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Ferran Alsina i Parellada

Biografía

Alsina i Parellada, Ferran. Barcelona, 1861 – 3.II.1908. Industrial, economista y científico.

Hijo de un pequeño fabricante de hilados y tejidos de algodón que le dio una educación básicamente fabril, Ferran Alsina trabajó un tiempo como montador de maquinaria y más tarde fue encargado de la sección de hilatura de la casa Regordosa (Pont de Vilomara, Barcelona). Interesado por los progresos en la industria textil, viajó por Inglaterra y Alemania para documentarse sobre las últimas técnicas en la fabricación de panas. El 1 de febrero de 1881 se le concede por veinte años una patente para fabricar panas lisas o rayadas con dibujos que producía directamente el telar. Alsina aportó esta patente a la Cooperativa Primera del Ter (Roda de Ter, Barcelona) y en 1883 la vendió a Eusebio Güell. El 6 de febrero de 1895 obtuvo otra patente, también por veinte años, para fabricar veludillo-roda con algodón puro o mezclado con otras materias textiles, que igualmente aportó a la Casa Güell.

Como director de la fábrica El Vapor Vell de Sants, intentó una reorganización del trabajo que se basaba en un concienzudo estudio comparativo de costes de maquinaria en Inglaterra y Cataluña. En el terreno de las ideas destacó en las asambleas de la Unió Catalanista, como delegado de Barcelona, particularmente en las de Manresa (1892) y Reus (1893). Fue uno de los miembros del Centre Català que fundó la Lliga Regionalista de Catalunya (1887), de la que llegó a ser presidente. Puede considerársele uno de los economistas más destacados dentro de la corriente regionalista de finales del siglo xix. Se construyó una casa en la montaña del Tibidabo, “La Mentora”, donde creó un museo de física experimental que a su muerte fue cedido a la ciudad de Barcelona.

En la ponencia presentada en Manresa y partiendo de que la primera aspiración de los catalanistas es que las condiciones de vida morales y materiales de la población mejoren constantemente, argumenta con insistencia la necesidad de una política resueltamente proteccionista, sin la cual cree que sería inevitable la emigración de los productores catalanes. Pone el acento en el trabajo productor, que debe ser apreciado y protegido, fomentando su desarrollo.

Distingue dos sistemas protectores. Uno, sencillo y de resultados inmediatos, aunque pasajeros, basado en las aduanas y que es el preferido en la etapa infantil de las naciones. Otro, más complicado y de efectos duraderos, aunque tardíos, consistente en proteger mediante disposiciones gubernamentales el desarrollo del trabajo productor, perfeccionándolo y abaratando sus productos. Aboga por una combinación de ambos, utilizando las aduanas para evitar la competencia extranjera en los sectores nacionales y para facilitar el establecimiento de nuevas actividades. Como resultado se conservará el trabajo ya existente, se creará nuevo trabajo y se incrementará la recaudación de aduanas. No se trata de proteger a ultranza producciones que nunca podrán llegar a ser competitivas; éstas han de utilizarse para obtener de otros países concesiones favorables para la entrada de los productos nacionales.

El logro de estos objetivos es el resultado de distintas combinaciones de tres factores: inteligencia, capital y mano de obra. Serán apropiados todos los recursos y medios con los que pueda lograrse la mejora de la calidad, el aumento de la cantidad y la reducción del coste de cada uno de aquellos tres factores, que entran en la formación del producto. Entre estos recursos se citan: la enseñanza técnica, los pactos comerciales con otros países, la reducción de las contribuciones y que éstas sean equitativamente repartidas, la difusión del crédito, creando las instituciones adecuadas, el desarrollo de las comunicaciones y transportes y la seguridad pública.

Es consciente de los cambios en la estructura del producto nacional, en el sentido de que las producciones de la industria van sustituyendo a muchas producciones del sector primario. La distribución de las cargas fiscales ha de ser proporcional a las rentas o utilidades, y no a los capitales. Propone dos escalas: la primera para la contribución industrial, y la segunda para la contribución por renta; los tipos impositivos tendrían que ser más bajos en el primer caso; en ambos, los tipos que propone son muy inferiores a los vigentes en la época. Rechaza el impuesto sobre los consumos y propone que la imposición local se base en recargos sobre las dos anteriores contribuciones.

Sobre el sistema bancario se muestra partidario de la libre creación de bancos de emisión y de que las autoridades se preocupen de la existencia de un volumen suficiente de medios de circulación, sin llegar a un abuso del crédito, por cuanto éste debe estar asentado sobre una base completamente sólida. Muestra sus preferencias por el sistema bancario norteamericano.

En su tratamiento del tema bancario toma los argumentos de Eusebio Güell y Bacigalupi.

Presta especial atención a la denominada “cuestión social” a partir de un esquema de tres clases: baja (trabajadores), media y alta. Para el autor, la esencia de la cuestión social se desprende principalmente de dos causas: la primera es el enervamiento de las clases altas, en particular de los dirigentes del trabajo, que repercute en el cumplimiento de su misión social; y la segunda el deseo desenfrenado, por parte de una gran proporción de la clase obrera, de poseer lo que poseen las otras clases. La clase media debe suavizar las intemperancias y exageraciones de las otras dos clases, por lo que se le asigna un papel fundamental de preservación del orden. Pero la acecha el peligro de que olvide su origen bajo y trate de ascender hasta el nivel más alto, perjudicando su papel como elemento de cohesión. Los catalanistas proponen rehacer las instituciones gremiales acomodándolas a las exigencias de la época, facilitar el tránsito de la clase baja a la media y fomentar el cooperativismo.

En la asamblea de Reus, su ponencia se centra en el análisis de la aportación tributaria de Cataluña al Estado y los beneficios que recibe del mismo en forma de servicios, constatando diferencias enormes entre ambos. A pesar de la escasez de datos, mediante una serie de supuestos llega a demostrar el desequilibrio de la balanza fiscal, tanto en términos comparativos con la población como con el territorio. Todo ello se relaciona con el centralismo, considerado una realidad sumamente perjudicial, a cuya crítica suma las que dedica a la corrupción de la clase política y del sistema parlamentario, viciado por la ausencia de unos mecanismos de elección verdaderamente democráticos, por los que aboga.

Ferran Alsina formó parte, asimismo, de un grupo intelectual en el que participaba el arquitecto Antoni Gaudí.

 

Obras de ~: Fonaments de la reforma del treball a la indústria cotonera tal com es comença en Lo Vapor Vell de Sants, Barcelona, 1889; Observacions sobre la reglamentació del treball de noys en tallers i fàbricas, conferència pronunciada en la Lliga de Catalunya el 27 de febrer de 1892, Barcelona, La Renaixença, 1892; Discurs del president de la Lliga de Catalunya a la sessió inaugural del 21 d’octubre de 1892, Barcelona, 1892; Criteri económich general catalanista: trevalls llegits en las assambleas de Manresa (1892) y Reus (1893), Barcelona, La Renaixença, 1893; Endressa a la Junta General Extraordinária de la Societat Cooperativa 1.ª del Ter, Barcelona, 1899; Noves científiques, Barcelona, Imprenta de Henrich y Cía., 1904; Nuevas orientaciones científicas, Barcelona, Imprenta de Henrich y Cía., 1904.

 

Bibl.: J. Castell Cañameras, Creadores del progreso textil (síntesis biográficas), Terrassa, 1948; Diccionari biogràfic, vol. I, Barcelona, Albertí, 1966, págs. 104-105; Diccionari enciclopèdic, vol. 1, Barcelona, Salvat Editores, 1985, pág. 124; F. Artal, Pensament econòmic català 1840-1898: del proteccionisme al regionalisme econòmic, tesis doctoral, Barcelona, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, 1991, págs. 358-368; R. Torán Belver y C. Cañellas Julià, Diccionari d’Història de Catalunya, Barcelona, Edicions 62, 1992, pág. 35; F. Cabana, Fàbriques i empresaris. Els protagonistes de la Revolució Industrial a Catalunya, vol. 2, Cotoners, Barcelona, Enciclopèdia Catalana, 1993; J. J. Lahuerta, Antoni Gaudí 1852-1926: Arquitectura, ideología y política, Madrid, Electa España, 1993 y 1999 (1.ª ed. it., Antonio Gaudí 1852-1926: Architettura, ideologia e politica, Milano, Electa, 1992); B. de Riquer, Gran Enciclopèdia Catalana, vol. II, Barcelona, Enciclopèdia Catalana, 1994, pág. 104; F. Artal i Vidal, “La Unió Catalanista i les noves idees sobre la política econòmica per a Catalunya”, en Recerques (Barcelona, Curial), 29 (1994), págs. 7-22; “El desarrollo del pensamiento proteccionista catalán en la segunda mitad del siglo xix”, en E. Fuentes Quintana (dir.), Economía y economistas españoles, IV. La economía clásica, Barcelona, Fundación de las Cajas de Ahorros Confederadas para la Investigación Económica y Social/Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2000, págs. 543-555.

 

Jordi Pascual Escutia