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Arturo Duperier Vallesa

Biografía

Duperier Vallesa, Arturo. Pedro Bernardo (Ávila), 12.XI.1896 – Madrid, 10.II.1959. Físico, catedrático.

Nació en el seno de una familia singular en esta pequeña villa de la sierra de Gredos, en la ladera orientada al sur, cuya población a finales del siglo XIX vivía prioritariamente del bosque, de la tala de árboles y de la industria maderera. Su padre, Adolfo Duperier Pérez, era farmacéutico, y su madre, Eugenia Vallesa y Vela, maestra superior de niñas. El mundo diario del matrimonio con sus tres hijos quedaba inscrito en un solo edificio de dos plantas en la calle principal, que se llamaba entonces plaza Vieja: la farmacia (la única existente en las siete villas de la sierra) y la escuela (con maestra única) ocupaban la planta baja, y en la alta estaba la vivienda familiar; la casa, remodelada, constituye el actual Ayuntamiento de Pedro Bernardo.

Arturo fue el menor de tres hermanos, y quedó como hijo único en su juventud. Su madre muere, en 1922, en Ávila y su padre, en 1927, en Madrid. Entre las características psicosociales de la primera etapa de su vida (hasta la fecha de su muy tardío matrimonio, 1935) pueden señalarse básicamente dos: una, el encuentro frecuente, casi permanente, del joven Arturo con la enfermedad y la muerte, a las que siempre tuvo de cerca; y otra, complementaria, la progresiva reducción familiar hasta quedar absolutamente solo, y con una larga soltería en Madrid en pisos alquilados con compañeros, donde cultivó especialmente la amistad con Alejandro Familiar y Mariano Velasco, que duraría toda la vida.

Los estudios primarios los realizó en la escuela de su madre. Se trasladaron a Madrid en 1906, probablemente más por razones políticas del padre, significado seguidor de Silvela, que por razones profesionales o de atención a los estudios de los niños. El bachillerato lo inicia en el Instituto General y Técnico del Cardenal Cisneros de Madrid, realizando en él los dos primeros cursos y los cuatro restantes, en el Instituto General y Técnico de Ávila, donde residen desde 1908.

Los estudios universitarios los comienza el curso 1912-1913 en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valladolid. Se traslada a Madrid en 1913 en cuya Facultad de Ciencias hace la licenciatura en Ciencias Químicas, grado que alcanza en 1916 con magníficas notas y Premio Extraordinario. Continúa en dicha facultad, atraído por el prestigio capital de la física en esa época y de la emergencia social de los físicos españoles existentes en ella (González Martí, Cabrera, Palacios, Martínez Risco, etc.), obteniendo la licenciatura en 1919 también con brillantes notas y Premio Extraordinario.

Su vida profesional puede estructurarse en tres etapas: una larga primera etapa española (1920-1937), una segunda inglesa (1938-1953) y una tercera española (1953-1959). La primera etapa española puede, a su vez, dividirse en otras tres: una de preparación (con Blas Cabrera en magnetismo y por libre en meteorología) hasta 1930 y otra de madurez (cátedra de Geofísica y búsqueda de un programa de investigación propio) hasta 1937.

Cabrera lo acoge en 1920 como doctorando, pero no puede integrarlo en la plantilla del Laboratorio de Investigaciones Físicas que dirige. Durante la década de 1920, la más original de Cabrera en magnetismo de la materia, tiene a Duperier de principal colaborador.

En 1924, éste presenta su tesis doctoral en la Universidad de Madrid: Estudio termomagnético del agua y de algunas disoluciones de sales paramagnéticas.

Fruto de ella serán unas primeras publicaciones en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química y en la colección Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Físicas. Los tres trabajos conjuntos que alcanzaron mayor relieve internacional los publicó en francés en 1925, 1927 y 1929. Las anomalías que presentan las tríadas de los elementos químicos del grupo VIII del sistema periódico [(Fe, Co, Ni) (Ru, Rh, Pd) (Os, Ir, Pt)] y de las tierras raras ocupan su atención primordial en los estudios del paramagnetismo, que fue el principal foco de trabajo de Cabrera. Fruto de sus investigaciones, alcanzan a corregir la ecuación de Curie-Weiss dejándola en la forma que se denomina de Cabrera- Duperier: (x + k)(T + D) = C. El premio Nobel Van Vleck escribió en 1978: “Las medidas de Cabrera y Duperier desempeñaron un papel esencial en la confirmación de la teoría mecánico-cuántica [...], la predicción teórica fue confirmada por las medidas de Cabrera y Duperier [...]; los datos de Cabrera y Duperier confirman [la] conducta anómala [de las tierras raras]”. En 1928 se le nombra profesor auxiliar de Cabrera, de Electricidad y Magnetismo, en la Facultad de Ciencias.

En 1919 no pudo obtener, por ausencia de plazas, trabajo remunerado con Cabrera ni en la facultad ni en el Laboratorio de Investigaciones Físicas y en 1920 se presenta a oposiciones de auxiliar de meteorología, en el Servicio Meteorológico Español, que obtiene con el número 1, con plaza en el Observatorio Meteorológico del Retiro en Madrid. Su condición de investigador (colaborador) se había fraguado con Cabrera en el Laboratorio de Investigaciones Físicas.

En 1927 se crea la Sociedad Española de Meteorología, entre cuyos primeros socios se encuentran Cabrera, Palacios y Duperier, y éste comienza sus publicaciones en solitario sobre la atmósfera. En 1929 realiza su primer viaje por Europa subvencionado por la Junta para Ampliación de Estudios, en Estrasburgo, para completar sus trabajos sobre variación térmica de la susceptibilidad magnética de las tierras raras, pero aprovecha el viaje para visitar los Observatorios de Zúrich, de Trappes y Villepreux en los alrededores de París, de Bruselas y del Puy de Dôme. En 1932 es director de la Sección de Investigaciones Especiales (que se concibe para él) en el Observatorio Meteorológico de Madrid.

En 1930 se había creado en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central la primera cátedra de Geofísica, que obtiene Duperier en 1933, momento en el que puede considerarse concluido su aprendizaje y logrado el establecimiento profesional definitivo.

En 1934, tras un viaje a Berlín y Postdam en el que conoce estudios, técnicas y métodos para la detección de rayos cósmicos, encontrará el que será su campo de investigación personal: la radiación cósmica en la atmósfera.

El 1 de enero de 1934, a los treinta y siete años, conoce a Ana María Aymar y Gil (nacida el 31 de enero de 1910), hija de José Luis Aymar de Arcos, abogado y político, que en tiempos de Romanones fue diputado a Cortes por Burgos. Carente de familia, la solicitud de la mano la hará Blas Cabrera Felipe. Se casan, civilmente, el 7 de febrero de 1935, y eclesiásticamente el día 14 de dicho mes. El 29 de diciembre de 1935 nace María Eugenia Duperier, primera hija de este nombre, que falleció el 29 de junio de 1936.

En 1936 fue elegido presidente de la Sociedad Española de Física y Química. Se dedica al estudio de la atmósfera, primero en Madrid, y ya iniciada la Guerra Civil, en octubre, se traslada a Valencia, donde continúa sus observaciones en los tejados de la universidad, como haría más tarde en Barcelona. Duperier manifestó pronto su deseo de marcharse al extranjero para seguir investigando con tranquilidad, lo que consiguió. Tras una corta estancia en la primavera del 38 en París, donde se reunió con Cabrera, se instaló ese año en Londres, encontrándose de modo fortuito en un congreso en Cambridge con Blackett, pasando a convertirse en colaborador de éste en Mánchester en 1939, y regresando con él a Londres en 1940, como consecuencia del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

La década 1940-1950 es la de su esplendor como científico, alcanzando en Londres el cenit de su carrera de físico durante la Segunda Guerra Mundial.

Aquí nació su segunda hija, María Eugenia.

La nombradía rápidamente adquirida se manifiesta socialmente el año 1945, en dos aconteceres capitales.

Primero, la invitación de The Physical Society, cuyo Consejo acordó por unanimidad invitarle a que dictara la Conferencia Guthrie, instituida en 1914, acontecimiento científico anual de máximo relieve; sería la vigésima novena. Segundo, su intervención en la BBC de Londres, en agosto de dicho año, unos días después del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, para explicar al mundo de lengua española, científicamente, en qué consistía la nueva arma. Ha llegado a la cima, es una autoridad científica internacionalmente reconocida, su prestigio se difunde. Poco después, en estos momentos exitosos, recibe una oferta tentadora de la embajada de los Estados Unidos: la dirección del Observatorio Geofísico norteamericano de Huancayo, en Perú, considerado entonces como el mejor del mundo. “Arturo —‘magnífico e indeciso’— acaso en un año adopte una determinación”, escribió su suegro. Y él desde su triunfante exilio: “Aparte de las conveniencias familiares de todo género he de pesar muy bien la forma de servir mejor a los intereses de España”. Llama la atención su patriotismo por encima de sus intereses científicos.

Su suegro y su amigo Alejandro Familiar estudian el modo de facilitarle el regreso a España allanando las posibles dificultades jurídico-políticas de su caso ante la legalidad del nuevo régimen.

Cuando Duperier inicia sus estudios sobre radiación térmica —el origen y la naturaleza de las partículas de muy alta energía que se detectaban en tierra o mediante globos—, se trata de uno de los temas considerados frontera de la física del momento. Primera y especial atención dedicó a observar los mesones m—hoy muones— mediante la construcción de un sistema original de detección y registro, de alta sensibilidad y estabilidad térmica —que fue copiado por otros laboratorios del mundo y que él mejoraría más tarde—, con el que trabajó durante toda la guerra mundial de día y de noche, instalado en el metro de Londres. Demuestra que el flujo de mesones m que llega a la superficie de la Tierra se genera en la atmósfera a una determinada altitud condicionada por una presión de 100 mb (aproximadamente a 16 km de altura) y que la variación de su intensidad depende de dos factores principales: las pérdidas por ionización y la propia desintegración de los muones, calculando los coeficientes de absorción de estos efectos (negativos).

Establece una ecuación sobre la intensidad en tierra de los muones que corregirá más tarde fruto de la mejora que realiza en sus sistemas de detección y registro y de continuadas observaciones, fórmula que se conoce como “Modelo Duperier de la intensidad”.

Estudia también la influencia de la actividad solar en la variación de la intensidad de la radiación, variación que se debe a otros muchos factores como una componente semidiurna consecuencia del desplazamiento vertical de la capa asociada a 100 mb con la temperatura, el efecto latitud debido al campo geomagnético y otra sidérea asociada a la estructura espiral de la Vía Láctea.

En 1951, en Londres, sufre un infarto. El clima de Inglaterra le iba mal. Fue un duro golpe a su cuerpo y más aún a su psique. A su prestigio científico se une su enfermedad con los visos tangibles de tristeza, pesar y pesimismo. Se plantea numerosas dudas acerca de su regreso definitivo a España realizando varias visitas, de las que fue especialmente significativa la de 1952 cuando Pedro Bernardo le brindó un impresionante homenaje. Entre las dificultades que encontraba para la resolución del problema quizás la mayor “se debía a que los investigadores de acá le tenían celos”.

Su espíritu se presentaba apocado, introvertido, tímido, poco hablador, y, además, era —se decía— “republicano” y, quizás, “masón”, características nefastas en la España franquista.

En 1953 regresa definitivamente a España y el ministro de Educación, Joaquín Ruiz-Giménez, firma su reingreso en la Universidad de Madrid, donde se le crea una cátedra nueva. En el contexto de su enfermedad y de las enormes dificultades que encuentra para el trabajo de investigación, asiste en 1955 a unos congresos de radiación cósmica en México y Estados Unidos. El “caso Duperier”, un científico de fama internacional que tuvo retenidos durante cinco años sus instrumentos de observación en la aduana del puerto de Bilbao, cedidos por Inglaterra, sin que pudiera desembalarlos y utilizarlos, es posiblemente el tema relacionado con la ciencia española más conocido por los media y la opinión pública culta; quizás, sea superado sólo por el ajedrecista de Torres Quevedo y el autogiro de La Cierva.

La Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales lo eligió académico de número en 1958, en el sillón que había ocupado Blas Cabrera y para el que fue elegido Miguel Catalán en 1957, pero éste falleció antes de tomar posesión. Arturo Duperier moría el 10 de febrero de 1959 también sin ingresar en la Academia.

La Fundación March le concedió el Premio de Ciencias a título póstumo.

 

Obras de ~: Estudio termomagnético del agua y de algunas disoluciones de sales paramagnéticas, tesis doctoral, Universidad Central, 1924; “Variación de la constante diamagnética del agua con la temperatura”, en Anales de la Sociedad Española de Física y Química (ASEFQ), 22 (1924), págs. 160-167; “Estudio termomagnético de algunas disoluciones”, en ASEFQ, 22 (1924), págs. 383-397, con B. Cabrera, “La variation thermique du magnétisme de l’eau et de quelques solutions paramagnétiques”, en Journal Physique et le radium, 6 (1925), págs. 121-138; con B. Cabrera, “Sur le paramagnétisme des familles du palladium et du platine”, en Comptes Rendus de l’Académie des Sciences (CRAS), Paris, 185 (1927), págs. 414- 416; “Concepto de la temperatura en la materia y en la radiación”, en Anales de la Sociedad Española de Meteorología (ASEM), I, 1 (1927), págs. 24-28; “Estudio termodinámico de la condensación por convección”, en ASEM, I, 3 (1927), págs. 1-8; con B. Cabrera, “Sur les propriétés paramagnétiques des terres rares”, en CRAS, 188 (1929), págs. 1640-1642; con B. Cabrera, “Acerca de las propiedades magnéticas de las tierras raras”, en ASEFQ, 27 (1929), págs. 671-682; “Núcleos de condensación en la atmósfera”, An. Soc. Esp. Meteor., III, 87 (1929); con B. Cabrera, “Nuevo estudio térmico sobre las propiedades magnéticas de las tierras raras”, en ASEFQ, 28 (1930), pág. 47-55; con B. Cabrera, “Estudio termomagnético de algunos compuestos anhidros de Co y Ni”, en ASEFQ, 29 (1931), págs. 5-14; “Distribución vertical de la temperatura en la atmósfera del centro de España”, en Servicio Metereológico Nacional (SMN), A, 1 (1933); “Sobre las fluctuaciones del campo eléctrico terrestre”, en SMN, A, 2 (1933); con B. Cabrera, “Magnetismo de algunos cloruros de la familia del platino”, en Boletín de la Real Academia de Ciencias, 2, n.º 9 (1936), págs. 1-5, con J. M. Vidal, “La conductibilidad eléctrica del aire en Madrid”, en SMN, A, 6 (1937); “La radiación cósmica en Madrid y Valencia”, en SMN, A, 7 (1937); “Sobre la electricidad de la atmósfera”, en Madrid, enero de 1937, págs. 85-88; con J. M. Vidal y G. Collado, “Las fluctuaciones simultáneas del potencial eléctrico, de la conductibilidad y de la carga espacial del aire”, en SMN, A, 8 (1938); con G. Collado, “Les fluctuations du champ éléctrique térrestre”, en Comptes rendus de l’Académie des Sciences, 1939; con B. Cabrera, “Further results on the magnetism of chlorides of the palladium and platinum triads of elements”, en Proceeding Physical Society (PPS) 51 (1939), págs. 845-858; “The seasonal variations of cosmic-ray intensity and temperature of the atmosphere”, en Proceeding of the Royal Society of London (PRSL), A, 177 (1941), pág. 204; “Cosmic rays and solar and geomagnetic activity”, en The Observatory, 64 (1942), pág. 190; “Cosmic rays and magnetic storms”, en Nature, 149 (1942); pág. 579; “An exceptional increase of cosmic rays”, en Nature, 151 (1943); pág. 308; “A new cosmic-ray recorder and the air-absorption and decay of particles”, en Terrestrial Magnetic, 49 (1944), pág. 1; “Absorption in the atmosphere and decay of cosmic rays”, en Nature, 153 (1944), pág. 529, “The Geophysical aspect of cosmic rays”, en PPS, 57 (1945), págs. 464-477; “A lunar effect on cosmic rays”, en Nature, 157 (1946), pág. 296; con M. 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Francisco González de Posada