaciones para México y Estados Unidos.

Su actividad artística se prolonga en los años noventa e incluso los inicios del nuevo siglo con una admirable continuidad, instalando nuevas obras en Badajoz, Cáceres o Madrid.

Defensor de la tradición escultórica y la solidez del oficio, Ávalos ha trabajado con todo tipo de materiales y en diferentes formatos y temáticas, siendo además un excepcional dibujante. Es su obra monumental la que le ha otorgado mayor proyección y fama internacional, con una dilatada producción que se define por un estilo sereno y equilibrado, centrado en la figuración humana y a caballo entre el realismo y la idealización.

 

Obras de ~: Retratos de sus padres, 1927; Mujer de Nazaré, 1945; El violinista Luis Silveira, 1948; Héroe muerto, 1950; Conjunto escultórico del Valle de los Caídos, 1951-1955; Los Amantes de Teruel, 1957; Cristo yacente, 1957; Monumento a la gesta del Alcázar de Toledo, 1961; Monumento a la Paz, 1965; Monumento a la República Dominicana, 1971-1974; Monumento a los Arqueólogos, 1975; Glorificación de La Soledad, 1975.

Escritos: Ocaso de los oficios auxiliares de la escultura. Discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1974.

 

Bibl.: E. Segura Otaño, El escultor extremeño Juan de Ávalos, Badajoz, Diputación Provincial, 1958; J. Trenas, Juan de Ávalos, Valencia, Galería Ribera, 1978; M. Bazán de Huerta, “Ávalos García-Taborda, Juan de”, en F. J. Mayans Joffre (dir.), Gran Enciclopedia Extremeña, vol. II, Mérida, Ediciones Extremeñas, 1990, págs. 15-16; M. Bazán de Huerta, Juan de Ávalos, Badajoz, Caja de Badajoz, 1996.

 

Moisés Bazán de Huerta

 

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