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Fausto d' Elhuyar y Lubice

Biografía

Elhuyar y Lubice, Fausto d’. Logroño (La Rioja), 11.X.1755 – Madrid, 6.I.1833. Químico, minero, metalurgista, profesor, gestor y teórico de la ciencia.

Los hermanos Elhuyar nacen en Logroño, de familia vasco-francesa, admitiendo sus apellidos muy diversas grafías: d’Elhuyar, Delhuyar, de Luyar, Elhuyart, Subice, Suvisa, Lubice, o bien Zubice. Fue enviado Fausto por su padre a estudiar a París, junto con su hermano Juan José, y permaneció allí entre 1772 y 1777 estudiando Química con Hilaire-Marin Rouelle. En esta fecha regresaron de Francia y fueron admitidos en la Sociedad Bascongada de Amigos del País, donde en 1778 fue nombrado Fausto profesor de Mineralogía y Metalurgia. Los hermanos fueron enviados a estudiar a la escuela de minería de Freiberg (Sajonia), donde conocieron a Abraham Gottlob Werner, que influyó de forma decisiva en su futuro científico y técnico. Allí Fausto tuvo amistad con Thaddeus von Nordenflicht cuyo nombramiento al frente de la misión minera en Perú recomendó, también conoció en Viena a Ignaz von Born. Tras estudiar las novedades de la minería europea, Fausto ocupó la cátedra en 1781, si bien dimitió en 1785 por escaso interés de los alumnos. Ayudó a su hermano en el aislamiento del wolframio y trabajó con François Chabaneau sobre la platina.

La comunicación en que presentan el análisis del nuevo metal fue dada a conocer por los dos hermanos como socios de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País en Vitoria el 28 de septiembre de 1783 y apareció publicada en los Extractos de las Juntas Generales en la sección de las Comisiones Segundas de Ciencias y Artes útiles con el número 1, páginas 46- 88. Por separado fue también publicado en Vitoria por el impresor de la sociedad Gregorio Marcos de Robles y Revilla. Se tradujo de inmediato a varias lenguas europeas. Procedieron en sus análisis a una cuidadosa revisión bibliográfica, a ensayos por vía seca y por vía húmeda y a cuidadas conclusiones cualitativas y cuantitativas, siguiendo las novedades de la química de la época. Al fin, por medio del calor en crisol obtuvieron un botón gris que se redujo a polvo entre los dedos, con lente observaron un conjunto de globos metálicos, algunos del tamaño de una cabeza de alfiler, con fractura metálica y color del acero.

Son interesantes las demás publicaciones que Fausto presentó en diversas revistas de la época, que dan a conocer sus actividades, tal como ha recogido Francisco Aguilar Piñal. Se señalan las presentadas a la Sociedad Bascongada, sobre diversos minerales y metales. Se debe destacar la propuesta de hacer una colección mineralógica de las Vascongadas, que llevaría a un mapa geológico basado en los de Tomás López. También su proyecto de mejora de las minas de Somorrostro, que estudia desde puntos de vista muy distintos, mineralógicos, sociales, administrativos y técnicos. Recomienda una adecuada organización de las minas, con un control administrativo y técnico que será un comienzo de sus futuras ideas sobre la minería americana y española.

Pero en febrero de 1786 el ministro Gálvez lo envió a París y Viena a conocer el método de Born y fue acompañado por tres estudiantes, entre ellos Andrés Manuel del Río. El conocimiento de estas novedades se acompañó de su nombramiento al frente de la minería mexicana y del envío de las dos expediciones de mineros a México y Perú dirigidas por Sonneschmidt y por Nordenflicht. Sin duda quiso publicar su trabajo como Disertaciones metalúrgicas, pero no aparecieron impresas hasta la edición de 1941 de J. Guzmán. En ellas elogiaba y prefería el método de Born, que analiza de forma química. Para ello se ocupó de la calcinación de los metales, la acción de los ácidos y el azufre sobre el oro y la plata, y formuló la teoría de la amalgamación. Estudió con detalle el ácido cloroargéntico. De todas formas comprendió que el método de Born fue un perfeccionamiento del método de Barba, tal como lo reconoció ya en carta a Gómez Ortega de 1786 y, más tarde, verificará en Nueva España. Por fortuna Luis Proust publicó en 1791 un resumen de estos trabajos en los Anales del laboratorio de Segovia. Han quedado, sin embargo, inéditos muchos manuscritos epistolares, administrativos, científicos y técnicos escritos a lo largo de su larga vida.

Se considera a Fausto de Elhuyar autor de la mejora de la minería en Nueva España. Sin embargo, los autores discuten sobre su papel en estos cambios. Mientras algunos consideran que fue decisiva la mejora técnica, otros creen que fueron reformas de carácter administrativo y económico las responsables del aumento de la producción de la plata. También se discute si fue llevada una gran innovación por Elhuyar y los mineros europeos, o bien se trata de una revalidación del método tradicional hispano. Sin duda, influyeron en las novedades tanto la tradición de Bartolomé de Medina y de Álvaro Alonso Barba como la minera mexicana reciente. Así la “Representación de los mineros en 1774”, presentada por Juan Lucas de Lassaga y Joaquín Velázquez de León, fue uno de los motores de las mejoras. También la visita de Gálvez, futuro ministro de Indias, fue decisiva, pues supo ver los problemas de la minería colonial. Se promulgaron las ordenanzas de 1783, con un cuerpo de mineros, un tribunal y un banco, así como una escuela de minería. Los citados fueron nombrados administrador y director del Cuerpo, pero murieron en 1786.

Escribió el marqués de la Sonora a Fausto de Elhuyar, el 18 de julio de 1786, para comunicar su nombramiento como director general del Cuerpo de Minas. El 4 de septiembre de 1788 llegó al puerto de Veracruz en la fragata Venus. Tomó posesión de su puesto al frente del Cuerpo y del Tribunal el 13 de enero de 1789, recibiendo del diputado minero más antiguo el bastón de autoridad y jurisdicción. El Banco de Avíos fracasó, pero en enero de 1790 propuso planes de reforma del tribunal y colegio. Recogió para éste tanto la tradición mexicana como la europea de Vergara y Freiberg, quedando organizada su enseñanza de la siguiente manera. En el primer curso se enseñaría matemáticas puras, en el segundo geometría práctica, en el tercero química, en el cuarto física subterránea o teoría de las montañas. La química fue poco atendida, pero hubo buenos profesores para matemáticas y mineralogía, así Rodríguez, Bataller y Del Río. El dibujo necesario se aprendía en Bellas Artes, insistiendo Elhuyar en que fuese éste más aplicado a planos de minas y técnica minera. El cuadro se completaba con otras materias, como lógica, latín y castellano, la enseñanza se impartía en esta lengua. Hubo gabinetes de máquinas y de instrumentos, otro de química y otro de mineralogía, así como visitas a los yacimientos mineros de interés. Había exámenes por curso, y al terminar algunos eran públicos con gran rigor. Al final de los estudios salían a los principales yacimientos mineros, luego eran examinados por un tribunal formado por todos los profesores y entonces se les daba el título. Salieron los primeros practicantes a los reales de minas en 1798, con su visita se quería confeccionar un mapa minero, mejorar la técnica en las minas, y proporcionarles una adecuada formación práctica, que les sería útil en el futuro laboreo de esos yacimientos que considerarán como propios. Ese mismo año se les mandó que fueran a los distintos territorios del imperio, para quedar al frente de estas actividades.

Andrés Manuel del Río llegó a fines de 1794 a México cargado de libros e instrumentos, pues la enseñanza por manuales y la práctica eran esenciales en la formación de los técnicos mineros. Se tradujeron algunos libros, se trajeron otros de Europa, introduciendo la ciencia moderna. Tanto Werner como Lavoisier fueron conocidos pronto, éste se tradujo de forma rápida. Para física se usó a Sigaud de La Fond, para matemáticas se sucedieron Benito Bails, Juan Justo García y José Mariano Vallejo. Se escribieron textos de gran interés, entre los que destaca la Oritognosia de Andrés Manuel del Río. Los instrumentos se compraron al principio, así se consiguieron colecciones, o bien se encargaron en Europa, en lo que ayudó Alexander von Humboldt, e incluso más tarde se fabricaron llevando instrumentistas franceses que introdujeron en México estas habilidades. En 1797 Manuel Tolsá presentó los planos del maravilloso edificio neoclásico para el Colegio de Minería.

A la vuelta a España en 1821, tras la independencia mexicana, sirvió al rey Fernando como director general de minas a través del secretario de despacho de Hacienda López Ballesteros. Formó parte en 1824 de la Junta de Fomento de la Riqueza del Reino, recibió el nombramiento de director general de Minas en el siguiente año. Visitó las principales minas, aprovechando su experiencia para mejorar la enseñanza en Almadén. Su acción mejoró la extracción minera, cambiando la legislación en la Ley de Minas de 1825 e innovando la enseñanza y el ejercicio de la minería, estando en el origen de los ingenieros de minas españoles.

En ese mismo año publicó su interesante Memoria sobre el influjo de la Minería dedicada al Soberano. Salió en defensa de esta actividad, fundamental en la historia colonial del imperio español. Alexander von Humboldt había criticado la obsesión española por la obtención de metales preciosos, con el descuido de otros ramos de la economía. Elhuyar reconoció que se trataba de una actividad considerada extraña, penosa y arriesgada, pero considera que era necesaria para las demás actividades, que animaba y fomentaba. Los reyes españoles habían protegido esta producción, quitando estorbos y facilitando su cultivo, con acuerdos de hacienda, de ciencia y de técnica.

En su texto se muestra partidario de la moderna economía, citando a Adam Smith con veneración. Sigue, si bien forzándolo de acuerdo con sus propias ideas, el libro de Jacques Peuchet titulado Dictionnaire universel de la géographie commerçante, editado en París en seis volúmenes en el año VII (1799-1800).

Afirma que cada pueblo tiene sus peculiaridades, que lo hacen apto para unas producciones, en las que debe hacerse fuerte. El clima y la geografía, la complexión física y moral, la constitución política y civil deben ser tenidos en cuenta. Peuchet se remonta a Polibio, pero sin duda Montesquieu está presente. Pero el francés considera buena la salida de metales tan sólo si el comercio está equilibrado en cantidad y calidad. Se muestra además reticente tanto respecto a la minería, como de los países que reciben metales preciosos en exceso.

Pero Elhuyar consideraba que la colonización española fue ejemplar, pues los colonos no podían tomar otro camino en territorios salvajes y agrestes. La minería fomentaba la agricultura y la ganadería, las artes y la industria, el comercio y el trabajo. Promovía la actividad y el sosiego público, a la vez que enriquecía el real erario. Recomendaba la producción de oro y plata, pero también de cobre, estaño, hierro y plomo. Era necesario el libre comercio, siguiendo los elogios de Peuchet a la libertad, que destruye los perjuicios que pueda ocasionar.

Discutía las acusaciones contra España, en su colonización no hay la barbarie que sus enemigos pretendían, con los siglos se habían arreglado las crueldades del comienzo de la colonia, gracias al trabajo mejor y libre y a la acción de la Corona. Los indios eran vagos, lo que propició una eficaz dureza. Los metales tampoco caen en la condena eclesiástica a la usura, el ocio, la avaricia, ni de los arbitristas que defienden la industria, pues la minería es su motor. No le preocupaba la pérdida ni la acumulación de metales, la “balanza de comercio” estaba siempre equilibrada. Era necesaria la moneda, sean los metales preciosos, sea el futuro papel, o los metales que los químicos acertaran a encontrar.

 

Obras de ~: “Chapas de hierro y hoja de lata”, en Extractos de las Juntas Generales celebradas por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (EJG) (1782), págs. 77-96; “Análisis químico del volfram y examen de un nuevo metal que entra en su composición”, en EJG (1783), Comisiones segundas de Ciencias y Artes útiles, n.º 1, págs. 46-88 (separado en Vitoria, por el impresor de la sociedad Gregorio Marcos de Robles y Revilla, s. f.); “Estado de las minas de Somorrostro”, en EJG (1783), págs. 97-113; “Proyecto para una colección de minas del país”, en EJG (1783), págs. 113-118; “Carta sobre el nuevo método de beneficiar los metales preciosos por amalgamación, a D. Casimiro Gómez Ortega”, en Memorial literario, 11 (1787), págs. 64-66; “Extracto de los descubrimientos de Don Fausto de Luyar”, en Anales del Real Laboratorio de Química de Segovia, t. I, Segovia, Antonio Espinosa, 1791, págs. 267-274; Contestación a la vindicación y respuesta que el capitán de Navío de la Real Armada D. Joaquín de Zarauz dio al suplemento del “Diario de México” del viernes 8 de Noviembre de 1805, México, Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1807; Indagaciones sobre la amonedación en Nueva España, Madrid, Imprenta de la calle de la Greda, 1818; Memoria sobre la formación de una ley orgánica para gobierno de la minería en España, Madrid, Imprenta Real, 1825; Memoria sobre el influjo de la Minería en la Agricultura, Industria, Poblacion y Civilizacion de la Nueva-España, Madrid, Imprenta de Amarita, 1825.

 

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José Luis Peset