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Dionisio Alcalá-Galiano y Alcalá-Galiano

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Biografía

Alcalá-Galiano y Alcalá-Galiano, Dionisio. Cabra (Córdoba), 8.X.1760 – Trafalgar (Cádiz), 21.X.1805. Marino, cartógrafo y astrónomo.

Hijo de Antonio de Alcalá Galiano y Pareja, regidor de Cabra, coronel de milicias y mayorazgo de su casa, y de Antonia de Alcalá Galiano y Pineda; primos lejanos y de una antigua familia hidalga.

Antes de cumplir los quince años quien luego sería héroe de Trafalgar, sentó plaza de guardiamarina (29 de agosto de 1775) en la compañía de Cádiz, embarcando al año siguiente en la fragata Júpiter, siendo ascendido a alférez de fragata tres años después (8 de agosto de 1778) sin variar de embarque. Con este mismo buque, se incorporó a la escuadra del marqués de Casa Tilly, destinada a transportar a la expedición del virrey de Buenos Aires, Pedro de Ceballos, para frenar los avances portugueses. Tras asistir a la ocupación de la isla de Santa Catalina y a la rendición de la colonia de Sacramento, transbordó a la fragata Venus y, de regreso a Montevideo, fue nombrado oficial de órdenes de Gabriel Guerra, comandante del Río de la Plata. Embarcó posteriormente en el paquebote San Cristóbal y permaneció dos años patrullando por el archipiélago de las Malvinas, para regresar a Montevideo y practicar el contracorso en las aguas inmediatas a Río de la Plata, consiguiendo capturar un mercante inglés y regresando a Cádiz en la fragata Santa Bárbara.

En esta ciudad ascendió a alférez de navío (16 de septiembre de 1781), pasando posteriormente a emprender los “estudios mayores” en el Observatorio Astronómicos, que, establecidos en 1783, estaban reservados a los oficiales más aventajados. En 1784 el director de la Academia de Guardias Marinas, Vicente Tofiño, le integró en su primer equipo para trazar las cartas de las costas de España y marcar su derrotero, empezando por las del Mediterráneo y a bordo de la fragata Santa Lucía. La ejecución de este cometido implicó la puesta en práctica de los métodos geodésicos e hidrográficos más sofisticados del momento, constituyendo para Alcalá Galiano su escuela práctica de capacitación profesional. En este empeño ascendió a teniente de fragata el 1 de marzo de 1784, cesando al año siguiente para pasar destinado al departamento de Cádiz, donde contrajo un ventajoso matrimonio de gran lustre social, con María de la Consolación Fernández de Villavicencio y de La Serna, cuyo hermano Juan María llegaría a ser capitán general de la Armada y regente del Reino en 1812.

En 1785 la Armada decidió dar un paso más adelante en su esfuerzo hidrográfico, encargando al capitán de navío Antonio de Córdoba el reconocimiento del estrecho de Magallanes con la fragata Santa María de la Cabeza. Este oficial seleccionó como colaboradores a los tenientes de fragata Alcalá Galiano y Alejandro Belmonte, fogueados ya en la comisión Tofiño y que apuntaban como los más aventajados en los estudios astronómicos y en el uso de un instrumental y unos modernos cronómetros de longitud recientemente adquiridos en Inglaterra.

Tras largos meses de penoso y peligroso trabajo, se llevó a cargo el cometido, llegándose a la conclusión de que esa navegación para comunicar ambos océanos no resultaba recomendable por su peligrosidad, siendo preferible el paso por el tormentoso cabo de Hornos en mar libre a internarse por las angosturas y vericuetos del estrecho, aconsejando la comisión realizar una arribada en la bahía del Buen Suceso en la costa occidental del estrecho de Maire en Tierra del Fuego y en el puerto de Año Nuevo en la isla de los Estados, y subrayando la necesidad de extremar la limpieza y la calidad de los víveres para evitar el escorbuto en una travesía tan larga. Como fruto de esta expedición, se confeccionó una carta general del estrecho y muchas otras particulares de los puertos y fondeaderos, además de un derrotero, que fueron publicados.

De regreso a España, fue destinado como oficial agregado al Observatorio de Marina donde desarrollaría una labor muy importante, proponiendo a la superioridad junto con otros compañeros la confección de un atlas marítimo de la América septentrional, plan que fue aprobado, aunque más tarde se dio prioridad al presentado en 1788 por Alejandro Malaspina y José Bustamante en el marco más amplio de un viaje alrededor del mundo.

Reincorporado a los trabajos del atlas hidrográfico de Tofiño, quien por entonces trabajaba entre las playas de Cádiz y el cabo Trafalgar, continuó con su equipo para llegar hasta la barra de Ayamonte y pasar a Galicia a realizar la campaña de estas costas y las de toda la cornisa cantábrica, embarcado en la fragata Loreto entre el verano de 1786 y diciembre de 1787.

Del 15 de junio al 16 de agosto de 1788, mandando el bergantín Natalia, participó junto a otros buques de la flotilla hidrográfica organizada al efecto en el trazado de la carta y derrotero de las Azores, determinando su verdadera posición, para lo que se había solicitado permiso del gobierno portugués, con lo que se dio por finalizada la campaña atlántica, contribuyendo con sus apuntes y cálculos al Derrotero de las costas de España en el Atlántico y de las islas Azores o Terceras para inteligencia y uso de las cartas esféricas, que se publicó en 1789.

Destinado como oficial agregado al Observatorio de Marina (7 de octubre de 1788) y comisionado en el bergantín Grulla, reconoció los fondos del puerto gaditano, y durante los meses de enero y febrero de 1789 realizó importantes observaciones de una mancha solar, vertiendo sus opiniones sobre la organización y función del Observatorio, junto con las del resto de los oficiales, en el Libro para anotar las ocurrencias en el que expuso su idea sobre lo que debía ser una institución científica y de investigación ideal.

Aprobada por el Rey la que habría de ser la estrella de las expediciones españolas del siglo XVIII, organizada por su compañero en el Observatorio Alejandro Malaspina, embarcó en la corbeta Atrevida, y al día siguiente del bautizo de su primogénito Antonio, quien llegaría a ser un destacado político y uno de los mejores oradores del siglo XIX, se hizo a la mar el 1 de agosto de 1789, para llevar a cabo los importantísimos cálculos náuticos y las observaciones astronómicas en el contexto de esta multidisciplinar expedición que se publicaron en forma de memoria.

Durante esta navegación, redactó Alcalá Galiano un Diario Astronómico y encontró un nuevo método de hallar la latitud en la mar y el ángulo horario, por medio de dos alturas de sol y el intervalo entre ellas, que remitió desde México al secretario de Marina, frey Antonio Valdés (29 de julio de 1791), y que vino a coincidir temporalmente con otro similar ideado por José Mendoza y Ríos.

En Nueva España, Malaspina organizó dos comisiones para investigar las producciones y el estado general del Virreinato: la de Historia Natural, formada por los naturalistas de la expedición y la de Geografía y Astronomía, dirigida por Alcalá Galiano, cuyos informes y cálculos se añadieron a los demás trabajos.

Por esta época y a pesar de los repetidos esfuerzos realizados no se había podido completar la exploración de la costa noroeste americana y se especulaba aún sobre la existencia de un paso interoceánico a la altura del estrecho de Fuca (entre la actual isla Vancouver y el Continente) y entre los 30’ y 60’ N en el Pacífico septentrional. El reconocimiento pormenorizado de los canales interiores de dicho estrecho era de la máxima importancia política, estratégica y comercial, ya que, de existir, las ventajas para la nación descubridora serían enormes. Secundariamente, se precisaba también recabar información sobre los asentamientos peleteros para una posterior negociación con los ingleses que llevaría a cabo poco después Bodega y Quadra. Ya se habían hecho los preparativos y designado al teniente de fragata Francisco Mourelle como oficial responsable de la comisión, cuando llegaron a las costas mexicanas del Pacífico las corbetas de la expedición Malaspina, decidiéndose asignar a ésta el mandato. Alejandro Malaspina nombró responsables a los capitanes de fragata Galiano y Cayetano Valdés por “las muchas pruebas que tenía de su capacidad en todos los ramos”, y éstos se separaron de su expedición para tomar el mando respectivo de dos goletas construidas al efecto en el apostadero de San Blas de California, la Sutil y Mexicana, en las que embarcaron en Acapulco (8 de marzo de 1792), dotándolas de marinería experta y bajo la dirección de Alcalá Galiano como oficial más antiguo.

Ambos buques llegaron al puesto español de Nutka el 13 de mayo de 1792 y, en la bahía de Núñez Gaona, Alcalá Galiano determinó la longitud del puerto como referencia para los demás, levantando también un plano. La exploración del estrecho de Juan de Fuca comenzó el 8 de junio, terminando el 23 de agosto en el convencimiento de que no se trataba del esperado paso Noroeste de América. Durante su desarrollo, tuvieron ocasión de encontrar y relacionarse en buenos términos con George Vancouver, enviado por su gobierno para el mismo cometido en el que se le adelantó Galiano y que había llegado cuando el reconocimiento geográfico de éste estaba ya prácticamente terminado. Se aceptó la oferta del inglés de navegar juntos el canal de Lewis, para luego seguir cada uno su camino. Aquellas costas acabarían conociéndose por su denominación inglesa, pero la Historia reconocería la prioridad del reconocimiento español. Como fruto de estas exploraciones, escribió Alcalá Galiano una memoria que publicó el Depósito Hidrográfico en 1802 y diversas cartas esféricas de la costa noroeste americana e incluso un vocabulario de la lengua de Nutka. A la expedición acompañó el pintor Jos Cardero, enviado por el virrey conde de Revillagigedo, quien realizó numerosas vistas de puertos, perfiles de costas y retratos de personajes locales.

Alcalá Galiano se trasladó a México para entregar al virrey una copia de los resultados de la campaña y esperar instrucciones, ya que se pretendía emplearle junto con sus oficiales y su moderno instrumental en diferentes reconocimientos hidrográficos en las costas de Nueva España y Guatemala y en la exploración del golfo de Nicaragua y su comunicación con el Atlántico por el río San Juan. Decidido su regreso a España, Alcalá Galiano embarcó en Veracruz a bordo del navío San Pedro de Alcántara, ya convertido en capitán de navío el 25 de enero de 1794 y aprovechó la licencia concedida para poner en limpio sus trabajos y podérselos entregar en Madrid a Malaspina, mientras se publicaba su Memoria sobre el cálculo de la latitud por dos alturas del sol (10 de marzo de 1795).

La detención de Alejandro Malaspina, acusado de conspiración el 22 de diciembre de 1795, impidió dicha entrega, y Alcalá Galiano pasó a la condición de sospechoso como el resto de sus compañeros de viaje, apartándosele por el momento de toda actividad científica y recibiendo el 26 de noviembre de 1795 la orden de reintegrarse al servicio activo en su departamento gaditano, sin que de nada sirviesen sus reclamaciones para poder continuar con su trabajo recopilador.

Consiguió, sin embargo, que su comisión a Fuca se considerase separada de la de Malaspina para poder así proteger mejor sus papeles del secuestro oficial de los demás con vistas a su publicación, lo que llevó a cabo el 29 de septiembre de 1795, misma fecha en que el Consejo de Órdenes aprobaba su solicitud de hábito en la Orden de Alcántara, a la que pertenecían también varios parientes de su mujer.

Pese a las restricciones impuestas al ejercicio de actividades científicas, el 26 de marzo de 1796 fue nombrado correspondiente de la Academia de Ciencias de Lisboa y pudo colaborar con el borrador del diccionario marítimo del ingeniero Francisco Javier Bara poco después.

A principios de octubre de ese año, presentó al príncipe de la Paz un proyecto para determinar por medio de observaciones astronómicas la verdadera posición de las capitales españolas y de cuatro o seis puntos notables referenciales de cada provincia, o bien, tomando como base el meridiano de Madrid utilizando el método de triangulación, extender el sistema por toda la Península. El magno proyecto, programado para seis años e inicialmente aprobado, fue más tarde boicoteado por el astrónomo Jiménez Coronado, con quien Alcalá Galiano mantuvo agrias disputas, y que exigió que fuese el Cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos quien se encargase de la ejecución. Con este motivo, su actividad inmediatamente posterior fue exclusivamente marinera.

En Cádiz tomó el mando del navío Vencedor en septiembre de 1796 y con motivo del ataque inglés en julio de 1797 estuvo destinado a las lanchas cañoneras que tanto contribuyeron a la defensa. Poco más tarde se le confió el San Fulgencio. Con este buque, protagonizó la hazaña de burlar el bloqueo inglés en la oscura noche del 20 de agosto de 1798 y dirigirse a Veracruz y La Habana con azogues, tropa y municiones, para recoger los caudales y mercancías que se precisaban con urgencia y regresar, junto con el San Ildefonso y tres fragatas, por una derrota desusada, ya que varios navíos enemigos habían sido destacados en su persecución, remontando latitud hasta casi alcanzar los bancos de Terranova, llegando al puerto de Santoña tras eludir a sus perseguidores y trayendo consigo siete millones de pesos duros y costosos productos coloniales. Con motivo de esta gesta, Carlos IV ordenó que se le tuviera presente en la primera ocasión de ascenso (19 de junio de 1799), pero el secretario de Marina, Juan de Lángara, quien sospechaba que el no haber utilizado las rutas convencionales de regreso de América se había debido a motivos interesados, lo impidió. Montando el San Pedro de Alcántara, partió de Ferrol a La Habana en comisión similar a la anterior, dándosele el mando de una escuadra compuesta de dos navíos, tres fragatas y otros buques menores, pese a no ser oficial general.

Burlado de nuevo el bloqueo inglés, pudo regresar a Cádiz tras muchas peripecias y un nuevo bloqueo en La Habana después de firmarse la Paz de Amiens (27 de marzo de 1802). En este departamento tomó el mando del navío de setenta y cuatro cañones Bahama, sólidamente construido en La Habana más de veinte años antes, y que formaba parte de la división naval del teniente general marqués del Socorro (23 de mayo de 1802). Con esta escuadra participó en el traslado a Nápoles de la infanta María Isabel para su boda con Francisco, heredero de las Dos Sicilias, y el de la prometida del príncipe de Asturias, la princesa María Antonia, de Nápoles a Barcelona. Con ocasión de este acontecimiento, hizo crecidos gastos para obsequiar a diversas personas del séquito y fue promovido a brigadier (5 de octubre de 1802), lo que tenía que haber sucedido tres años antes y no precisamente como gracia cortesana, como las múltiples que se concedieron en el regocijo general, ni como compensación de pérdidas económicas. Alcalá Galiano se quejó ante Godoy, y éste, admirador de su talento, le ofreció en compensación la merced de patente de alférez de fragata para su hijo Antonio, de diecisiete años y cadete de Reales Guardias, quien le había acompañado a bordo del Bahama y se convertiría en su primer biógrafo. Dionisio Alcalá-Galiano no era partidario, sin embargo, de que su hijo siguiese sus pasos y rechazó la oferta, para desesperación de éste.

Aprovechando los preparativos del viaje principesco, se le ordenó pasar a Túnez con el navío de su mando y la fragata Sabina para arreglar algunas cuestiones diplomáticas, lo que llevó a cabo con gran acierto.

Entre los últimos meses de 1802 y los primeros de 1803, se reintegró a sus trabajos científicos por comisión real, visitando el archipiélago griego a bordo de la fragata Soledad, para seguir hasta Constantinopla y bordear el litoral africano, rectificando errores de posición, iniciando el levantamiento de una carta general del Mediterráneo y realizando otras que fueron editadas posteriormente por el Depósito Hidrográfico, pasando a limpio el derrotero de todas esas costas, mientras la Imprenta Real publicaba sus métodos gráficos para corregir las distancias lunares.

En el mes de octubre de ese mismo año, se le otorgó de nuevo un mando operativo, el de un gran navío de ciento doce cañones en tres puentes, el Santa Ana, aunque por poco tiempo, ya que la ansiedad de Manuel Godoy por ver su trabajo terminado e impreso por la Dirección de Hidrografía, lo que no sucedería hasta 1806 y ya muerto Alcalá Galiano, hizo que se le relevase del mando para dedicarse exclusivamente a la confección de la carta del Mediterráneo (3 de enero de 1804). La violación por parte inglesa de la Paz de Amiens por la detención y posterior ataque a cuatro fragatas españolas procedentes de Lima a la altura del cabo Santa María, determinó la declaración de guerra (12 de diciembre de 1804). Alcalá Galiano, que quería participar de la suerte de sus compañeros de armas, intensificó sus esfuerzos por terminar su tarea hidrográfica para poder reintegrarse al servicio activo, preparando los materiales de manera que su piloto asistente pudiese ponerlos en limpio en forma de tres cartas parciales con la descripción de islas y costas.

Una vez realizado esto, el 8 de febrero de 1805 escribió a Godoy: “no se acomoda mi honor a dejar de ser empleado en la parte activa” solicitando un mando en la escuadra de Gravina, quien por su parte le había aconsejado continuar con su trabajo por haber muy pocos con tanto talento como él para realizarlo. Admitida su solicitud, se le dio el mando del Glorioso, y a finales de mayo de 1805, el del San Leandro por permuta con el comandante del anterior, José Meléndez, para obtener de nuevo el de su viejo Bahama (15 de abril de 1805), surto en Cádiz con el resto de la escuadra. Para este último le había propuesto el teniente general Álava, jefe interino de las fuerzas navales en Cádiz, “para que mejorase de mando”. Con motivo de este transbordo, la totalidad de la oficialidad y tripulación del anterior navío solicitó también su transferencia al Bahama para poder seguir a las órdenes de un jefe tan querido y admirado por sus subordinados. El 15 de septiembre de 1805 se le nombró además y “sin perjuicio de su actual destino y otros de la carrera”, comandante en jefe del Cuerpo de Pilotos, en destino de superior categoría y en sustitución del fallecido jefe de escuadra Antonio Chacón, cuando acababa de cumplir Alcalá Galiano los treinta años de servicio activo. Bloqueada en Cádiz la escuadra hispano-francesa al mando de Villeneuve, éste convocó un consejo bilateral de guerra para decidir la conducta a adoptar en la ocasión y al que asistió el brigadier Alcalá Galiano quien, al discrepar los españoles con la opinión francesa de salir a mar abierto e interpretar esta actitud el joven contralmirante Charles- Ren Magon de Clos como falta de arrojo, reaccionó con energía llegándose a temer un duelo entre ambos marinos, apaciguando los ánimos Gravina (8 de octubre de 1805).

Decidida por el mando francés la salida de Cádiz, en el orden de batalla presentado ante la presencia de la escuadra inglesa, el Bahama quedó a retaguardia, intercalado entre dos buques franceses, el Plutón de Courrége y el Aigle de Cosmao, precisamente donde iba a producirse lo más enconado del combate.

Poco antes de iniciarse éste y tras haber redactado su testamento militar, el brigadier se dirigió a su pariente, el guardiamarina Alonso Butrón, custodio de la bandera, conminándole a no rendirla en ningún caso, aunque recibiera orden de algún superior en ese sentido. El Bahama se batió con gran heroicidad contra dos y, ocasionalmente, contra tres navíos enemigos, sin querer separarse de la línea, sufriendo Alcalá Galiano una contusión en una pierna, a la que siguió poco después un grave astillazo en la cara con mucha pérdida de sangre, pero se negó a abandonar su puesto de mando. Una bala de mosquete le arrancó el catalejo de las manos y poco después otra le destrozó la cabeza. Su cuerpo fue ocultado bajo cubierta para evitar la desmoralización de sus subordinados y, posteriormente, arrojado al mar. Su muerte vino a coincidir prácticamente con la de Churruca en el San Juan Nepomuceno y con la de su reciente oponente el valeroso contralmirante Magon en el Algeciras. El oficial al mando del Bahama, Roque Guruzeta, se vio obligado a rendir el navío cuando éste perdió todo su poder combativo, sin que el joven Butrón tuviera que rendir el pabellón por encontrarse herido en la enfermería.

Según la descripción que de él hizo su hijo Antonio, Dionisio Alcalá Galiano fue de corta estatura, complexión robusta, tez y ojos claros y gesto desapacible y aparentemente distraído; tuvo un carácter irascible, aunque rápidamente dispuesto a deponer la ira, y fue generoso, muy activo y algo fatuo y puntilloso.

Aunque muy capacitado y conocedor de las ciencias de su profesión, no fue hombre especialmente culto, desinteresándose por otros saberes que no fuesen los matemáticos. Hablaba con corrección el francés y se defendía en inglés, constituyendo esto último una rareza en su época.

Las cortes gaditanas resolvieron en 1814 que un buque que se encontraba en construcción, recibiese el nombre de Galiano en memoria de este sobresaliente marino y científico; los poetas Quintana y Arriaza ensalzaron su bravura; y una placa le recuerda en el Panteón de Marinos Ilustres.

 

Obras de ~: Diario Astronómico, 1789, Museo Naval, ms. 157; Memoria sobre el cálculo de la latitud del lugar por dos alturas del Sol. Por D. ~, Capitán de Navío de la Real Armada, Madrid, Viuda de Ibarra, MDCCXCV [1795]; Memoria sobre las observaciones de latitud y longitud en el mar, por D. Dionisio Alcalá Galiano, Capitán de navío de la Real Armada, Madrid, Viuda de Joachim Ibarra, 1796; Método de determinar la latitud de un lugar por medio de la estrella polar observada en los crepúsculos y Método para corregir la distancia de la Luna al Sol o a una estrella por medio de las alturas aparentes de ambos astros, y su distancia aparente, Almanak Náutico y Estado General de Marina, Madrid, Imprenta Real, 1796; Relación del viage hecho por las goletas Sutil y Mexicana en el año de 1792 para reconocer el Estrecho de Fuca. Con una introducción en que se da noticia de las expediciones executadas anteriormente por los españoles en busca del Paso del Noroeste de la América. De orden del Rey, Madrid, Imprenta Real, 1802; Atlas para el viage de las goletas Sutil y Mexicana al reconocimiento del Estrecho de Juan de Fuca en 1792, Madrid, Imprenta Real, 1802; Explicación de varios métodos gráficos para corregir las distancias lunares con la aproximación necesaria para determinar las longitudes en el mar, y para resolver otros problemas de astronomía náutica, Madrid, Imprenta Real, 1803; Derrotero de las costas de Cerdeña, Nápoles, Grecia, Anatolia, Caramania, Siria y Archipiélago, Museo Naval, ms. 114; Cuatro cartas esféricas que contienen la parte interna del Mediterráneo, el archipiélago de Grecia, Constantinopla y el Mar Negro, construídas y grabadas en la Dirección de los trabajos hidrográficos, consecuente los que hizo el difunto brigadier de Marina D. Dionisio Alcalá Galiano, quien, con aprobación de S. M., comision el Excmo. Sr. Generalísimo Príncipe de la Paz explorar dichos mares y costas con la fragata “Soledad” en 1803, Cádiz, 1806.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán, Sec. Cuerpo General, leg. 620 (27) y Guardias Marinas, E. 1396; Archivo Histórico Nacional, Órdenes Militares, Orden de Alcántara, sig. 43; Museo Naval colecciones diversas.

J. de Espinosa y Tello, Relación del viaje hecho por las goletas Sutil y Mejicana en el año de 1792 para reconocer el estrecho de Fuca, con una introducción en que se da noticia de las expediciones ejecutadas anteriormente por los españoles en busca del paso del Noroeste de la América, Madrid, Imprenta Real, 1802; A. Alcalá Galiano, España Marítima, t. I, Madrid, 1836; F. de P. Pavía, Galería Biográfica de los Generales de Marina y Jefes Notables que figuraron en la misma corporación desde 1700- 1868, t. I, Madrid, Imprenta J. López, 1873, págs. 46-57; A. Alcalá Galiano, Recuerdos de un anciano, Madrid, Vda. de Hernando y Cía., 1890; Memorias, Madrid, Imprenta de Enrique Rubiños, 1896; P. Alcalá Galiano, El combate de Trafalgar, Madrid, Imprenta del Depósito Hidrográfico, 1909; J. Cervera Jacome, Panteón de Marinos Ilustres: historia y biografías, Madrid, Imprenta del Ministerio de Marina, 1926; J. Salva, Alcalá Galiano, Cartagena, Imprenta Departamento Marítimo, ¿1945?; F. Ximénez de Sandoval, Antonio Alcalá Galiano: (el hombre que no llegó), Madrid, Espasa Calpe, 1948; A. Lafuente y M. Selles, El Observatorio de Cádiz (1735- 1831), Madrid, Instituto de Historia y Cultura Naval, 1988; D. C. Cutter, Malaspina & Galiano: Spanish Voyages to the Northwest Coast: 1791 & 1792, Vancouver, Seattle, Douglas & McIntyre, University of Washington Press, Cop. 1991; M. D. Higueras y m. L. Martín-meras, Estudio introductorio a la edición facsimilar de la Relación del viaje hecho por las goletas Sutil y Mexicana en el año 1792 para reconocer el Estrecho de Fuca, Madrid, Museo Naval, 1991; M. A. Puig Samper, Las expediciones científicas durante el siglo xviii, Madrid, Akal, 1991; M.ª J. Parejo Delgado, “Vidas paralelas de los militares ilustrados Churruca, Gravina y Alcalá Galiano”, en Milicia y Sociedad Ilustrada en España y América (1750-1800. Actas XI Jornadas Nacionales de Historia Militar, Sevilla, 11-15 de noviembre de de 2002, Madrid, Deimos-Cátedra General Castaños (Región Militar Sur), 2003, págs. 163-179.

 

Hugo O’Donnell y Duque de Estrada, duque de Tetuán