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Buenaventura Bueno

Biografía

Bueno, Buenaventura. Arequipa (Perú), 1768 – La Paz (Bolivia), 29.I.1810. Insurrecto.

Estudió en el colegio seminario de Arequipa, su ciudad natal, sobresaliendo en el estudio del latín al que consagró todos sus esfuerzos.

En 1790 fue nombrado alcalde interino de hermandad, cargo que ejerció hasta 1799. Pero su principal ocupación durante estos años fue la enseñanza del latín en el seminario y a jóvenes que estudiaban la carrera eclesiástica.

Bueno era partidario de las nuevas corrientes ideológicas que pretendían conseguir la emancipación de su patria, por lo que trabajó desde el principio con los que luchaban por tal causa, siendo uno de sus inspiradores junto con hombres como Catácora, Lanza, Medina y muchos otros.

No obstante, no participó en ninguna de las reuniones en las que se preparó el golpe al realismo empeñado en sostener la causa de Fernando VII en España, pero le fue asignada la representación del pueblo, por lo que trabajó con Catácora en los preparativos de la revuelta.

Buenaventura Bueno fue elegido representante del pueblo y llamado por orden de García Lanza para reunirse en casa del cura Antonio Medina (cura de Sicasica) con Catácora, Mercado, Patiño y Figueroa, con el fin de tratar de los asuntos trascendentales que tenían entre manos.

El 16 de julio de 1809 comienza la revolución en la ciudad de La Paz (entonces integrada en el virreinato de Río de la Plata), donde los revolucionarios tomaron el cuartel de veteranos y solicitaron un cabildo abierto y la destitución del gobernador intendente interino Tadeo Dávila y del obispo Remigio de la Santa y Ortega. Pedro Domingo Murillo asumió la comandancia de la plaza y Juan Pedro de Indaburu asumió el cargo de gobernador intendente.

El cabildo abierto formó una junta consultiva de gobierno formada por doce miembros denominada “Junta Tuitiva”. Bueno entró a formar parte de la misma como vocal.

La Junta escribió un plan de gobierno que contenía el programa más acabado de la nueva república, plan que fue firmado el 21 de julio y aprobado el 22.

Como miembro de la misma, a Bueno le fue asignado el Ministerio de Hacienda.

El 19 de julio de 1809, en su papel de representante del pueblo, se dirigió a éste alabando el nuevo orden de cosas que estaba por llegar y las ventajas para los intereses de su país.

Junto a Catácora y Gregorio Lanza, mandó la incineración de todos los papeles del fisco, incineración que fue autorizada por el Cabildo. Bueno solicitó a los beneficiarios que contribuyeran con su dinero al progreso de la causa revolucionaria, siendo el primero en renunciar a su cargo en la Junta Tuitiva, el 28 de septiembre de 1809.

Las intrigas de Goyeneche, que el 20 de septiembre se puso en marcha hacia La Paz, indujeron a Indaburu a traicionar la causa a la que se habían consagrado y a encabezar una contrarrevolución. Bueno, al tener conocimiento de este hecho, se dio a la fuga y se refugió en su finca de Coroico.

Permaneció en Unduavi y allí recibió la noticia de los fatales acontecimientos acaecidos en la ciudad: mientras la Junta Tuitiva organizaba la defensa de La Paz, el 25 de octubre de 1809 Goyeneche ocupó los altos de Chacaltaya y atacó la ciudad; el coronel Pedro Domingo Murillo fue acusado de traición por Indaburu y éste a su vez fue ejecutado por Antonio de Castro.

El mismo día se puso en marcha para regresar, acompañado del cura Medina, a Coroico. Una vez allí, encontraron en la plaza a Castro, quien les manifestó estar dispuesto a defender hasta el final la causa de la revolución.

Bueno movilizó a los pueblos indecisos y atemorizados por las excomuniones del obispo La Santa. Preocupado por la pérdida de los últimos defensores de la causa revolucionaria en Irupana bajo las órdenes de Castro, le pidió al cura de Coroico, Pedro Escobar, europeo realista, que enviara una carta de intercesión a Goyeneche. Pero éste había ordenado que capturasen a los insurrectos y así se hizo.

El 15 de noviembre de 1809 Bueno fue conducido al cuartel de Artillería y de ahí a la cárcel real. Prestó su declaración preventiva el 26 de diciembre y confesó el 8 de enero de 1810.

Bueno fue sentenciado a muerte junto con sus compañeros.

El 29 de enero de 1810 fueron ejecutados en la plaza pública. Bueno fue sepultado en el templo de Santo Domingo.

Su esposa e hijos quedaron en una desastrosa situación financiera a causa de la confiscación de bienes decretada por el general español Goyeneche.

 

Bibl.: N. Aranzaes, Diccionario Histórico del Departamento de la Paz, La Paz, La Prensa, 1915.

 

Patricia Areal Torres-Murciano