Ayuda

Lope Díaz de Haro

Biografía

Díaz de Haro, Lope. Cabeza Brava. Señor de Vizcaya. ?, c. 1190 – 18.X.1236. Noble, señor.

Noble castellano y señor de Vizcaya, hijo de Diego López de Haro II y de su primera esposa, María Manrique de Lara. Así se indica en un documento otorgado por sus padres en 1192, en el que les acompaña su joven hijo, aunque sus noticias no son muy abundantes hasta entrado el siglo siguiente. Se sabe que acompañó a su progenitor en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) y que un año después se hizo cargo de algunas de sus tenencias. Sin embargo, su intervención en la Corte castellana no cobró importancia hasta 1215, fallecidos ya Diego López de Haro II y Alfonso VIII y reinando en Castilla un niño de corta edad, Enrique I. Para garantizar la gobernabilidad del reino, su madre —que no tardó en seguir a su esposo— encomendó la regencia a la infanta Berenguela y los prelados de Toledo y Palencia, sin que ello evitara la rivalidad de las distintas facciones cortesanas.

Los Lara, encabezados por Álvaro Núñez, alférez real, se hicieron con el joven Enrique y obligaron a Doña Berenguela a aceptar su tutoría, no sin contar con amplios apoyos entre la nobleza, incluido Lope Díaz de Haro, su cuñado y pariente. Pese a ello, en abril de 1215 ya se constata una primera oposición de la infanta, el mayordomo regio y Lope Díaz de Haro II, aunque la maniobra no prosperó, pues poco después, la Corte en pleno reconoció la regencia del conde Álvaro Núñez de Lara. En el consenso pudieron influir las pretensiones de Alfonso IX a intervenir en los asuntos castellanos o el peligro de ataques desde el sur, esto sin olvidar las contraprestaciones subsiguientes a las alianzas nobiliarias. Se sabe que el de Haro gozó de amplia autonomía en sus dominios y no sorprende que aprovechara la coyuntura para consolidar su autoridad en Vizcaya, beneficiándose del auge comercial de los puertos cantábricos.

No obstante, los desmanes ocasionados por el de Lara provocaron el descontento de Doña Berenguela y sus afines. En la primavera de 1216, Lope Díaz de Haro II y otros nobles intentaron la convocatoria de cortes y solicitaron a la infanta que interviniese en contra de los Lara, pero Doña Berenguela prefirió calmar los ánimos. Sólo los acuerdos del conde Álvaro y Alfonso IX y el intento de matrimonio de Enrique I y Mafalda de Portugal evidenciaron la necesidad de acabar con su regencia. A fines del verano se constata la rebelión de Lope Díaz de Haro II y Álvaro Díaz de los Cameros, enojados por estos asuntos y por la anulación de ciertos tributos que Lope Díaz de Haro cobraba en Logroño. Las tropas fieles al conde tomaron los castillos rebeldes y sometieron La Rioja, obligando a los insurgentes a acatar su autoridad.

Sin embargo, nuevos pactos entre el conde Álvaro y Alfonso IX, que implicaban el desplazamiento del futuro Fernando III de la sucesión, volvieron a exaltar a sus rivales, pues el señor de Vizcaya y otros nobles mediaron en pro de los derechos del hijo de Doña Berenguela.

Entre tanto, Álvaro Núñez no renunciaba a controlar el reino y reclamó a la infanta la entrega de varias plazas en su poder, entre ellas Valladolid, Burgos y los puertos del Cantábrico, además de procurar la enemistad entre Enrique I y su hermana. La ruptura definitiva entre ambos bandos se produjo entre fines de 1216 y principios de 1217. Lope Díaz de Haro II y los hermanos Álvaro y Rodrigo Díaz de los Cameros se rebelaron en febrero, mientras Doña Berenguela se reunía junto a los Girón y los Meneses en el castillo de Autillo. Lope Díaz de Haro se encerró en Miranda de Ebro, hacia donde se dirigió el conde Gonzalo Núñez de Lara II, pero, cuando el enfrentamiento parecía inevitable, varios eclesiásticos los persuadieron y Lope Díaz abandonó la plaza en dirección a Autillo.

Durante la primavera, los esfuerzos de los Lara se centraron en atacar las posiciones enemigas en Tierra de Campos, mientras que Lope Díaz de Haro II acudía al reino de León para solicitar ayuda al infante Fernando. Entre tanto, el conde Álvaro negoció con Alfonso IX en contra del hijo habido en Doña Berenguela, pero la muerte accidental de Enrique I cambió drásticamente las circunstancias, pues la infanta se convirtió en la heredera de la Corona. Mientras el conde Álvaro se esforzaba por afianzar el apoyo de Alfonso IX, Lope Díaz se encargó de traer a Fernando III, que fue proclamado rey.

Se inició entonces la guerra por controlar Castilla, en la que, poco a poco, los Lara fueron perdiendo posiciones. Primero se sometieron los concejos de la Extremadura, encabezados por Segovia y Valladolid, después se hizo frente a la incursión de Alfonso IX, que atacó la Tierra de Campos y avanzó hacia Burgos.

Lope Díaz defendió el castillo de Dueñas y, antes de que llegaran los leoneses, reforzó las defensas de Burgos, obligándoles a retirarse. Luego vinieron la sumisión del valle del Arlanza, la rendición de Nájera por Lope Díaz de Haro II y el repliegue de los Lara hacia Belorado, cuyo castillo se resistió a las tropas de Fernando III. Perdida esta plaza, marcharon hacia el sur, momento en el que Álvaro Núñez fue capturado y obligado a rendirse. No terminó la contienda, pues en 1218 los Lara volvieron a atacar Castilla desde el vecino reino de León, en el que Alfonso IX les había acogido, y sitiaron a Lope Díaz de Haro II y otros nobles en Castrejón.

La muerte de Álvaro Núñez puso fin a las hostilidades y Lope Díaz vio reconocida su fidelidad con las tenencias de Calahorra, Logroño, Nájera, Haro, Grañón, Belorado, Castilla la Vieja, Bureba, Álava y Vizcaya.

Además, la posterior rebelión de Rodrigo Díaz de los Cameros permitió al de Haro extender sus dominios hacia este señorío, convirtiéndose en la autoridad indiscutible de La Rioja y Castilla la Vieja.

Poseía propiedades tanto en Vizcaya y Castilla la Vieja como en otras regiones del reino, como la Transierra.

El decidido apoyo a la infanta Doña Berenguela y Fernando III le supuso un incremento patrimonial fundamentado en varias donaciones regias, entre ellas las villas de Haro, Orduña y Valmaseda, estas dos últimas incorporadas al señorío de Vizcaya.

Además, Fernando III le entregó a su hermana Urraca Alfonso en matrimonio, alto honor que lo emparentaba con la Corona. De esa unión nacieron Diego López de Haro III, su sucesor, y Alfonso, Lope, Fernando, María y Mencía López de Haro II.

No tardó Lope Díaz en recibir la alferecía regia, en la que se le documenta a partir de 1217. Al frente de este oficio intervino en las conquistas andaluzas de los años siguientes, invirtiendo su caudal en esta empresa y en ayudar a Fernando III a acceder al trono leonés (1230). Respecto a las campañas contra tierras musulmanas, en 1224 destacó en la conquista de Baeza, de la que fue su tenente, y participó en la de Úbeda.

Lope Díaz se enfrentó a la decisión pontifica de trasladar la sede episcopal de Calahorra a Santo Domingo de la Calzada, expulsando de la ciudad al obispo y los eclesiásticos que pretendían hacer valer la autoridad papal (1225). El magnate se hizo eco de los recelos de muchos de sus habitantes y del abad y los canónigos de Santo Domingo, problema que lo situó a las puertas de la excomunión.

Poco después se produjo la conquista de Úbeda, en la que afloraron las divergencias entre el Monarca y el conde (1233). Es probable que el de Haro pretendiera el gobierno de la plaza, actitud que contrasta con el enojo del Monarca por el excesivo poder ostentado por el señor de Vizcaya. En la Pascua de 1234, Lope Díaz casó a su hija Mencía con Álvaro Pérez de Castro, por entonces en rebeldía, y a otra de ellas con Nuño Sánchez, conde de Rosellón, de honda influencia en la Corte aragonesa y pariente de los Lara.

La sumisión del de Castro dejó aislado a Lope Díaz, que se vio obligado a reconocer la autoridad regia en 1235, un año antes de su muerte.

 

Bibl.: L. de Salazar y Castro, Historia genealógica de la Casa de Haro, Madrid, Imprenta Vicente Rico, 1920, 2 vols. (ed., pról. y notas de D. de la Válgoma y Díaz-Varela, Madrid, Real Academia de la Historia, 1959); Alfonso X, Primera Crónica General de España, ed. de R. Menéndez Pidal con un est. de D. Catalán, Madrid, Universidad Complutense, 1955; J. González González, El Reino de Castilla y León en la época de Alfonso VIII, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1960; Reinado y diplomas de Fernando III, Córdoba, Monte de Piedad y Caja de Ahorros, 1980-1986, 3 vols.; G. Monreal Cía, Las instituciones públicas del Señorío de Vizcaya (hasta el siglo xviii), pról. de A. García Gallo, Bilbao, Diputación de Vizcaya, 1974; VV. AA., Congreso de estudios históricos sobre Vizcaya en la Edad Media, San Sebastián, Txertoa, 1986; R. Jiménez de Rada, De Rebus Hispanie sive Historia Gótica, ed. de J. Fernández Valverde, Turnholti, Typographi Brepols, 1987; Anónimo, Crónica de Veinte Reyes, Burgos, Ayuntamiento, 1992; J. Canal Sánchez-Pagín, “La casa de Haro en León y Castilla durante el siglo xii. Nuevas conclusiones”, en Anuario de Estudios Medievales, XXV, 1 (1995), págs. 3-37; J. Laínz, La Nación Falsificada, Madrid, Encuentro, 2006, págs. 27-30; A. Sánchez de Mora, Los Lara: un linaje castellano de la plena Edad Media, Burgos, Diputación, 2008.

 

Antonio Sánchez de Mora