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Ataulfo

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Biografía

Ataulfo. Ataulfus Rex. ¿Panonia? (Croacia), ú. t. s. IV – Barcelona, VIII-IX.415. Rey de los godos (410-415).

Altaulfo pertenecía a la más alta nobleza de los godos tervingios. Las fuentes contemporáneas afirman que tenía un parentesco de sangre con su antecesor el rey Alarico I (muerto en 410), además de que éste contrajera matrimonio con una hermana de aquél.

Por ello parece conveniente considerar a Ataulfo miembro del gran linaje real godo de los Baltos, para lo que conviene también su propio nombre, pues la aliteración en a- resulta un rasgo típico de los llamados Baltos antiguos. A partir del liderazgo que Ataulfo tuvo sobre los godos asentados en Panonia se ha supuesto que pudiera ser padre de Ataulfo el godo Alateo.

Éste fue uno de los jefes godos de la famosa batalla de Adrianópolis (378), y posteriormente lideró a los godos asentados en Panonia Superior en virtud de la alianza (foedus) hecha con el Imperio romano en 380. Lo que desde luego es cierto es que tanto el posible Balto Alateo como el seguro Ataulfo lideraron no sólo a godos tervingios, sino también a godos greutungos, que se habían negado a vivir subordinados a sus vencedores hunos, y también a algunos de estos últimos; y es casi seguro que entre esos greutungos liderados por Ataulfo se encontrara algún miembro del gran linaje de los Amalos.

En 408 Ataulfo, al frente de un numeroso grupo de godos y también hunos se unió en Italia a su pariente Alarico. Un nuevo aporte popular que habría sido muy importante en la definitiva culminación de la etnogénesis de los godos baltos o visigodos. De especial significación sería el aporte de guerreros a caballo al ejército godo de Alarico, hasta entonces formado principalmente de infantes. En razón de ello sería nombrado “conde de los domésticos a caballo” por Prisco Atalo, en los meses del 409-410 en que vistió ilegítimamente la púrpura imperial con el apoyo del ejército godo. Con esas credenciales sería lógico que, cuando Alarico murió en Cosenza a finales del 410, le sucediera como rey de los godos.

El reinado de Ataulfo sería una continuación del de su cuñado y pariente. Alarico desgraciadamente había dejado a su pueblo sin resolver ninguno de los problemas fundamentales: la integración en el seno del Imperio o la constitución de un reino godo en su interior, en definitiva la adquisición de una patria que asegurase al pueblo godo su subsistencia con un cierto nivel de vida y dignidad. Alarico dejaba a Ataulfo ese dilema para resolver el problema fundamental.

Lo que Ataulfo no volvió a repetir fue el error de Alarico de presionar al gobierno imperial de Honorio directamente en su corazón, en Italia; lo que se había mostrado siempre frustrante y a la larga siempre contraproducente para los auténticos intereses godos. La usurpación imperial de Jovino en las Galias en 411 puso a Ataulfo en disposición de ofrecer a éste y al gobierno legítimo de Honorio sus servicios militares. Al principio Ataulfo se colocó del lado de Jovino, entre otras cosas porque Honorio había depositado su confianza en el godo Saro, un miembro del linaje greutungo de los Rosomones con los que los Amalos del heroico rey Ermanerico (fallecido en 375) mantenían una vieja y sangrienta venganza de sangre (faida), que también alcanzó ahora al Balto Ataulfo. Precisamente la traición de Saro a Honorio en 412, también por una vendetta, y su paso al bando de Jovino ofreció a Ataulfo la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro: vengarse de Saro y servir al bando que parecía más fuerte. En efecto, ese mismo año Ataulfo impedía, ya en las Galias, la unión de Saro y su séquito militar con las fuerzas de Jovino, haciéndole prisionero y matándole de inmediato. Y unos meses después, ya en 413, Ataulfo pactaba con Honorio una alianza en virtud de la cual el godo prestaría su servicio militar a cambio de raciones de rancho para quince mil soldados godos.

Tras derrotar a Jovino, Ataulfo se encontró de nuevo cerrada su promoción en el Imperio por la oposición del emergente nuevo generalísimo occidental Constancio (muerto en 421). Por ello, como en otro tiempo Alarico, Ataulfo hizo un nuevo y último esfuerzo de sustituir a Honorio por un Emperador dócil a sus designios, como era el antiguo usurpador Prisco Atalo, que había acompañado al ejército godo desde el fracaso de su primera asunción de la púrpura imperial en el verano del 410. Es más, en enero del 414 en Narbona, Ataulfo contrajo matrimonio con la princesa Gala Placidia (fallecida en 450), hija de Teodosio el Grande (muerto en 395) y hermana de Honorio, que había sido tomada como rehén por los godos en el saqueo de Roma del 410. La famosa frase supuestamente dicha por Ataulfo en ese momento, y recordada por san Jerónimo, de abandonar la idea que había tenido por un momento de “sustituir el Imperio romano por una Gotia”, en caso de ser cierta debe interpretarse en el sentido de que con su matrimonio Ataulfo optaba decididamente por su integración plena en el Imperio, emparentado con su aristocracia militar, lo que a medio plazo habría supuesto olvidarse de su realeza étnica y de su mismo pueblo godo. Sin embargo, tal objetivo fracasó por la firme intransigencia de Honorio y del poderoso generalísimo Constancio, que ya buscaba la mano de Gala Placidia, así como por la muerte prematura del fruto de la unión de Ataulfo y Gala, al que se impuso el significativo nombre de Teodosio (muerto en 414-415).

Presionado y perseguido de lejos por el ejército de Constancio, Ataulfo y sus godos se vieron obligados a abandonar el mediodía galo y penetrar en la Península Ibérica a finales del 414, tratando de vivir sobre el terreno, luchando incluso contra los invasores vándalos.

En Barcelona sufrió la muerte de su joven hijo, lo que arruinaba definitivamente la opción de la integración en el Imperio. Unos meses después, en agosto o septiembre, Ataulfo era mortalmente herido mientras inspeccionaba sus cuadras por un cliente suyo de nombre Evervulfo, que se vengaba así de la muerte de su antiguo patrono, tal vez el Rosomón Saro. Su sucesor Sigerico (fallecido en 415), precisamente hermano de Saro, mató a los hijos de Ataulfo de corta edad tenidos de otras mujeres, y humilló a la viuda Gala Placidia.

 

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Luis Agustín García Moreno