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José Ungría Jiménez

Biografía

Ungría Jiménez, José. Barcelona, 3.IX.1890 – San Sebastián (Guipúzcoa), 14.VIII.1968. General de división, jefe del Servicio de Información y Policía Militar durante la Guerra Civil.

Hijo de Miguel Ungría Castro y de Isabel Jiménez Rodríguez. A los catorce años ingresó en la Academia de Infantería, siendo promovido a 2.º teniente el 13 de julio de 1908. Tras pasar un año destinado en el Regimiento de Infantería Asturias n.º 31, en Madrid, fue trasladado a Granada, al Regimiento Córdoba n.º 10, donde ascendió a 1.er teniente y aprobó el examen de ingreso en la Escuela Superior de Guerra.

Tras superar los tres cursos exigidos para obtener el diploma de Estado Mayor, realizó su primer período de prácticas en la Comandancia General de Ceuta, a la que se incorporó el 1 de septiembre de 1913, a los pocos días de que el general Marina se hiciera cargo de la Alta Comisaría del Protectorado marroquí y de que la división mandada por Aguilera iniciara acciones para garantizar las comunicaciones entre Ceuta y Tetuán, seriamente amenazadas por El Raisuni, circunstancia que motivó el destino del teniente Ungría al Estado Mayor de dicha división. Sus aportaciones a la construcción de una tupida red de puestos fortificados en los accesos de Tetuán, que dieron lugar a reñidos enfrentamientos armados, fueron recompensadas con la Cruz de María Cristina.

El segundo período de prácticas lo realizó en Barcelona, agregado a la comisión encargada de levantar el plano de la frontera francesa; el tercero, en Granada, en la comisión del Mapa Militar de España, y el cuarto, en Madrid, en los Regimientos de Húsares de Pavía y 5.º Montado de Artillería. Superado el programa previsto, encabezó la promoción de capitanes incorporada al Cuerpo de Estado Mayor el 25 de septiembre de 1915.

Su primer destino fue en la Capitanía General de la I Región Militar, el cual compatibilizó con el de auxiliar de la Junta Facultativa del Cuerpo. En enero de 1917, pasó agregado al Estado Mayor de la División de Caballería, etapa en la que desempeñó tareas de censor de prensa con ocasión de la huelga general revolucionaria de agosto de aquel año. Tras contraer matrimonio con María Mercedes Fernández Caballero en marzo de 1918, solicitó traslado al Depósito de la Guerra, donde ascendió a comandante en julio de 1919.

Su destino al Negociado de Marruecos, dependiente de la Subsecretaría del Ministerio de la Guerra, modificó el rumbo de su carrera. Trasladado al Estado Mayor Central en febrero de 1921, fue enviado a Melilla, todavía asediada por Abd el Krim tras el Desastre de Annual, para evaluar las carencias y necesidades de aquel ejército, con vistas a su futura reorganización. Agregado al Estado Mayor del Ejército de Operaciones, asistió a los combates iniciados en octubre para recuperar el territorio perdido. En noviembre, tras entrar en Monte Arruit, acompañó al alto comisario, Dámaso Berenguer, a Madrid, y en diciembre, agregado a su Estado Mayor, participó en las operaciones que enlazaron las Comandancias de Ceuta y Larache.

En febrero de 1922 se reincorporó al Estado Mayor Central y en septiembre se trasladó a París, donde se diplomó en la Escuela de Guerra en agosto de 1924. Reintegrado a su destino, volvió de nuevo a Francia en 1925 para realizar el curso de montaña en la Escuela Militar de Grenoble. Su regreso a Madrid coincidió con el momento en que, a causa de la incursión de Abd el Krim en el Protectorado francés, el mariscal Petain propuso a Primo de Rivera actuar conjuntamente para someter el territorio de Beni Urriaguel. El acuerdo, firmado el 25 de julio de 1925, preveía apoyo naval francés para un desembarco español, seguido de una acción terrestre combinada en el autoproclamado Estado del Rif. Ello motivó su nombramiento como oficial de enlace con el cuartel general francés, al que se incorporó en Mequinez el 6 de septiembre, dos días antes del desembarco efectuado en Alhucemas. A lo largo del siguiente mes, fue portador de los mensajes intercambiados entre el mando español y francés, trasladándose a Tetuán, Melilla y Madrid. A finales de octubre, tras actuar como intérprete en la entrevista mantenida entre Petain y Sanjurjo en el Zoco de Ain Amar, donde se ultimaron los detalles para la operación conjunta sobre Axdir, la capital de Abd el Krim, se reincorporó a su destino en Madrid.

Al llegar la primavera de 1926, los generales Sanjurjo y Boichut perfilaron una nueva campaña hispano- francesa para someter definitivamente al caudillo rifeño. El 27 de abril Ungría fue de nuevo agregado al cuartel general francés para servir como oficial de enlace durante las operaciones que culminaron con la captura de Abd el Krim por los franceses, y con la ocupación de Xauen por los españoles. El 13 de noviembre, circunscrita la rebeldía al territorio de los Beni Arós, en La Yebala, regresó definitivamente a Madrid, donde quedó adscrito a la secretaría del ministro de la Guerra, Juan O’Donnell Vargas.

Ascendido por elección a teniente coronel (15 de junio de 1927), continuó en el mismo destino hasta febrero de 1930, en que marchó a París como agregado militar a las embajadas de Francia y Bélgica, y a las legaciones de Holanda y Suiza. La llegada de Manuel Azaña al Ministerio de la Guerra no afectó su destino, pero la revisión de la política de recompensas de la dictadura anuló su ascenso a teniente coronel, permutado por una Cruz blanca del Mérito Militar. En abril de 1934, al tiempo que el turno de antigüedad le permitía recuperar la perdida graduación, regresó a Madrid, cumplido el plazo máximo de permanencia en el extranjero.

El ministro Diego Hidalgo Durán le nombró vocal del Comité Técnico de Estudios para la Reforma del Estado, organismo dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros, puesto que trocó en junio por el de ayudante de campo del general Carlos Masquelet Lacaci, jefe del Estado Mayor Central. El cese de éste motivó su traslado a la Subsecretaría en el mes de septiembre, y siete meses después, en abril de 1935, cuando Lerroux encargó a Masquelet la cartera de Guerra, fue nombrado representante del Ejército en el consejo de administración de la Compañía Telefónica Nacional de España.

Se ignora por qué José María Gil Robles y Nicolás Molero Lobo le mantuvieron en tan apetecible puesto y que, sin embargo, Masquelet, nombrado de nuevo ministro por Azaña, al llegar al poder el Frente Popular, le cesara y le dejara disponible. También sorprende que Santiago Casares Quiroga, nada más hacerse cargo del gobierno y de la cartera de Guerra en mayo de 1936, le nombrara jefe del Estado Mayor de la División de Caballería, cuyo cuartel general estaba en Madrid y que era una de las unidades mejor dotadas del Ejército.

Casares lo mantuvo en el cargo hasta el 18 de julio y Ungría se las ingenió para conservarlo otros dos meses, pese a que la unidad había sido disuelta. En septiembre, Largo Caballero lo dejó disponible, tras instarle a regularizar su situación, y en octubre se acogió al asilo de la Embajada de Francia. Su condición de oficial de la Legión de Honor facilitó su evacuación a Marsella, adonde llegó el 11 de abril de 1937, incorporándose de seguido a la llamada zona nacional a través de la frontera de Irún. Su expediente de depuración se tramitó con sorprendente rapidez, y el 17 de mayo Franco, consciente de la necesidad de vertebrar sus embrionarios órganos de inteligencia, le encargó reclutar y organizar una red de agentes en el extranjero y en la zona republicana, un servicio de contraespionaje en la nacional, y unidades de policía militar a retaguardia de los diversos frentes de combate.

El 30 de noviembre, tres meses después de que el gobierno de Negrín organizara el Servicio de Investigación Militar (SIM), Franco aceptó la propuesta de Ungría de crear el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM). Aunque su implantación fue lenta y trabajosa —el mando militar lo recibió con reticencia y el reglamento no se aprobó hasta el 2 de abril de 1938—, Ungría dirigía al término de la guerra una eficacísima y despiadada herramienta, capaz de neutralizar los postreros esfuerzos militares de la República, y de detectar y reprimir cualquier movimiento subversivo en las zonas recién ocupadas.

El 5 de enero de 1939, al objeto de asegurar el orden público en Barcelona, acumuló a la Jefatura del SIPM la del Servicio Nacional de Seguridad, dependiente del Ministerio de Orden Público, que a finales de marzo, en vísperas de la entrada de las tropas franquistas en Madrid, pasó a llamarse Dirección General de Seguridad. También del 12 al 25 de marzo, recién ascendido a coronel, encabezó la delegación que, en el aeródromo de Gamonal, recibió las propuestas de capitulación presentadas por el Consejo Nacional de Defensa de Madrid, que presidía el coronel Segismundo Casado.

En septiembre, la profunda reorganización del gobierno motivó su cese en la Dirección General de Seguridad y su nombramiento como secretario general del Ministerio del Ejército, donde Varela le ordenó desarticular el SIMP. Cumplida la tarea, fue nombrado director de la Escuela de Estado Mayor, cargo que conservó al ascender a general de brigada (2 de marzo de 1943) y en el que permaneció hasta su ascenso a general de división (28 de febrero de 1947).

De 1947 a 1949 estuvo al frente de la Dirección General de Reclutamiento y Personal, y de la de Enseñanza Militar de 1949 a 1953. En este último puesto se ocupó básicamente de consolidar la Instrucción Premilitar Superior (IPS), creada en 1941 para nutrir la Escala de Complemento con alféreces y sargentos procedentes de la Universidad. Su último destino militar fue el mando de la 11.ª División de Infantería, acuartelada en Madrid, donde cesó al cumplir sesenta y cuatro años por pase al llamado Grupo de Destinos de Arma o Cuerpo, es decir, de carácter gestor o burocrático. Tras permanecer disponible más de un año, el ministro del Ejército, Agustín Muñoz Grandes, le encargó presidir la Comisión Especial de Relaciones Industriales con Otras Naciones (CERION), puesto que conservó hasta su disolución en 1966, incluso después de pasar a la reserva en 1958. En 1960, el general Joaquín Planell Riera, ministro de Industria, le nombró consejero de la Sociedad Anónima para la Fabricación de Armamento y Material, que al poco tiempo pasó a llamarse Empresa Nacional Santa Bárbara, cargo que compatibilizó con el de vicepresidente de Viajes Meliá, S. A. En 1968, mientras veraneaba en San Sebastián, un infarto le costó la vida. Su cadáver fue trasladado a Madrid, donde recibió sepultura en la Sacramental de San Isidro.

 

Obras de ~: Empleo y rendimiento de los medios de información. Funcionamiento de la 2.ª Sección de E. M. en las grandes unidades, Madrid, Depósito Geográfico e Histórico del Ejército, 1929; Estudio preparatorio de un ejercicio táctico de gran unidad sobre el plano, Madrid, Depósito Geográfico e Histórico del Ejército, 1929; “El SIPM. Ejemplo y fervor de una milicia voluntaria”, en Suplemento extraordinario del diario Arriba, 7 de diciembre de 1941; “Prólogo”, en M. Bendala Galán, Sorpresa de material y armas secretas: el gran reportaje de la guerra a través de las armas (1939-1945), Cuenca, Ed. de los Estudiantes Españoles, 1946; “Prólogo”, en L. Canis Matutes, La organización informativa y el agente secreto, Madrid, Imprenta Reche, 1967.

 

Bibl.: J. Miquelarena, El otro mundo, Burgos, Imprenta Aldecoa, 1938; A. Cores, “El Servicio de Información”, en Revista Ejército, 9 (1940); J. Bertrán y Musitú, Experiencia de los Servicios de Información del Nordeste de España (SIFNE) durante la guerra, Madrid, Espasa Calpe, 1940; J. Mateo Marcos, Servicio de Información en campaña, Madrid, Eds. Ejército, 1942; L. Canis Matutes, La organización informativa y el agente secreto, Madrid, Imprenta Reche, 1967; S. Casado, Así cayó Madrid, Madrid, Guadiana, 1968; J. M. Martínez Bande, Los últimos cien días de la República, Barcelona, Luis de Caralt, 1973; I. Iglesias, La fase final de la Guerra Civil, París, Cuadernos del Frente Libertario, 1975; D. Pastor Petit, Los dossiers secretos de la Guerra Civil, Barcelona, Argos, 1978; Servicio Histórico Militar, Historia de las campañas de Marruecos, vol. IV, Madrid, Servicio Histórico Militar, 1981; J. M. Martínez Bande, El final de la Guerra Civil, Madrid, San Martín, 1985; R. de la Cierva, Agonía y victoria (El Protocolo 277), Barcelona, Planeta, 1989; F. Puell de la Villa, Gutiérrez Mellado. Un militar del siglo XX (1912-1995), Madrid, Biblioteca Nueva, 1997; E. San Román López, Ejército e industria: el nacimiento del INI, Madrid, Crítica, 1999; J. L. de Mesa Gutiérrez, “1919-1927, casi una década de sangre”, en Las Campañas de Marruecos (1909-1927), Madrid, Almena, 2001, págs. 128-163; A. Bahamonde Magro, Madrid, 1939: la conjura del coronel Casado, Madrid, Cátedra, 2014; F. Alía Miranda, La agonía de la República: el final de la Guerra Civil española (1938-1939), Barcelona, Crítica, 2015.

 

Fernando Puell de la Villa

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