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Mariano Avellana Lasierra

Biografía

Avellana Lasierra, Mariano. Almudévar (Huesca), 18.IV.1844 – Carrizal Alto (Chile), 14.V.1904. Misionero claretiano (CMF), apóstol de Chile.

Nació en el seno de una familia sencilla y modesta, profundamente cristiana, en el pueblo de Almudévar, provincia y diócesis de Huesca. Estudió Humanidades en la ciudad de Huesca y cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano. Recibió la ordenación sacerdotal también en Huesca, precisamente el 19 de septiembre de 1868, día de la proclamación de la Revolución Septembrina. Clausurado el seminario y expulsado el obispo, tuvo que completar sus estudios yendo a casa de alguno de sus profesores.

Siguiendo el llamamiento de Dios, ingresó el 11 de septiembre de 1870 en el noviciado de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, en la ciudad francesa de Prades donde se habían refugiado expulsados por la Revolución. El 25 de septiembre de 1871 hizo su profesión religiosa. Poco después fue trasladado a la cercana ciudad francesa de Thuir.

El 30 de junio de 1873 fue destinado a Santiago de Chile. Llegó el 11 de septiembre. Tenía veintinueve años. No volvería a España. Vivió en Chile los treinta años restantes de su vida. “Chile es mi segunda patria”, repetía. Fiel a la consigna de su vida: “o santo o muerto”, comenzó inmediatamente sus tareas misioneras. Es, sin duda, el más grande misionero en Chile en el siglo XIX. Durante los treinta años de su ministerio recorrió a pie y a caballo todo Chile, desde Arica hasta la Araucanía. Es el gran apóstol, sobre todo, del Norte de Chile. Más de setecientas misiones quedan registradas con todo detalle en las crónicas de la congregación Claretiana.

A todos se extendía su afán misionero, sin excluir a nadie, pero sus predilectos eran los más pobres y necesitados, y entre todos, como una santa obsesión, los enfermos y los encarcelados. Bien pronto, tanto el pueblo sencillo como los obispos, sacerdotes, sus hermanos los misioneros y cuantos le trataron comenzaron a llamarle familiarmente “el santo padre Mariano”. Y no sólo ellos, sino también la misma prensa. Un testimonio bien significativo: el 13 de enero de 1903 se inauguraba la casa misión de los Claretianos en Coquimbo. A ella fue destinado —su último destino— el padre Mariano. Presidió el obispo de La Serena. Al día siguiente el periódico El Comercio de La Serena, al narrar las solemnidades de la toma de posesión, decía: “Sí, reos de la cárcel de Coquimbo; ayer mismo, terminadas las fiestas, ya pudisteis oír la voz del santo padre Mariano (tal es el nombre con que se le conoce y apellida desde Antofagasta hasta el archipiélago) a quien desde ahora tendréis cotidianamente en vuestra compañía para llevar el consuelo y la conformidad a vuestros corazones; enfermos del Hospital, a cada momento estará el santo padre Mariano a vuestra cabecera para derramar el bálsamo del consuelo sobre vuestras almas, enjugar vuestras almas, calmar vuestros dolores y tranquilizar vuestras conciencias”.

El gran misionero murió misionando. Enfermó gravemente en Cerro Blanco y fue trasladado al hospital de Carrizal Alto donde falleció el 14 de mayo de 1904 a los sesenta años de edad.

En 1919 se incoó, en La Serena, su proceso de canonización. El 7 de enero de 1972 Pablo VI decretó la introducción de la causa. Juan Pablo II le declaró venerable en 1989. Sus restos reposan en la basílica del Corazón de María de Santiago de Chile.

 

Bibl.: M. Alduán, Vida del Siervo de Dios P. Mariano Avellana Lasierra, Lima, 1963; A. Arranz, “O santo o muerto”. Estampas biográficas del Apóstol de Chile P. Mariano Avellana, Tárrega (Lérida), F. Camps Calmet, 1973; F. Gutiérrez Serrano, Siervo de Dios P. Mariano Avellana, Misionero Claretiano, Madrid, Alpuerto, 1980; A. Cabré, Mariano o la fuerza de Dios, Santiago de Chile, 1992.

 

Federico Gutiérrez Serrano, CMF