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Juan de Villanueva y de Montes

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Biografía

Villanueva y de Montes, Juan de. Madrid, 15.IX.1739 – 22.VIII.1811. Arquitecto.

Hijo del escultor asturiano Juan de Villanueva y Barbales (1681-1765), que fue uno de los fundadores y directores de estudios de la Junta Preparatoria de la futura Academia de San Fernando, y hermanastro de Diego de Villanueva y Muñoz (1713-1774), también arquitecto, y académico.

El joven Juan de Villanueva fue uno de los primeros alumnos de la recién creada Academia de San Fernando, en la que Diego de Villanueva será teniente director de Arquitectura desde 1752 y director desde 1756. En ella tuvo una brillante trayectoria que comienza a dar frutos en 1754, el 14 de junio, cuando el joven Juan de Villanueva obtiene el primer premio de Tercera Clase con sus dibujos de la fachada de la Cárcel de Corte y su resolución del problema de hallar el centro perdido de una porción de círculo dada y cerrar la circunferencia. El 26 de enero de 1756 obtiene el primer premio de Segunda Clase con su proyecto de patio adornado de los tres órdenes, dórico, jónico y corintio, y su diseño de portada de orden jónico para un palacio. Finalmente, el 6 de febrero de 1757 obtiene el primer premio de Primera Clase por su proyecto de convento e iglesia para treinta religiosos y el diseño de un arco triunfal.

Concluidos brillantemente sus estudios, en 1758 la Academia convoca dos plazas de pensionados por la Arquitectura para estudiar en Roma durante seis años y Juan de Villanueva concurre a la oposición de la que saldrán los elegidos para perfeccionar su formación en el contacto directo con los restos de la antigüedad. Con su proyecto de casa de campo para un noble obtiene una plaza de pensionado, para la que es nombrado por la Junta general del 10 de septiembre. El joven Villanueva llega a la ciudad de las ruinas junto al otro pensionado ganador, Domingo Lois Monteagudo, el 15 de enero de 1759 y permanecerá en ella cinco años y diez meses, hasta mediados de octubre de 1764. Durante ese tiempo, sin un método o un programa oficial al que ceñir su actividad, realiza y envía a la Academia para su evaluación los ejercicios que su propia iniciativa le dicta. Éstos fueron: en 1760 los dibujos de un pedazo de cornisa antigua de la Domus Aurea y del Arco de Tito, en 1761 los dibujos de las tres columnas corintias del templo de Júpiter Stator (hoy de Cástor y Pólux), en 1762 y 1763 los dibujos del templo de Júpiter Tonante (hoy de Vespasiano) y en 1763 los del templo de Vesta en Tívoli, del que realiza el vaciado de uno de sus famosos capiteles. En 1764 Juan de Villanueva se presenta al concurso anual que convoca la Academia de Parma, en esta ocasión con el tema de una capilla sepulcral, a la envía cuatro planos bajo el lema “Artibus ingenuis quaesita est gloria multis” con los que no obtiene el deseado premio. Tras este resultado comienza a preparar su regreso a España con licencia para pasar antes por Nápoles y Herculano. Visitados esos lugares en compañía del pensionado por la pintura José del Castillo, ambos viajan hacia el Norte y embarcan en Liorna en un barco inglés rumbo a Barcelona para llegar a Madrid a primeros de enero de 1765.

Ya en la Corte, Juan de Villanueva asiste al fallecimiento de su padre en julio de 1765 y más tarde es comisionado por la Academia para dibujar las antigüedades árabes de Córdoba y Granada bajo la dirección de José de Hermosilla y teniendo como compañero a otro discípulo de la de San Fernando, Juan Pedro Arnal. Los trabajos de campo se realizan entre octubre de 1766 y abril de 1767 y los resultados son presentados por Hermosilla a la Academia en octubre de este último año. Es entonces cuando Villanueva solicita a la de San Fernando la graduación que fuese de su agrado, en respuesta a lo cual la Junta Ordinaria del 8 de noviembre le crea académico de mérito por la Arquitectura.

Comienza entonces su vida profesional siendo nombrado arquitecto de la orden jerónima en el Monasterio de El Escorial (1768) y es en el real sitio de San Lorenzo donde construye sus primeros edificios para el rey —la Casa de Infantes (1771-1776) en la lonja del Monasterio y las casitas del Príncipe (1771-1773, que amplía entre 1781 y 1784) y del infante don Gabriel (1771- 1773)— y para la corte —las casas del cónsul de Francia (1768) y del marqués del Campo de Villar—. En paralelo con su actividad en San Lorenzo, Villanueva proyecta en estos años la ampliación de la Catedral del Burgo de Osma (Soria) con una nueva sacristía (1770- 1774) y la capilla del venerable Palafox (1772-1783) en torno a la cabecera.

En 1774, tras el fallecimiento de su hermanastro Diego, Juan de Villanueva se instala definitivamente en Madrid e inicia una carrera imparable de nombramientos oficiales: teniente director de Arquitectura en la Academia de San Fernando, director de las obras de los Paseos Imperiales de Madrid (1775), teniente de Sabatini en la obra de ampliación del Palacio de El Pardo (1776), arquitecto del príncipe e infantes (1777), de los reales sitios del Buen Retiro y de San Lorenzo (1781), director honorario de Arquitectura en la Academia, arquitecto mayor de Madrid y de sus fuentes y viajes de agua (1786), arquitecto mayor del Rey, con ejercicio en los palacios y sitios reales (1789), director general de la Academia por un trienio (1792-1795), director de policía y ornato y comisario ordenador de Madrid (1798), intendente honorario de provincia (1802) y, finalmente, arquitecto mayor inspector de las obras reales de José Bonaparte (1809).

Los edificios de viviendas son escasos en su carrera, aunque trabaja para clientes particulares en pequeñas obras y en otras de más entidad para el marqués del Llano, con casas en las calles de la Luna (1775) y ancha de San Bernardo (1780), para los padres agustinos de María de Aragón, con casas en la calle del Reloj (1780 y 1781), para la condesa de Montijo, con una casa en la plazuela del Ángel, y para sí mismo con una casa que sería a la vez residencia familiar y estudio profesional en la calle de San Pedro y San Pablo (1790), después ampliada hacia la calle de San Juan (1795).

Con respecto a su actividad en proyectos y obras oficiales, que es la que dominó su vida profesional, en 1776 presenta en la Academia su proyecto para la traída de agua a Pamplona, en 1778 da los planos y condiciones para la iglesia parroquial de Turleque (Toledo) en terrenos del Gran Priorato de San Juan de Jerusalén, entre 1779 y 1781 proyecta y dirige la construcción del pabellón de invernáculos del Real Jardín Botánico de Madrid, que ampliará en 1794 con la cátedra Cavanilles. En 1781 proyecta el canal de Miravete en el territorio del Gran Priorato de San Juan y comienza a proyectar la reforma del antiguo oratorio del Caballero de Gracia, en Madrid, cuyas obras se inician al año siguiente y se concluyen en 1794 bajo la dirección de Antonio de Abajo en funciones de aparejador y colaborador habitual de Villanueva. En ese mismo año de 1781, Santiago Gutiérrez de Arintero, Antonio López Aguado e Isidro Velázquez entran como discípulos en el estudio del arquitecto, que en 1782 proyecta el conjunto de los batanes de pólvora del real sitio de Ruidera, en terrenos del Gran Priorato de San Juan.

En abril de 1783 da los planos para la capilla del trascoro de la Catedral de Segovia, a cuya ejecución renuncia voluntaria y repentinamente en junio. El 23 de enero de 1784 nace Paula Benita de Villanueva, hija del arquitecto y de la segoviana Juana Moraza Rubiales cuando ambos vivían en la madrileña calle de Hortaleza, frente al convento de Santa Bárbara. Ese mismo año proyecta la Casita del Príncipe de El Pardo, cuya construcción se concluirá en 1791, dirige las reparaciones de las casas de Ballestería, Perreras y Picadero del real sitio de San Lorenzo y la consolidación de la Torre de las Damas del Monasterio de El Escorial.

El año 1785 es crucial en la biografía artística de Juan de Villanueva, ya que en febrero, mientras dirige la reparación y consolidación del Patio de Mascarones de El Escorial, comienza a proyectar por orden del secretario de Estado, a la sazón José Moñino, conde de Floridablanca, un Real Museo de Historia Natural en el Paseo del Prado, junto al Jardín Botánico. El proyecto del edificio que será Museo del Prado es presentado el 30 de mayo de 1785 a Carlos III cuando se encuentra acompañado del príncipe y del mismo Floridablanca. Para responder al encargo que el ministro de Estado le hizo, Villanueva presentó entonces dos opciones posibles de edificio. Una de ellas, ilustrada en cuatro láminas que se conservan en la Academia de San Fernando, tenía unos característicos pórticos cubiertos para el paseo público. De la otra, muy distinta y sin tales pórticos, ha quedado constancia únicamente por la maqueta de madera que se conserva en el propio Museo, ya que sus planos se han perdido. Este último proyecto sin pórticos exteriores fue el elegido por el Rey para su construcción en paralelo al antiguo Paseo del Prado de Atocha, en continuidad con el Jardín Botánico y bajo la iglesia y el doble claustro de los Jerónimos. A finales de aquel mismo año de 1785 se inician los movimientos de tierras y la apertura de zanjas de cimentación del futuro edificio, que en 1788, año de la muerte de Carlos III, veía elevarse sus muros sobre la rasante del terreno.

La utilidad pública era una condición irrenunciable de las obras de la Ilustración y el futuro edificio del Museo del Prado tenía para Villanueva un doble compromiso: hermosear la ciudad y crear un establecimiento para el estudio, la investigación y la instrucción pública. En concreto, el programa de necesidades que el Museo tenía que alojar en su interior con la solidez y extensión apropiadas incluía un Gabinete de Historia Natural con salas de estudio, una Academia de Ciencias Naturales con capacidad para sus instrumentos, laboratorios, aulas y biblioteca, y una gran salón para las juntas académicas. Tres establecimientos en un único gran edificio.

El solar del futuro Museo se elegía entonces para crear un frente prolongado paralelo al Prado de Atocha, a los pies de la iglesia y convento de San Jerónimo, con una fachada alargada de escaso fondo construido y asentado sobre un terreno que en su estado natural presentaba una doble pendiente, con fuerte inclinación desde los jerónimos hacia el Paseo del Prado y con un desnivel más suave entre la fuente de Neptuno y la antigua Puerta de Atocha. Para preparar el solar y sacar partido de las pendientes del terreno, Villanueva creó un muro de contención en ángulo y en relación con él hizo el vaciado necesario para dejar definido un plano horizontal, a la cota del Prado, sobre el que elevar el edificio. De este modo, la nueva topografía del lugar estaba modelada para comenzar a responder por sí sola al triple uso requerido, ya que favorecía que existieran tres diferentes accesos sobre diferentes niveles del terreno y en tres orientaciones también diferentes.

La principal idea del proyecto de Villanueva consistía en crear dos plantas bajas funcionalmente independientes, con circulaciones interiores siguiendo esquemas de fondos de saco, y dispuestas una encima de otra. La destinada a Academia de Ciencias tenía entrada y salida por la puerta sur, enfrentada al Jardín Botánico y a su misma cota. Y el Museo-galería de Historia Natural tenía entrada y salida a una cota superior por la puerta norte, a cuya altura se accedía desde el Paseo del Prado gracias a una característica rampa que recortaba en curva la pendiente natural del terreno. Se creaba así un edificio de un extraño neoclasicismo pintoresco, nacido de las condiciones topográficas de un lugar que explican su configuración tanto funcional como compositiva.

El resultado de esta operación de adaptación al terreno creaba una obra con dos entradas distintas, en niveles también distintos y en orientaciones opuestas, cada una de ellas destinada a dar acceso a una única planta del edificio y caracterizada por un orden clásico propio, de capiteles corintios asociado a la puerta de la Academia y jónicos para la puerta del Museo. Faltaría para responder al programa de necesidades inicial dar forma y posición al salón de juntas. Éste es, de nuevo, un edificio independiente, de eje perpendicular a los dos anteriores, con su propia puerta de entrada y salida, el pórtico dórico central orientado a poniente, e imaginado por Villanueva como un gran templo laico de tipo basilical y cabecera absidial. Siguiendo de nuevo con la biografía artística del arquitecto, en septiembre de 1785, cuando están empezando las obras del Museo, Villanueva recibe también de Floridablanca el encargo de proyectar y dirigir la obra de la Casa de Ministerios en la lonja del Monasterio de El Escorial, una obra cuya ejecución se prolonga hasta el año 1804. También en 1785 comienza a dirigir la obra de los Lavaderos de la Reina en el madrileño paseo de la Virgen del Puerto.

En 1786, año en que ya se dijo que accede a la maestría mayor de la villa de Madrid, dirige las reparaciones de las cubiertas de la parte del palacio del Monasterio de El Escorial, proyecta la traída de aguas al Retiro desde el río Guadalix y la reforma interior de la Casa de la Carnicería de la madrileña Plaza Mayor, remite a Sevilla los planos para la construcción de albañilería de los nuevos estantes del Archivo de Indias y proyecta la nueva población de La Magdalena y varios puentes para el Priorato de San Juan. De 1787 son sus proyectos para la galería de columnas de la fachada norte del Ayuntamiento de Madrid, construida entre enero y julio de 1789, y para el puente de Melgar de Yuso (Palencia). En 1788 Villanueva es gratificado con 12.000 reales por la buena marcha de las obras del Museo del Paseo del Prado y dirige la apertura del nuevo camino a La Granja de San Ildefonso por el puerto de Navacerrada, que se concluye en 1792, con la fonda de la Trinidad, casas de postas de Las Matas, Las Salineras, Mataserranos y los Castrejones, así como la casa del portazgo en el Colladillo de Navacerrada.

Tras la muerte de Carlos III en diciembre de 1788, proyecta el catafalco municipal para las exequias reales en la iglesia del convento de Santo Domingo y, el 24 de abril de 1789, Carlos IV da a Villanueva el nombramiento de arquitecto mayor trazador con ejercicio en los palacios y sitios reales. En mayo presenta al Ayuntamiento para licencia la fachada del Nuevo Rezado en la calle del León (actual Academia de la Historia), se terminan las obras de la puerta norte del Jardín Botánico según sus planos y proyecta los ornatos de la Plaza Mayor, el Jardín Botánico y las casas-palacio de la condesa viuda de Benavente y del duque de Alba para los actos de exaltación al trono de Carlos IV y la jura del príncipe Fernando. También en 1789 proyecta la fachada del Oratorio del Caballero de Gracia.

1790 es el año en que Villanueva proyecta y comienza la construcción de otra de sus grandes obras: el Observatorio Astronómico de Madrid, en terrenos del Retiro. En 1791, tras el incendio de una parte de la Plaza Mayor de Madrid, ocurrido en agosto del año anterior, proyecta la reconstrucción del Portal de Cofreros y el Portal de Paños. En octubre de 1791 firma los planos para la reforma del madrileño convento de San Fernando y proyecta la reconstrucción de la Cárcel de Corte tras el incendio del día 4 de ese mes. También en 1791 quedan cerradas y cubiertas las bóvedas del Oratorio del Caballero de Gracia.

En 1792, por Real Orden de 29 de mayo, Villanueva es nombrado director general de la Academia de San Fernando por un trienio, poco antes de que le corresponda por antigüedad y durante un año el puesto de hermano mayor de la Congregación de Arquitectos de Nuestra Señora de Belén, en la iglesia de San Sebastián. De 1793 es la reforma de la fachada norte del Monasterio de El Escorial, que afecta a la recomposición de portadas laterales y huecos, con supresión de dos pilastras, con motivo de la creación de nuevos zaguanes y escalera de acceso a la zona del Palacio de Corte. Ese mismo año concluye el templete rotondo de orden jónico, el cenador chinesco y la cueva del obelisco del estanque de los peces del Jardín del Príncipe de Aranjuez y da el proyecto para el Hospital de Villacañas, en el Gran Priorato de San Juan.

En 1794, los días 31 de marzo y 31 de mayo, firma los planos de una iglesia de tipo basilical sin indicación de lugar. Este mismo año inicia la construcción de la Casa del Labrador, en Aranjuez, propone a Godoy un proyecto de navegación del Tajo que es rechazado por el ministro, proyecta el pedestal y la cruz de la plaza madrileña de Puerta Cerrada y a finales de noviembre renuncia a la dirección de las obras del Oratorio del Caballero de Gracia, que queda para los remates en manos de Juan Pedro Arnal, quien concluye el interior en poco menos de dos meses.

Aranjuez acapara la atención de Villanueva en 1795, año en que trabaja en el puente de barcas y el embarcadero sobre el Tajo, hace obras en el sotillo y casa de los monteros, la redistribución interior de la casa del duque de la Alcudia y construye las ruinas hoy llamadas Castillo de Godoy, en el Jardín del Príncipe. El 12 de diciembre presenta el proyecto para la iglesia de Ventas de Puerto Lápice, en el Gran Priorato de San Juan, que se habrá de edificar de nueva planta en el lugar de una antigua ermita. De 1796 es el texto, firmado el 21 de julio y titulado “Descripción del edificio del Real Museo”, que acompaña a la lámina del proyecto definitivo del Museo del Paseo del Prado. También de 1796 es su proyecto para un nuevo presbiterio, retablo y altar mayor de la iglesia parroquial de Urda, del Gran Priorato de San Juan, que se habría de reedificar tras la demolición de la ruinosa cabecera existente.

Tras el fallecimiento de Francisco Sabatini, el 19 de diciembre de 1797, el siguiente día 22, Villanueva es nombrado por Carlos IV arquitecto principal y director de las obras del Palacio Real de Madrid. En el Ayuntamiento, ya a primeros de 1798, el 15 de enero, sucede al arquitecto palermitano como director de policía urbana y ornato y al día siguiente recibe el cargo de comisario ordenador de la Villa. El 13 de junio de 1798 comienza la obra del Real Instituto Asturiano, promovido por Jovellanos en Gijón y proyectado por Villanueva, y en este mismo año concluye la primera fase constructiva de la Casa del Labrador, en Aranjuez.

Mientras continúa dirigiendo la ejecución del Museo y el Observatorio, con un lento ritmo de obra en ambos casos, tras la exoneración de Floridablanca como ministro de Estado, Villanueva entra en los primeros años del siglo XIX. En 1803, el 2 de septiembre, casa a su hija Paula Benita con un cierto Jacinto Alcobendas, que había sido discípulo de la Academia de San Fernando, siendo padrinos de boda la madre, Juana Moraza, y su colaborador Santiago Gutiérrez de Arintero.

De 1804 y 1805 son los más importantes proyectos municipales de Villanueva: en junio de 1804 firma los planos para la capilla, el cuerpo de ingreso y los patios de nichos del Cementerio General del Norte, en terrenos cercanos a la actual plaza de Arapiles, y en 1805 concluye el proyecto de reedificación del Teatro del Príncipe, que había ardido en julio de 1802 y que se ve entonces ampliado con la casa café colindante, y el proyecto, firmado el 21 de agosto, de una Lazareto de curación, nunca construido, destinado a combatir las epidemias de peste que fueron frecuentes en Madrid desde comienzos de siglo, traídas por viajeros procedentes en su mayor parte de Andalucía.

El año 1806 es el del cumplimiento de un deseo trascendental para Juan de Villanueva, el de su matrimonio con la segoviana Juana Moraza, tras quedar esta señora viuda de un cierto José Alonso. El matrimonio del arquitecto mayor del Rey y de la Villa con la mujer a la que estaba unido de hecho desde mayo de 1783 fue celebrado en la madrileña parroquia de San José el 26 de agosto, teniendo como testigos a Santiago Gutiérrez de Arintero y a Antonio de Abajo.

Nuevamente dentro del terreno artístico, ese mismo año de 1806 Villanueva presentaba en Palacio el proyecto de reedificación, tras un incendio, de las Casas de Oficios y la Capilla de El Pardo. Ésta era dada por concluida por Villanueva en un informe fechado el 1 de febrero de 1808, en el que anuncia el final de las obras de las Casas de Oficios para el verano.

Si se centra ahora la atención en ese año de 1808 sobre la obra principal de Villanueva, la que está más directamente asociada a su nombre, el edificio del Museo del Prado, ya se ha dicho que las obras tuvieron un buen ritmo de ejecución durante el ministerio del conde de Floridablanca. Tras ser exonerado de su cargo en 1792, la construcción entró en un proceso más lento que tenía el edificio todavía sin acabar cuando se produce la entrada de los franceses en Madrid y las tropas mandadas por Joaquín Murat se acuartelan en él hasta su salida en julio a la derrota de Bailén. En el momento de la ocupación del Museo de Villanueva por la caballería intrusa, marzo de 1808, se habían cerrado ya las tres fachadas principales y los interiores de sus dos plantas bajas y cuerpos áticos estaban completamente abovedados, con sus cubiertas de plomo concluidas. La fachada posterior estaba elevada hasta la cornisa general, que recorría todo el edificio, excepto el templo absidial destinado a salón de juntas académicas, del que sólo se había construido su perímetro murario hasta el nivel de la segunda imposta, quedando vacío y sin cerrar ni cubrir el interior, con la cimentación de las columnas realizada y trece basas corintias labradas. La salida del ejército intruso de la Corte está acompañada del desmontaje del plomo de las cubiertas del Museo, una rapiña que desprotege sus bóvedas de ladrillo y prepara el deterioro general de la planta de la gran galería.

Ese mismo año de 1808 muere asesinado por lo franceses Antonio de Abajo —el aparejador y hombre de confianza de Villanueva en la dirección de la obra del Museo, como lo había sido antes en la del Oratorio del Caballero de Gracia— y el arquitecto otorga el 15 de mayo su primer testamento. Tras las reparaciones necesarias por los efectos de la francesada, en 1809 quedan concluidas las obras del Cementerio General del Norte y el 11 de abril Villanueva es nombrado arquitecto mayor inspector de las obras reales por José Bonaparte, para quien dirige el derribo de edificaciones en torno al Palacio Real, el ajardinamiento del Campo del Moro (entonces llamado así el situado entre Palacio y las caballerizas de Sabatini) y del Parque o jardín de Poniente, construye unas cocheras y caballerizas en la Casa de Campo y el paso abovedado bajo el paseo de la Virgen del Puerto. 1810 es el año de su última obra al servicio de la Corona, el horno nuevo de la Fábrica de Cristales de La Granja.

En 1811, activo al frente de las obras reales y municipales hasta poco antes, Juan de Villanueva muere en Madrid un 22 de agosto, en su casa de la calle San Pedro y San Pablo, y al día siguiente su cadáver es expuesto y velado en la capilla de Belén, parroquia de San Sebastián, propia de la Congregación de Arquitectos, en cuya cripta está enterrado.

Sus testamentarios y herederos dejaron redactado el testamento de Villanueva el 18 de septiembre de 1811 y, siguiendo sus últimas voluntades, el 2 de octubre siguiente entregaron a la Academia de San Fernando, como legado del difunto, las cuatro láminas del concurso de Parma (hoy perdidas) y el retrato del arquitecto, firmado “Villanueva por Goya” hacia 1798, el mismo año en que Jovellanos pide disculpas en una carta al arquitecto por “alejarle de su carácter filosófico” con las peticiones de ayuda que el polígrafo asturiano le hace.

Tras el abandono definitivo de España por los franceses comienza en 1814 la reconstrucción del edificio del Museo a instancias de Santiago Gutiérrez de Arintero, a la sazón regidor comisario de cuartel del Ayuntamiento, y bajo la dirección de un discípulo directo de Villanueva, Antonio López Aguado, que sucede a su maestro en el puesto de arquitecto mayor de Madrid. Su apertura al público como museo de pintura se produjo el 19 de noviembre de 1819 con el edificio sólo parcialmente rehabilitado, pero en vías de consolidación y reconstrucción integral. La obra permanente a la que desde entonces ha estado sometido el Museo del Prado en sus más de doscientos años de vida hace hoy de él una obra colectiva, en la que están documentadas las intervenciones de más de veinte arquitectos, a pesar de lo cual lo mejor de su arquitectura sigue siendo reconocible como obra de Villanueva.

Al morir, Juan de Villanueva dejó redactado e inédito un libro práctico que tuvo una edición póstuma: Arte de albañilería (Madrid, 1827) y tanto en sus escritos oficiales como en sus informes a la Academia sobre programas y métodos de estudio de la Arquitectura, defendió con ahínco, dicho con sus palabras, “la juiciosa libertad de la Arquitectura”.

 

Obras de ~: Casa de Infantes, San Lorenzo de El Escorial (Madrid), 1771-1776; Casita del Infante don Gabriel, San Lorenzo de El Escorial (Madrid), 1771-1773; Casita del Príncipe, El Escorial (Madrid), 1771-1784; Oratorio del Caballero de Gracia, Madrid, 1781-1794; Pabellón de invernáculos, portada norte y cátedra Cavanilles del Real Jardín Botánico, Madrid, 1781-1794; Casita del Príncipe, El Pardo (Madrid), 1784-1791, Casa de Ministerios, San Lorenzo de El Escorial (Madrid), 1785-1804; Museo del Prado, Madrid, 1785-1808; Real Academia de la Historia, Madrid, 1789; Observatorio Astronómico, Madrid, 1790-1808; Cementerio General del Norte, Madrid, 1804-1809 (desapar.); Lazareto de curación, Madrid, 1805 (no construido).

Escritos: “Descripción del edificio del Rl. Museo, por su autor D. Juan de Villanueva”, 1796; Arte de albañilería ó instrucciones para los jóvenes que se dediquen á él, en que se trata de las herramientas necesarias al albañil, formación de andamios, y toda clase de fábricas que se puedan ofrecer: con diez estampas para su mayor inteligencia: por el célebre Don Juan de Villanueva, y para perpetuar su memoria lo da á la luz, por lo útil y sencillo para la clase á que se refiere, Don Pedro Zengotita Vengoa, arquitecto, y académico de la Real de San Fernando. Lleva al frente un prólogo del mismo Villanueva, Madrid, Francisco Martínez Dávila, 1827.

 

Bibl.: F. Chueca y C. de Miguel, La vida y las obras del arquitecto Juan de Villanueva, Madrid, [Dirección General de Arquitectura], 1949; F. Chueca, El Museo del Prado, Madrid, Misiones de Arte, 1952; M. Agulló, “Aportación documental a la biografía de Juan de Villanueva”, en Gaceta del Museo Municipal (Madrid), 3 (1982); VV. AA., Juan de Villanueva, arquitecto (1739-1811), catálogo de exposición Madrid, Museo Municipal, 1982; P. Moleón Gavilanes, La arquitectura de Juan de Villanueva. El proceso del proyecto, Madrid, Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, 1988; D. Rodríguez Ruiz, José de Hermosilla y las antigüedades árabes de España, Madrid, Fundación COAM, 1992; J. E. García Melero, “Juan de Villanueva y los nuevos planes de estudios”, en La Real Academia de San Fernando en 1792, Madrid, Real Academia de San Fernando, 1992, págs. 13- 5; P. Moleón Gavilanes, Proyectos y obras para el Museo del Prado. Fuentes documentales para su historia, Madrid, Ministerio de Educación y Cultura-Museo del Prado, 1996; Juan de Villanueva, Madrid, Akal, 1998; S. Rubio Liniers, La arquitectura de Juan de Villanueva en La Mancha, 1999; P. Moleón Gavilanes, Arquitectos españoles en la Roma del Grand Tour (1746-1796), Madrid, Abada, 2003, págs. 117-153.

 

Pedro Moleón Gavilanes