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Pedro Alonso Niño

Biografía

Niño, Pedro Alonso. ¿Moguer (Huelva)?, c. 1468 – Océano Atlántico, 1502. Navegante, piloto y descubridor.

Pedro Alonso Niño es el segundo de los hermanos Niño. En los documentos se le puede encontrar como Pedro Alonso, Pero Alonso o Peralonso. Estuvo casado dos veces, con Juana Muñiz, de quien tuvo a Juan Niño, Isabel Quintero y Leonor Fernández; y con Leonor de Boria (o Leonor Cantera en otros documentos), de quien tuvo a Francisco Niño.

Era piloto, gran marino y audaz explorador. Fue una de las grandes figuras del descubrimiento y conquista y tiene rasgos de semejanza con Vicente Yáñez Pinzón: como él participó en el viaje descubridor, estuvo presente en los primeros viajes al Nuevo Mundo y tuvo, por tanto, ocasión de enriquecerse pero no lo hizo.

Antes del primer viaje de Colón nada se sabe de él, sino que era hijo de Alfon Pérez Niño, que su esposa era Leonor de Boria y que tenía vecindad en Moguer. Acompañó a Colón en el viaje de 1492 como piloto de la carabela Niña (dos veces le nombra el Diario: jueves 7 y domingo 10 de febrero), aunque queda la duda de si la carabela de Pedro Alonso fue la Santa María o la Niña; es decir, si volvió a bordo de la Niña después del naufragio de la Capitana o si siempre había viajado en aquélla. En favor de la Santa María está el hecho de llamarse piloto mayor y también el hecho de no aparecer en el Rol, donde sí aparece Sancho Ruiz de Gama. Por otro lado, varios testigos en los Servicios dicen que todos los hermanos Niño y sus parientes fueron con Juan Niño en su carabela Niña.

Peralonso viajó con Colón una segunda vez en septiembre de 1493, y regresó con Antonio de Torres, cuyos doce navíos llegaron a Cádiz el 7 de marzo de 1494. Todavía estaba en España en julio de este año, lo que demuestra que no embarcó en los navíos de Bartolomé Colón. Después de la partida de Bartolomé en los primeros días de mayo, no zarpó ninguna flota para las Indias hasta mediados de noviembre, cuando de nuevo fue Antonio de Torres con cuatro naves, y es probable que fuera Pedro Alonso en su compañía.

En los primeros días de abril de 1495, Pedro Alonso Niño regresó también en las cuatro naves de Torres al puerto de Cádiz. Allí se preparó a participar en la flota de cuatro carabelas que Juanoto Berardi aprovisionaba en cumplimiento del acuerdo establecido con los Reyes Católicos el 9 de abril de 1495, y que suponía la ruptura del monopolio colombino, todo ello supervisado por el ya obispo de Badajoz, Juan Rodríguez de Fonseca. Peralonso tenía el cargo de piloto de la capitana, de Juan de Sasneta, recibiendo por ello un sueldo de 2000 maravedís al mes, además de otros 500 maravedís “que tyene de sus altesas por piloto mayor de yndias”.

En enero de 1496, las carabelas, supervisadas por Américo Vespucio tras el fallecimiento en diciembre de Berardi, partieron de Sevilla, haciéndose a la mar el 3 de febrero. Sin embargo, las condiciones climáticas hicieron que la flota se hundiera en las inmediaciones de Rota. Buena parte de las provisiones de estas cuatro carabelas logró rescatarse y se embarcó rápidamente en las tres naves, que debían partir sin demora, con provisiones hacia La Española. El 11 de junio de 1496, Colón regresó al puerto de Cádiz de su segundo viaje y encontró preparada esta pequeña armada. El almirante leyó las cartas y despachos que en ellas le enviaban los Reyes y, tras leerlos, escribió a su hermano Bartolomé sobre cómo actuar en las nuevas tierras, cartas que le debía entregar Peralonso Niño.

En la nueva armada, compuesta por una nao, la Bretona, y dos carabelas, Santa María de la Guía y Lázaro, Niño ocuparía nuevamente el cargo de piloto de la capitana, la Santa María de la Guía, del moguereño García Álvarez. Partieron del puerto de Cádiz el 16 de junio, disfrutando de un viaje rápido y feliz. Ésta sería la época de mayor importancia de Pedro Alonso, de la que existen numerosas menciones. Es el caso de su asiento como piloto, casi igual al del viaje malogrado de seis meses antes; su gestión en la compra en La Gomera de cien cabezas de ganado ovejuno y caprino en el viaje de ida; el tener a su cargo la comida de los esclavos que iban a bordo de las dos carabelas y una mención fortuita en el inventario de materias.

De regreso, tras tocar en Azores, Madeira y Portugal, las dos carabelas llegaron a Cádiz el 10 de noviembre de 1496, quedando la nao retrasada hasta el 2 de diciembre en que llegó a dicho puerto. Los tripulantes de estas naves, en lugar de presentarse inmediatamente, como debían, a los recaudadores de la Hacienda, pusieron rumbo a Palos, llevándose consigo papeles, encargos y objetos de La Española y un cargamento de esclavos indios que fueron utilizados varias veces en lugar del dinero que faltaba, escribiendo desde allí que todo estaba a buen recaudo y que traían gran cantidad de oro.

Cuando algunos meses después, en febrero de 1497, se hizo la entrega oficial, se comprobó que todo era una exageración y que los anhelados tesoros, esperados por los Reyes para los gastos de guerra del Rosellón, y por el propio Colón para su tercer viaje, se reducían a algunas muestras de las escasas riquezas de La Española y un puñado de esclavos. Además, los informes sobre el estado de la colonia y la riqueza natural de la tierra eran muy desfavorables. Los Reyes se dieron por bien servidos, pero Colón se sintió algo defraudado y así lo deja entrever en carta dirigida a su hermano el adelantado por medio de Fernández Coronel, de la que publica una parte el padre Las Casas. No se tienen más noticias de Niño hasta que Colón prepara su tercer viaje en la primavera de 1498. Pedro Alonso estaba alistado para ir como piloto con el almirante, y todo parece indicar que así fue.

Posteriormente, Niño regresó en las carabelas que el mismo Colón mandó a la metrópoli el 18 de octubre del mismo año desde Santo Domingo, con las cartas escritas por el descubridor acerca de Paria y las nuevas de las perlas halladas y con la teoría sobre la forma de la Tierra en forma de pezón, el mapa de los nuevos descubrimientos hecho por el almirante, llegando a España el 10 de diciembre. En abril de 1495 los Reyes pretendieron romper el monopolio colombino, idea que perdió su valor al regresar Colón a la Península y lograr que se restituyeran sus privilegios. Sin embargo, con la llegada de noticias del tercer viaje, con escasos beneficios económicos y la increíble teoría “pezonoidal” del globo presentada por el genovés a los Reyes Católicos, estos decidieron abrir las nuevas tierras a viajes de particulares que empezaron inmediatamente, siendo conocidos como “Viajes de Descubrimiento y Rescate”.

En ese momento crucial de la política colombina pudo ser decisiva la opinión de Peralonso, que estaba en la corte enseñando a cartear al Rey, diciendo que había visto el mapa que envió el almirante de lo descubierto. Fue entonces cuando Fernando el Católico consideró necesario organizar una expedición de comprobación para que fueran Ojeda, Cosa y Niño a tantear doscientas leguas a uno y otro lado de lo descubierto por Colón. En Sevilla, los hermanos Luis y Cristóbal Guerra se convirtieron en socios capitalistas de Peralonso, organizando uno de estos primeros viajes realizados por particulares, viaje que dio a Pedro Alonso Niño fama perdurable por sus magníficos resultados económicos.

Las capitulaciones firmadas con la Corona eran en sustancia las mismas que se otorgaron por aquella época a todos los descubridores, con una cláusula especial por la cual debían apartarse por lo menos cincuenta leguas de los sitios recién visitados por Colón. Contaban con medios tan escasos que la empresa fue considerada como una audacia temeraria, que sólo Pero Alonso Niño era capaz de acometer. Las dos primeras expediciones de particulares partieron casi a un tiempo: Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa el 18 de mayo de 1499, y Pedro Alonso Niño y Cristóbal Guerra a primeros de junio de 1499; tan sólo les separó un intervalo de unos quince días. El viaje Niño y Guerra tuvo gran importancia en cuanto al tesoro adquirido, no tanto en lo referente a conocimientos geográficos.

Aunque no llegaron a coincidir, las dos exploraciones hicieron recorridos similares y sus rutas descubridoras se solaparon. Niño se dio a la vela en Palos en una sola carabela de unas cincuenta toneladas y con 33 hombres, siendo el capitán nominal de la expedición Cristóbal Guerra, y Peralonso, su piloto. La ruta seguida era muy similar a la de ida del tercer viaje colombino (Canarias, Cabo Verde), contando con vientos favorables de manera que atravesaron el océano en veintitrés días, llegando a las costas de Paria, en América del Sur. Siempre avanzando hacia el oeste, la carabela recorrió más de 150 leguas de costa en medio de todos los peligros, dando pruebas su piloto de un valor y una pericia increíbles.

En las costas de Paria fueron recibidos cordialmente por los indígenas, que les dieron una buena cantidad de palo del Brasil. Adelantándose a Ojeda recorrieron las costas de Curiana, desembarcaron en la isla Margarita e hicieron gran acopio de perlas que los naturales les cambiaron por bagatelas; desde allí reconocieron el territorio de los cumaganotos, hasta el punto de la actual Coro (Venezuela) y llegaron a Cumaná, donde permanecieron tres semanas aprovisionándose de víveres. Seis jornadas más adelante, siempre al oeste, reconocieron unas minas de oro, pero súbitamente se vieron atacados por un ejército de indios en canoas, que tuvieron que dispersar a tiros desde la carabela, y regresaron a la hospitalaria Cumaná, donde reanudaron el lucrativo comercio. Niño visitó la boca del Drago y la punta de Araya, donde descubrió las famosas salinas del mismo nombre, comenzando allí su viaje de regreso. Peralonso se aproximó a la Equinoccial más que ningún otro de los descubridores anteriores, e influyó poderosamente en las siguientes expediciones de descubrimiento.

La carabela arribó a Bayona (Galicia) en febrero de 1500 bien cargada de un valioso botín de oro, plata, perlas del tamaño de avellanas, etc. En el mencionado puerto desembarcaron las perlas en cestas “como si de paja se tratara”, según expresión de Mártir de Anglería. El viaje se divulgó rápidamente como una leyenda dorada; muchos lo tuvieron por providencial y aun milagroso, y en todas partes del reino se avivó el ansia de descubrimientos y aventuras en las misteriosas Indias, hasta el punto de que la Corona, para evitar expediciones furtivas, tuvo que recordar (3 de septiembre de 1501) la necesidad de licencia real para nuevas expediciones bajo pena de perder “el navío o navíos o mercaderías, mantenimientos e armas e pertrechos e otras cualesquier cosas que llevaren”.

Niño, al rendir oficialmente en Bayona las cuentas del viaje, fue acusado primero de defraudación al Tesoro, al que pertenecía por derecho y por ley de capitulación la quinta parte del producto total; y segundo, de haber contravenido el precepto y compromiso firmado de no entrar en territorios descubiertos de antemano por Colón. Por ello le fue confiscada gran parte de su fortuna y se le incoó un severo proceso.

En cuanto a la pesquisa sobre defraudación a la Reina por ocultar parte de las perlas, parece claro que Guerra fue el denunciante y Niño (con otros compañeros) el denunciado, pues todo indica que discutieron en el camino sobre la partición, por lo que al no someterse Pero Alonso a lo acordado, fue acusado por Guerra de ocultación y fraude. Que Guerra no perdió el favor real resalta al encontrarle en junio del mismo año en plenos preparativos para otro viaje a la misma costa como capitán de los Reyes Católicos, en el que además iba como veedor y receptor. Mientras, Pero Alonso fue procesado y encarcelado varios meses.

Con su prisión y los trámites para su libertad, pasó buena parte del año 1500 y acaso también unos meses de 1501, aunque no se sabe el tiempo que permaneció encarcelado (Pedro Mártir dice que estuvo preso largo tiempo, y que siempre protestaba su inocencia de todo fraude). El caso se prolongó hasta el 2 de agosto de 1501, fecha en la que se daba Real Cédula para que el tesorero facilitara 9.488 maravedís para repartir y pagar a varios de los que participaron en el viaje por las perlas que debieron corresponderles. Guerra emprendió, a primeros de septiembre de 1500, su segundo viaje para la misma costa de las Perlas descubierta por Cabral para comprobar su situación, del cual no regresó hasta octubre de 1501. A este viaje siguió un otro tercero; pero a causa de los disgustos y querellas entre ambos por la prisión de Niño, no es probable que fueran socios nunca más.

Durante un intervalo de tiempo no hay noticias de Pedro Alonso, hasta que en febrero de 1502 fue a Indias con la gran flota de 32 navíos que llevó a Nicolás de Ovando como gobernador, embarcando en la capitana, Santa María de la Antigua como “piloto de resguardo”. La flota, capitaneada por Antonio de Torres, zarpó el 3 de febrero de 1502. Al regreso, en agosto, se toparon con un huracán, del que ya había avisado Colón, frente al puerto de Santo Domingo en su cuarto viaje, y del que se resguardó en las inmediaciones de Azúa. Ovando desoyó las previsiones del almirante y la flota partió del puerto de Santo Domingo. De inmediato se vieron en medio de una fuerte tormenta en la que se perdió, entre otras naves, la capitana, con el anterior gobernador Bobadilla y Antonio de Torres a bordo, y con el grano mayor de oro que se haya encontrado jamás en Indias. En ella también murió Pedro Alonso Niño, dejando escasos bienes para su viuda y sus hijos.

 

Bibl.: P. Ángel Ortega, La Rábida, Historia documental crítica, t. III, Sevilla, Universidad, 1925; P. Mártir de Anglería, Décadas del Nuevo Mundo, Buenos Aires, Editorial Bajel, 1944; M. Fernández de Navarrete, Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1954; “Pleitos Colombinos”, en Colección de Documentos Inéditos de Ultramar, ts. VII y VIII, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano- Americanos, 1964; C. Colón, Diario del Descubrimiento, ed. y notas de M. Alvar, Gran Canaria, Cabildo Insular, 1976; J. Varela Marcos, Las Salinas de Araya y el origen de la armada de Barlovento, Caracas, Academia Nacional de la Historia de Venezuela, 1980 (Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, n.º 146); D. Ramos Pérez, Audacia, negocios y política en los viajes españoles de Descubrimiento y rescate, Valladolid, colección Tierra nueva e cielo nuevo, I, Seminario Americanista de la Universidad de Valladolid, Casa-Museo de Colón, 1981; A. B. Gould, Nueva lista documentada de los tripulantes de Colón en 1492, Madrid, Real Academia de la Historia, 1984; H. Colón, Historia del Almirante, ed. de L. Arranz, Madrid, Historia 16, 1984; B. de las Casas, Historia de las Indias, México, Fondo de Cultura Económica, 1992; J. Varela Marcos, Castilla descubrió el Brasil en el 1500, Tordesillas, Instituto Interuniversitario de Estudios de Iberoamérica y Portugal (IIEIP), Universidad de Valladolid, 2001; M.ª M. León Guerrero, El segundo viaje colombino, tesis doctoral, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2002 en http://www.cervantesvirtual.com; J. Varela Marcos y M.ª M. León Guerrero, Colón, su tesis pezonoidal del globo terráqueo y el Itinerario del tercer viaje: la fantasía del paraíso terrenal, Valladolid, 2002; El itinerario de Cristóbal Colón (1451-1506), Valladolid, Diputación Provincial, Casa Colón de Las Palmas de Gran Canarias, IIEIP, 2003; M.ª M. León Guerrero, Cristóbal Colón y su viaje de confirmación (1493-1496), Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2006.

 

Jesús Varela Marcos