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Ramona Antonia Ormazábal y Goicoechea

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Biografía

Ormazábal y Goicoechea, Ramona Antonia. Tolosa (Guipúzcoa), 31.VIII.1849 – Santander (Cantabria), 20.I.1920. Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl (HC), superiora local.

Sus padres fueron José Gregorio de Ormazábal, de profesión farmacéutico, y María Ángela de Goicoechea. A los diecinueve años ingresó en la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl el 18 de mayo de 1868. Después de un período de formación en el Real Noviciado de Madrid, fue destinada al Hospital de San Rafael de Santander el 6 de octubre de 1868, donde desarrolló toda su vida como Hija de la Caridad.

Funcionaban en este tiempo en el Hospital tres obras diversas: Casa Caridad, que acogía a las personas carentes de protección familiar, sobre todo niños y niñas; la Inclusa que admitía a hijos de padres desconocidos o abandonados por éstos y a huérfanos desamparados; y el Hospital para enfermos pobres de la ciudad. Las tres instituciones estaban ubicadas en el mismo edificio. En el año 1869 se hizo cargo de la dirección y administración de los tres establecimientos la Diputación Provincial de Santander, ante la imposibilidad del Ayuntamiento para afrontar los cuantiosos gastos de estas instituciones benéficas.

Debido a la preparación y cualidades personales de sor Ramona, pronto fue nombrada secretaria de la Fundación, y en 1888, superiora local de la Comunidad, cargo que desempeñó hasta su muerte. Sor Ramona llenó la historia del Hospital de San Rafael y de las Hijas de Caridad de San Vicente de Paúl en Santander. Luchó constantemente por mejorar y modernizar el establecimiento con el fin de que los enfermos y pobres pudieran estar mejor atendidos. Una de sus últimas obras fue la fundación de la Casa de Maternidad, en un terreno independiente del Hospital, que ella compró y donó a la Diputación de Santander para establecer allí la Inclusa y Maternidad. Se hizo así realidad en 1886 la separación de ambas instituciones del Hospital y se liberó a los niños del contacto más o menos directo con los heridos y enfermos. Éste había sido el deseo por el que habían luchado sor Ramona y la comunidad.

Aunque sor Ramona brilló por sus dotes de gobierno, su labor más ímproba fue la entrega caritativa, que se hizo más patente en los momentos de peste, catástrofes y guerras que afectaron a Santander en esos años. Tuvo una actitud y comportamiento destacados en episodios como la Tercera Guerra Carlista, o en su servicio a los enfermos del cólera en el año 1885, año trágico para Santander.

Asimismo, con motivo de la explosión del vapor Cabo Machichaco, el 3 de noviembre de 1893, que acabó con la vida de quinientos santanderinos y causó cientos de heridos graves, mostró estar a la altura de las circunstancias atendiendo a los damnificados.

En el año 1897 hubo un incremento considerable de ingresos en la sección militar del Hospital y es necesario habilitar nuevos espacios. Dicha sección acogió en este año a mil quinientos setenta soldados procedentes de Cuba. Algunos han de ser trasladados a otros hospitales. Un año después sor Ramona dio una vez más pruebas de su incansable caridad tras la repatriación de más de veintidós mil soldados heridos, enfermos, y apestados que llegaron a Santander. No sólo atendió a los enfermos en el Hospital, sino que montó otros hospitales provisionales: uno en el Cuartel de María Cristina, otro en el edificio de exposiciones y un tercero en los anexos de la Estufa de desinfección, donde fueron debidamente atendidos.

Cabe destacar, además, sus atenciones con los afectados de la gripe del año 1918. De nuevo el Hospital de San Rafael abrió sus puertas. Las Hijas de la Caridad y todo el personal del Hospital fueron en auxilio de los enfermos desafiando riesgos y peligros de contagio. Víctimas de éste murieron cuatro enfermeros y dos Hijas de la Caridad.

La Diputación de Santander, dadas la labor humanitaria y acción caritativa de sor Ramona, solicitó para ella la Gran Cruz de Beneficencia. Interesó en este asunto a Antonio Maura, entonces presidente del Consejo de Ministros, en un viaje que hizo a Santander, quien prometió activar su concesión a fin de que le fuera impuesta el día 8 de octubre, fecha en que se cumplían los cincuenta años de la llegada de sor Ramona al Hospital de San Rafael. El día 14 de septiembre de 1918, el rey Alfonso XIII expedía desde San Sebastián el siguiente Real Decreto: “De acuerdo con mi Consejo de Ministros y a propuesta del de la Gobernación con arreglo a los artículos 4.º y 8.º del Real Decreto del 29 de julio de 1910 vengo en conceder a Sor Ramona Ormazábal la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia con distintivo morado y blanco, por los relevantes actos de caridad, abnegación y altruismo que ha dedicado en pro de los enfermos y desvalidos durante el tiempo que ha desempeñado el cargo de Superiora del Hospital de San Rafael de la ciudad de Santander. Dado en San Sebastián, a 14 de septiembre de 1918.- Alfonso”.

El día acordado para la imposición fue el 8 de octubre del mismo año. Hubo que retrasarlo debido a que era éste el momento más álgido de la gripe; el Hospital se hallaba repleto de enfermos y había varias hermanas afectadas. El homenaje se realizó por fin el día 18 de enero de 1919. Los actos se celebraron en el Hospital de San Rafael. Murió el 20 de enero de 1920 y sus restos descansan en el Panteón de Hombres Ilustres de Santander; el hecho de ser mujer motivó el cambio de denominación del Panteón, que pasó a llamarse Panteón de Personas Ilustres.

 

Bibl.: J. M. Pereda, “Pachín González”, en Obras completas, Madrid, Aguilar, 1917, pág. 1361; J. del Río Sainz, “Religiosa condecorada”, en La Montaña, n.os 50 y 51, 2 de diciembre de 1918; Pick, “Religiosa condecorada”, en La Atalaya (Santander), 19 de septiembre de 1918; J. Sánchez (CM), “Imposición de la Gran Cruz de la Orden de Beneficencia a la Superiora del Hospital de Santander Sor Ramona Ormazábal”, en Anales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad (Madrid), t. XXVII (1919), págs. 227-241; F. Vázquez González, La medicina en Cantabria, Santander, Ed. Inst. Cultural de Cantabria, 1982, pág. 247; B. Madariaga, Memoria de uno a quien no pasó nada. Enrique Menéndez Pelayo, Santander, Colección Cabo Menor, 8, 1983, págs. 248-250; Redacción, “El Hospital de San Rafael de Santander”, en Revista Provincial (San Sebastián) (1990), págs. 79-106; P. Vargas, Historia de las Hijas de la Caridad de la Provincia Española, Madrid, 1996, págs. 779-782 (ed. restringida).

 

María Socorro Martín Vicente, HC