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Joan Sala i Ferrer

Biografía

Sala i Ferrer, Joan. Joan de Serrallonga. Viladrau (Gerona), 23.IV.1594 – Barcelona, 8.I.1634. Bandolero.

Nacido “de padres nobles y honrados y temerosos de Dios”, fue el quinto de nueve hermanos, de los que al menos cuatro fueron también salteadores, siendo virrey de Cataluña Bernardino de Cárdenas, duque de Maqueda. Casó en 1618 con Margarita Talladas, pubilla (heredera) de la masía de Serrallonga (Querós, Sant Hilari de Sacalm, Gerona), adoptando para sí y descendencia el apellido Serrallonga. Allí vivió durante algún tiempo con su mujer y sus cinco hijos, dedicado —con la ayuda de su cuñado— a la labranza de sus tierras y al cuidado de sus rebaños, como un pacífico, laborioso y analfabeto pagès. Era, a la sazón, virrey el duque de Alburquerque, Francisco Fernández de la Cueva.

Marcaron los primeros años del reinado de Felipe IV una etapa de aparente sosiego del bandolerismo catalán, sin duda por la durísima persecución de los últimos virreyes de Felipe III, si bien la calma fue sólo aparente. Serrallonga, que debió de iniciar su carrera cometiendo pequeños delitos, a la sombra de facinerosos de la talla de los hermanos Margarit, se puso definitivamente al margen de la ley en 1622, cuando fue delatado por un vecino, Miquel Barfull, al que asesinó posteriormente.

Dado que casi nadie colaboraba con las fuerzas reales, y los malhechores, aparte del perfecto conocimiento del país, contaban con el apoyo o complicidad de barones y señores, podían moverse a sus anchas. Serrallonga, escondido por la Guillerías, el Montseny y el Collsacabra, actuaba con total impunidad y a salvo de sus perseguidores. El gobernador de Cataluña, Aleix de Marimón, se quejaba amargamente de todo esto a Madrid.

Exterminada en 1627 la cuadrilla de los Margarit, Serrallonga se erigió en líder supremo del bandolerismo catalán; su banda llegó a tener más de cien hombres. Participó en los enfrentamientos de nyerros y cadells (dos facciones feudales), que venían de muy antiguo; se afilió a los primeros, contando así con la protección del de Ayer y del obispo de Bañolas. Cuando las cosas se ponían mal, como sucedió en 1630, por la persecución del virrey Enrique de Aragón y Folch, duque de Cardona y Segorbe, pasó a Francia con su amante Joana Massissa (en realidad no fue la única, se conocen los nombres de algunas más), cuya familia tenía notoria filiación cadell. La represión no se hizo esperar y afectó no sólo a su persona y bienes (a su esposa Margarita estuvieron a punto de confiscarle sus propiedades), sino a familiares, amigos y encubridores. Allí, en Francia, no le fueron las cosas bien, pues algunos señores le utilizaron para sus propios fines. En 1631, estando en el exilio, un miembro de la pequeña nobleza local denunció a las autoridades de Barcelona, por 900 libras, a alguno de los miembros de su partida, lo que supuso un duro golpe para la misma, que tras la detención, en Francia, de otros por Oliver de Gleu, de Durban y Bertrand de Pompadour, de la Orden de San Juan —vendidos a las autoridades españolas—, ya no pudo reconstituir.

Los virreyes Enrique de Aragón y Fernando de Austria —hermano éste del Monarca— decidieron terminar de una vez con este bandolero, al que ya nadie ayudaba. Le sorprendieron las tropas reales en una masía de Santa Coloma de Fernés (Gerona), por delación del heredero de la misma, el lunes 31 de octubre de 1633. Se produjo una refriega en la que resultó herido en la cabeza y capturado. Precisó de cuidados por parte de los cirujanos Antoni Bosca de Santa Coloma y, ya en Barcelona, Gregorio Bravo, durante cerca de dos meses. Tras un largo y algo confuso proceso, Serrallonga —que apenas hablaba castellano— fue sentenciado a la pena capital. Joana Massissa se defendió alegando haber sido retenida a la fuerza por el bandido, quedando en libertad. La ejecución tuvo lugar en Barcelona, con el escarnio y crueldad habituales: recibió entre cien y doscientos azotes, a su paso por las calles más céntricas, le fueron cortadas las orejas y, tras su decapitación, se le descuartizó. Su cabeza fue expuesta en una de las torres del Portal de Sant Antoni de esta ciudad.

Uno de sus hijos ejerció de sacerdote en Querós, en cuyo archivo parroquial dejó un Llibre des notes con noticias de su familia, que aún se conserva. Su casa natal —parte masía y parte fortaleza— ha sido restaurada, en las postrimerías del siglo xx, y destinada a ser Archivo General de Cataluña durante la Guerra Civil, siendo lugar de encuentro entre escritores e intelectuales.

La figura del famoso bandolero pasó del romance popular al teatro, El Catalán Serrallonga y bandos de Barcelona (c. 1640), escrita por Antonio Coello, Rojas Zorrilla y Vélez de Guevara; a la novela, Don Juan de Serrallonga o los bandoleros de las Guillerías y La bandera de la muerte (1859), de Víctor Balaguer; al intento de desmitificación de Joan Cortado, Proceso instituido contra Juan Sala y Serrallonga. Lladre de Pas (1868); posteriormente, al cinematógrafo, Don Juan de Serrallonga (1947), encarnado por el actor Amadeo Nazzari, dirigida por Ricardo Gascón, y a las más recientes y personales versiones de Jona Reglá y Juan Fuster, Serrallonga. Vida i mito del famós bandoler (1961); de Joan Mon i Pascual, La vida y la muerte del bandolero Serrallonga. Revisión de su proceso judicial (1972), o la obra teatral Alias Serrallonga (1974) de Els Joglars.

 

Fuentes y bibl.: Datos aportados por J. Florensa Jaumandreu y A. Bachs i Galí.

L. Alonso de Tejada, Gente de Trabuco, Barcelona, Bruguera, 1976; Gran Enciclopedia Catalana, Barcelona, Enciclopedia Catalana, 1988; A. Alcoberro, Pirates i bandolers als segles xvi i xvii, Barcelona, Barcanova, 1999 (Biblioteca Básica d’História de Catalunya, serie “Els temes”); diario Avui (Barcelona), 23 de noviembre de 1996.

 

Fernando Gómez del Val