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Francisco Marín Solá

Biografía

Marín Sola, Francisco. Cárcar (Navarra), 22.XI.1873 – Manila (Islas Filipinas), 5.VI.1932. Teólogo, dominico (OP).

Realizó los primeros estudios en su tierra. Con trece años se presentó en el convento-colegio de Santo Domingo de Ocaña. Iba bien preparado y ya sabía latín perfectamente. Estudió el primer curso de Filosofía antes de tomar el hábito el 9 de diciembre de 1888.

Al año siguiente hizo la profesión religiosa. De 1892 a 1897 estudió Teología en el convento de Santo Tomás de Ávila. Era diácono cuando embarcó para Manila en julio de 1897. Allí terminó Teología y se ordenó sacerdote en septiembre del mismo año. Encontrándose enfermo, fue enviado por los médicos, a principios de 1898, a la provincia de Cagayán, donde aprendió rápidamente la lengua ibanag. En agosto del mismo año cayó prisionero de los rebeldes igorrotes que le retuvieron cautivo durante dieciséis meses.

Liberado, volvió a Manila el 1 de enero de 1900. A principios de 1902 dio clases en el colegio de Letrán y formó parte de la redacción del diario Libertas. En julio de 1904 enseñaba Filosofía en la Universidad de Santo Tomás de Manila. En 1906 fue enviado al convento de Santo Tomás de Ávila donde enseñó Lugares Teológicos y después Sagrada Escritura. En agosto de 1908 volvió a Manila y en marzo de 1910 obtuvo el doctorado en Teología. Ese mismo año volvió a Ávila y a últimos de 1911 se embarcó para Estados Unidos.

Enseñó Filosofía en la Universidad de Notre Dame.

Después dio clase de Teología Dogmática en la casa de estudios que la provincia del Rosario tenía en Rosaryville (Luisiana). Fue secretario de la comisión que formaron todos los obispos de la provincia eclesiástica de Nueva Orleans para revisar en secreto, por orden de Roma, el nuevo código de Derecho Canónico propuesto por san Pío X. Consta que sesenta y tres cánones redactados por el padre Marín fueron incluidos textualmente en el nuevo Código.

El padre maestro de la Orden, Luis Theissling, designó al padre Marín para ocupar la cátedra de Teología de la Universidad de Friburgo. Tomó posesión el día 30 de enero de 1919. En el campo de la Teología fue donde destacó el padre Marín. En 1911 ya había empezado a publicar en La Ciencia Tomista artículos sobre la denominación: la homogeneidad del dogma católico, que serán la base de su gran obra: La evolución homogénea del dogma católico. Antes de concluirlos empezaron a suscitar interés en unos e inquietud en otros teólogos. Poco a poco fue refutando las objeciones y dificultades que le planteaban. Encontró mayor oposición aún a sus ideas cuando comenzó a escribir sobre la moción divina. Sus mayores adversarios eran dominicos como él. Muchos admiradores le aconsejaron que sobre este tema se dedicase a exponer su pensamiento y que no hiciera caso de las objeciones. En uno de sus artículos de defensa llegó a escribir que los sistemas o escuelas de pensamiento si no quieren morir deben permanecer unidas en lo sustancial y progresar y renovarse en cuanto a lo accidental.

Sus opiniones encajan en el tomismo más genuino.

Se ha hablado de él como un auténtico revolucionario en el campo teológico, y lo era en el mejor sentido de la palabra. Hacía su teología basándose en las enseñanzas de la Iglesia y en la Escuela Tomista Clásica.

En su obra La evolución homogénea del dogma católico aporta luz al hecho histórico del progreso dogmático y rebate la solución dada al problema por los modernistas.

El padre Marín Sola defiende la inmutabilidad del dogma católico, pero también la evolución homogénea del mismo. Propone en su obra la doctrina de la conclusión teológica deducida del virtual revelado, un virtual que ha de ser metafísicamente inclusivo.

Porque si la conclusión es deducida de una premisa mayor revelada mediante una menor de razón incluida metafísicamente en la mayor, la conclusión obtenida no es algo objetivamente nuevo, sino un aspecto nuevo de la misma realidad revelada en la premisa mayor y, por consiguiente, algo revelado por Dios. Pero no por eso la conclusión así deducida pertenece a la fe. Podrá llegar a serlo si así lo decide el magisterio de la Iglesia. De ahí se deduce que mediante la conclusión teológica puede llegarse, y así ha sucedido, al progreso dogmático, como lo prueba la historia de los dogmas, sin que ese progreso sea transformista.

El año 1927 el general de la Orden, padre Buenaventura García de Paredes, de su misma provincia del Rosario, le obligó a renunciar a la cátedra de Friburgo por defender tesis teológicas que algunos profesores del Angélico de Roma interpretaban como incompatibles con la doctrina tradicional tomista, especialmente en el tema de la moción divina. Había sido nombrado por el Consejo de Estado de Friburgo profesor ordinario de la Universidad por otros diez años, a partir del 1 de octubre de 1925. El padre Marín Sola aceptó humildemente la decisión de su superior.

El ministro suizo hizo llegar en una carta al maestro general de la Orden el disgusto y las quejas de la Universidad de Friburgo y las suyas propias. Se retiró al convento de Santo Domingo de Ocaña. A últimos de 1928 fue enviado a Manila y luego nombrado catedrático de Teología Dogmática de la Universidad de Santo Tomás. Víctima de los sufrimientos morales pasados en los últimos años y de la enfermedad física, murió el 5 de junio de 1932.

 

Obras de ~: La evolución homogénea del dogma católico, Valencia, Biblioteca de Tomistas Españoles, 1923 (ed. fr. aum. por ~, Friburgo, 1924; ed. esp. adicionada, Madrid, La Editorial Católica, 1952 [Biblioteca de Autores Españoles, vol. 84]; trad. al ing. por A. Piñon, Manila, 1988); “El sistema tomista sobre la moción divina”, en La Ciencia Tomista (CT) (julioagosto de 1925), págs. 5-55; “Respuesta a algunas objeciones acerca del sistema tomista sobre la moción divina”, en CT (enero-febrero de 1926), págs. 5-74; “Nuevas objeciones acerca del sistema tomista sobre la moción divina”, en CT (mayo-junio de 1926), págs. 321-397; Concordia tomista entre la moción divina y la libertad humana, s. f. (Convento de Santo Domingo, Manila, mss. 652, 657 y 615).

 

Bibl.: E. Sauras, “Introducción”, en F. Marín Sola, Evolución [...], op. cit., 1952, págs. 3-127; C. Pozo, La teoría del progreso dogmático en los teólogos de la escuela de Salamanca, Madrid, Instituto Francisco Suárez, 1959; M. Velasco, Ensayo de Bibliografía de la Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas, vol. IV, Manila, Colegio de Santo Tomás, 1960, págs. 87-117; V. Vicente, “De la prisión a las aulas universitarias”, en Phippiniana Sacra (enero-abril de 1966), págs. 320-346; A. Rodríguez Bachiller, “La evolución tomista sobre la moción divina según Marín Sola”, en Escritos del Vedat, vol. 2 (1972), págs. 145-183; V. Vicente, “Marín Sola, Francisco”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. III, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1973, págs. 1420-1421; C. García Extremeño, “Marín Sola, Francisco”, en VV. AA., Gran Enciclopedia Rialp, vol. XV, Madrid, Rialp, 1973, págs. 131-132 (http://www.canalsocial.net/enciclopedia/enciclopedia.asp); “El sentido de la fe en la Teología del progreso dogmático de F. Marín Sola”, en Studium, 31, fasc. 2 (1991), págs. 199-243; V. Fueyo Fernández, “El P. Francisco Marín Sola. Algunos rasgos de su fisonomía intelectual”, en Teología Espiritual, 37 (enero-abril de 1993), págs. 49-73; E. Forment Giralt, Historia de la filosofía tomista en la España Contemporánea, Madrid, Encuentro, 1998, págs. 205-259; H. Ocio y E. Neira, Misioneros Dominicos en el Extremo Oriente, vol. II, Manila, Life Today Editions, 2000, págs. 311-312.

 

Teodoro González García, OP