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Lorenzo de Oseira

Biografía

Oseira, Lorenzo de. ¿Toledo?, s. m. s. xii – Oseira (Orense), c. 1240. Monje y abad de Oseira y de Claraval, legado de la Santa Sede en Portugal.

Se cree que nació en Toledo, y hay indicios —no muy seguros— de que en su juventud practicó la nigromancia, pero impresionado ante la muerte súbita de un amigo entregado a ella, abandonó el mundo e ingresó en el Monasterio de Santa María de Oseira, donde llegó a ser uno de los abades de mayor esplendor. “Hecho ya monje —escribe Peralta— correspondió bien a las esperanzas con que fue admitido y a lo debido a vocación tan notable; y que mientras fue súbdito (y más después de prelado) lo austero de su vida, lo raro de su doctrina, lo profundo de su humildad y lo grande en todo del sujeto, movió a los monjes a elegirle por su padre y maestro, poniéndole en la dignidad abacial que la muerte había despojado a Dom García”.

Inició su gobierno en el año 1205, prolongándose casi por espacio de veinte años. Alfonso IX hizo al monasterio una dádiva espléndida de varias granjas especificadas en los documentos respectivos que hoy se conservan. Eran los años en que los monjes estaban empeñados en la construcción del templo, cuya estructura es de un románico de transición impecable. Necesitaban los monjes bienes suficientes para poder vivir y sufragar los gastos que imponía las obras. Lo mismo reyes que la nobleza, se esforzaron en ayudar al Monasterio. En 1207, hallándose el mismo Alfonso IX en Chantada, acudió dom Lorenzo a cumplimentarle y a la vez invitarle a visitar el Monasterio, cosa que aceptó, dejando gratos recuerdos económicos de su estancia. El viaje debió resultarle tan martirizante, que al marchar del Monasterio exclamó: “Locus horribilis”, aludiendo a lo escabroso del lugar.

Hay dos hechos que encumbran la celebridad de fray Lorenzo sobre los personajes más destacados de la Orden. El primero, haber sido elegido para ejercer una misión importante en Portugal. Al morir Sancho I, dejó en el testamento varias plazas a sus hijas las princesas Teresa y Sancha, pero Alfonso II, que le sucedió, trató de impedir por todos los medios que las poseyeran, a pesar del juramento hecho ante su padre. Ellas recurrieron al Papa, quien nombró una comisión de prelados para resolver el conflicto, no logrando que el Monarca desistiera de incorporarlas a la Corona, a pesar de las censuras impuestas. Las princesas, viéndose desamparadas, recurrieron nuevamente a Roma, y entonces se nombró una nueva comisión, compuesta por los abades de La Espina y de Oseira, los cuales llevaron a cabo la gestión del conflicto, logrando que el Rey portugués diera a sus hermanas las posesiones que les había dado su padre al morir, y que él se había comprometido a hacerlo. Se cree que este trato íntimo con las princesas, las inclinó a ambas hacia la vida cisterciense, pues Teresa al verse separada de su marido Alfonso IX de León —a causa de haber contraído matrimonio sin la dispensa necesaria— a pesar de hallarse en sus veinte años, ya no volvió a contraer matrimonio, sino que ingresó en el Císter; lo mismo que su hermana Sancha en otro monasterio que ella había reformado.

El segundo hecho, de índole bien distinta, fue el ascenso que le sublimó al puesto de abad de Claraval, la primera abadía que tenía la Orden, fundada por san Bernardo. Sintetizada la noticia tal como la trasmite Peralta, el autor más antiguo del Monasterio, era el año 1223 cuando se encontró con lo que no esperaba: “Memorable fue este año a los nuestros, pues en el principio de él faltó el Padre universal de todos San Gualtero, vigésimo abad de Císter, y de allí a pocos días (a 14 de março) Roberto, segundo en el nombre y en la dignidad de abad de Claraval el terciodécimo. Cuidadosos los electores de darle sucesor, que dignamente ocupase puesto tanto, le vinieron a hallar en lo último de España. Así que juntos los abades que reconocían a Claraval por Madre, los bocales de aquel ilustre Santuario, (número sin número, si así se puede decir), presidiendo a todos el nuevo electo de Císter, fue elegido y nombrado por sucesor de San Bernardo en aquella silla nuestro Don Lorenzo Elección rara antes ni después nunca vista en Español en aquella casa, ni en ninguna de las cuatro patriarcales. Tal era la opinión de la Santidad y doctrina con que se había hecho celebrar en toda Europa”.

A los dos años, poco más o menos, renunció al cargo y regresó de nuevo a su Monasterio de Oseira, donde continuó hasta su muerte. En la documentación de estos años posteriores a su regreso, firma en latín: “Lorenzo, en otro tiempo abad de Oseira y de Claraval”.

 

Bibl.: T. de Peralta, Fundación, antigüedad y progresos del Monasterio de Santa María de Oseira, Madrid, 1677, cap. V, págs. 74 y ss.; D. Yáñez Neira, “Dom Lorenzo, abad de Osera y Claraval”, en Anales Toledanos, X (1974), págs. 153-183; L. Ferreiro Alamparte, “Historia del clérigo nigromante que, amonestado por su amigo muerto, dejó la nigromancia y se hizo monje. Su pretendida identificación con el abad D. Lorenzo de Osera, en la rev”, en Cuadernos de Estudios Gallegos, XLVIII (1981), págs. 407-426; D. Yáñez Neira, El Monasterio de Oseira, Cincuenta años de restauración, León, Everest, 1988, pág. 16; “El monasterio de Oseira, cumplió ochocientos cincuenta años”, en Archivos Leoneses, 85-86 (1989), págs. 163-165; M. Romaní Martínez, “El abadiazgo de Lorenzo I (1205-VII-24) (1223-VII)”, en El Monasterio de Santa María de Oseira, Santiago de Compostela, Xunta de Galicia, 1989, págs. 73-113; D. Yáñez Neira, El Monasterio de Oseira, Historia y Arte, León, Editorial Edilesa, 1996, pág. 41.

 

Damián Yáñez Neira, OCSO