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Blanca de los Ríos Nostench

Biografía

Ríos Nostench, Blanca de los. Carolina del Boss. Sevilla, 15.VIII.1859 – Madrid, 15.IV.1956. Historiadora de la literatura, escritora y directora de la publicación Raza Española.

Hija del arquitecto Demetrio de los Ríos y Serrano y de María Teresa Nostench, la niña fue criada en un ambiente en que las artes y las letras tuvieron un protagonismo que resultaría definitivo en su educación.

De su madre, hija del cirujano catalán José Nostench y de la malagueña Dolores Rodríguez, la pequeña Blanca heredó no sólo el amor por el dibujo y la pintura, sino también su destreza.

El matrimonio de los Ríos sólo tuvo dos hijos: José y Blanca. Ambos hermanos recibieron la educación reservada a la burguesía ilustrada del momento. Mientras que la niña asistió a colegios de monjas de Sevilla y Granada, según su propio testimonio, su hermano cursó los estudios de Derecho. Gestor del patrimonio familiar, no se mostró inmune al clima literario y artístico familiar, y escribió también poemas ocasionales.

Lo cierto es que el protagonismo del arte y las letras en su casa se vio complementado por una educación que alimentó notablemente su fantasía. De forma esporádica y ya próxima a la vejez, Blanca alude al recuerdo de una madre que, en sus paseos cotidianos, le explicaba la Historia de España con tintes mágicos.

Sin embargo, la literatura sólo será un pasatiempo precisamente hasta que su madre desaparezca por una inesperada y fulminante enfermedad el 8 de mayo de 1877. A partir de este momento, tal vez con fines catárticos como señala algún coetáneo, la joven Blanca entra con plena dedicación al mundo de las letras.

En 1878 publicó su primer libro, Margarita, una novela que apareció bajo el seudónimo de Carolina del Boss con un prólogo del cervantista sevillano Nicolás Díaz de Benjumea. La primera obra de ficción de Blanca de los Ríos vino a aparecer precisamente cuando se estaba produciendo la reviviscencia de la novela en España, tras los sucesos de 1868. No obstante, esta obra primeriza de una joven escritora se sitúa completamente al margen de las inquietudes ideológicas que condicionaron decisivamente el género en ese período. Fue, sin embargo, la poesía su primera dedicación literaria. Poesía de circunstancias que leía en las más reputadas tertulias de la Sevilla de la época y que serían incluidas en volúmenes de carácter humanitario y onomástico, como la Corona fúnebre dedicada a la memoria de Su Majestad la Reina Doña María de las Mercedes de Orleans (1878), El libro de la Caridad (1879), Homenaje a la memoria de Arias Montano y Bravo Murillo, hijos de Fregenal, con motivo de la solemne colocación de unas lápidas conmemorativas en las casas donde nacieron (1881) y Andalucía (1885). Poemas que le valieron sus primeros premios, como el accésit que la Sociedad Julián Romea de Barcelona le concedió en 1880 por las décimas espinelas dedicadas al actor.

El año 1885 fue definitivo en su vida. En el mes de marzo, la Real Academia Española convocó uno de sus certámenes bienales, proponiendo como tema el estudio biográfico y crítico de Tirso de Molina. Siguiendo los pasos de su tío Amador de los Ríos, se aplicó a la investigación literaria; viéndose obligada para la elaboración de la memoria, que presentaría dos años más tarde, a investigar en la Biblioteca Nacional y en diversos archivos parroquiales de Madrid y su Universidad. Sus pesquisas la obligaron a trasladarse temporalmente a Toledo, en abril de 1887, y a Alcalá de Henares y Trujillo, en noviembre de 1888.

Dos memorias fueron presentadas al concurso abierto por la Real Academia: la suya y la del catedrático de Valladolid Pedro Muñoz Peña. El premio, consistente en 2500 pesetas, medalla de oro, diploma de honor y quinientos ejemplares publicados a expensas de la institución convocante, fue declarado desierto.

No obstante, la Real Academia decidió recompensar los esfuerzos de Blanca de los Ríos. Se valoró muy positivamente que su trabajo aportara documentos que esclarecían aspectos tan desconocidos y problemáticos de la vida de Tirso como era el de su nacimiento.

Mil quinientas pesetas y la impresión del estudio fueron los premios que le otorgó la Corporación.

El galardón fue entregado por el conde de Cheste al representante de la ganadora, el duque de Rivas, el 12 de abril de 1889.

El ser premiada por una institución que se veía, precisamente entonces, mezclada en agrias polémicas por su negativa a dar entrada en sus filas a la mujer, y en una esfera que, como la investigación literaria, suscitaba tan escaso interés entre las escritoras e intelectuales españolas, le granjeó una gran notoriedad y la amistad de personas y personajes a los que no resultaba fácil impresionar.

Entre ellos, Emilia Pardo Bazán, que ejercería una influencia literaria y personal decisiva sobre ella. En su compañía, asistió a algunas de las tertulias más selectas del Madrid finisecular: la del marqués de Dos Hermanas, en cuyas veladas poéticas leyó los romances de su Don Jaime el Conquistador; la del marqués de Valmar, donde intimó con Sofía Casanova; la de la propia Emilia Pardo Bazán y la de Juan Valera, donde tuvo la oportunidad de conocer y tratar a personajes que influirían de forma decisiva en su quehacer literario como Gaspar Núñez de Arce, Merimée, Campoamor y, especialmente, Marcelino Menéndez Pelayo.

Las consecuencias no se hicieron esperar. La Ilustración Española y Americana le encargó la elaboración de semblanzas de personajes de la época relacionados con el mundo de la literatura. La labor de Luisa Goldmann y el padre Blanco, entre otros, fueron motivo de reflexión para la autora. La España Moderna, la revista más prestigiosa del momento, publicó meses más tarde su trabajo “Don Juan en la literatura y la música”. Iniciaba así sus reflexiones en torno al mito de Don Juan, tema por el que se sintió especialmente atraída a lo largo de toda su vida y que abordó desde distintos puntos de vista en múltiples trabajos, como “El Don Juan de Tirso de Molina” en Archivo de Investigaciones Históricas (1911) o Los grandes mitos de la edad moderna. Don Quijote, Don Juan, Segismundo, Hamlet, Fausto (1917), En 1892 contrajo matrimonio con Vicente Lampérez y Romea, arquitecto restaurador de la Catedral de Cuenca y autor de la Historia de la arquitectura cristiana española (1930). Sobrino del actor murciano Julián Romea y colaborador de su padre en las obras de restauración de la Catedral de León, a principios de siglo fue profesor en la Escuela de Bellas Artes y, más tarde, catedrático de la de Arquitectura. Ambos esposos colaboraron, entre otras, en Cultura Española (1906-1909), cuya Sección de Literatura Moderna dirigiría Blanca de los Ríos en sus últimos números. Con su matrimonio, la autora entraba a formar parte de una relevante familia, emparentando con actores de moda como Julián Romea y Parra o con políticos como Ramón Nocedal Romea, director de El Siglo Futuro y fundador del partido integrista.

En 1895 fue una de las primeras mujeres que ingresó como socia de número en el Ateneo de Madrid, dando allí a conocer los resultados de sus investigaciones en conferencias como Tirso de Molina (1906) o Las mujeres de Tirso (1910). En 1907, fue invitada por el Ateneo barcelonés pronunciando entonces Tirso de Molina y Cataluña.

Entre 1898 y 1907 redactó cuentos y novelas que fueron recopilados en cuatro volúmenes de sus obras completas: La Rondeña, cuentos andaluces. El salvador, cuentos varios (1902), La niña de Sanabria. Melita Palma y Sangre Española (1907), Madrid Goyesco (1912) y El tesoro de Sorbas (1914). La mayor parte de ellos aparecieron publicados en las más prestigiosas y populares revistas literarias del momento, entre otras El Cuento Semanal, La Lectura, Nuevo Mundo, Revista Contemporánea, Blanco y Negro e Hispania.

Hondamente preocupada, como sus coetáneos de la crisis de fin de siglo, por los problemas que España debía afrontar para incorporarse a la modernidad, apostó por un regeneracionismo basado en el estrechamiento de relaciones con las antiguas colonias hispanoamericanas. Al tema dedicó una copiosa producción integrada por folletos como España educadora de pueblos (1924), multitud de artículos en ABC, El Universo y Cultura Hispanoamericana, dos ciclos de conferencias bajo la denominación genérica de Afirmación de la raza española en el Ateneo de Madrid, en 1910 y 1911, y la dirección, durante doce años ininterrumpidos de su revista Raza Española (1919-1930).

La publicación congregó a un numeroso grupo de colaboradores pertenecientes todos ellos a lo más granado de la cultura oficial del momento. Centrada en el arte, la historia y la literatura, Raza Española constituyó la más elegante, cuidada y erudita publicación nacionalista de la época. Influenciada por el pensamiento de Marcelino Menéndez Pelayo, la revista tuvo por objetivo principal recuperar el prestigio de la cultura española, tanto en el propio país como entre las antiguas colonias hispanoamericanas. Desde sus páginas, se dieron a conocer y se popularizaron las respectivas culturas, haciendo hincapié en aquellos hitos compartidos y en presentar la imagen de España como potencia colonial-cultural.

La Dictadura de Primo de Rivera coincidió con uno de sus períodos de mayor popularidad. En 1924 se le rindió un gran homenaje con motivo de la concesión de la Gran Cruz de Alfonso XII, en 1927 fue nombrada diputada de la Asamblea Nacional Consultiva y en octubre de 1929 representó a España, entre otros, junto a Eugenio d’Ors, en el VI Congreso de la Federación Internacional de Uniones Intelectuales. Su nombre se barajó entonces en diversas oportunidades como candidata a un sillón de la Real Academia Española.

La llegada de la Segunda República supuso para ella una particular vuelta a los orígenes. Desaparecida Raza Española, se centró de nuevo en sus estudios de investigación en la historia literaria, especialmente en Lope de Vega, cuyo tricentenario de la muerte se conmemoró a lo largo de 1935, y para el que preparó diferentes conferencias y trabajos aparecidos en ABC, Ya, La Época y Acción Española.

Tras la Guerra Civil recopiló y reestructuró todos sus hallazgos y estudios en torno a Tirso de Molina, elaborando para la editorial Aguilar la edición crítica de las Obras dramáticas completas (1946). Prácticamente toda su fecunda labor de investigación estuvo centrada en la figura del mercedario, del que, asumiendo los presupuestos de la crítica historicista, detalló la génesis de sus principales piezas teatrales y cuya obra dramática clasificó según un criterio temático similar al aplicado por Marcelino Menéndez Pelayo en el ordenamiento de la obra de Lope de Vega.

Subsidiariamente había desvelado también datos desconocidos de la vida de Lope, Cervantes y otros escritores áureos como Juan Ruiz de Alarcón, Pedro Liñán de Riaza y Argensola, documentando el paso de estos últimos por las aulas salmantinas, entre otros, en el artículo publicado en La España Moderna, “¿Estudió Cervantes en Salamanca?” (1897).

Única mujer enterrada en el Panteón de Hombres Ilustres que la Asociación de Escritores y Artistas posee en la Sacramental de San Justo de Madrid, hasta con su muerte rompió los esquemas establecidos para la mujer del fin de siglo, que ya había desafiado como diputada, conferenciante, ateneísta, escritora, directora de una publicación e investigadora de la literatura.

 

Obras de ~: Los funerales del César (poesía), Sevilla, 1880; Esperanzas y recuerdos (poesía), Madrid, Imprenta Central, á cargo de Víctor Sáiz, 1881; Romancero de Don Jaime el Conquistador, Madrid, Enrique Rubiños, 1891; La Rondeña. Cuentos andaluces. El Salvador. Cuentos varios, Madrid, Establecimiento Tipografía de Idamor Moreno, 1902; Tirso de Molina, Madrid, Bernardo Rodríguez, 1906; La niña de Sanabria. Melita Palma. Sangre Española (novela), Madrid, 1907; Del Siglo de Oro (estudios literarios), pról. de M. Menéndez Pelayo, Madrid, Imprenta de Bernardino Rodríguez, 1910; Las mujeres de Tirso, Madrid, Bernardo Rodríguez, 1910; Afirmación de la raza ante el centenario de la independencia de las Repúblicas HispanoAmericanas (americanismo), Madrid, Centro de Cultura Hispanoamericana, 1911; Esperanzas y recuerdos (poesía), Madrid, Imprenta de Bernardo Rodríguez, 1912; Madrid Goyesco (novela), Madrid, Imprenta de Bernardo Rodríguez, 1912; Influjo de la Mística, de Santa Teresa de Jesús singularmente, sobre nuestro grande arte nacional, Madrid, Unión de Damas Españolas-Imprenta Hernández, 1913; El tesoro de Sorbas (cuento), Madrid, 1914; De Calderón y de su obra, Madrid, El Universo-Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1915; La obra y la misión de Menéndez Pelayo, Valladolid, 1915; Doña Francisca Larrea Bölh de Faber. Notas para la historia del Romanticismo en España, Madrid, 1916; Los grandes mitos de la Edad Moderna. Don Quijote, Don Juan, Segismundo, Hamlet, Fausto, Madrid, 1916; Sevilla cuna del Quijote (Homenaje a Cervantes en el tercer Centenario de su muerte), Sevilla, Ateneo de Sevilla, 1916; Menéndez y Pelayo como reedificador de la conciencia nacional e iniciador del resurgimiento español, Madrid, 1917; España educadora de pueblos (americanismo), Madrid, Ed. popular publicada por la Junta Central de Acción Católica-Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1924; La vida es sueño y los diez Segismundos de Calderón, Madrid, Blas, 1926; Las grandes reconstrucciones de Menéndez Pelayo, Santander, 1927; El enigma biográfico de Tirso de Molina, Madrid, Alberto Fontana, 1928; Lope de Vega y Menéndez Pelayo, Madrid, 1935; ¿Vida o sueño? Rimas, Madrid, Graf. Reunidas, 1941.

 

Bibl.: E. Pardo Bazán, “Blanca de los Ríos”, en Nuevo Teatro Crítico, 8 (1891), págs. 85-91; J. Cascales y Muñoz, “Blanca de los Ríos”, en Sevilla intelectual, Madrid, Librería de Victoriano Suárez, 1896, págs. 205-212; E. Pardo Bazán, “La nueva generación de novelistas y cuentistas en España”, en Helios, 12 (1904), pág. 260; M. Méndez Bejarano, “Blanca de los Ríos”, en Diccionario de escritores, maestros y oradores naturales de Sevilla y su actual provincia, t. II, Sevilla, Tipografía Gironés, 1923, págs. 282-284; M. R. Blanco Belmonte, “Hispanos Ilustres: Blanca de los Ríos”, en Información Hispana, 60 (1924), págs. 3-4; M. L. Solano, “Una gran escritora española: doña Blanca de los Ríos de Lampérez”, en Hispania, XIII (1930), págs. 389-398; J. M. Chacón y Calvo, “Doña Blanca de los Ríos”, en Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, V (1956), págs. 194-198; M. Fernández Almagro, “Doña Blanca de los Ríos”, en ABC, 19 de abril de 1956, pág. 3; A. Gallego Morell, “Blanca de los Ríos”, en Poetas y algo más, Sevilla, Universidad, 1978, págs. 70-77; S. Kirkpatrick, “Introducción”, en Antología poética de escritoras españolas del siglo XIX, Madrid, Castalia, 1992; M. A. González López, Aproximación a la obra literaria y periodística de Blanca de los Ríos, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2001; “Índice de Raza Española (1919-1930)”, en Revista de Literatura, t. LXIII, n.º 126 (2001), págs. 1-50; “Música y nacionalismo en Raza Española: Blanca de los Ríos y el arte”, en Pensamiento español y música: Siglos XIX y XX, Valladolid, Universidad, 2002, págs. 37-44.

 

María Antonieta González López