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Francisco Antonio de Alarcón de Cariñena

Biografía

Alarcón de Cariñena, Francisco Antonio de. Madrid, f. s. xvi – 27.III.1669. Presidente del Consejo de Hacienda, consejero de Castilla, consejero de Indias, caballero de la Orden de Santiago.

Hijo del también miembro del Consejo de Hacienda Luis de Alarcón, natural de Madrid. La carrera de Francisco Antonio de Alarcón se inició de la mano del conde-duque de Olivares, de quien fue uno de los ministros más consultados en cuestiones económicas y financieras, y con el tiempo se convirtió en miembro destacado del círculo de confidentes íntimos del valido, y “uno de los deudos más leales”. Además de su probado talento para las finanzas, Alarcón estuvo dotado igualmente de un genio inquisitivo que le predispuso para las más delicadas visitas jurídicas.

La primera actividad que se le conoce tuvo lugar en 1620, cuando en los últimos meses de reinado de Felipe III se produce un proceso de consolidación de la facción política del conde-duque de Olivares, que conllevó la defenestración de la anterior. Uno de los principales personajes de aquélla era el duque de Osuna, a la sazón virrey de Nápoles, cuyas excentricidades, abusos y desatinos escandalizaron entonces más que nunca. Francisco Antonio de Alarcón fue enviado a Nápoles a instruir el proceso contra dicho virrey (“visitador para entender en las acusaciones”), siendo las conclusiones acusatorias a las que llegó las que servirían de base para encarcelarle.

Durante la década de los años veinte se ocupó de temas financieros, participando activamente en las negociaciones con los asentistas. En 1621 probó su hidalguía para ingresar en la Orden de Santiago. El 18 de marzo de 1628, contándose ya entre los más fieles colaboradores del privado, fue nombrado miembro del Consejo de Castilla por Felipe IV, de forma directa por real decreto, sin intervención de la Cámara.

También lo fue de la Cámara de S.M. Su ascendente queda patente en el hecho de que Miguel Caxa de Leruela le dedicase un tratado sobre el estado de la industria ganadera en Castilla, publicado en 1631.

En enero de 1638, en medio de la conmoción producida por los levantamientos en Portugal, Alarcón, oidor del Consejo Real, es enviado a Badajoz para encontrarse con Juan de Chaves y ajustar las paces con los descontentos. Ya habían cumplido con su misión el 9 de febrero, y el 7 de abril siguiente volvía a la Corte. En septiembre tuvo que ir a Guipúzcoa con Nicolás Cid, miembro del Consejo de Guerra, y con Diego Riaño del Real, para reformar el ejército vencedor en Fuenterrabía; en dicho cometido instruyó juicio de residencia al almirante de Castilla.

De nuevo con guerra viva en el país, Alarcón es destinado el frente de Cataluña, en noviembre de 1640, donde debe acudir acompañando al marqués de Pobar y a su hermano a Barcelona. Ambos eran hijos del difunto virrey duque de Cardona, personaje de gran ascendiente sobre las instituciones catalanas, y su misión en la capital catalana era intentar atajar la revuelta. Vista la imposibilidad de conseguirlo por medios diplomáticos, se resuelve el envío de un potente ejército al mando del marqués de Los Vélez. Alarcón, enviado por el conde-duque de Olivares, debía asistir al marqués, aunque en realidad su misión era la de fiscalizar sus acciones políticas.

Tendrá un importante papel dentro de las juntas militares del marqués de Los Vélez, en las que tomará parte junto con generales como el marqués de Torrecuso o Juan de Garay. Más de un autor le ha culpado de ejercer su influencia en la decisión militar final de atacar Barcelona, al juzgar que no tendrían mejor ocasión dada la situación logística del ejército y las cada vez más copiosas ayudas militares francesas.

Según Melo: “No había en el Alarcón parte ninguna suficiente para lo que se trataba, empero mucha disposición para ser creído por su boca [...]”. El ataque acarreó la derrota en Montjuïc (16 de enero de 1641), a pesar de lo cual, con posterioridad, es su voz la que se oye para orientar cualquier decisión a las estrictas órdenes que se recibieran de la Corte.

Es asimismo Alarcón el encargado, por orden de Felipe IV, de ejecutar las medidas de castigo contra Los Vélez, entregando al marqués caído en desgracia su cese oficial (en mano, y sólo cuando su sucesor en el virreinato hubiese desembarcado en la ciudad), y ocupándose personalmente de que tomase una galera y marchase a Génova sin dilación (primeros días de febrero de 1641). En Tarragona, convertida en capital de la parte de Cataluña ocupada por la monarquía de Felipe IV, Alarcón se ocupó de analizar la viabilidad del proyecto de una fábrica de moneda de vellón, y fue uno de los miembros de la comitiva que acudieron a recibir al almirante de Castilla a su llegada a la ciudad (marzo de 1641). Dejó Tarragona el 23 de marzo de 1641, embarcándose en una galera.

A finales de 1642 participó en la confección de los presupuestos generales de la Corona para 1643 (voto o informe para las consignaciones y relación de las provisiones “que se han de hacer en todas partes”). En enero de 1643 sería designado para formar parte de la junta especial denominada “de consciencia”, encargada de dictaminar la conveniencia de que tributasen los eclesiásticos, celebrándose más de una junta en su propia casa.

Vuelto de nuevo a la Corte de Madrid, fue de los pocos magistrados que supo mantenerse tras la caída de su valedor el conde-duque de Olivares, los primeros días de 1643. Mantuvo su puesto en el Consejo de Cámara e incluso se comentaba a principios de marzo su nombramiento como presidente del Consejo de las Órdenes Militares. Por supuesto, la confianza del Monarca tuvo su precio. Ese mismo mes Alarcón fue designado juez “absoluto” instructor de la visita contra el marqués de Leganés “como si fuera su misma persona [...]” —Felipe IV—, otro de los incondicionales de Olivares; a principios del siguiente año sería designado uno de los jueces letrados encargados de estudiar sus capítulos de descargo. En abril de 1646, será igualmente designado juez de la visita contra el conde de Monterrey, cuñado del valido. También instruirá el proceso contra la princesa de Carignano, recluida en Carabanchel, hacia donde se dirigía en mayo de 1643 junto con dos alcaldes de Corte, seis alguaciles y dos docenas de guardas, para tomar información.

En junio de 1645 era asimismo juez en la causa por la que se realizaba visita a Rodrigo Jurado (quien le recusó en su memorial).

A mediados de mayo de 1643 era promocionado a la gobernación interina del Consejo de Hacienda, sustituyendo al marqués de la Puebla, siendo de 2 de julio siguiente un decreto de Felipe IV por el cual se le facultaba para consultar documentación de Hacienda.

Alarcón se halla frecuentemente en las juntas convocadas por Felipe IV a la búsqueda de soluciones para la angustiosa situación financiera de la Corona, junto con consejeros de la talla del conde de Castrillo, Antonio de Camporredondo, Luis Gudiel o José González.

La aparición del “Nicandro”, obra política a modo de descargo de las acusaciones que al conde-duque de Olivares le habían costado la privanza, motivó la formación de una junta especial, de la que Alarcón formó parte. La decisión de la junta fue la de desterrar al conde-duque más lejos todavía de la Corte, y él fue la persona designada para comparecer ante su antiguo valedor y comunicarle la decisión real de que se retirase a alguna de sus posesiones en Andalucía, “perdiendo el conde mil colores y trocándolos, y don Francisco con la natural mesura y acedía de que Dios le dotó para estas cosas”. El 30 de ese mismo mes, Felipe IV daba el visto bueno a su pretensión de prorrogar una vida más la encomienda que tenía concedida en Guatemala (en mayo de 1647 le autorizará a disponer libremente de la renta de dicha encomienda).

Es a finales de ese año cuando se puede pensar que se hallaba en el cénit de su carrera, satisfecho el Rey de sus servicios en el Consejo de Hacienda, le daba permiso para faltar al Consejo Real “mas que le pedía por lo mucho que estimaba su persona y letras, no faltare ni dejare de asistir al de Cámara”. A principios de abril de 1644, cesaba en el gobierno interino de Hacienda, para tomar posesión días después de la presidencia de dicho Consejo, ascenso que hacía incompatibles las plazas que igualmente poseía en el Consejo Real, el de Cámara, el de Cruzada, el de Inquisición “y otras muchas comisiones que corrían por su cuenta [...]”. En ese cargo, sucedió al conde de Castrillo en las consultas tocantes al Derecho, siendo, a partir de 1647, llamado muchas veces a presencia del Rey para consultarle los más variados asuntos jurídicos, actuando con plena satisfacción del Monarca “y porque habeis merecido que os honre con particular gracia y favor, dejo a vuestra elección y voluntad el ir o dejar de ir al Consejo en los días y horas que os pareciere [...] y podeis confiar de lo que estimo a vuestra persona y de lo que nos mereceis, que no os olvidaré en las ocasiones que se ofrecieren de vuestro honor y acrecentamiento”.

Francisco Antonio de Alarcón ha sido frecuentemente confundido en nuestra historiografía con un coétaneo de igual nombre, doctor en Cánones y obispo de Córdoba (1589-1675).

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de Simancas, Estado, leg. 2.665; Archivo de la Corona de Aragón, Consejo de Aragón, leg. 396; Biblioteca Nacional, Manuscritos, “Sucesos por años, 1620”, leg. 2.351, n.º 13; “Sucesos por años, 1643”, leg. 2.375, n.º 37. Diario del ejército español en las comarcas de Tarragona, en Memorial Histórico Español (Real Academia de la Historia), XXIII, apéndice VII, Madrid, Manuel Tello, 1888-1893, pieza n.º 811, 380-547, págs. 385, 390, 393; Cartas de algunos padres de la compañía de Jesus sobre los sucesos de la monarquía entre los años de 1634 y 1648, en Memorial Histórico Español, vols. XIII-xix , Madrid, Manuel Tello, 1888-1893; vol. II, págs. 306, 309, 367; vol. III, pág. 68; vol. IV, pág. 80; vol. V, págs. 11, 27, 66, 78, 96, 105 y ss., 114-115, 270, 411- 412, 437; vol. VI, págs. 94, 134 n. 1, 270, 461; V. Vignau y F. de Uhagón, Índice de pruebas de los caballeros que han vestido el hábito de Santiago desde el año 1521 hasta la fecha, Madrid, Estudio Tipográfico Viuda e hijos de M. Tello, 1901, pág. 8; J. Paz, Catálogo de ‘Tomos de Varios’, Madrid, Biblioteca Nacional de España, 1938, págs. 25, 105, 158 y 163; G. Bleiberg (dir.), Diccionario de Historia de España. Desde sus orígenes hasta el fin del reinado de Alfonso XIII, vol. II, Madrid, Revista de Occidente, 1952, I, pág. 73; R. Magdaleno, Estados pequeños de Italia (siglos xvi-xviii). Catálogo XXVII del Archivo de Simancas, Valladolid, Archivo de Simancas- Consiglio Nazionale delle Richerche, 1978, pág. 235; T. de la Villa, “Alarcón, Francisco José”, en G. Bleiberg (dir.), Diccionario de Historia de España, vol. I, Madrid, Alianza Editorial, 1979, pág. 83; J. Fayard, Los miembros del Consejo de Castilla (1621-1746), Madrid, Siglo xxi de España Editores, 1982, págs. 86, 90-91, 110, 112, 126, 209, 218 y 508; VV. AA., Gran Enciclopedia de España, vol. I, Zaragoza, GEE, 1990, pág. 316; A. Heredia Herrera (dir.), Catálogo de las Consultas del Consejo de Indias (1637-1643), Sevilla, Diputación Provincial, 1990, págs. 147, 265, 567 y 598; A. Heredia Herrera (dir.), Catálogo de las Consultas del Consejo de Indias (1644-1650), Sevilla, Diputación Provincial, 1990, pág. 298; F. M. de Melo, Historia de los movimientos de separación y guerra de Cataluña en tiempos de Felipe IV [...], Barcelona, Universidad de Barcelona, 1990, págs. 212 y 215; J. H. Elliott, El Conde-duque de Olivares. El político en una época de decadencia, Madrid, Crítica, 1991, págs. 336, 460, 568 y 723; I. Vicent Lopez, “Alarcón, Francisco-José de”, en M. Artola (dir.), Enciclopedia de Historia de España, IV. Diccionario Biográfico, Madrid, Alianza Editorial, 1991, pág. 25; F. Benigno, La sombra del rey, Madrid, Alianza Universidad, 1994, págs. 105, 156 y 207; M. Güell, El setge de Tarragona de 1641, Tarragona, Arola Editors, 2003, págs. 97-99.

 

Manuel Güell Junkert