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Tirso Rodrigáñez Sagasta

Biografía

Rodrigáñez Sagasta, Tirso. Logroño (La Rioja), 24.I.1853 – Galapagar (Madrid), 2.VIII.1935. Abogado, politico, ministro de Hacienda, gobernador del Banco de España.

Nacido en el seno de una renombrada familia logroñesa, hijo de Hipólito Rodrigáñez Sagasta (primo carnal de Práxedes Mateo-Sagasta) y de Isidora Mateo-Sagasta (hermana a su vez de éste), fue bautizado el 30 de enero de 1853 en Santa María de la Redonda de Logroño como Timoteo Tirso Sáenz de Rodrigáñez y Mateo-Sagasta. Posteriormente, en 1901, adoptaría oficialmente, por expediente instruido ante el Ministerio de Justicia, el nombre y apellidos por los que fue conocido, tal y como queda aquí consignado.

De acuerdo con los referentes familiares indicados, no dudó en seguir los pasos y las trayectorias públicas de sus antepasados. Realizó los primeros estudios en el Instituto Provincial de Logroño y se trasladó a Madrid para cursar la carrera de Derecho en la Universidad Central, licenciándose en 1874. Sin embargo, parecía llamado a decantarse por el compromiso político, fiel a la tradición liberal en la que creció y se educó. Su tío Práxedes le abrió alguno de los cauces que él mismo había aprovechado para su carrera política.

Así, al igual que aquél, fue redactor y director del diario La Iberia entre 1876 y 1883, aprovechando la plataforma periodística para dar a conocer sus planteamientos ideológicos y participar en el debate político.

Allí coincidió con el abogado y periodista cordobés, José Sánchez-Guerra, con cuya hija, Emilia, contrajo matrimonio en noviembre de 1883.

Para entonces y a pesar de su juventud, ya había conquistado un lugar privilegiado en el panorama de la política nacional, al ser elegido diputado en 1881 por el distrito de Logroño, mientras su padre Hipólito accedía también por primera vez al Congreso representando al distrito pontevedrés de Caldas de Reyes.

Desde ese momento, se convirtió en un fiel colaborador de Práxedes Mateo-Sagasta, que presidía entonces su primer gabinete de la Restauración. Desde 1886, fue elegido invariablemente por el distrito riojano de Arnedo en todas las convocatorias electorales hasta 1905, fecha en que abandonó el escaño de las Cortes para ocupar una plaza como senador vitalicio. Paralelamente, fue ocupando distintos cargos en la Administración civil y judicial del Estado (subsecretario de Presidencia, 1881-1883, subsecretario de Ultramar, 1886, fiscal del Tribunal Contencioso, 1893) hasta ser nombrado ministro de Hacienda en el último gobierno presidido por Sagasta, en marzo de 1902. Su intensa dedicación a la actividad política y su continuada presencia en Madrid, donde fijó su residencia en la Carrera de San Jerónimo, n.º 40, no le impidieron dedicar su tiempo y su esfuerzo a favorecer distintos asuntos relacionados con su tierra natal. En virtud de estos desvelos, fue elegido presidente del Centro Riojano de Madrid en 1903 y, bajo su mandato, quedó inaugurada la Institución de Enseñanza de dicho Centro, de carácter gratuito, sita en la calle Pontejos, n.º 1.

Tras la muerte del anciano líder liberal, fue uno de los más reconocidos continuadores de su línea política. En la lucha que se estableció para definir la nueva jefatura del Partido Liberal, se alineó con Montero Ríos frente a los seguidores de Segismundo Moret, entre los que figuraba su propio primo, Amós Salvador. Sus principales aportaciones se concretaron en distintas cuestiones relativas a la política económica y financiera. De ahí que fuera nombrado gobernador del Banco de España en febrero de 1910, puesto que abandonó en abril de 1911 al ser reclamado por Canalejas para hacerse cargo nuevamente de la cartera de Hacienda. Su filiación librecambista y su afinidad con los sectores más avanzados del liberalismo dinástico explican la que puede considerarse su mayor contribución política: la supresión del odiado impuesto de “consumos” por Ley de 12 de junio de 1911. Llevado de su autoridad en la materia, presidió la Comisión de Presupuestos del Senado en varias legislaturas y volvió a ejercer como gobernador del Banco de España en dos ocasiones más: noviembre 1917-abril 1919 y enero-septiembre 1923. Desde allí, se preocupó de estimular y fomentar el desarrollo de la agricultura, la industria y el comercio nacional, lo que estaba muy en sintonía con sus campañas parlamentarias, en las que defendió la implantación de las Cajas de Ahorro Nacionales y la desaparición de determinados impuestos que impedían el desarrollo y el relanzamiento de determinados intereses productivos. Su prolongada experiencia en las responsabilidades políticas y económicas le hizo acreedor a su nombramiento como consejero de Estado en 1914.

Su perfil público debe completarse con una fecunda presencia en la administración y dirección de distintas sociedades y compañías mercantiles. Continuando la tradición familiar y el ejemplo paterno, ya que Hipólito Rodrigáñez había destacado por sus múltiples negocios en el Logroño de mediados de siglo XIX, se introdujo en el mundo de la naciente industria alimenticia y química. Así, participó, como consejero, en la Sociedad General Azucarera de España y fue presidente del consejo de administración de la Unión Alcoholera Española, de la que también actuó como director-gerente.

Tirso Rodrigáñez Sagasta falleció en su finca “Los Rosales” de Galapagar (Madrid) el 2 de agosto de 1935. De la numerosa descendencia de su matrimonio, hasta siete hijos, tan sólo uno, Isidoro Rodrigáñez Sánchez-Guerra, decidió continuar la tradición familiar y seguir una carrera política para ampliar la tupida red clientelar sagastina. Heredó también de su padre la fidelidad del distrito electoral de Arnedo, por el que fue elegido diputado repetidamente entre 1910 y 1923. Este apabullante control familiar del distrito arnedano fue particularmente resaltado por Modesto Sánchez de los Santos: “D. Tirso ha sido diputado por Arnedo durante más de veinte años y en todo ese tiempo ha prestado al distrito tantos servicios y ha creado tantos vínculos morales con sus electores y sus electores con él que aunque [...] dejara de ser diputado, no habría dejado de ser el representante moral de Arnedo, el representante genuino de los liberales del distrito”. Por otro lado, la enorme presencia pública del riojano mereció el reconocimiento de sus contemporáneos. Se le concedió por parte del Ministerio de la Guerra la Gran Cruz del Mérito Militar en junio de 1911 y recibió la Gran Cruz de la Orden de Carlos III en mayo de 1916.

 

Obras de ~: con M. González Llana, El imperio de Marruecos: antecedentes históricos, geografía y razas, Madrid, Imprenta de José de Rojas, 1879; Industrias marítimas: ponencias (Segundo Congreso Naval), Madrid, Imprenta del Fomento Naval, 1904; “Prólogo”, en G. García Parreño, Diccionario del Derecho Marítimo, Cartagena, Sociedad Levantina de Artes Gráficas, 1908; “Prólogo”, en A. de Blas Ladrón de Guevara, Historia de la ciudad de Alfaro, Zaragoza, Tipografía La Académica, 1915.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Provincial de La Rioja, Fondo Instituto Sagasta, leg. 45, exp. 1615; Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, leg. 90 n.º 14, leg. 102 n.º 1, leg. 105 n.º 29, leg. 107 n.º 29, leg. 109 n.º 29, leg. 111 n.º 29 y leg. 113 n.º 27; Archivo del Senado, Expedientes personales, HIS-0382-03; Archivo Histórico del Banco de España, Secretaría, leg. 1758; Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Condecoraciones, C226, exp. n.º 5.

J. Moreno Luzón, Romanones. Caciquismo y política liberal, Madrid, Alianza Editorial, 1998; M. Martorell Linares, El santo temor al déficit. Política y Hacienda en la Restauración, Madrid, Alianza Editorial, 2000; J. M. Delgado Idarreta, “La Rioja”, en J. Varela Ortega (dir.), El poder de la influencia. Geografía del caciquismo en España (1875-1923), Madrid, Marcial Pons, 2001, págs. 497-514; P. López Rodríguez, Elites y poder. Cambio estructural y dinámica política bajo el caciquismo liberal: La Rioja, 1890-1923, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 2001, J. L. Sampedro Escolar, “La genealogía de Sagasta”, en Sagasta y el liberalismo progresista en España, catálogo de exposición, Logroño, Cultural Rioja, 2002, págs. 133-155.

 

José Luis Ollero Vallés