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Isaac ben Yehudá Abravanel

Biografía

Abravanel, Isaac ben Yehudá, Lisboa, 1437 – Venecia, 1508. Estadista y comentarista bíblico.

Yishaq ´Abravanel nace un Lisboa en 1437 en el seno de una linajuda familia judía sevillana, refugiada en la capital portuguesa cuando los tristes sucesos antijudíos de 1391. A su antiguo y noble linaje se unía una no menos consolidada tradición de riqueza, poder y actividad política. Su padre, don Yehudah llegó a ser el administrador del príncipe Fernando, hijo del rey Juan I de Portugal; don Semu´el, su abuelo, había llegado a ser en el reino de Castilla, contador mayor del rey Enrique III, y su bisabuelo, don Yehudah, fue tesorero de Fernando IV en la ciudad de Sevilla, incluso parece ser que almojarife mayor del reino castellano. Tan rancia familia, orgullosa de la nobleza de su origen que pretendía descender de la dinastía de David, afincada en Sefarad en tiempos prerromanos, sabía que el tatarabuelo de Yishaq, don Yosef ´Abravanel, había sido admirado como “gran sabio” de profundas preocupaciones morales e intelectuales en los días de Alfonso X. Sin embargo, el abuelo, don Semu´el, se convierte al cristianismo voluntariamente, varios años antes del aciago 1391, tal vez como resultado de una crisis donde lo personal y el tenso clima social de la ciudad de Sevilla desde 1378, le condujeron a una ruptura definitiva con la comunidad judía sevillana. Como Juan Sánchez de Sevilla, el abuelo converso de Yishaq se dedicó a su encumbramiento social y a forjar una gran fortuna por sus gestiones en la hacienda real como contador mayor y arrendador de los impuestos reales, nombramientos que obtuvo del duque de Benavente, lo que facilitaría, andando el tiempo, que muchos de sus descendientes emparentaran con miembros de la nobleza española.

Pero el baldón de su conversión fue considerada una mancha vergonzosa por algunos de sus hijos: tres de ellos, uno era Yehudah, el futuro padre de Yishaq, rompieron toda relación con él, marchando a Portugal. Su talento e iniciativa pronto les proporcionaron riqueza, renombre y contactos influyentes entre los príncipes portugueses.

Como era de esperar el joven Yishaq recibió en su niñez y adolescencia una esmerada educación, tal y como correspondía a su elevada posición social, estudiando latín y las obras de los clásicos, en especial Cicerón y Séneca, en un momento en que se propagaba por tierras lusas la cultura renacentista. Además, ese dominio del latín le permitió conocer y estudiar los escritos de la escolástica europea y a los Padres de la Iglesia, sin olvidar recibir una sólida formación en todo lo relacionado con el saber y la cultura judía, y a tono con la tradición dominante entre los estudiosos judíos medievales, unido al estudio de los maestros de la filosofía judía medieval, estaba el de Aristóteles, Averroes, y Avicena, y las llamadas ciencias naturales, como eran consideradas la medicina y la astrología, disciplina ésta conectada con la medicina, tenida en Portugal por una auténtica ciencia.

Al hilo de sus inquietudes filosóficas, místicas y religiosas, se casó bastante joven y hacia 1460 nació su primer hijo, Yehudah —el futuro León Hebreo—, al que siguieron varios hijos e hijas, lo que se deduce de una carta que ´Abravanel escribió a Yehiel de Pisa —cabeza de una familia de banqueros judeo-italiana—,en 1482. Por estos días ´Abravanel era un hombre felizmente casado y padre de familia, amante del saber y de los negocios, “nacido en riqueza y honra”. Si su niñez conoció los días de Duarte y don Pedro, su madurez se desarrollaba en la segunda mitad del reinado de Alfonso V, sobrino de Enrique el Navegante, ocupando rápidamente una posición de liderazgo entre los judíos de Portugal y desempeñando la actividad de representante político de la Corte lusa. Y al tiempo que ´Abravanel se consolidaba como hombre de confianza del monarca portugués, se reforzaba su influencia en la Corte con la estrecha amistad que le unió a los príncipes de Braganza, en especial con Fernando II, primogénito del duque Fernando I, administrando sus inmensos bienes y recibiendo a cambio cuantiosas propiedades territoriales. Entre estos años de 1478 y 1481 ´Abravanel llegó a la cima de su prestigio y poder en Portugal.

Pero la muerte inesperada del monarca víctima de la peste a la edad de 49 años, el 18 de agosto de 1481, truncaría el esplendoroso presente y el espléndido futuro de ´Abravanel. Su sucesor Juan II, de manifiesta hostilidad hacia los duques de Braganza, decidió destruir su inmenso poder así como controlar los títulos y las propiedades de los nobles. El conflicto entre el rey y la nobleza, y muy concretamente con la familia Braganza, alcanzó de lleno al poderoso judío. Acusado de formar parte de la conspiración que contra la corona tramaron el duque de Braganza, el marqués de Montemor y Fernando, rey de Aragón, avisado del plan de purga del rey, en el cual él estaba incluido, y corriendo serio peligro su vida, huyó en dirección a España, cruzando la frontera portuguesa hacia Castilla, estableciéndose en un primer momento en la villa fronteriza de Segura de la Orden, centro administrativo de la Orden de Santiago. Aun así, durante algún tiempo se mantuvo oculto en Castilla. Confiscados sus bienes, traidor a los ojos del monarca, obtuvo de éste, sin embargo, la salida de su reino de su esposa y sus tres hijos. Manchado su nombre y destruidas sus riquezas, afrontó con estoica serenidad su tragedia, achacándola a haber llevado una existencia demasiado mundana con olvido de lo espiritual. En poco tiempo se dedicó a poder por escrito sus comentarios bíblicos, trabajando a un ritmo vertiginoso desde octubre de 1483 a marzo de 1484, un total de cuatro extensos volúmenes que comprenden unas 400.000 palabras.

Pero su profunda e incorregible vocación política pronto le abriría las puertas de la Corte de los Reyes Católicos. A mediados de marzo de 1484 los Monarcas le conceden una audidencia. No sabemos quién movió los hilos para ese encuentro, tal vez en el fondo de todo estuviera la necesidad de recursos económicos de la Corona con que hacer frente a la guerra con el reino moro de Granada que estaba ya en su cuarto año. En Tarazona tuvo lugar el encuentro y el judío tuvo la oportunidad de presentarles un fructífero plan que resolviera la apurada situación económica. Aquel encuentro trajo como consecuencia ocho valiosos años de servicios leales a los monarcas que a él, fugitivo político, habían acogido. Sin embargo, la realidad social del reino era de extrema inseguridad y complejos entresijos de intereses ocultos unos, manifiestos otros. El Tribunal inquisitorial ya funcionaba en Castilla y ante él acudían judíos y conversos para acusar a familiares, vecinos y amigos, de sus prácticas judaicas. El mal converso, el criptojudío, el converso judaizante, estaba preparando la única solución posible, la expulsión de los judíos. ´Abravanel vivió paso a paso cada uno de los acontecimientos, afincado primero en Toledo, después en Alcalá de Henares, colaborando estrechamente con Abraham Seneor, el Rab y el Juez Mayor de las aljamas de Castilla, el arrendador real, el poderoso judío de la confianza de la reina Isabel. ´Abravanel puso manos a la obra para rehacer su perdida fortuna, con el arriendo de impuestos y otros negocios controlados por él, poniendo en marcha proyectos económicos que prometían futuro. El 6 de junio de 1485 firma un acuerdo con el cardenal Mendoza en el que se comprometía a arrendar las rentas que éste tenía en Sigüenza, Guadalajara y otras localidades durante dos años (1486-1487). El éxito coronó su compromiso, pagando al cardenal dentro del plazo establecido la suma total de 6.400.000 mrs. Su intervención en los asuntos de la familia Mendoza se hizo tan imprescindible, que fue nombrado contador mayor del duque del Infantado. Así, a los siete años de su llegada a Sefarad, su posición social y su capacidad de poder estaba a la altura de la que había gozado en Portugal en los días de Alfonso V.

Pero el 30 de marzo de 1492 Sefarad se consternaba con la nefasta noticia del Edicto de Expulsión general de los judíos. Y ante lo que parecía inevitable, ´Abravanel dejó oír sus ruegos ante los Monarcas. Sus palabras, la actitud real, el dolor y la angustiosa espera quedarían reflejados para siempre por las plumas de los mejores cronistas tanto judíos como cristianos. El poderoso judío apeló a sus amigos: Seneor, el Cardenal Mendoza, el marqués de Cádiz, el duque de Medinaceli —en la introducción a su Comentario a Reyes escribió: “Pedí a mis buenos amigos entre los que ven al rey que intercedieran ante él a favor de mi pueblo, y algunos grandes se reunieron y decidieron dirigirse al rey con firmeza y determinación, urgiéndole a retirar los hostiles decretos y abandonar su plan de destruir a los judíos”—, pero todo fue inútil. Ni el rey —“Y cerró sus oídos semejante a una cobra muda, y no quiso cambiar de actitud por ninguna razón”, sigue diciéndonos en la mencionada introducción—, ni la reyna —“Y la reina está a su lado para fortalecer su perverso pensamiento, persuadiéndole a llevar a cabo su obra de principio a fin”, continúa escribiendo—, dieron marcha atrás. Tres meses fue el plazo para abandonar el reino o permanecer en él con la condición imprescindible de ser bautizado. Y si Abraham Seneor y su yerno Meir Melamed se bautizaron en el monasterio de Guadalupe el 15 de junio de aquel año, siendo sus padrinos los Reyes Católicos, llamándose deste entonces Fernán Pérez Coronel, el primero, y el segundo, Fernán Núñez Coronel, ´Abravanel prefirió el exilio con toda su familia camino de Italia, logrando, eso sí, un permiso especial del rey por el que se le permitió sacar 2.000 ducados de oro y otras pertenencias, pese a las severas prohibiciones en materia del oro, la plata y la moneda amonedada, embarcando en el puerto de Valencia el último día del mes de julio. Por segunda vez, su vida volvía a medirse con la fatalidad y la incertidumbre del futuro. Y en Italia, ni en sus cinco repúblicas —Venecia, Génova, Florencia, Luca y Siena—, ni en sus cuatro ducados —Saboya, Milán, Módena y Ferrara—, ni en el marquesado de Mantua, los judíos eran bien vistos. Sólo en el reino de Nápoles el rey Ferrante —hijo bastardo de Alfonso V, miembro de la casa real de Aragón y tío de Fernando el Católico—, y su hijo Alfonso no ponían inconvenientes al creciente aumento de sus súbditos judíos, y el 24 de agosto de 1492 nueve galeras arribaron al puerto napolitano con exiliados judíos procedentes de España. ´Abravanel y su familia llegarían en otra arribada un mes más tarde.

Dos años después él mismo cuenta que “su riqueza creció inmensamente”, alcanzado tanta fama “como los mayores magnates del país”. Llegó a convertirse en el judío cortesano de mayor confianza en el séquito del monarca de Nápoles. Todo volvía a sonreírle mas, Italia, en la última década de aquel siglo XV, vivía una gran inestabilidad política en sus estados feudales, republicanos, pontificio y monárquico, con enconadas luchas por el poder. A esta caótica situación interna se unía el peligro de una invasión francesa por Carlos VIII que ambicionaba el reino de Nápoles y recelaba de los planes de Fernando. Los hechos se sucedieron vertiginosamente: el 25 de junio de 1494 muere Ferrante, en agosto Carlos invade Italia, y Alfonso comprueba todo el odio que su persona inspiraba a nobles y al pueblo. Su deseo de abdicar y de retirarse a Sicilia lo reveló sólo a su suegra y a don Yishaq, que le acompañó a la isla elegida, iniciándose el viaje el 21 de enero de 1495. Un mes después Carlos VIII entraba en Nápoles, y su comunidad judía sufrió toda clase de saqueos y mortandad de parte de la población napolitana, ayudada por los franceses invasores. El pillaje del que no se libró la casa de ´Abravanel, afectó no sólo a sus riquezas sino también a su rica biblioteca, perdiéndose entre otros manuscritos el de La justicia eterna. El éxodo de judíos de Nápoles no se hizo esperar; entre ellos estaba su hijo Yehudah que se instaló como médico en Génova. El 20 de abril se esperaba en Sicilia una flota española al mando del almirante Requeséns, y el 24 de mayo llegaron tropas españolas mandadas por Gonzalo de Córdoba que alcanzaría por sus logros militares en las guerras de Italia el título de “El Gran Capitán”. Las primeras victorias logradas por los españoles y por Ferrante II, hijo de Alfonso, hicieron renacer en éste las esperanzas de recuperar el trono al que había abdicado. Pero su hijo no estaba dispuesto a renunciar a él a favor de su padre. Alfonso, perdida toda esperanza, tomó los hábitos monásticos y ´Abravanel, en la segunda mitad de julio, sentado en el Trono de Nápoles Ferrante II, abandona Sicilia camino de Messina, territorio de dominio español. Pero a raíz de la derrota de las tropas españolas e italianas a manos francesas en Seminara, decide dejar Italia e instalarse en Turquía, pasando antes por la isla de Corfú bajo dominio veneciano, donde se encontró con antiguos líderes de las comunidades judías de España, Portugal y Nápoles. La vuelta a la actividad literaria le compensaba de tanto sufrimiento y de comprobar la mella que el desarraigo había hecho en aquellos otrora preclaros intelectuales judíos, aquellos “gigantes intelectuales” que ahora le parecían “pucheros de barro cascados”. Con su familia en Nápoles y sintiendo ante la civilización turca sus raíces y formación europeas, decide aproximarse a Italia, instalándose desde el 6 de febrero de 1496 en Monopoli, perteneciente al Reino de Nápoles pero ahora bajo administración veneciana, a medio camino entre Brindisi y Bari.

A sus 58 años se sentía un hombre viejo, cansado, con la tragedia del desarraigo, de la lejanía de los suyos, con sus escritos como único y precario consuelo. Y de su propio dolor volvió los ojos al de su pueblo, terminando El sacrificio de la Pascua y comenzando La herencia de los padres, atormentado por la idea de la proximidad del abandono, por parte de su pueblo, de las enseñanzas divinas transmitidas por los sabios de Israel: “¿Y qué puedo hacer por ti, hijo mío?”Sólo queda pronunciar el sagrado juramento: “Si te olvidas de la Ley de Dios, que mi mano derecha pierda su movimiento”.

Siete años y medio permaneció ´Abravanel en Monopoli. La guerra y sus treguas de paz entre España y Francia por la posesión de todo el territorio de Nápoles se sucedieron hasta que el 14 de mayo de 1503, Gonzalo de Córdoba entra victorioso en la ciudad. Para entonces, ´Abravanel decide marchar a Venecia, donde vivía su hijo Yosef que ejercía la profesión de médico. Esta ciudad sería su último refugio a sus 66 años. La delicada circunstancia económica que atravesaba la ciudad italiana, iba a favorecerle: la expansión turca había resultado nefasta para las colonias comerciales venecianas en Grecia, y el descubrimiento de Vasco de Gama amenazaba abaratar la importación de especias, comercio que Venecia detentaba hasta entonces por su alianza con Egipto que controlaba la vía marítima de la India, a un coste muy elevado. Abravanel presentó al Consejo veneciano de los Diez un plan para hace frente a ese problema y tan beneficioso para Portugal como para Venecia. Enseguida fueron apreciadas por todos las “buenas cualidades y la virtud de su persona”, ofreciéndose como mediador entre ambos estados, y aunque las negociaciones terminaron en fracaso, él se había granjeado la admiración y el respeto hasta su muerte acaecida en noviembre de 1508, a los 71 años de edad, siendo traslado su cuerpo a Papua para su sepultura, pues la legislación veneciana prohibía el entierro de judíos dentro de la ciudad.

Diplomático, financiero, político de altos vuelos, personalidad culta y atrayente que se refleja y refleja la época que le tocó vivir —sirvió a seis reyes y trató a los poderosos de Portugal, España, Nápoles y Venecia— en una voluminosa producción literaria, modelada por su sólida formación humanística, como judío y como hombre del renacimiento. Podemos trazar el recorrido de sus escritos llevados a cabo en los pocos ratos de sosiego que su turbulenta vida política le permitió gozar en Portugal, en España y en Italia; tres épocas en su vida y un formidable esfuerzo de conocimiento y fe cimentando sus escritos. Cuando tenía alrededor de veinte años escribe De las formas de los elementos, obra filosófica sobre las cualidades esenciales de los cuatro elementos de la filosofía griega, la tierra, el agua, el aire y el fuego. Su segunda obra lleva por título La corona de los ancianos, sobre Dios y el significado de la profecía, expresando su admiración por los cabalistas como “los portadores de la verdad”, y atacando a filósofos como Aristóteles y Averroes. Fue escrita hacia 1465, y ya antes de este año había planeado poner por escrito su ambicioso proyecto de comentarios bíblicos, aunque por ahora se limita a empezar a comentar el Deuteronomio, que terminaría en febrero de 1496. Inicia otras dos obras, el comentario a Josué y Visión de Dios, tratando de nuevo en el tema de la profecía, con postulados contrarios en ocasiones a Maimónides. Termina esta primera época con la muerte de Alfonso V de Portugal por peste el 18 de agosto de 1481, su caída en desgracia bajo su sucesor Juan II, y su huida hacia España. Esta segunda etapa llega hasta su exilio en 1492. En la villa fronteriza de Segura de la Orden en tierras pacenses, completa su comentario a Josué, redactándolo desde el 11 al 26 de octubre de 1483, el comentario al libro de Jueces (del 31 de octubre al 25 de noviembre), y el comentario a los dos libros de Samuel (del 30 de noviembre de 1483 al 8 de marzo de 1484). Como ha escrito su biógrafo B. Netanyahu, “estos comentarios presentan desde luego un prolongado y comprensivo estudio de la Biblia”, pero también algo más: “al escribir un comentario a los libros proféticos, que presentan una galería de líderes humanos con defectos y debilidades, fracasos y éxitos, crímenes, virtudes, y hazañas heroicas, Abravanel encontró la mejor oportunidad para incorporar sus propias observaciones y experiencias sobre temas de poder y gobierno” (pág. 55). En la primavera de 1484 es llamado a la corte de los Reyes Católicos, y poco antes del edicto de expulsión escribe en casa de su amigo Abraham Çarfatí de Molina, su voluminosa introducción a la tercera parte de La guía de los perplejos de Maimónides.

La época italiana, la tercera y última, comienza en Nápoles, el 22 de septiembre de 1492. Hacia el final de su primer año de estancia, termina el comentario a los dos libros de Reyes, incorporando en ellos muchas de sus ideas y sentires sobre las expulsión de su pueblo de España. Después se suceden La justicia eterna, Los principios de la fe —terminada en octubre de 1494— y Las obras de Dios, de marcado contenido platónico. En Corfú, a la que llega e 1945, comienza a redactar su comentario a Isaías, el primero de los Profetas posteriores, interrumpiéndolo por los aciagos sucesos que se vivían en Italia, concretamente en Nápoles, donde estaba su familia. También por entonces inicia el escrito de Los días del mundo, donde pretende establecer una relación entre los desastres sufridos por su pueblo y las grandes revoluciones que se habían producido en la historia de la humanidad. Esta obra y la titulada La justicia eterna, no se han conservado.

Su estancia en Monopoli desde noviembre-diciembre de 1495 va a ser muy fructífera: el 6 de febrero de 1496 termina su Comentario al Deuteronomio, y en abril El sacrificio de la Pascua, al que sigue Los días del mundo. Y entre los nuevos proyectos figura La herencia de los padres, comentando el Pirqé ´Abbot (“La ética de los antepasados”), a petición de su hijo menor, Samuel, que se encontraba estudiando en Salónica. El 21 de julio se haya enfrascado en la redacción de su libro Las fuentes de salvación, primera parte de su trilogía mesiánica, terminada en enero de 1497 —junto con Las salvaciones de su ungido, terminada el 16 de diciembre de 1497, y El nuncio de la salvación, terminada el 26 de febrero de 1498—, en la que vaticinaba que el año 1503 sería con toda probabilidad el año de la añorada redención. Tres partes de una misma obra que Abravanel llamó Migdôl Yesu`ot (“Torre de salvaciones”). Poco después de terminarla escribe Los nuevos cielos, donde intenta armonizar el planteamiento de Maimónides con la doctrina de la creación ex nihilo. El 19 de agosto de 1498 completa su Comentario a Isaías; y el 23 de agosto de 1499 termina su Comentario a los Profetas Menores. Finalmente será en Venecia donde en 1505 termine sus comentarios a los Profetas posteriores, y con la finalización en 1506 o 1507 de sus comentarios a los cuatro primeros libros del Pentateuco, “incorporando en ellos sus conclusiones definitivas sobre los principales problemas históricos, filosóficos y políticos que había tratado en obras anteriores” (Netanyahu, 114), Abravanel da por finalizada su interpretación de toda la Biblia, excepto de los hagiógrafos. Su última obra, Respuestas a Saúl, se trata de Saúl ha-Cohen Askenazi discípulo del aristotélico Eliha del Mendigo, la escribe en 1507. Sus respuestas a doce preguntas filosóficas silenciaron para siempre su incansable pluma.

 

Obras de – Ros ´amanah (Los principios de la fe), Constantinopla, 1505, Königsberg, 1861; Nahalat ´Abot (La herencia de los padres), Constantinopla, 1505, Venecia, 1545; Zebah Pésah(El sacrificio de Pascua), Constantinopla, 1505; Comentario a los Profetas Anteriores, Pesaro, 1511-12, Leipzig, 1686; Comentario a los Profetas Posteriores, Pesaro, 1520, Ámsterdam, 1641; Masmi´ah Yesu´ah(El nuncio de la salvación), Saloniki, 1526, Ámsterdam, 1644; Ma`ayene ha-yesu`ah(Las fuentes de la salvación), Ferrara, 1551; `Atéret Zeqenim(La corona de los ancianos), Sabionetta, 1557, Varsovia, 1894; Se´elot u-tesubot le-Sa´ul ha-Kohen(Preguntas y respuestas a Saúl ha-Kohen), Venecia, 1574; Comentario al Pentateuco, Venecia, 1579, Varsovia, 1862; Mif`alot ´Elohim(las obras de Dios), Venecia, 1592; Yesu`ot mesihó(Las salvaciones de su ungido), París, 1812, Königsberg, 1861; Samáyim hadasim(Nuevos cielos), Rödeheim, 1828; Comentario a la ‘Guía de perplejos’, Praga, 1831-32.

 

Bibl.: J. MINKIN, Abarbanel and the Expulsion of the Jews from Spain, Nueva York, Behrman’s Jewish Book House, 1938; J. SARACHEK, don Isaac Abravanel, Nueva York, Bloch Publishing Company, 1938; S. LEVI, Isaac Abravanel as a Theologian, Londres, 1939; B. NETANYAHU, Don Isaac Abravanel Statesman and Philosopher, Nueva York, Jewish Publication Society of America, 1953 (trad. castellana de C. Morón Arroyo, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2004); E. SCHMUELI, don Yizhaq Abravanel ve-Gerush Sefarad, Jerusalén, 1963; F. CANTERA BURGOS, “Don `Ishaq Brauanel’. (Algunas precisiones biográficas sobre su estancia en Castilla)”, en Salo Wittmayer Baron Jubilee I, Jerusalem, American Academy of Jewish Research, 1975, págs. 237-50; Y. Baer, Historia de los judíos en la España cristiana II, Madrid, Altalena, 1981; M. M. KELLNER, Isaac ´Abravanel. Ros ´Amanah. Traducción al inglés con introducción, Rutherford, New Yersey Date Published, 1982 (Jerusalén, 1993); G. RUIZ, Don Isaac Abrabanel y su comentario al libro de Amós, Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, 1984; A. SÁNEZ-BADILLOS J. TARGARONA BORRÁS, Diccionario de autores judíos (Sefarad. Siglos X-XV), Córdoba, Ediciones El Almendro, 1988, págs. 146-48.

Mª. Fuencisla García Casar