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Marcelino Isidro Orbés Casanova

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Biografía

Orbés Casanova, Marcelino Isidro. Jaca (Huesca), 15.V.1873 – Nueva York (Estados Unidos), 5.XI.1927. Artista de circo (payaso).

Se inició en el mundo del circo con la prestigiosa compañía del circo ecuestre de Micaela Alegría —circo de origen barcelonés que ofrecía espectáculos de una magnífica calidad—, cuando se encontraba en gira en Zaragoza, ya que acudía a esta ciudad puntualmente todos los años permaneciendo dos meses. Esta compañía inauguró el edificio del Teatro-Circo de Zaragoza en el año 1887. De este entrañable artista se tenían escasas noticias aportadas por Josep Vinyes y F. J. Rodríguez, que le otorgan el apellido de Arbés en lugar de Orbes. Sin embargo, en el año 2004 fue redescubierto afortunadamente para el circo español por el periodista del Heraldo de Aragón, Don Mariano García y se hizo con la noticia El País.

Mientras Isidro Marcelino Orbés actuaba en España en el Circo Bernabeu, le comentó un compañero: “En Londres se haría usted rico”. Ni corto ni perezoso, en 1900 marchó a Londres y actuó en el Circo Hengler, evolucionando su estilo de clown-acróbata de sus inicios, al mimo. Efectivamente, fue cambiando, pasando de las acrobacias y gags verbales al mimo más depurado. También utilizaba en escena algunos animales, como perros, cerditos, y especialmente una burrita “sabia” que se convirtió en compañera de sus actuaciones. Posteriormente, actuó en el Hippodrome convirtiéndose, muy pronto, en el ídolo de todos los niños de Londres y su fama fue en aumento hasta el punto de que el rey Eduardo de Inglaterra fue a verle en una de sus funciones. En el Hippodrome de Londres, actuó con Charles Chaplin (que iba caracterizado de gato), cuando éste era aún un niño, y está muy extendida la versión de que utilizó antes que él el bastoncito de caña que más tarde empleó con tanto éxito Charlot, y también actuó con los Fratellini. Realizó giras por Holanda, Francia, Italia, etc.

En 1905 partió a Nueva York para actuar en el Hippodrome de esta ciudad, inaugurado el 12 de abril de 1905, considerado entonces como el mayor teatro del mundo, con una capacidad para cinco mil doscientos espectadores, actuando junto a Frank Oakley Slivers, que era el mejor clown en el nuevo continente. Ambos accedieron a actuar juntos, pero incómodamente, porque se consideraban a sí mismos los mejores clowns del momento y no querían que sus respectivas personalidades fueran eclipsadas por el otro. Pese a ser muy distintos en lo físico, en lo psíquico y en lo artístico, lograron un éxito sin precedentes, admirando al público de Nueva York. Esta relación no duraría mucho, ya que Slivers se marchó, y años después enloqueció por el amor, no correspondido, de una mujer joven, suicidándose en 1916. Durante su estancia en Nueva York, Marcelino Orbes se convirtió en una gran estrella, actuando en los siguientes espectáculos: “A Yankee Circus Mars” (estrenado el 12 de abril de 1905); “A Society Circus” (13 de diciembre de 1905); “Pioner Days/Circus Events/Neptune’s Daughter” (28 de noviembre de 1906); “The Auto Race/The Four Seasons/Circus Events” (25 de noviembre de 1907); “Sportings Days” (5 de septiembre de 1908); “A trip to Japan” (4 de septiembre de 1909); “Around the World” (2 de septiembre de 1911), etc. Su popularidad llegó hasta el punto de que algunos neoyorquinos decían que alguien estaba marcellining para referirse a quienes simulaban hacer muchas cosas cuando, en realidad, no hacían nada. Thompson y Dundy, empresarios del Hippodrome de Nueva York, le aseguraron su vida en 100.000 dólares.

Marcelino Orbés firmó un contrato con los empresarios del Hippodrome para actuar en exclusiva toda su vida, por 1000 dólares a la semana, pero el contrato no se cumplió, posiblemente por la muerte de uno de los empresarios o por alguna otra causa. Hacia el año 1912, la buena estrella de Marcelino Orbés se fue apagando, poco a poco. Es preciso tener en consideración que el jazz, el cine, los salones de baile, los deportes de masas, las nuevas formas de diversión, etc., empezaron a poner en peligro al teatro y al circo; y también ya los gags de Marcelino, que fueron perdiendo su gracia original, porque no evolucionó. Al finalizar el año 1912, Marcelino decidió abandonar el Hippodrome.

Aunque había logrado mucho dinero, éste se disolvió rápidamente. Sus inversiones económicas en Long Island y New Jersey no fueron bien. Pese a ello, montó en Nueva York un restaurante que tuvo que cerrar al poco tiempo, y, reincidiendo en la idea, abrió otro en Connecticut, en el que volvió a fracasar. Agobiado por la falta de dinero, actuó en circos convencionales, lo que para su orgullo fue un amargo trago, no queriendo que su nombre figurara ni en carteles ni en programas. No obstante, en 1918, estuvo en el Ringling Bailey, y en 1920 en el Sells Floto. Volvió después al Hippodrome mejorando su situación personal, pero ya nada era realmente lo mismo. Le resultaba imposible encontrar entusiasmo suficiente para poder renovarse y volver a reconquistar el favor del público. Tras participar en “Get Together” (estrenado el 3 de septiembre de 1921) y “Better Times” (28 de abril de 1923), abandonó otra vez el Hippodrome, nuevamente humillado. Entonces, empezó a actuar en teatros de una categoría cada vez menor. En 1925, se separó de su esposa, Ada Holt, actriz cantante que se retiró muy pronto de los escenarios.

Poco a poco, los teatros no quisieron contratarle, y tuvo que restañar, una vez más, su orgullo herido y empezar a actuar en clubes y cabarets. Inició el año 1927 con una situación extremadamente delicada. Solo y arruinado, vagaba por Nueva York buscando con afán trabajo. Y no lo encontraba. Se vería obligado a actuar por unos centavos en locales que en su época de gloria ni siquiera hubiera pisado. Anticuado para los grandes escenarios, demasiado refinado para los clubes, y fuera de onda por completo en las troupes de payasos de los grandes circos, Marcelino estaba acabado. Incluso, al parecer, se vería obligado, pese a su orgullo, a pedir limosna acurrucado a las puertas del mismo Hippodrome que le vio triunfar. Si Marcelino fue grande como artista, al ser uno de los mejores payasos del mundo, sobre todo fue grande como persona humana, ya que cuando nadie le contrataba y no tenía dinero, se dedicó a actuar gratis, filantrópicamente, para los niños en hospitales y centros benéficos.

A mediados de 1927, se instaló en el Hotel Mansfield, en 266 West Fiftieth Street (hoy Hotel Amsterdam Court, aunque solamente conserva de aquella época la fachada). Allí se encerró, nunca recibió correo, nadie le telefoneó, nunca sonrió ni se quejó por nada, y no recibió visitas. El 3 de noviembre de 1927 entró en una casa de empeño y vendió su última propiedad, un alfiler de corbata con diamante, por el que le dieron 15 dólares, con los que compró una pistola.

Ese mismo día encontró a un amigo, también nacido en España, Phil Dwyer, uno de los mejores imitadores de animales, y le dijo que estaba viejo y en la miseria, y que ya no había lugar en los Estados Unidos para un hombre como él. Apenas iniciado el día 5 de noviembre, sacó de su maleta unas fotografías de sus tiempos de gloria, tomó la pistola dirigiéndola a su sien, quizá tuvo aún un recuerdo para su antiguo compañero del Hippodrome, Slivers, que se había suicidado unos años antes. Como ha puesto en evidencia Víctor Casanova Abós, en su excelente Biografía sobre Marcelino (2017), que solicitó el informe forense, se desprende que murió al primer disparo, no dos como se ha venido diciendo equivocadamente.

Como quiera que muriera en la pobreza más absoluta, la Asociación Nacional de Vaudeville pagó los gastos del entierro y, pese a ser un suicida, se realizó un funeral en la Campbell Funeral Church y en St. Stephen’s, como a todas las grandes estrellas. A su entierro acudieron representantes de la Asociación, un ramillete de periodistas y media docena de viejos payasos, estando también presente su ex mujer Ada Holt. Se interpretó al órgano la canción favorita de Marcelino, “Moonlight and roses”, y después el secretario de la Asociación Nacional de Vaudeville se dirigió a todos con este breve parlamento: “Cuando un hombre ha hecho reír a los niños, su vida tiene sentido. Me gustaría que todos vosotros volvierais a casa con una fotografía de Marcelino, con una foto de los viejos tiempos del Hippodrome, antes de que fuera reducido a las cenizas de un actor”. Sus restos descansan en el cementerio de Kensico, a las afueras de Nueva York, donde están enterrados numerosos genios de la escena. Sobre el ataúd de Marcelino había un gran ramo de flores que había enviado su amigo Charles Chaplin.

 

Bibl.: J. M. Armero y R. Pernas López, 100 años de circo en España, Madrid, Espasa Calpe, 1985; F. J. Rodríguez, Risas y Lágrimas. Historia de los pasayos españoles, pról. de Pepe Tonetti, Madrid, Territorio Editorial, 1990, págs. 44 y ss.; M. García, “Historia de un clown. Marcelino”, en “Galería de Domingo”, Diario Heraldo de Aragón, (Zaragoza), 2 y 8 de mayo de 2004; M. Mora, “El precursor de Charlot”, en El País (Madrid), 8 de mayo de 2004; V. Casanova Abós, Marcelino. Muerte y vida de un payaso, Zaragoza, Pregunta Ediciones, 2017. Pedro G. Cuartango, “El mejor payaso del mundo”, en  ABC,  22 de enero de 2018.

 

Juan Felipe Higuera Guimerá