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Jerónimo Zurita y Castro

Biografía

Zurita y Castro, Jerónimo. Zaragoza, 4.XII.1512 – 3.XI.1580. Primer cronista oficial de Aragón.

Nació en un ambiente acomodado y bien relacionado con la Monarquía: su padre, el doctor en Medicina Miguel Zurita, fue médico de cámara del rey Fernando el Católico o de “las Españas” (II de la Corona de Aragón) y del emperador Carlos, y su madre, Ana de Castro, la segunda esposa. Fue bautizado en la zaragozana parroquia de San Gil seis días después de su nacimiento. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares; tuvo como condiscípulos al futuro cardenal Mendoza, León de Castro, y a Francisco y Juan de Vergara, con los cuales aprendió griego y latín, alcanzando un alto grado de conocimiento, igual que sucedió con varias lenguas modernas (francés, italiano, portugués, entre otras); su primer maestro público fue Fernán Núñez de Guzmán, el Comendador Griego. El sistema político existente cuando nace Jerónimo Zurita era el de una monarquía que articulaba una notable diversidad de territorios en un momento en el que además, el soberano reinante, Fernando el Católico, lo era de extensos y lejanos territorios; a su fallecimiento (1516), su nieto Carlos tenía sus reales a un lado (las “Españas” —“España”, se escribirá igualmente—, con operaciones de circumnavegación del globo y conquista en América) y otro (el núcleo del Imperio) de un poderoso sistema monárquico, el francés, con el que entró en conflicto, al igual que con las tendencias expansionistas de la monarquía inglesa y los turcos, sin olvidar los conflictos internos, en especial los religiosos. Las fuerzas de la naturaleza pujantes, economía que comenzaba de modo desigual, según los territorios, la ciudad o el campo; con notables cambios (se encuentra Europa occidental en los inicios del fenómeno capitalista), demografía en auge, cultura que sigue mirando hacia el mundo grecorromano, pero que también contemplaba el futuro (si bien Zurita lo haría con cierto recelo), como prueban las prácticas científicas de la época, en todas sus vertientes técnicas, físicas y humanísticas. El Emperador nombró a Zurita en 1530 merino en la ciudad de Barbastro y de la villa de Almudévar, además de “continuo” de la Casa Real y gentilhombre de su Cámara; poco después, al renunciar su padre, fue designado bayle en Huesca. La relación con la poderosa Monarquía asentada no solo en los territorios hispanos, sino también en el centro de Europa, concretamente a partir del emperador Carlos, y su especial fidelidad a la corona, hizo de su familia un elemento importante que iba a beneficiarle ya en los comienzos de su vida.

En 1537 contrajo matrimonio, en Valladolid, con Juana García de Oliván, hija del secretario de la Inquisición, quien ya había conseguido que Jerónimo Zurita fuera su coadjutor y sucesor suyo, con la que tuvo cinco hijos (Jerónimo, Miguel, Jerónima, Isabel y Juana, la única que contrajo matrimonio; los demás entraron en religión); en el Tribunal desempeñó la tarea de ordenación de los archivos. En 1543 estuvo ante la presencia del Emperador por cuestiones, al parecer, relacionadas con los moriscos. Se encontraba ejerciendo el cargo de contador del Santo Oficio cuando las Cortes de Aragón crearon el cargo de cronista del Reino en 1547; el acto de corte, la normativa, era precisa: “Por falta de scripturas, los hechos y cosas antiguas del Reyno de Aragon, estan olvidadas: su Alteza de voluntad de la corte estatuece, que se de un salario, qual pareciere a los Diputados, a una persona experta, sabia, y provida en Coronicas, y Historias, natural del Reyno de Aragon: el qual tenga special cargo de screvir, recopilar, y ordenar, todas las cosas notables de Aragon, assi pasadas, como presentes: según que a Coronicas de semejantes Reynos conviene”.

Como consecuencia de la normativa aprobada, los Diputados del Reino aragonés eligieron y nombraron a Jerónimo Zurita para el cargo el 31 de mayo de 1548, con carácter vitalicio, con la condición de tratar de asuntos aragoneses, aunque le permitían ocuparse de lo que afectara a otros territorios. En ese mismo año pierde a su mujer. Una vez aceptado el cargo, inició en 1549 su actividad solicitando acceso a los archivos en los que hubiera documentos para su estudio; autorización que recibió, en ese año, del poder soberano delegado, desempeñado entonces por Maximiliano y María, reyes de Bohemia y archiduques de Austria, como regentes, en nombre del emperador Carlos. Poco después emprendió viaje (1550) para, además de actuar como Contador general de las Inquisiciones de la Corona de Aragón, informarse de la bibliografía histórica existente, pasando por Sicilia y por Roma, llegando más tarde (1553) a Barcelona, donde trabajó consultando la documentación del archivo real, lo que conocido por el Príncipe heredero (futuro Felipe II) sirvió para recibir el mandato de informar sobre el Real patrimonio, al que siguieron otros encargos. Fueron, por otro lado, años de acercamiento a la Corona inglesa, siguiendo la política fernandina, con el resultado del enlace matrimonial del Príncipe (designado rey de Nápoles en 1554, para la ocasión) con la reina María I la Católica, con la que fue rey de Inglaterra (1554-1558). Unos años después, el Emperador firmó la Paz de Augsburgo (1555), según la cual los soberanos protestantes consiguieron el libre ejercicio de su postura religiosa, permitiéndoles con ello una mayor autoridad en sus respectivos territorios. Resultados generales del cerco puesto a la Monarquía francesa fueron las tensiones de la Corona con el Reino de Aragón, sumadas al desarrollo del absolutismo que aprovechó el bandolerismo y la delincuencia, y por tanto en conflicto con el sistema pactista vigente en Aragón, lo que produjo, en su momento, la intervención del rey Felipe en los asuntos internos de los aragoneses, con el efecto de las conocidas Alteraciones y sus consecuencias, que ya no vio Zurita. Su fidelidad a la corona, y en especial al príncipe Felipe, le llevó a una estima que posteriormente se tradujo en un aumento de la confianza del nuevo rey (1556). Junto con esas tareas de la administración, en 1562 ya tenía preparada la primera parte de los Anales, de cuya redacción había dado cuenta precisa a los diputados del Reino, quienes mediante un comisionado conocían lo escrito (según testimonio de 1557), de modo que fueron a la imprenta y vieron la luz en ese mismo año en Zaragoza, donde se tenían informaciones excepcionales, como las “Cartas de las Indias Orientales”, sobre China, publicadas en1561; al siguiente concluía el Concilio de Trento.

Fue en 1566, cuando Felipe II le hizo Secretario de su Cámara y dos años después el inquisidor general Diego de Espinosa le nombró secretario del Oficio de la Santa General Inquisición. La predilección del Rey por él llegó hasta el extremo de encargarle (1567) que recogiera la documentación que existiera en manos de los altos cargos de la administración real y de sus herederos para que fuera depositada en el archivo real de Simancas, haciendo relación de la misma, así como de otra referente a “negocios públicos” que hubiera y entrara en la fortaleza. En 1571 el soberano decidió crearle Racional de Zaragoza; es decir, supervisor de la contabilidad municipal de la capital del Reino de Aragón, y también le autorizaba la impresión y venta de sus libros en la Corona de Castilla, así como en otros territorios de su dominio, por tiempo de diez años. En ese año tenía lugar la batalla de Lepanto, en la que el soberano Felipe había alcanzado la colaboración de Venecia y del Papado, consiguiendo frenar la expansión turca y evitando de este modo el refuerzo de la posible reacción de los moriscos granadinos. Por esas fechas, en las que se desarrollaban exploraciones por el océano Pacífico (islas Filipinas), el cronista donó su biblioteca al monasterio de la Cartuja de Aula Dei, en Zaragoza, fondo que fue notablemente reducido por el interés del valido real conde de Olivares en 1626, sin contar otras actuaciones de tiempos posteriores. En 1578 y 1579 Zurita estuvo en la capital del Reino aragonés con permiso real e inquisitorial (no consiguió la deseada jubilación), de modo que pudo atender directamente sus estudios históricos e incluso ver la publicación de la segunda parte de sus Anales (1578 y 1579), de los Indices rerum (1578) y de la Historia del Rey Don Hernando el Catolico (1580). El 31 de octubre de 1580 hizo testamento, y el 3 de noviembre el notario Jerónimo Andrés daba cuenta del fallecimiento, en la casa zaragozana de Juan Francés de Ariño, señor de las baronías de Osera y Figueruelas; sus restos, por deseo propio fueron sepultados en el Monasterio de Santa Engracia. Era el año en el que su soberano incorporaba a su corona el reino de Portugal.

Jerónimo Zurita dedicó mucho esfuerzo al estudio de los autores clásicos, como inquieto renacentista, según prueban algunos de sus trabajos, entre los que pueden mencionarse las enmiendas y notas a los Comentarios de Julio César, a Claudiano, Salustio o a Plinio, una traducción del De consolatione de Boecio, y una Cantabria. Descripción de sus verdaderos límites, publicada por Dormer en sus Discursos varios de historia (1683), y en la actualidad editada con un amplio estudio por Iglesias Gil (Santander, 2000), sin olvidar las Enmiendas e ilustraciones al itinerario de Antonino Augusto, editadas por Andreas Schottus, en 1600, ni multitud de escritos de los que solamente se ha localizado la referencia de autoría entre sus comentaristas o conocedores de su obra desde el siglo XVII, como demuestran los Progressos de Adrés de Uztarroz y Dormer (1680). No sólo consultó e hizo acopio de bibliografía y fuentes documentales, preferentemente primarias, sino que mantuvo relación con diversos estudiosos, pudiendo destacarse el caso del eclesiástico Antonio Agustín, que llegó a ser arzobispo de Tarragona (1577), con el que también trató cuestiones de numismática antigua, epigrafía, heráldica, genealogía e, incluso, de temas relacionados con territorios lejanos como China; del mismo modo, trató con el que llegó a ser mecenas de la Universidad de Zaragoza, Pedro Cerbuna, entre multitud de estudiosos y personajes influyentes de la época, como Honorato Juan, preceptor del primogénito real Carlos, o con Fernando de Aragón, arzobispo de Zaragoza (nieto de Fernando el Católico), sobre temas heráldicos, y que tuvo una actuación importante en la creación del oficio de cronista de Aragón, además de que el primer nombramiento recayera en Zurita; o fray Juan Regla, prior del Real Monasterio de Santa Engracia, en Zaragoza, confesor del Emperador y del rey Felipe. Su método destacó por preferir las fuentes primarias, rechazando o desconfiando de los cronicones antiguos o de la bibliografía que no contuviera un cierto planteamiento crítico y se apartara de la fabulación y del mito.

Ya en su tiempo (1562) tuvo detractores y apologistas; entre los primeros Lorezo de Padilla, arcediano de Ronda y canónigo de Málaga, combatido por Felipe de Guevara, comendador de la Orden de Santiago, El Consejo de Castilla pidió un informe al cosmógrafo y escritor de historia Alonso de Santa Cruz, quien le atacó de modo virulento, diciendo que seguía a autores fabulosos y que mentía en cuanto decía; surgieron inmediatamente sus defensores, como Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, Juan Páez de Castro y el obispo Diego de Covarrubias, que se fijaron concienzudamente en su trabajo y doctrina, mantenida hasta su muerte, de aplicar el principio aprendido de los clásicos de que la Historia era “Lux veritatis” (junto con “testis temporum, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis”; Cicerón, en su De Oratore) y de la aplicación de otro de ecuanimidad expuesto en los Annales de Tácito, para quien el estudio histórico debia realizarse “sine ira et studio” (sin animosidad ni simpatía), siendo muy estricto con lo que no viera reflejado en documentación fiable; de modo preciso lo diría Morales en su Apología (remitida al propio Santa Cruz en 1564): “Todo esto hizo para cumplir con la primera parte de la ley, que no dixese cosa falsa, o incierta, sino muy cierta, y averiguada. Para alcanzar esto, y para descubrir la verdad en todo, puso los medios ordinarios, y buscó otros extraordinarios, y exquisitos”. El asunto llegó hasta las Cortes celebradas en 1563, y finalmente se autorizó la publicación de la continuación de sus Anales, que concluían, en 1579, con la exposición de acontecimientos hasta 1492, concluyendo así lo que había iniciado en los comienzos del siglo VIII con la entrada “de los moros en España”, lo que le alejaba notablemente de los escritos al uso sobre el pasado, los consabidos relatos desde la creación del mundo y de los humanos, tomados de las narraciones bíblicas; por otra parte, la exposición del fallecimiento de Fernando el Católico (1516) daba fin a su Historia del soberano, que no se refería solamente a cuestiones de Italia, sino que abordaba, entre otros, temas aragoneses de la mayor importancia. Su obra fue admirada, en general, por sus coetáneos, sirviendo de modelo a sus sucesores en el cargo y a otros escritores de temas históricos o a multitud de juristas que se movían dentro de las necesidades del conocimiento de acontecimientos para los diversos problemas del mundo del Derecho; posteriormente ha merecido ser reeditada e incluso empleada como fuente, por lo que no resulta extraño ver en estudios históricos actuales diversas citas para comentar los hechos a los que se refiere, ya que puede tenerse la garantía (salvo que mencione a otros autores o posibles errores) de que proceden de fuentes primarias que actualmente no existen o no están localizadas. Una parte de su correspondencia y diversos manuscritos de sus trabajos u obras de su biblioteca, en ocasiones anotadas, se conservan actualmente en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de España, así como otros documentos en diversos fondos, como son la Biblioteca Nacional de España, la Biblioteca del Monasterio de El Escorial y el Archivo de la Diputación Provincial de Zaragoza.

 

Obras de ~: Los cinco libros primeros de la primera parte de los Anales de la Corona de Aragon compuestos por Jeronymo Çurita chronista del Reyno, Zaragoza, Pedro Bernuz, 1562; Los cinco libros postreros de la primera parte de los Anales de la Corona de Aragon compuestos por Geronimo Çurita chronista del reyno, Zaragoza, Pedro Bernuz, 1562; Segunda parte de los Anales de la Corona de Aragon compuestos por Geronimo Çurita Coronista del Reyno, Zaragoza, Domingo de Portonariis y Ursino, 1578; Los cinco libros postreros de la segunda parte de los Anales de la Corona de Aragon compuestos por Geronimo Çurita Coronista del Reyno, Zaragoza, Domingo de Portonariis y Ursino, 1579; Indices rerum ab Aragoniae Regibus gestarum ab initiis Regni ad annum MCDX, Zaragoza, Domingo Portonariis y Ursino, 1578; Historia del Rey Don Hernando el Catolico. De las empresas y ligas de Italia. Compuesto por Geronimo Çurita chronista del Reyno de Aragon, Zaragoza, Domingo de Portonariis y Ursino, 1580; Los cinco libros postreros de la Historia del Rey Don Hernando el Catolico. De las empresas y ligas de Italia. Compuesto por Geronimo Çurita Chronista del Reynno de Aragon, Zaragoza, Domingo de Portonariis y Ursino, 1580. Algunas de sus obras se han editado en tiempos recientes: Jerónimo Zurita, Anales de la Corona de Aragón, ed. de Á. Canellas López, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1967-1986, 9 vols.; Historia del Rey don Hernando el Católico: de las empresas y ligas de Italia, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1989-1996, 6 vols. (el último es un índice analítico, rev. por M. Canellas Anoz y A. J. López Gutiérrez); Índices de las Gestas de los Reyes de Aragón desde comienzos del reinado [pro Reino] al año 1410 (Zaragoza, 1978), ed. preparada por Á. Canellas López, y trad. por J. Guillén Cabañero, Zaragoza, IFC, 1984; Historia del rey don Hernando el Catholico. De las empresas y ligas de Italia, vols. (1-2) facs.; vol. (3), introd. de G. Redondo Veintemillas y C. Morte García, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2000, 3 vols.

Bibl.: Indice de las cosas mas notables que se hallan en las Quatro partes de los Anales y las dos de la Istoria de Geronimo Çurita, chronista del Reyno de Aragon, Zaragoza, Alonso Rodríguez, 1604; J. F. Andrés de Uztarroz y D. J. Dormer, Progresos de la Historia en el Reino de Aragón y elogios de Gerónimo Zurita su prmimer cronista, del Consejo del Señor Rey Don Felipe II, su secretario, y de la Cámara en el Supremo de la Santa y General Inquisición, Contador de todas las de esta Corona, Contino de la Casa Real de Castilla, Maestro-Racional de la Ciudad de Zaragoza, Baile y Merino de las de Huesca y Barbastro. Contienen varios sucesos desde el año de MDXXII hasta el de MDLXXX, y otras cosas dignas de la estimación de los doctos, particularmente de los que hubieren leído sus Anales; de los aficionados a la historia, y de los que sirven a los reyes en ministerio de papeles. Ideó esta obra y la dispuso con las noticias que no tienen señal el Doctor Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Cronista del señor Rey Don Felipe IV en los Reinos de la Corona de Aragón y del mismo Reino. Y la ha formado de nuevo en el estilo y en todo, añadiendo lo mucho que se halla entre estas ** el Doctor Diego José Dormer, Arcediano de Sobrarbe en la Santa Iglesia de Huesca, Cronista de su Majestad en los Reinos de la Corona de Aragón, y Mayor del mismo Reino. Y la publica de orden de los Ilustrísimos Señores Diputados del Reino de Aragón, Zaragoza, Herederos de Diego Dormer, 1680 (Diputación Provincial de Zaragoza, Imprenta del Hospicio Provincial, 1878); C. Muñoz y Manzano, conde de la Viñaza, Los Cronistas de Aragón, Madrid, Hijos de M. G. Hernández, 1904 (ed. facs., introd. de M.ª del C. Orcástegui Gros y G. Redondo Veintemillas, Zaragoza, Cortes de Aragón, 1986); P. Rassow, “Fuentes de Zurita. La Colección Salazar y el Ms. B. N. 917”, “Fuentes de Zurita. La alhacena de Zurita. El inventario de D. Miguel de Manuel en 1783” [texto tomado de la Revista de Archivos Bibliotecas y Museos, Madrid, 1877, pág. 176 y ss.], E. I barra y Rodriguez, “Fuentes de Zurita. Papeles de Zurita conservados en el Antiguo Archivo de la Diputación del Reino de Aragón (hoy Archivo de la Diputación de Zaragoza)” y A. Canellas López, “El Testamento de Jerónimo Zurita y otros documentos a él relativos”, en Universidad. Revista de Cultura y Vida Universitaria (Zaragoza) (1933), págs. 741-746, págs. 747-780, págs. 781-794 y págs. 1017-1036, respect.; X. de Salas Bosch, “Fuentes de Zurita. Inventarios del fondo documental que perteneció a Gerónimo Zurita”, en Universidad. Revista de Cultura y Vida Universitaria (Zaragoza) (1940), págs. 517-527; F. 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Guillermo Redondo Veintemillas