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Pedro Barba de Campos

Biografía

Barba de Campos, Pedro. Señor de Castrofuerte. ?, ú. t. s. XIV – Puerto de Santa María (Cádiz), m. s. XV. Marino y capitán de la Armada Real.

Fue hijo de Ruy Barba de Campos, señor de Castrofuerte y Castilfalé, y de su mujer, Teresa Ortiz Calderón. Su padre apoyó a Enrique II en su enfrentamiento con su hermanastro Pedro I, y falleció en la batalla de Aljubarrota, en el año 1385, siendo caballero del rey Juan I. Fue además señor de Villavicencio de los Caballeros y Castromocho y se casó con María Quijada, hija del señor de Villagarcía de Campos.

No se mostró ajeno a los acontecimientos de su época, en los que intervino sirviendo en la Armada Real en diferentes momentos. En ese empleo participó en la campaña de Andalucía que dirigió el infante Fernando durante los primeros años del reinado de su sobrino Juan II. Y así, en agosto de 1407, fue patrón de una de las galeras castellanas que en aguas del estrecho de Gibraltar, y bajo las órdenes del almirante Alonso Enríquez, derrotaron a una flota de los reinos de Túnez y Tremecén. De la misma manera, durante todo el año de 1410, estuvo al mando de diferentes navíos en las acciones que desarrolló la armada en las costas de Levante y Gibraltar.

Sin duda alcanzó, con estos hechos, la consideración y el reconocimiento de la Corte. No resulta extraño, entonces, que entre los años 1417 y 1418 el Consejo le encomendase la tarea de viajar a las islas Canarias, con el fin de investigar el mal gobierno que allí estaba llevando Maciot de Bethencourt —sobrino del noble normando Juan de Bethencourt, que tenía el señorío de las Canarias desde 1402 por concesión del rey Enrique III—. Su llegada a Lanzarote, al mando de tres naves, puso a Maciot en una difícil situación que le forzó a acompañar a Pedro Barba de Campos de vuelta a la Península y a la venta de las islas, operación que se materializó en Sevilla siendo el beneficiado Enrique de Guzmán, conde de Niebla y valedor de Pedro Barba en esta empresa.

Continúa en el año 1430 sirviendo en la armada del Rey como capitán de una de las galeras de la flota que se mandó armar en Sevilla, con la misión de participar en la guerra contra Aragón. Bajo el mando del almirante Fadrique Enríquez se realizaron diferentes acciones en aguas de las islas Baleares, hasta que en el mes de junio se alcanzó la paz con las llamadas Treguas de Majano.

Su experiencia en justas y torneos, tan comunes en tiempos de Juan II, motivaron que, en el verano de 1434, fuese designado juez del Passo Honroso de Suero de Quiñones —hecho de armas celebrado en Hospital de Órbigo, dentro del Camino de Santiago—. El acontecimiento tuvo lugar durante el triunfo de la política del condestable Álvaro de Luna, a cuya casa pertenecían entonces Pedro Barba y el mismo Suero de Quiñones, sobre los infantes de Aragón. Esta situación influyó en la actuación de los mantenedores y participantes del Passo y en algunas de las decisiones de sus jueces.

Contando ya con muchos años se retiró al Puerto de Santa María, donde falleció, siendo sepultado en la iglesia del convento de la Merced.

De su matrimonio con María Quijada dejó una hija, llamada Constanza, a la que en el año 1417, siendo dama de la reina Catalina —madre de Juan II—, se pretendió casar con Álvaro de Luna, y aunque en este asunto intervino personalmente la Reina, las gestiones no llegaron a prosperar. De la misma unión tuvo también un hijo, con igual nombre que su padre, sucesor en los señoríos familiares y que trató de emular las acciones de su progenitor, tanto en lo político, apoyando al Condestable, como en lo caballeresco, desafiando a los hijos del conde de San Polo, en Borgoña, y al que dio muerte el conde de Benavente en el año 1451.

 

Fuentes y bibl.: Real Academia de la Historia, Colección Salazar y Castro, lib. D-58, fols. 167r.-169v.

A. García de Santa María, Crónica de Juan II de Castilla, s. l., s. f. (Real Academia de la Historia, Colección Salazar y Castro, lib. G-15, 9/462, fol. 293v.; ed. de J. de Mata Carriazo, Madrid, Real Academia de la Historia, 1982, págs. 109-113 y 367-375); A. Suárez de Alarcón, Relaciones genealógicas de la casa de los marqueses de Trocifal [...], Madrid, Diego Díaz de la Carrera, 1656, págs. 289 y 290; L. de Salazar y Castro, Advertencias históricas [...], Madrid, Matheo de Llanos y Guzmán, 1688, págs. 199-201; F. Pérez de Guzmán, Crónica del señor Rey don Juan segundo [...], Valencia, Imprenta de Benito Monfort, 1779, págs. 39, 154, 352, 353 y 513; G. Chacón, Crónica de don Alvaro de Luna, condestable de Castilla, maestre de Santiago, ed. de J. de Mata Carriazo, Madrid, Espasa Calpe, 1940, págs. 25, 26 y 448; B. Bonnet y Reverón, “Sobre el capítulo de Canarias en la Crónica de Juan II”, en Revista de Historia, XIII (1947), págs. 367-374; M. de Riquer, Caballeros andantes españoles, Madrid, Espasa Calpe, 1967, págs. 98, 99 y 117-121; P. Rodríguez de Lena, El Passo Honroso de Suero de Quiñones, ed. de A. Labandeira Fernández, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1977, págs. 63, 117, 129, 285 y 393; C. Fernández Duro, La marina de Castilla, Madrid, Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo, Diputación de Zamora, 1995 (ed. facs.), págs. 354 y 355; P. Tafur, Andanzas y viajes de un hidalgo español, ed. de M. Jiménez de la Espada, Madrid, Miraguano-Polifemo, 1995, págs. 107, 108, 211-214 y 313-315.

 

Mariano A. Barba García