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San Zoilo

Biografía

Zoilo, San. ¿Córdoba?, s. III – Córdoba, p. s. IV. Mártir, santo.

El documento hagiográfico más antiguo para el estudio de los mártires hispanos, el Peristephanon de Aurelio Prudencio Clemente, redactado hacia el año 410, ensalza el nombre de san Zoilo en el himno IV; esto, al menos, confirma que el culto al mártir era muy antiguo y que fue un personaje histórico. En el martirologio jerominiano, del siglo vi, Zoilo aparece formando un grupo con otros veinte: Crescens, Julianus, Nemesius, Fratría, Primitivus, Justinus, Sthathaeus, Novatianus, Clemens, Marcelinus, Zeddinus, Felix, Venustus seu Hinnusticus, Marcellus, Italica, Lellus, Capito, Tinnus, Timaraus seu Tuscus, Sivanus, todos ellos citados como “Martyr, Cordubae in Hispania (S.)”. Esta fuente y otras que la reinterpretan, como el martirologio de Lyon, han contribuido a que se hable de san Zoilo y sus compañeros o de los veinte mártires cordobeses de la época de Diocleciano. Se conserva también una Passio muy tardía en la que se narran sus tormentos.

El calendario de Córdoba indica que su sepulcro estuvo en el barrio de Cis, en las afueras de la ciudad y que, posteriormente, fue trasladado al barrio de los Bordadores (“in Vico Tireceorum”) un 4 de noviembre, ya que se celebra también esa traslación celebrada por el obispo Agapio (c. 590); en el lugar se construyó una basílica de gran importancia en la Antigüedad. Las reliquias de san Zoilo fueron solicitadas, al propio Eugenio, por el obispo de Pamplona y en la basílica del Vicus Tireceorum fueron enterrados san Eulogio y otros mártires de la persecución del siglo IX bajo ‘Abd-al-Raűmān II. El traslado de las reliquias de san Zoilo al antiguo Monasterio de San Juan Bautista en Carrión de los Condes (Palencia), determinó la dedicación al santo del monasterio que, a partir de entonces, experimentó un gran auge, llegando a pertenecer a la Orden de Cluny y a convertirse en una de las residencias del representante de la Orden en la Península.

Iconográficamente se representa como un adolescente con túnica corta y una corona de laurel o de flores que a veces le coloca un ángel sobre las sienes. Sus atributos son la espada de su martirio y, en ocasiones, los otros instrumentos de su tortura como los azotes o los garfios de hierro.

Su fiesta, que se celebra el 27 de junio, está ya recogida en los calendarios mozárabes.

 

Bibl.: A. Prudencio, Peristephanon, s.l., 410 (Madrid, Librería y Casa Editorial Hernando, 1943, pág. 121); P. Gaiffier, “L’invention et Traslation de S. Zoilo de Cordove”, en Analecta Bollandiana, 56 (1938), págs. 361-369; J. Ferrando Roig, Iconografía de los Santos, Barcelona, Omega, 1950, pág. 272; A. Fábrega Grau, Pasionario Hispánico, vol. I, Madrid-Barcelona, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1953, págs. 238-240; Pasionario Hispánico, vol. II, Madrid- Barcelona, CSIC, 1955, págs. 378-381; T. Moral, Bibliotheca Sanctorum, vol. XII, Roma, Pontificia Università Lateranense, 1961-2000, pág. 500; R. García Villoslada (dir.), Historia de la Iglesia en España, vol. I, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1979, págs. 74 y 76; J. Vives Gatell, “Zoilo”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. IV, Madrid, CSIC, Instituto Enrique Flórez, 1975, pág. 2812; P. Riesco Checa, Pasionario Hispano, Sevilla, Universidad, 1995; Acta Sanctorum Database, Antuerpiae-Bruxellis, Sociedad de Bollandistas, 1643-1940, junio, V, cols. 0252-0256, acta.chadwyck.com (en línea).

 

Elena Sainz Magaña