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Agustín Fernando Muñoz y Sánchez

Biografía

Muñoz y Sánchez, Agustín Fernando. Duque de Riansares (I). Tarancón (Cuenca), 4.V.1808 – Saint-Adresse (Francia), 13.IX.1873. Militar, segundo esposo de la reina gobernadora María Cristina de Borbón Dos Sicilias.

Procedía de una familia sencilla aunque con cierto desahogo económico, pues sus padres Juan Antonio Muñoz y Funes y Eusebia Sánchez y Ortega, que tenían como negocio familiar un estanco en el pueblo conquense de Tarancón. Por línea paterna, Fernando Muñoz era nieto de Eugenia Funes, quien había sido en 1775 nodriza de la infanta Carlota Joaquina, primogénita de los entonces príncipes de Asturias, Carlos y María Luisa de Parma. Según la costumbre impuesta por Carlos III de ennoblecer a las nodrizas de los infantes, así como a sus esposos y descendientes, el 30 de mayo de 1780, se concedió a Eugenia Funes el Privilegio de Hidalguía, lo que le valió al joven Muñoz para llegar a la Corte e ingresar en la Compañía de Guardia de Corps, avalado por el hecho de ser nieto de la nodriza de Carlota Joaquina, que entonces era ya reina de Portugal.

Siendo capitán de la Guardia de Corps, fue destinado a la escolta personal de la reina regente María Cristina de Borbón, quien puso sus ojos en él por su gallardía, afabilidad y juventud —tenía veinticinco años y ella veintisiete—, enamorándose ambos y contrayendo matrimonio morganático y secreto, en el Palacio Real de Madrid, el 28 de diciembre de 1833, tres meses después del fallecimiento del rey Fernando VII. El matrimonio se realizó a las siete de la mañana en el Palacio Real de Madrid y fue oficiado por un amigo de Muñoz, Marcos Aniano González, sacerdote recién ordenado que, tras el matrimonio, se convirtió en el capellán de Palacio. Este matrimonio, que impedía a María Cristina ocupar legítimamente la Regencia y que no tenía validez ni desde el punto de vista canónico ni desde el civil, dadas las condiciones en que se hizo, restó mucha popularidad a la Reina Regente, que sólo podía serlo de su hija Isabel II en tanto era la Reina viuda, según constaba en el testamento del rey Fernando VII. Además, puso en peligro la reputación de la Regente, que se convirtió en el blanco de graves críticas al tener que ocultar a los ojos de la Corte y de toda España sus embarazos y partos, sin lograrlo.

Fernando Muñoz, inalterable consejero privado de María Cristina desde 1834, vivió junto a ella todos los sucesos políticos del país. Cuando la Reina tuvo que renunciar a la Regencia y abandonar España (17 de octubre de 1840), dando paso a la regencia del general Espartero, Muñoz se reunió con ella en Francia, donde el rey Luis Felipe y su esposa la princesa Amalia de Borbón, tía carnal de María Cristina, les dieron hospitalidad. En 1842 adquirieron el castillo-palacio de La Malmaison —a 15 kilómetros de París—, que se convirtió en un foco anti-esparterista, encabezado por el propio Muñoz, y desde el que los moderados se propusieron terminar con la regencia del duque de la Victoria.

Terminada la regencia del general Espartero, quien tuvo que abandonar España el 30 de julio de 1843 y refugiarse en Inglaterra, los moderados, con el general Narváez a la cabeza, llegaron de nuevo al poder siendo proclamada reina efectiva de España, Isabel II, a los trece años, adelantándose cinco años su mayoría de edad. Con los moderados gobernando, la reina María Cristina regresó a España el 23 de marzo de 1844. Volvió sola, pues aunque su deseo hubiese sido hacerlo en compañía de Fernando Muñoz, era necesario antes, obtener de su hija la reina Isabel II, la legitimación de su matrimonio secreto con Muñoz y los ocho hijos habidos con él.

El 23 de junio de 1844, la reina Isabel II concedía a su padrastro Fernando Muñoz el título de duque de Riansares con Grandeza de España de 1.ª Clase. A principios de agosto llegó éste procedente de París, y el 12 de octubre María Cristina y él contrajeron matrimonio en una ceremonia privada, con la sanción real y el consentimiento papal. También esta vez se realizó el casamiento en la capilla del Palacio Real de Madrid, pero el oficiante fue el obispo de Córdoba, Juan José Bonel y Orbe. El flamante duque de Riansares, tras esta ceremonia, fue ascendido por su hijastra la reina Isabel II, a teniente general de los Ejércitos Reales, condecorado con el Toisón de Oro y con la Gran Cruz de Carlos III, y recibió en adelante la asignación económica correspondiente. Además, a partir de la legislatura de 1845-1846 fue nombrado senador vitalicio. Posteriormente el 30 de mayo de 1846, Isabel II le concedió el título de conde de San Agustín.

La numerosa familia de Muñoz, trasladada a la Corte desde que se realizó el casamiento secreto y considerada por la reina María Cristina como si fuese la suya propia, se vio muy favorecida con la legalización del matrimonio. El padre del duque de Riansares, Juan Antonio Muñoz y Funes, fue nombrado el 25 de agosto de 1846 I conde de Retamoso; su tío, Juan Gregorio Muñoz y Funes, fue encargado de Negocios y cónsul general en Caracas desde 1847 hasta 1850, e intervino en el absurdo proyecto del general Juan José Flores —ex presidente de la República de Ecuador—, para instaurar el fallido reinado de Muñoz en Ecuador. Su sobrino, Lino Muñoz, diplomático, aspiró al cargo de secretario de la embajada de Roma.

A su regreso del exilio, el duque de Riansares y la reina María Cristina fijaron su residencia habitual con sus hijos Muñoz-Borbón, en el palacio de las Rejas de Madrid, muy próximo al Palacio Real. Muñoz, dotado de gran habilidad para los negocios, logró hacer una gran fortuna en torno a las empresas promotoras del ferrocarril y, como los sucesivos gobiernos moderados crearon un marco que favoreció sus empresas económicas, se convirtió en un rico miembro de la alta burguesía, como Salamanca, Carriquiri y Heredia.

Durante las violentas jornadas revolucionarias de julio de 1854, el palacio de las Rejas fue asaltado e incendiado, teniendo toda la familia Muñoz-Borbón que refugiarse en el Palacio Real. Del mismo modo fueron asaltadas las casas de los tres ministros moderados más odiados: el conde de San Luis, Esteban Collantes y Doménech, y la del banquero Salamanca. Los revolucionarios los culpaban, como a la reina María Cristina y al duque de Riansares, de la prolongada permanencia en el poder de los moderados y los relacionaban con los escándalos económicos del tema de los ferrocarriles. Finalmente, el 28 de agosto de 1854, la ex Reina Gobernadora con el duque de Riansares y su familia abandonaron Madrid, siendo confiscados todos sus bienes.

Desde 1854 Muñoz volvió a residir con María Cristina y sus hijos en Francia, en su castillo-palacio de La Malmaison, que vendieron en 1861 a Napoleón III, para adquirir una nueva posesión de Saint-Adresse, donde residió hasta su fallecimiento a los sesenta y cinco años, cinco años antes que su esposa María Cristina.

Del matrimonio morganático entre Fernando Muñoz y la reina María Cristina nacieron ocho hijos, a los que su hermanastra Isabel II concedió a cada uno de ellos un título nobiliario. Estos hijos fueron: María Amparo, condesa de Vista Alegre, nacida en 1834; María de los Milagros, marquesa de Castillejo, nacida en 1835; Agustín María, duque de Tarancón, nacido en 1837; Fernando María, vizconde de la Alborada, nacido en 1838 (y que, tras la muerte de su padre y de su hermano Agustín, se convirtió en el II duque de Riansares); María Cristina, marquesa de La Isabela, nacida en 1840; Juan María, conde del Recuerdo, nacido en 1841; Antonio María nacido en 1842 y fallecido al poco tiempo de nacer; y, por último, José María, conde de la Gracia, nacido en 1844. De estos ocho hijos, cinco nacieron en España mientras la reina María Cristina fue regente. Los tres últimos nacieron en París, después de que María Cristina se viese obligada a abandonar la Regencia.

El duque de Riansares fue mecenas de varios artistas de su época, entre ellos de Mariano Fortuny, al que le unía una gran amistad. En Tarancón (Cuenca), su pueblo natal, compró en subasta tras la Desamortización de Mendizábal, tierras situadas en torno a la ermita de la Virgen de Riansares, construyendo un palacio con jardines y un panteón en el que actualmente está enterrado. Además, en el casco antiguo de Tarancón, el duque de Riansares se construyó otro palacio —que fue en el que más habitó—, que actualmente es el edificio consistorial.

En 1847, el rey Luis Felipe de Francia le concedió el título de duque de Montmorot y la Legión de Honor.

 

Fuentes y bibl.: Real Academia de la Historia, Colección Fermín Caballero, Papeles Inéditos, 9/4714; Archivo Ministerio Asuntos Exteriores, leg. 214, exp. 11.938; Archivo General de Palacio, Reinado de Fernando VII, Caja 31.

R. De Santillán, Memorias (1815-1856), Madrid, 1856 (Madrid, Tecnos-Banco de España, 1996); F. Fernández de Córdova, marqués de Mendigorría, Mis Memorias íntimas, Madrid, Tipografía Sucesores de Rivadeneyra, 1886; W. Ramírez de Villa-Urrutia, marqués de Villaurrutia, La Reina Gobernadora Dª María Cristina de Borbón, Madrid, Librería Española y Extranjera, 1925; M.ª E. de Borbón, Memorias, Barcelona, Editorial Juventud, 1935; P. de Luz, Isabel II, Reina de España, Barcelona, Editorial Juventud, 1937; B. Pérez Galdós, Obras completas, Madrid, Aguilar, 1945; F. Suárez Verdeguer, Los sucesos de La Granja, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Escuela de Historia Moderna, Sección de Santiago, 1953; Marqués de Miraflores, Memorias del reinado de Isabel II, Madrid, BAE, 1964; R. Carr, España, 1808-1936, Madrid, editorial, 1970; J. L. Comellas, Los moderados en el poder. 1844-1854, Madrid, CSIC, Escuela de Historia Moderna, 1970 (col. Historia de España en el Mundo Moderno, vol. 3); J. M.ª Jover (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, t. XXXIII, Madrid, Espasa Calpe, 1983; C. Seco Serrano, Historia del conservadurismo español, Madrid, Temas de Hoy, 2000; I. Burdiel Bueno, Isabel II. No se puede reinar inocentemente, Madrid, Espasa Calpe, 2004. J. Garrido Gallego, Datos biográficos y memoria de Don Agustín Fernando Muñoz, Duque de Riansares, esposo de su majestad la Reina Doña María Cristina de Borbón (Tarancón, 1808-El Havre, 1873), Tarancón, Nuevo Milenio, 2008.

 

Trinidad Ortúzar Castañer