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'Abd al-Rahman b. 'Abd Allah al-Gafiqi

Biografía

 ‘ABD AL-RAMĀN B. ‘ABD ALLĀH AL-GĀFIQĪ. ?, 662 –  Poitiers (Francia), 732. Quinto y décimo primer emir de al-Andalus.

En 102/721, la muerte de al-Sam [s.v.] hizo que las tropas eligieran como gobernador a ‘Abd al-Ramān b. ‘Abd / ‘Ubayd Allāh al-GāfiqĪ al-‘AkkĪ (Abderraman, Abderahman iben Abdalla, Abderrahame Alfaque de las crónicas latinas). Hombre piadoso, perteneciente a la generación de los que habían convivido con los ‘Compañeros’ del Profeta, y que gozaba de enorme prestigio en la Península. Buena muestra es que, cuando se está fraguando el eliminar a ‘Abd al-‘AzĪz [s.v.], los asesinos trataron de granjearse su colaboración por “ser la persona de mayor prestigio en al-Andalus”. Lo cual no quita para que su interinidad no rebase los dos meses (Crónica del 754 lo reduce a “uno per mense”.

Pero su autentica importancia histórica radica en su segundo mandato, cuando sucede a al-Hayam [s.v.] en afar 112 / marzo-abril 730. Para unos fue nombrado por el gobernador de Ifrīqiya ‘Ubayda [b. ‘Abd al-Ramān al-SulamĪ] (algunos leen erróneamente ‘Ubayd [Allāh b. al-aŶŶāŶ]), mientras sus descendientes en Morañana de los Gafiqíes afirmaban que lo había sido por el propio califa Hišām b. ‘Abd al-Malik. ‘Abd al-Ramān fue “hombre piadoso, de hermosa conducta durante todo su gobierno, llevó a cabo numerosas incursiones contra los Rūm, siendo ejemplarmente equitativo [al efectuar] el reparto del botín”. Las fuentes árabes señalan dos campañas: una en 113 y otra, fatal, en 114/732. Es de señalar que Fat, al-abbĪ e Ibn al-FaraĪ le hacen morir en 115, fecha que Crónica del 754 e Hª Arabum retrasan al 116.

Seguiremos el relato más antiguo, y detallado, de Crónica del 754 (aunque corrigiendo las fechas). Circa 729, inicio del levantamiento de Munūsa en los Pirineos. “Quumque nimium esset animositate et gloria preditus, unus ex Maurorum gente nomine Munnuz, audiens per Libyae fines judicum saeva temeritate opprimí suos,…tyrannidem illico praeparat adversus Hispaniae Saracenos”. Sólo faltan diez años para la gran rebelión bereber del 122/739, que obligara a la suspensión de las campañas transpirenaicas y causara el derrumbe de la dinastía omeya. En 730, Munūsa ha trocado su pasada crueldad para con los cristianos locales por una tregua y alianza con Eudo de Aquitania, selladas con su enlace con Lampegia. Lo cual provoca una primera algara, en 731, que elimina al rebelde, captura a la hija de Eudo y restablece el dominio árabe sobre la Cerretanya; para penetrar luego en Languedoc, consiguiendo mucho botín. Evento que parece confirmado por Hª Arabum que lo hace atravesar el Ródano y apoderarse de Arles.

Al año siguiente, controlado todo el territorio andalusí, enardecido por el triunfo anterior, ‘Abd al-Ramān decidió “Francorum patrias devastare”. Habiendo reunido “exercitu magno Saracenorum”, cruza la “montana Vacceorum, per Pampelonam et montes Pirineos transiens”, invadiendo los valles del Garona y Dordoña. Cuando Eudo trataba infructuosamente de detenerlo y salvar Burdeos “maximam partem exercitus suis perdidit”. Aniquiladas las fuerzas aquitanas, nada se interpone al avance de las tropas árabes que “palatia diruendo et ecclesias ustulando depraederi” progresan en dirección a Tours. Eudo, haciendo callar momentáneamente sus temores ante la política expansiva de Carlos Martel, recurre a éste. El carolingio, “collecto magno exercitu”, formado por sus tropas “Germanos et Gepidas” más los restos de las aquitanas, se enfrenta al ejército árabe cerca de Poitiers, “in suburbio Pictavensi”. Tras una semana de pequeños encuentros, se produjo el choque decisivo. Es de señalar que las “gentes septentrionales” se mantuvieron a la defensiva “ut paries inmoviles permanentes sicut et zona rigoris glacialiter manent adscricti, Arabes gladio enecant”. El ataque musulmán no consiguió romper las filas enemigas, cayendo ‘Abd al-Ramān. Encuentro que recibió el nombre de balā al-šuhadā/ Calzada de los Mártires (no parece que se pueda interpretar aquí balā como “palacio”), que las fuentes árabes colocan en ramaān 114. Los Annales Petaviani registran. “732. Karolus habuit bellum contra Sarracenos in mense Octobri, die sabbato”. La fecha fue, pues, [1] ramaān 114 / 25 octubre 732.

Los francos han rechazado un ataque, pero ignoran la muerte del gobernador y, lo más importante, si se producirá o no otra ofensiva a la mañana siguiente. De ahí la circunspección que manifiestan cuando sus exploradores hallan vacío el campamento enemigo, su temor a que sea un ardid para hacerles caer en una emboscada. “Europenses vero solliciti ne per semitas delitiscentes aliquas facerent simulanter celatas”. Inseguridad “stupefacti in circuito sese frustra recaptant” que hace desistan de todo intento de seguimiento “ad persequentes gentes memorate nullo modo vigilant”. Repartido el botín, los que han quedado por dueños del campo regresan a sus tierras, “in suas se laeti recipiunt patriae”. Mientras, las tropas atacantes (sin haber perdido muchos efectivos) se retiran ordenadamente “cuneo stricto repatriando”. Lo cierto es que la población local no aprecia diferencia alguna ante el proceder de la algara musulmana en su camino de ida (Vita Eucherri) y el que acompaña su regreso (Vita Pardulphi). Dos años más tarde, el gobernador de Narbona, continuando la política de Ŷihād de su padre —y sin refuerzos peninsulares— podía permitirse cruzar el Ródano, ocupar Arles y asolar Provenza durante cuatro años…

La batalla de Poitiers no constituyó ningún choque decisivo, todo lo más fue una ‘victoria moral’. Tampoco ‘salvó a Europa’ como quieren algunos. El verdadero responsable de que se interrumpa otro ataque, de que no se lancen más algaras ultrapirenaicas, no se llama Carlos Martel, sino Maysara al-MadgarĪ y sus seguidores. La fecha no es 114 / 732 sino 122 / 740, no se trata del balā al-šuhadāsino de la gazwat al-ašrāf (remachada por la derrota de las tropas califales en wādĪ Sabū del 123 / 741), no estamos en Francia sino en el Magrib. Sin la gran rebelión bereber, que afectara también al-Andalus, no habrían caído los omeyas frente a los ‘abbāsíes. Y, por tanto, “Charlemagne est inconcevable”…

La duración del gobierno de ‘Abd al-Ramān oscila entre: diez meses (Albeldense), diez y ocho meses (Moro Rasis), un año y ocho meses (Fat), dos años y siete meses (Bayān, Amāl), y ocho meses (Ibn abĪb) y nueve meses (ikr), tres años (Crónica del 754, Hª Arabum), cuatro años (Imāma). Dado que ‘Abd al-Ramān fue nombrado en afar 112/marzo 730 y cayó en ramaān 114/octubre 732, su gobierno fue de dos años y siete meses.

Bibl.: La crónica del Moro Rasis, Madrid, Real Academia de la Historia (RAH), 1852; E. Lafuente Alcántara (ed.), Ajbār maŶmū‘a, Madrid, (RAH), 1867; IBN AL-AĪR, Al-Kāmil fī l-tārĪj, Leiden, E. Brill, 1871; AL-ABBĪ, Bugyat al-multamis, ed. de F. Codera y J. Ribera, Madrid, Josefo de Rojas, 1885; IBN AL-FARAĪ, TārĪj al-‘ulamā, ed. de F. Codera, Madrid, 1891; IBN QUTAYBA, Al-Imāma wa-l-siyāsa, El Cairo, Matba’at al-Nīl, 1904; IBN ‘ABD AL-AKAM, Futū Mir, New Haven, Yale Oriental Research Series, 1922; IBN AL-QŪIYYA, TārĪj iftitā, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, 1926; AL-MAQQARĪ, Naf al-Īb, El Cairo, Ed. M. Hajji, 1949 (Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas [CSIC], 1950); IBN ‘IĀRĪ, Al-Bayān al-mugrib, Leiden, E. Brill, 1950; AL-MARRĀKUĪ, Mu‘Ŷib, El Cairo, 1950 (Tetuan, Editora Marroquí, 1955); AL-UMAYDĪ, Ŷawat al-muqtabis, El Cairo, Maktab Nasr al-Taqafa al-Islamiyya, 1952; IBN AL-JAĪB, A‘māl, ed. de E. Lévi Provençal, Beirut, Dar al-Sadir, 1956; R. Ximénez de Rada, Historia Arabum, ed. de J. Lozano Sánchez, Sevilla, Universidad, 1974; L. Molina (ed.), Fat al-Andalus, ed. de Luis Molina, Madrid, CSIC, 1994; Crónica del 754, Zaragoza, 1980; L. Molina (ed.), ikr bilād al-Andalus, Madrid, CSIC, 1983; Crónica Albeldense, Oviedo, Universidad, 1985; R. Ximénez de Rada, Opera (De rebús hispaniae), Zaragoza, Anúbar, 1988; IBN JALDŪN, Kitāb al-‘Ibar, Beirut, Dar al-Kutub al-‘ilmiyya, 1988; IBN ABĪB, TārĪj, Madrid, Instituto de Cooperación con el Mundo Árabe, 1991; P. Chalmeta, Invasión e islamización, Jaén, Universidad, 2004.

Pedro Chalmeta Gendrón