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Anselmo González del Valle y Fernández Roces

Biografía

González del Valle y Fernández Roces, Anselmo. Oviedo (Asturias), 20.IV.1820 – Madrid, 20.XI.1876. Tabaquero y mecenas.

Cuando, en 1840, el general Jerónimo Valdés Sierra fue nombrado gobernador civil y militar de Cuba, se trasladó a La Habana su hombre de confianza, Pedro María Fernández Villaverde, y se llevó consigo a su sobrino Anselmo. Allí vivió Anselmo la mayor parte de su vida y cimentó su fortuna, aunque volvió a España para morir en Madrid.

Anselmo era hijo de Juan González del Valle (San Claudio, Oviedo, 1772) y de Bárbara Fernández Roces (Santa Eulalia de Colloto, Oviedo, 1803), ambos procedentes de antiguas familias asturianas. La experiencia migratoria ya se había probado en su familia materna: Antonio y Manuel Fernández Roces estaban radicados en Cuba; Francisco González del Valle, un pariente por la vía paterna, también se había establecido en La Habana. La llegada de Anselmo fue un eslabón más de la llamada “cadena de emigración”.

Sus primeros negocios en Cuba estuvieron relacionados con el tabaco. Desde 1840 se dedicó a la refacción de las hojas de tabaco de la región de Vuelta Abajo para varias fábricas de La Habana. Fue uno de los primeros fabricantes de tabaco que se atrevió a entrar en el sector agrícola del cultivo tabacalero, junto con Jaime Partagás, José Cabargas o Joaquín Barreras.

Debió de ser muy emprendedor, ya que con veintitrés años, en 1843, aparece como “marquista”, es decir, como propietario de una marca de puros llamada La Integridad, que aún no era marca registrada. Se convirtió entonces en uno de los abastecedores de la Secretaría de la Superintendencia de la isla, la cual enviaba directamente su producto a la Península. Entró pronto en contacto con los más destacados tabaqueros de La Habana, entre ellos, con Manuel González Carvajal y Fernández de la Buria, con cuya hija, María de Jesús, contrajo matrimonio en 1851.

María de Jesús había nacido en La Habana en 1838. Su padre era asturiano (Soto del Barco, 1803), y su madre, María de Jesús Álvarez Cabañas, era también habanera. La posición social y económica de la familia era muy brillante. Vivían en un palacete en la Calzada del Cerro, una de las zonas elegantes de las afueras de La Habana, donde eran vecinos, entre otros, de los condes de Fernandina, de Santovenia, de Lombillo, de Peñalver y de Leonor Herrera. Su padre era propietario de la fábrica de tabaco llamada Los Dos Carvajales, junto con su sobrino Leopoldo González Carvajal y Zaldúa, marqués de Pinar del Río y, por matrimonio, marqués de Avilés. Su madre era hija de Francisco Álvarez Cabañas, propietario de la fábrica de puros Cabañas, creada en 1818, una de las de mayor renombre de la época, cuyos puros se vendían en Londres en 1833.

En 1848 González Carvajal obtuvo licencia para montar un taller de tabaquería que llamó Hija de Cabañas y Carvajal. Puso al frente del negocio a Anselmo, que participó además como socio capitalista.

Empezó entonces Anselmo a tomar parte en diversos negocios: participó en la construcción de las nuevas vías de ferrocarril dirigidas a Vuelta Abajo, los Ferrocarriles del Oeste; compró una hacienda en Pinar del Río para la cosecha de la hoja de tabaco, compró varios edificios en La Habana y extensos terrenos en Asturias y, en 1858, compró la firma Hija de Cabañas y Carvajal. A partir de la compra de la marca, dio un mayor impulso a la producción de tabaco y mantuvo la simbología en las marquillas que adornaban las cajas de puros, por la que obtuvo su suegro la Medalla de Oro en la Exposición de Londres de 1851: dos mujeres apoyadas en los laterales de una medalla en la que se lee “H. de Cabañas y Carvajal”; rodeando la medalla se lee: “Real Fábrica de Tabacos. Calle de San Ignacio, 50. Anselmo G. del Valle, Habana”.

En 1859 María de Jesús se fue a vivir a Estados Unidos, dejando a sus hijos al cuidado de su padre. Hacia 1863, tras el fallecimiento de su hija de seis años, María Mercedes, Anselmo decidió enviar a sus dos hijos varones, Anselmo y Emilio Martín, a Oviedo, quedándose él al frente de sus negocios, aunque viajando frecuentemente a España. Su posición social en La Habana era cada vez más destacada; su situación económica le permitió reunir una importante pinacoteca y dedicarse al mecenazgo: en Cuba, contribuyó a la fundación del Casino Español en La Habana, poniendo a su disposición un edificio de su propiedad que, andando el tiempo, sus herederos venderían al Centro Asturiano de La Habana. En Asturias donó importantes cantidades a la catedral de Oviedo y a la iglesia de San Juan y, en los años 1865 y 1866 —ante el peligro del cierre de la Universidad de Oviedo—, cubrió el déficit que causó la Universidad en los presupuestos generales del Estado y donó a su favor, años después, importantes cantidades. Ya en esos momentos había empezado a ocupar cargos políticos: en 1869 fue nombrado regidor del Ayuntamiento de la ciudad de San Cristóbal, de la que fue luego alcalde.

Fue teniente de alcalde de La Habana, miembro de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, ocupó varios cargos en agrupaciones de tipo cultural y benéfico, y se convirtió en el protector de los asturianos emigrados a Cuba. Fue nombrado caballero de la Orden de Carlos III y Gran Cruz de Isabel la Católica.

En 1871, a través de su apoderado, Manuel Prendes Hevia, hizo llegar al secretario del Gobierno Superior Político su intención de auxiliar económicamente al Gobierno de España en lo necesario para evitar la independencia de Cuba, enfrentándose a su hijo Emilio Martín, que rompiendo la “disciplina de partido”, defendió la autonomía cubana. En 1887, el Ayuntamiento de Oviedo decidió dar su nombre a una de las calles que se abrieron a expensas de la urbanización que promovió su hijo mayor entre el parque de San Francisco y el antiguo Hospicio. La cultura, la riqueza, los usos y costumbres adquiridos en Cuba dejaron poso en sus hijos, que destacaron, Anselmo como compositor y pianista y Emilio Martín como escritor y político.

 

Bibl.: R. Anes y A. de Otazu, El Banco Herrero. 75 años de historia. 1912-1987, Oviedo, Banco Herrero, 1987; A. Núñez Jiménez, Marquillas cigarreras cubanas [Madrid], Tabapress, 1989; F. Canella, El libro de Oviedo, Gijón, Auseva, 1990; R. Anes, La emigración de asturianos a América, Colombres (Asturias), Fundación Archivo de Indianos, 1993 (col. Cruzar el Charco, 10); F. U ría Líbano, Música asturiana entre 1860 y 1934. Vida, obra y catálogo de Víctor Sáenz, Anselmo González del Valle y Baldomero Fernández, Oviedo, Consejería de Cultura del Principado de Asturias, 1997; A. M. Fernández Muñiz y A. M. Martín Fernández, Los González del Valle y González Carvajal. Cuba 1840-1881, La Habana, 1999 (inéd.).

 

Covadonga de Quintana Bermúdez de la Puente