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Ildefonso Tomás Sánchez Mayorga

Biografía

Sánchez Mayorga, Ildefonso Tomás. Balbino del Carmen. El Fresno (Ávila), 7.III.1865 – Ávila, 12.V.1934. Misionero, carmelita descalzo (OCD).

Bien instruido en los primeros conocimientos por su propio padre, que ejercía de maestro en el pueblo, obtuvo un diploma de honor del gobernador de Ávila. Hechos los estudios de Latín con el párroco de Muñopepe (Ávila), partió para el noviciado de Larrea (Vizcaya), donde profesó en enero de 1882. Tras cursar estudios de Filosofía en Burgos y de Teología en Alba de Tormes, se ordenó sacerdote el 4 de agosto de 1887. En octubre de 1888 embarcó en Cádiz con otros ocho religiosos rumbo a La Habana. Llegaron el 14 de noviembre. Pasó en La Habana cinco años (1889-1894). Se le eligió en 1894 prior de La Habana; en 1898 pasó a ser prior de Toledo y a continuación maestro de novicios en Segovia, oficio este último que desempeñará otras tres veces. De nuevo superior de Toledo en 1903, y en 1906, maestro de estudiantes allí mismo. En abril de 1912 fue elegido provincial de la provincia carmelitana de Castilla. En marzo de 1921 murió el prior provincial y Balbino tuvo que hacerse cargo del gobierno de la provincia.

El capítulo provincial comenzó en abril. Balbino fue elegido prior de la comunidad de Ávila. Pero, al poco tiempo, dejó el cargo y marchó a Toledo, donde fue nombrado prior por tercera vez. En septiembre de 1922 renunció a este cargo y pasó a Alba de Tormes. De 1927 a 1928, desde Ávila, llevó una vida de continuos viajes atendiendo a las carmelitas descalzas hasta enero de 1929 en que fue encargado de visitar a los conventos de la isla de Cuba, por delegación del provincial. Estaba de vuelta en España a finales de mayo. Libre de cargos en 1930, celebró en Ávila sus bodas de oro de profesión. Pero todavía en 1933 fue elegido segundo consejero provincial. Esta vez no terminará el oficio porque el 12 de mayo de 1934 murió santamente en el Convento de la santa en Ávila. Al crecer su fama de santidad, se incoó su proceso de beatificación y canonización en 1961. Cumplidos todos los largos trámites, se dio el decreto de la heroicidad de virtudes el 7 de septiembre de 1989, siendo a todos los efectos venerable, en espera de la beatificación. Está enterrado en Ávila.

Contribuyó durante su estancia en Cuba a que el doctor Finlay pudiera identificar al mosquito responsable de la fiebre amarilla, conocida también como “el vómito negro”. Uno de los nietos de Finlay cuenta cómo a su abuelo “le viene en mente la posibilidad del mosquito como agente trasmisor durante el rezo del Santo Rosario”. Para poder comprobar la exactitud de sus intuiciones al respecto, se prestaron a sus experimentos dos comunidades religiosas de La Habana: los jesuitas y los carmelitas descalzos. Entre las fichas médicas o clínicas de Finlay figura el padre Balbino del Carmen como inoculado y toda la evolución del estudio y del efecto de las fiebres.

Balbino del Carmen no tiene ningún escrito publicado. Se han presentado, y ya han sido aprobados positivamente por los censores de la Congregación de los Santos, dos volúmenes de cartas: 154 en el primero y 112 en el segundo, así como otros dos volúmenes de sermones (89 en el primero y 79 en el segundo). Sus cartas están dirigidas a los familiares, de dirección espiritual. En sus Escritos varios se encuentran esquemas y apuntes para los formandos en la vida religiosa, de los que tuvo que ocuparse tan asiduamente.

 

Bibl.: H. del Niño Jesús (OCD), Vida del Siervo de Dios Padre Balbino del Carmelo, carmelita descalzo (1865-1934), Ávila, Imprenta Sigirano Díaz, 1936; Grano de incienso, Ávila, Imprenta Sigirano Díaz, 1962; A. de la Virgen del Carmen, “Balbino del Carmelo”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, t. I, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1972, pág. 178; Positio super virtutibus, Roma, 1982; J. V. Rodríguez, “Decreto de la Heroicidad de virtudes” y “Nuevo rostro de la caridad fraterna”, en Nuestros Venerables, 167-168 (marzo-junio de 1990), págs. 9-12 y págs. 13-15, respect.

 

José Vicente Rodríguez, OCD