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Valentín Cañedo Miranda

Biografía

Cañedo Miranda, Valentín. Oviedo (Asturias), 14.II.1806 – Madrid, 1.VIII.1856. Militar, teniente general, gobernador, gentilhombre de Cámara.

Fueron sus padres Nicolás Cañedo y Ramona Mi­randa. En 1825 se le concedió el ingreso en la Guar­dia Real de Infantería con el empleo de alférez, pres­tando servicio de guarnición en ese año en la plaza de Alcalá de Henares, al siguiente en el Palacio Real de Madrid y en los Reales Sitios de Aranjuez y La Granja, y a partir de 1827 en la Corte.

En el mes de abril de 1828 marchó con su eegi­miento a Barcelona, donde guarneció el castillo de Montjuich y la Ciudadela, encomendándosele al año siguiente la protección de la plaza de Seo de Urgel ante el peligro de que sufriese ataques de grupos revolucionarios.

En 1830 regresó a Madrid, volviendo a prestar ser­vicio en los Reales Sitios y alcanzando por antigüedad en ese mismo año el empleo de teniente del 4.º Re­gimiento. En esta situación permaneció hasta que en el mes de octubre de 1833 partió hacia las Provincias Vascongadas para tomar parte en la Primera Guerra Carlista.

En 1834 participó en numerosas acciones contra el enemigo: defendió Guernica (Vizcaya), combatió a continuación en la provincia de Navarra en Alsasua contra fuerzas que triplicaban a las suyas, rechazó a Zumalacárregui en Muez y destacó por su valor en Olazagoitia y en el puerto de Artaza, contribuyendo a obligar a los carlistas a abandonar sus posiciones en Muculuberri. Peleó más tarde en Zúñiga, Orbiso y Mendaza, acción esta última en la que cayó herido, y que tuvo lugar el 12 de diciembre, lo que no le impedintervenir tres días más tarde en la batalla del puente de Arquijas desempeñando el cargo de ayudante de órdenes del barón de Meer. En el mes de septiembre había sido nombrado ayudante de su batallón.

En enero del año siguiente, siendo ayudante de la brigada al mando del coronel Alaix, vio recompen­sado su valor con una Cruz de San Fernando de 1.ª clase ganada en la acción de Orbiso (Álava), en la que se enfrentó contra fuerzas mandadas por Zumalacárregui, con las que un mes más tarde volvió a luchar en el puente de Arquijas. En el mes de mayo combatió en el valle del Baztán, y se halló en las ac­ciones de Urdax y del puerto de Elzaburu. En julio formó parte de las tropas que participaron en el levantamiento del sitio de Bilbao, luchó días más tarde en la provincia de Navarra en la batalla de Mendigorría y en el mes de septiembre en la acción de Los Arcos, en la que el gran valor que demostró hizo que se le abriese juicio contradictorio para la Cruz Laureada de San Fernando, que no le fue concedida. Tras com­batir en el mes de octubre en la provincia de Álava en las acciones del castillo de Guevara y de la venta de Echevarría, regresó a Madrid.

En febrero de 1836 se hallaba de nuevo en los cam­pos de batalla, formando parte del Ejército del Cen­tro, y desempeñando las funciones de jefe de Estado Mayor en la acción que se libró en Trillo (Guada­lajara) contra las fuerzas de Batanero. Su destacada intervención fue premiada con la Cruz de Isabel la Católica. Siguió en la provincia de Guadalajara, lu­chando en el mismo mes en Tierzo y combatiendo en el mes de mayo en la provincia de Valencia en la acción de Ademuz, haciéndolo en junio en La Pobleta (Castellón), donde al mando de la columna de Caza­dores de su División desalojó la población y persiguió a Cabrera. Ascendido a capitán, se incorporó en Ma­drid al 3.er Regimiento de la Guardia Real.

En 1837, volvió a combatir en las Provincias Vas­congadas, y en febrero fue nombrado jefe de Estado Mayor de la División de la Guardia Real. En la acción de Zornoza (Vizcaya), en el mes de febrero, ganó el grado de teniente coronel y el 1 de junio en Lecum­berri (Navarra) el empleo de primer comandante por méritos de guerra, al haber tomado el pueblo al frente de las Compañías de Cazadores y desalojado al ene­migo de varias posiciones. Seguidamente participó en la persecución a la Expedición Real, que había par­tido en el mes de mayo de Estella, a la que se en­frentó en Orihuela del Tremedal (Teruel) y Aranzue­que (Guadalajara). A continuación, se le encomendó el mando de un convoy que debía escoltar y conducir desde Guadalajara a Miranda de Ebro, pero a su paso por La Cabrera (Madrid) se sublevó parte de sus tro­pas y se atentó contra su vida. Consiguió sofocar la rebelión y fue por ello recompensado con el empleo de teniente coronel.

En el mes de febrero de 1838 pasó al Cuerpo de Es­tado Mayor con su empleo de teniente coronel y par­ticipó seguidamente en diversas operaciones en el va­lle de Mena y en la provincia de Logroño, entre ellas en el levantamiento de los sitios puestos a Villanueva y Viana y en los encuentros de Arrabal y Agoncillo. En el mes de junio intervino en las operaciones para la conquista de la plaza de Peñacerrada (Álava), conside­rada la llave de las Vascongadas, atacando y tomando el fuerte de Ulizarra y comportándose con gran valen­tía en la batalla de Baroja, durante la que recibió di­versas contusiones de lanza y sable al cargar en cabeza de la caballería. Sobre el mismo campo de batalla se le concedió el empleo de coronel de Infantería por mé­ritos de guerra. En septiembre tomó parte en las ope­raciones del sitio puesto a la plaza de Estella.

En los meses de abril y mayo de 1839 estuvo pre­sente en muchas de las acciones que se llevaron a cabo durante el sitio y toma de los fuertes de Ramales y Guardamino, en la provincia de Santander. Com­batió en agosto en la acción de Villarreal de Álava y participó seguidamente en la rendición de la plaza de Estella, para terminar el año desempeñando el cargo de jefe de Estado Mayor del Ejército del Norte. Tras la firma del Convenio de Bergara fue encargado de la disolución del ejército carlista vasco-navarro.

En enero de 1840 fue ascendido a coronel del Cuerpo de Estado Mayor. En el mes de junio asistió a las operaciones que contra Balmaseda tuvieron lu­gar en los pinares de Soria y en las provincias de Bur­gos, La Rioja, Álava y Navarra, hasta su expulsión a Francia, ganando con ocasión de su intervención en las acciones de Barbadillo (Burgos), Zalduendo (Bur­gos), Salinas de Oro (Navarra) y Munárriz (Navarra) el empleo de brigadier de Infantería.

Terminada la guerra permaneció en Pamplona, efectuó salidas para restablecer la paz en la zona y des­empeñó diversas comisiones en Francia. En el mes de septiembre de 1841 fue destinado a Extremadura como jefe de Estado Mayor de aquel distrito, y en enero de 1843 pasó a desempeñar el mismo cargo en el distrito de Burgos. Habiéndose adherido al levanta­miento contra Espartero, contribuyó al frente de una brigada a restablecer la tranquilidad en Extremadura, y en el mes de agosto fue nombrado segundo cabo de dicho distrito. Un mes más tarde pasó a ocupar el mismo puesto en Aragón y seguidamente fue ascen­dido a mariscal de campo, dirigiendo como capitán general interino el bloqueo a la plaza de Zaragoza, sublevada por los progresistas, valiéndole su enérgica actuación la concesión de la Gran Cruz de Isabel la Católica. Sustituido por el general De la Concha en el mando del distrito, fue nombrado segundo jefe del ejército sitiador, penetrando en Zaragoza el 28 de oc­tubre, una vez firmada la capitulación.

Tras haber desempeñado el cargo de segundo cabo en el distrito de Burgos, en mayo de 1844 fue nom­brado gobernador y comandante militar de la plaza y provincia de Cádiz, consiguiendo mantener en ellas la tranquilidad a pesar de las sublevaciones que habían estallado en La Rioja y en los valles de Hecho y Ansó.

A finales de 1845 se le encomendó la Capitanía Ge­neral de Aragón, a cuyo frente evitó que en el mes de octubre siguiente tuviese éxito el movimiento revolu­cionario que había estallado en Zaragoza, siendo re­compensadas sus acertadas medidas con la Gran Cruz de San Fernando.

Para impedir que se extendiese a Aragón la guerra comenzada por los carlistas en Cataluña, organizó en 1847 diversas columnas que recorrieron el distrito ocupando los puntos más estratégicos, evitando así la propagación del conflicto. En el mes de julio fue nombrado capitán general de Galicia, y durante su mandato consiguió que no triunfasen conspiracio­nes y movimientos revolucionarios y expulsando de aquellos territorios, a partidas montemolinistas que habían penetrado en ellos.

Ascendido a teniente general en 1849, los años si­guientes desempeñó los cargos de capitán general de Valencia (1851) y de Castilla la Nueva (1852), ha­ciéndose cargo el 2 de febrero del mando de las tro­pas que deberían cubrir el camino hasta la basílica de Atocha, a la que iba a acudir Isabel II para presentar a la recién nacida princesa de Asturias, durante cuya preparación sufrió la Reina un atentado, actuando el general Cañedo en aquellos delicados momentos con gran energía y oportunidad.

En marzo de 1852 fue nombrado capitán general de la isla de Cuba, desplegando a su llegada todos sus esfuerzos para hacer fracasar los intentos de insurrec­ción y el desembarco de nuevas expediciones como la dirigida dos años antes por el general Narciso López. Logró así que la paz reinase durante su mandato, al tiempo que mejoraba los acuartelamientos y las con­diciones de vida de las tropas.

En diciembre de 1853 fue reemplazado en el mando, regresando a la Península y pasando a la si­tuación de cuartel en Madrid. Al producirse el alza­miento militar de julio de 1854 se le ofreció la Ca­pitanía General de Castilla la Nueva, pero no quiso aceptar el cargo.

Durante su vida recibió, entre otras condecoracio­nes, las grandes cruces de Isabel la Católica (1843) y de San Fernando (1846). Fue gentilhombre de Cá­mara de Su Majestad (1852) y miembro de las Reales Academias de Ciencias Exactas y Naturales de Sevilla y de la de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza.

Estuvo casado con Antonia de la Quintana y de Al­marza.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar (Segovia), Secc. 1.ª, leg. C-1069, Exp. personal de Valentín Cañedo Miranda.P. Chamorro, Estado Mayor General del Ejército español, Madrid, Imprenta de T. Fortanet, 1850-1858.

 

JoLuis Isabel Sánchez