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Alonso de Idiáquez y Butrón-Múgica

Biografía

Idiáquez y Butrón-Múgica, Alonso de. Duque de Ciudad Real (I), en el Reino de Nápoles. San Sebastián (Guipúzcoa), 14.II.1565 – Milán (Italia), 27.IX.1618. Consejero de Guerra y del Secreto, virrey de Navarra y capitán general de Guipúzcoa.

Hijo único y heredero de Juan de Idiáquez, comendador mayor de León, secretario y consejero de los reyes Felipe II y Felipe III, y de Mencía Manrique Butrón y Múgica, vecinos de San Sebastián, y nieto por línea paterna del secretario real Alonso de Idiáquez y de Gracia de Olazábal, y por materna de Gómez González de Butrón y Múgica, señor de Aramayona, y de Luisa Manrique. Fue su único hijo Juan Alonso de Idiáquez y Robles, gobernador y capitán general de Guipúzcoa, quien, nacido en 1597, heredó gran parte de los títulos y cargos de su padre.

Desde muy joven mostró gran inclinación hacia el servicio militar y fue destacado tempranamente por sus coetáneos el valor que mostró repetidamente en los hechos de armas. Fue investido en noviembre de 1583 caballero de la Orden de Santiago por merced real con tan sólo dieciocho años, gozando ya del título de comendador de Vitoria. Participó ese mismo año, a pesar de su juventud y contando con la noble ascendencia que adornaba su persona, en la conquista de la isla Tercera (en las Azores) en primera línea, bajo el mando del marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán. Éste fue uno de los últimos focos de resistencia en el reino de Portugal a la anexión de este territorio a la Corona hispana. Junto a su pariente Juan Martínez de Recalde, Bazán le encargó de la protección de los conventos ante posibles saqueos.

Tras un breve paréntesis en su actividad militar, acompañó desde Barcelona a la duquesa de Saboya, la infanta Cristina, a su ducado, en un intento paterno de acercar a su hijo Alonso de Idiáquez a los ambientes cortesanos. Sin embargo, cansado de la ociosidad de este escenario, al poco tiempo se dirigió desde Saboya hasta Flandes, donde tomó parte en 1586, junto a Alejandro Farnesio, en las guerras contra los rebeldes flamencos. Rechazó en esta ocasión el cargo de capitán de cien caballos en el cerco de Ostende que le ofrecía Alejandro Farnesio, por no haber acumulado, en su opinión, méritos suficientes para desempeñar tal distinción, combatiendo con el grado de capitán de arcabuceros de la Infantería española. Debido a la inclinación militar de su vástago, Juan de Idiáquez preparó para él unas precisas instrucciones en las que regulaba el comportamiento del que debía hacer gala en las jornadas de Flandes, marcadas por el deseo de que se gobernara con honra. Estos avisos o preceptos a modo de pedagogía literaria familiar serían adoptados por otros ilustres próceres en años y décadas sucesivas.

En 1588 se embarcó en la trágica jornada de la Armada Invencible. Tras este fracaso, volvió a guerrear a Flandes, nuevamente junto a Alejandro Farnesio, destacándose en este caso en el asedio a la plaza costera de Bergas. Como consecuencia de su participación en la vanguardia del asalto, resultó herido y casi pereció ahogado en los pantanos que rodeaban esta plaza, de donde tuvo que ser rescatado por dos soldados de su compañía. Dos semanas más tarde, se reincorporó con notable ardor a las escaramuzas de este frente, tomando tres estandartes de caballería a las tropas enemigas, y encabezando las compañías que hasta la fecha mandaba el capitán Sancho de Leiba, que había caído en desgracia durante el asalto anterior.

Gracias a su valor y a la ascendencia política que en la Corte representaba su padre, Juan de Idiáquez, a principios de 1590 fue nombrado miembro del Consejo de Guerra, a la temprana edad de veinticinco años.

Este mismo año se le hizo además merced del cargo de maestre de campo. A pesar de los requerimientos que le hizo el rey Felipe II para que instruyera a su hijo en las labores de la Secretaría Real, continuando con su labor, Juan de Idiáquez era, ante todo, un hombre de armas, carrera en la que se labró una gran reputación.

No obstante, parece ser que en los últimos años del reinado de Felipe II fue nombrado secretario de Estado, ya que con esta calidad despachó junto a este Monarca los asuntos concernientes a Flandes.

Se había casado un año antes en este territorio (1589) con Juana de Robles, hija de Gaspar de Robles, comendador de Horcajo, caballero de la Orden de Santiago, capitán de la gente de armas de los Países Bajos y gobernador de Frisia, y de Juana de San Quintín, señora de la baronía de Velli en Artois.

Con ocasión de los duros combates que hubo a lo largo de 1590 en el ataque a la plaza de Corbeil en Francia, nuevamente se distinguió en la vanguardia de las tropas que entraron en esta villa, siendo el primero de los hombres que puso pie en su batería, tomando una bandera enemiga. En esta conquista fue herido de una pedrada y de un arcabuzazo. Alejandro Farnesio le comisionó entonces para que tornara a España e informara al Rey de los pormenores de esta campaña. Tras esta misión, volvió junto a Farnesio, con quien tomó parte en un buen número de los movimientos militares de las tropas españolas en Francia entre 1591 y 1593. Al ser Alonso de Idiáquez hombre de confianza de Alejandro Farnesio, éste le ordenaría regresar a la Corte en busca del dinero necesario para continuar la contienda.

El 31 de agosto de 1592 recibió la encomienda de Villoria de la Orden de Santiago, que antes había disfrutado su abuelo, el secretario real Alonso de Idiáquez.

En estas fechas había luchado junto al coronel Mondragón en los Países Bajos como soldado particular con una pica, a pesar de ser maestre de campo.

Durante el intento de alteración de las tropas españolas en la isla de Bommel (Holanda), actuó con celeridad y gran peligro de su vida llevando recados de los mandos de una parte a otra, intentado aquietar el descontento.

A principios de 1593, su grado militar aumentó con la concesión de los títulos de general de la Caballería en Francia y de capitán general del estado de Milán, precisamente como gratificación a sus destacados méritos en los episodios bélicos en estas tierras.

En la batalla de Fontaine-Française, que tuvo lugar en 1595, fue hecho prisionero tras batirse contra fuerzas muy superiores en número, al caer de su caballo herido en un río e intentar defender los estandartes del Rey. Para su redención se pagó en breve tiempo un rescate de 20.000 escudos, reingresando entonces nuevamente en el servicio del Rey. Durante el tiempo de su reclusión, el rey de Francia, Enrique IV, informado de sus antecedentes y de su noble ascendencia, tuvo ciertas consideraciones hacia su persona, y así por ejemplo, le permitió oír misa en la capilla real, además de facilitar su rescate. Su valerosa participación en este suceso le sirvió para alcanzar el grado de general de Caballería.

En 7 de diciembre de 1606 se le otorgó el título de conde de Aramayona, valle en tierras de Álava del que ya era señor, en agradecimiento a sus méritos militares en Flandes, Francia, Italia y otros lugares, pero también como recompensa por la dedicación y buenos oficios mostrados por su padre, Juan de Idiáquez, en los largos años de servicio a la Corona. Al poco tiempo, además, por concesión del rey Felipe III, obtuvo el de conde de Biandrina y Barrica en Italia.

Alcanzó el cargo de virrey y capitán general del reino de Navarra en 1610, sustituyendo a Juan Cardona y Requesens, y ocupó este puesto hasta su muerte. Este cargo lo desempeñó junto a la capitanía general de Guipúzcoa, territorio fronterizo a Navarra, razón por la cual ambos solían compartirse.

El 12 de diciembre de 1613 fue recompensado con el título de duque de Ciudad Real en los Abruzzos (Italia) en honor de su contrastado valor militar y de su prudencia en el gobierno de los territorios que tenía bajo su mando (virreinato de Navarra).

Heredó, a la muerte de su padre, Juan de Idiáquez (1614), el prebostazgo de la villa de Bilbao, concedido durante tres vidas a su progenitor, y los patronazgos de varias iglesias en Guipúzcoa (Oiquina, Cestona, Aizarna y Aizarnazábal). Al igual que aquél, fue escribano fiel y secretario de las juntas generales de Guipúzcoa y comendador mayor de León en sucesión paterna, por nombramiento real, a lo largo de 1616 y 1617.

Asimismo, sucedió, a la muerte de su tío Antonio Gómez de Butrón y Múgica, en la posesión de la casa nobiliaria Butrón-Múgica en Vizcaya. A pesar de los títulos y mercedes obtenidas, su situación económica no parece que fuera demasiado boyante, pues los mismos cargos y honores recibidos obligaban al gasto de sumas considerables, como sucedía, por ejemplo, cuando debía atender a las personas reales que se encontraban de paso por Guipúzcoa, circunstancia que requería una serie de agasajos y acondicionamiento de casas y palacios, acorde con la calidad de los visitantes.

Murió por fiebres altas en Milán el 27 de septiembre de 1618, estado del que era a la sazón maestre de campo general y castellano de su castillo.

 

Fuentes y bibl.: Biblioteca Nacional de España, mss. 10857-10867.

J. C. Guerra, “Ilustraciones genealógicas de linajes bascongados contenidos en las Grandezas de España”, en Revista del Instituto de Estudios Vascos (RIEV), 4.3 (1910), págs. 54-58; J. C. Guerra, Ensayo de un padrón histórico de Guipúzcoa, San Sebastián, Imprenta de la Primitiva Casa Baroja, 1928, pág. 273; F. Pérez-Mínguez, “D. Juan de Idiáquez: embajador y consejero de Felipe II”, en RIEV, 22.4 (1931), págs. 595- 598 [25.1 (1934), págs. 169-189]; M. Lambert-Gorges, Basques et navarrais dans l’ordre de Santiago (1580-1620), Paris, Centre national de la recherche scientifique, 1985, pág. 169.

 

Juan Carlos Mora Afán