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Eduardo García Berges

Biografía

García Berges, Eduardo. Zaragoza, 2.IX.1852 – Madrid, 18.III.1923. Tenor.

Hijo de un militar que alcanzaría el grado de coronel, Eduardo ingresó en el Ejército como cadete.

En 1867 se hallaba en Madrid para emprender estudios de Arquitectura. Afiliado a las juntas revolucionarias, obtuvo el grado de alférez, al tiempo que despuntaba su afición musical formando parte del coro del teatro de la Zarzuela y organizando estudiantinas, en las que cantaba y tocaba la flauta, además de otros instrumentos. Su maestro, Aquiles di Franco, le encaminó definitivamente hacia el canto, con lo que abandonó milicia y arquitectura y, tras formar parte de la compañía del teatro Apolo, su debut como primer tenor tuvo lugar en La Habana (1876), donde cantó en el teatro Albisu La vuelta al mundo y, en el teatro Cárdenas, Jugar con fuego. El éxito de Berges deparó que, al regresar a España, ya tuviese compañía propia de zarzuela, con la que recorrió el país.

Tras la revitalización lograda a mediados del siglo xix, la zarzuela había vuelto a un segundo plano por el predominio de los géneros bufo y chico. Chapí, a partir del estreno de La tempestad (11 de enero de 1882), dio nuevo vuelo al género. El tenor de esta segunda época de oro no fue otro que Eduardo García Berges, que pronto eliminaría su primer apellido y pasó a ser El Tenor de Chapí. Otras obras famosísimas que estrenó de este compositor fueron El milagro de la Virgen (1884), La bruja (1887) y El rey que rabió (1891).

Con compañía propia, fue el teatro de la Zarzuela su principal feudo y allí tuvieron lugar la mayor parte de sus estrenos. En la temporada 1886- 1887 se hizo cargo del mismo como empresario al frente de su compañía, en la que también figuraban el maestro Fernández Caballero y la zaragozana Almerinda Soler, que, junto a Dolores Franco de Salas, fue su más frecuente pareja de canto. Berges buscó revitalizar el género programando un vasto repertorio en el que no faltó la zarzuela grande. Así, el estreno de El arca de Noé (1890), de Chueca, fue un gran éxito.

Berges, tenor de gran capacidad vocal, mucho aplomo y poder de convicción en el escenario, cantó también ópera con respaldo del público y reconocimiento por parte de la exigente crítica de la época.

Él fue quien por primera vez interpretó en español el papel masculino de Carmen (1887). También resultaría memorable su interpretación de Jorge en Marina, que llegó a cantar cuarenta y ocho noches consecutivas en el teatro de la Zarzuela. Estrenó, asimismo, El duque de Gandía (1894), con música de Chapí y libreto de Manuel Paso y Dicenta. Su época de esplendor se extiende entre 1882 y 1895, año en que volvió a Cuba. A principios de siglo su prestigio fue decayendo, unido a que sus actividades como empresario le condujeron casi a la miseria. Hubo de malvender las distinciones que daban cuenta de sus triunfos, como eran las Cruces de Carlos III, de Isabel la Católica y de la Orden de Cristo, concedida en Portugal.

Sólo conservó una corona de laurel regalada por Gayarre. Sin embargo, en su decadencia, todavía llegó a grabar algún disco, como la jota de La alegría de la huerta. Sus últimas actuaciones fueron en el teatro de la Ciudad Lineal.

Finalmente, Berges hubo de aceptar un modesto empleo en el Ayuntamiento de Madrid, con 3 pesetas de sueldo. Aún en octubre de 1909 el teatro de la Zarzuela le dispensó un beneficio en el que cantó fragmentos de La bruja, La tempestad y Cádiz. Aclamado por el público, correspondió con varias jotas aragonesas. Pero no terminaron sus apuros: consta que en febrero de 1917 se presentó en la fila de pobres del picadero del Palacio Real para recoger prendas de abrigo. En 1919 fue invitado a una reposición de La bruja, por haber intervenido en su ya lejano estreno, en la que recibió un socorro de la reina Victoria, y Alfonso XIII le prometió, sin cumplirlo, un cargo en el Conservatorio. Eduardo García Berges, el tenor de voz tan potente como delicada en los agudos que había reinado en la escena nacional durante más de veinte años, terminó pidiendo limosna por las calles de Madrid hasta su fallecimiento.

 

Bibl.: R. Ruiz y Benítez de Lugo, Gente de bastidores, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1899, págs. 456-457; E. Cotarelo Mori, Historia de la zarzuela, o sea, el drama lírico en España desde su origen a fines del siglo XIX, Madrid, Tipografía de Archivos, 1934; L. Iglesias Souza, Teatro lírico español, vol. IV, La Coruña, Diputación Provincial, 1996; F. Hernández Girbal, Otros cien cantantes españoles de ópera y zarzuela (Siglos XIX y XX), Madrid, Lyra, 1997, págs. 66-69; J. Martín de Sagarmínaga, Diccionario de cantantes líricos españoles, Madrid, Fundación Caja de Madrid-Acento, 1997, págs. 76- 77; M. E. Cortizo, “García Berges, Eduardo”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), Diccionario de la música española e hispanoamericana, vol. V, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 1999, pág. 406; A. Domínguez (dir.), “Berges, Eduardo García”, en Gran Enciclopedia Aragonesa 2000, Apéndice I, Zaragoza, El Periódico de Aragón-Prensa Diaria Aragonesa, 2002, págs. 92-93; E. Casares Rodicio, “García Berges, Eduardo”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), Diccionario de la zarzuela. España e Hispanoamérica, vol. I, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2002, págs. 825 y 826; J. Barreiro, Voces de Aragón, Zaragoza, Ibercaja, 2004, págs. 36-39.

 

Javier Barreiro